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Siempre había detestado a su primo Josecito, es más, detestaba hasta el diminutivo, y quizás lo detestaba aún más porque siempre encontraba la manera de sobresalir, de quedar bien y de ser más considerado que él. Quién sabe, era uno de esos tipos que tenía mucha suerte.
Colocó la última punta procurando que quedase completamente derecha, con el filo apuntando hacia el cielo.
Se le había ocurrido que era buena idea colocar todas las flechas de su carcaj, clavadas en el suelo, en lo que sería la piscina y que estaba en obra negra… un pequeño empujón, y Josecito acabaría clavado en aquella trampa mortal…
El problema fue que Josecito que llevó esa tarde a su perro, un labrador algo tonto, cuando lo vio parado en la orilla de su gran obra, tuvo a bien correr hacia él, pararse en sus dos patas traseras y empujarlo…
Acabó cayendo él mismo sobre su lluvia de flechas invertida…
¡No era posible que hasta en eso, Josecito tuviera tanta suerte!
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Día 27 – Lluvia de flechas.
