Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Fyrebyrd, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to Fyrebyrd. I'm only translating with her permission.
Capítulo 3
E,
¿Si te das cuenta que robar la imagen de alguien es de cretino, cierto?
Voy a la escuela con este tipo.
¡De hecho, vive en mi edificio!
Eres un imbécil.
¡Vete al diablo!
B.
Golpeo el teléfono sobre la mesa de noche solo un poco demasiado fuerte y apago la lámpara. Bufando, me cubro hasta el cuello con mi edredón y cierro los ojos, furiosa por ser engañada.
¡¿Cómo se atreve alguien a jugar conmigo así?!
Ni siquiera me sorprende cuando mi teléfono no timbra más. Por supuesto, quiero que lo haga. Que rogara por perdón hubiera sido un placer si hubiera, de hecho, sido Edward Cullen, pero qué pena, obviamente no lo era.
Y ahora regreso al principio.
A cero incluso.
Voy a borrar la publicación mañana.
Fue una idea estúpida.
Tan jodidamente estúpida.
—¡Bella! — el grito de Alice es acompañado por golpes en mi puerta—. ¡Sal aquí!
—¡Ya voy! —respondo. Estoy de humor como para enviarla a la mierda si va a quejarse por los estúpidos platos sucios o algo—. Para. — Destapo mis piernas y camino pisando fuerte hasta la puerta—. ¿Qué…?
Mis palabras mueren en mi garganta cuando noto al galán que se encuentra tras ella. Cierro la puerta, presionando la espalda contra esta, mi respiración acelerándose.
Oh. Por. Dios.
Es él.
—Mierda. Mierda. Mierda — repito, caminando de un lado a otro rápidamente, mascullando para mí misma. En mi defensa, intento descifrar qué hacer, qué decir. ¡Oh, eso es! Perdón. Rogar por el perdón.
Sacudo mi cabello y respiro profundo para tranquilizarme antes de abrir la puerta de nuevo.
—¿Sí? —Mi mirada se mueve entre Alice y… Edward.
Por su parte, su mirada se encuentra con la mía y entonces se desliza hacia abajo, y la sigo. La camiseta que elegí para dormir no es tan grande como la mayoría y apenas cubre mi vagina. Muevo nerviosamente mis piernas, pero es inútil, así que me decido por algo probado y real.
—Oye. —Chasqueo los dedos—. ¡Ojos aquí arriba, amigo!
Alice mira entre nosotros, sonriendo.
—Parece que los dos tienen cosas de qué hablar. —Se aleja hacia su cuarto—. Adiós.
—Eh. —Edward lleva una mano hacia su nuca—. Soy E.
—Obviamente —respondo con sarcasmo, incapaz de contenerme—. Mierda. Lo siento. —Abro mi puerta aún más y agito una mano dentro del cuarto—. Supongo que te debo una disculpa.
Él sonríe entonces, y es simplemente tan sexy. Un costado de su boca se levanta un poco más alto y sus labios perfectamente rellenos rodean un conjunto de dientes gloriosamente blancos y derechos. Su mandíbula es marcada, sus ojos brillantes, y su cuerpo estupendo. Todo firme y tonificado, alto y en forma. Olfato profundo una vez, o tres, mientras él pasa por mí lado para entrar a mi cuarto, pero si él pregunta, lo negaré hasta mi último aliento.
—Agradable lugar —nota, deteniéndose solo unos pasos adentro. Lo suficiente para que cierre la puerta—. El mío solo tiene un cuarto.
—El nuestro tiene tres, pero no queríamos otro compañero de piso. —Paso por su lado yendo hacia mi vestidor y rápidamente tomo un par de shorts—. ¿Vives solo en el tuyo?
—Diablos, no. —Se ríe—. El cuarto tiene literas, y el sofá se hace cama. Somos tres.
—Oh. —No sé qué responder a eso.
—Es un lugar para dormir que no es un dormitorio universitario. —Se encoge de hombros, y siento que lo he ofendido sin decir nada.
Soy afortunada de que mi papá tenga dinero, y que él pague mi universidad y eso incluye una mesada decente. También tengo un trabajo de medio tiempo porque me gusta la idea de ganar mi propio dinero. La mamá de Alice es muy rica, de dinero heredado, así que ella cubre el tercer cuarto. Hemos sido mejores amigas desde la primaria, así que soy como la segunda hija de Esme, de todos modos.
Si Edward dice la verdad, supongo que él no lo tiene fácil.
—Y bien —digo, sentándome en la cama después de haberme puesto los shorts—. ¿Cómo supiste que era yo? O mejor aún, ¿cómo siquiera sabes que existo?
—Eh… — Si no me equivoco, sus mejillas de oscurecen—. ¿Cómo no podría saber que existes?
