31.
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¡Qué felicidad despertar! Un nuevo día, un nuevo universo, casi.
Respiró profundamente, hasta que el aire se sintió pulverizando todo.
Le habían puesto el horroroso sobrenombre de "Reina Roja", porque rojos eran sus huesos, producto del polvo con el que la cubrieron, y ella escuchó que le llamaban cinabrio.
¡Ah! Los hombres modernos no entendían, no, nunca entenderían.
Lejos de ser la Reina Roja, era la Muerte Roja...
Observó calma, eterna, a través de los ojos de piedra de su máscara mortuoria cómo todos los que estaban en la excavación de su cámara, empezaban a sangrar, por orificios y poros, a discreción, literal estaban siendo licuados por dentro, deshaciéndose, fundidos... Por eso era "la Muerte Roja"...
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Día 31 – Meltdown.
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La fin... ou peut-être pas...
