30.
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"Amén", concluyó el sacerdote con voz casi monótona. Aunque la realidad es que estaba cansado. Fue un día extremadamente difícil.
—Gracias, padre, muchas gracias —farfulló la madre de la chiquilla.
La niña en cuestión también murmuró un escueto "gracias", desde el corazón.
"¿Te creyeron?"
—Sí...
"Idiotas."
—Shhh, cállate, te van a escuchar.
"No importa, igual se van a morir."
—Seguro.
La niña simplemente rio, con esa voz quebrada, gutural, los ojos en blanco, desviados, pero cuando el sacerdote y su madre se volvieron, regresó su mirada infantil, inocente.
La posesión demoniaca nunca terminó.
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Día 30 – Posesión demoniaca.
