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Yolanda estaba convencida de que su legado sería inolvidable, desde pequeña había sido peculiar, adepta a la limpieza, meticulosa, ordenada. Particularmente le gustaba todo inmaculado, todo casi blanco.
Había encontrado el trabajo ideal: limpiar, arrancar, pulir, dejar brillante.
El problema era llegar a ello; nadie le había dicho que limpiar cráneos será tan complicado, sobre todo el tener que sacarles el cerebro, que regularmente se hacía pedazos y acababa sacándolo como relleno de pastelillo.
Por supuesto que todos recordarían el Neo Tzompantli que había construido, con sus cráneos empalados, mirando a Huitzilopochtli todo ellos. Nadie echaría en falta a unos cuantos desaparecidos de las calles…
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Día 21 – Empalamiento.
