Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Fyrebyrd, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to Fyrebyrd. I'm only translating with her permission.
Capítulo 4
Mis cejas se alzan en mi frente.
—¿En serio?
—Claro. —Se encoge de hombros—. Cuando juegas para la universidad, conoces otros equipos deportivos de paso. Los he visto a Jake y a ti cerca. —Pongo los ojos en blanco ante la mención de mi infiel ex. Él juega al tenis y Leah es una animadora del equipo de fútbol. Edward, por otro lado, se encuentra en el equipo de natación.
Me cruzo de brazos.
—Eso no explica cómo supiste que era yo en el anuncio.
Él sonríe, y me hace estremecer.
—Uno escucha cosas, y supe que él fue pillado engañándote con Leah. Lo lamento, por cierto. Así que, cuando mencionaste que vivías en el mismo edificio que yo, junto con tu nombre siendo B y tu correo, deduje que debías ser tú.
Escondiendo el rostro en mis palmas, sacudo la cabeza.
—Vaya. Debes pensar que soy una verdadera perdedora.
—Para nada. —La cama se hunde a mi lado y dedos suaves liberan mis manos. Miro en los ojos verdes oscuros que reflejan las guirnaldas de luces en mi pared, y me recuerdan a un árbol de Navidad—. Creo que Jake es el perdedor en este escenario. Leah no es conocida por su monogamia, así que, desde mi punto de vista, él cambió a una novia hermosa e inteligente por un revolcón rápido.
Mi rostro se sonroja, y así no soy yo.
—Aceptaré la parte de hermosa... —Acaricio mis rizos y bato mis pestañas—, ¿pero cómo sabes que no soy una chica rica cabeza hueca que va por la universidad fingiendo?
Él medio resopla, medio ríe.
—La mayoría de las chicas así no se encuentran en curso preparatorio de medicina.
Mi boca se abre con sorpresa.
—¿Cómo sabes eso?
Él aparta la mirada, llevando una palma a su nuca.
—Simplemente lo hago.
De repente, tengo un ataque de pánico interno. El alto, tonificado y portador de traje de baño Edward Cullen, quien vino aquí el año pasado y marcó un récord en la universidad por las brazadas más rápidas, sabe mucho más sobre mí de lo que jamás me tomé el tiempo de aprender sobre él.
—Bueno, gracias por prestar atención —digo, sonriendo cuando sus ojos regresan a los míos—. Es bueno saber que alguien lo hace.
—Genial. —Regresa mi sonrisa, y comienzo a preguntarme cómo estuve tan perdida en el estúpido Jacob Black que me perdí de este bombón—. Y bien, el anuncio.
—Agh. —Se siente incluso más estúpido ahora que estoy frente a mi potencial novio falso—. ¿Podríamos fingir que nunca lo publiqué?
—De ninguna manera —dice con una risita—. Aunque, ¿estoy dispuesto a dejar de lado el trabajo y simplemente llevarte si sigue en pie? ¿Quién sabe? Quizás no debamos fingirlo por Navidad.
—¿Qué? —Me quedo sin aliento—. ¿Lo dices en serio?
—Mierda, sí —dice, sus ojos brillantes—.No puedes imaginar lo feliz que me sentí cuando me di cuenta que estaba hablando contigo. Se sintió como una señal.
—¿Una señal tan grande que levantaste tu feliz trasero y apareciste en mi apartamento? —A pesar de que está sentado aquí mismo, diciendo las palabras, siento que me están haciendo una broma.
Él suspira, moviéndose así está mirándome de frente.
—La primera vez que te vi, tuve la intención de invitarte a salir. Pero antes que pudiera terminar de ordenar mi hamburguesa, Jake se acercó a ti y te besó. Fue como un golpe al estómago saber que la hermosa chica que había estado admirando era la Bella de la que él había estado alardeando.
—¿Alardeando cómo? —Inmediatamente sospecho de lo que sea que ese infiel imbécil tenga que decir.
—No quieres saber —contesta Edward, y mi furia se multiplica antes de esfumarse con un bufido.
—Ese maldito.
—Confía en mí —dice Edward, sacudiendo la cabeza—, te hizo un favor al engañarte.
—Ay. —La herida fresca en mi corazón arde.
—No quise decir eso —dice rápidamente, tratando de retractarse—. Es solo...
—Está bien. —Interrumpo sus disculpas por haber dicho la verdad—. En el fondo, sabía que había algo raro.
—¿Entonces por qué seguiste con él?
—Mi hermana, Rose —digo, las lágrimas se acumulan en mis ojos—. Se está muriendo, y quería que ella viera que estoy bien.
—No necesitas un novio para eso —contesta suavemente.
—Lo sé, pero ella piensa que sí, así que...
—Le pagarías a alguien para que le de el cuento de hadas.
—En un santiamén.
—¿Podemos comenzar con una cena?
Sonrío, mis mejillas arden.
—Diablos, sí.
