18.
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Aristeo se sentía ingrávido, pleno, extasiado, quizás la palabra exacta que podría describir el status quo sería: exacerbado. No era el calor de otro cuerpo lo que le provocaba el orgiástico placer, no, era algo más profundo y de difícil entender.
Por supuesto que había visto las miradas de los otros, que le juzgaban taimadamente. Pero eso a él le tenía sin cuidado.
El único problema que le veía a sus peculiares gustos de dolor y sangre, era que su esposa se enteraría por el periódico local que lo encontraron colgado en la habitación del hotel, porque "algo" había salido jodidamente mal. Ese algo era su peculiar interés por el BDSM.
Y ahí estaba él, muerto, medio tieso, con una erección imposible de ignorar, girando como lámpara. Su acompañante había huido cuando se dio cuenta muy tarde de que Aristeo, literal, estaba bien tieso…
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Día 18 – BDSM fallido.
