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Lluvia masticaba con entusiasmo el bocado que se había llevado a la boca, cerró los ojos para apreciar a detalle el sabor magro, aunque un poco chicloso en consistencia. Al final había determinado que su gusto era exquisito.

Tragó el bocado porque no pudo seguir procesando el pedacito de piel, un tanto duro, encima de la pieza de carne.

Se relamió los labios y suspiró sonriente.

La pierna le estaba sangrando copiosamente, a partir de la herida profunda que tenía en el costado, el corte justamente que se acababa de comer. Había comenzado a auto canibalizarse, meses atrás, empezó con pequeños pedazos de piel, "pellejitos", como casi todos, y luego fue avanzando más… hasta que al final se había arrancado un pedazo entero.

Sería placentero acabar auto consumiéndose.

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Día 26 – Autocanibalismo.