Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Fyrebyrd, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to Fyrebyrd. I'm only translating with her permission.
Capítulo 5
—Cuéntame sobre natación —digo, tomando un bocado de mousse de chocolate—. Sé de tu récord de brazada, pero solo eso.
Él baja el tenedor sobre su plato de pastel vacío y se reclina en su asiento, subiendo las mangas de su suéter tejido color azul marino. Mi mirada sigue el camino de imágenes en negro y gris en sus firmes antebrazos mientras él junta sus manos sobre la mesa. Un grupo de delfines corre entre las olas en uno y el otro tiene una secuencia de artículos que se fusionan en otro. Un ancla, un cofre del tesoro, una sirena, varias caracolas perfectamente colocadas, y los tentáculos de una medusa desaparecen bajo su manga.
Él chasquea sus dedos.
—Oye, los ojos aquí arriba, amiga.
Suelto una carcajada mucho más fuerte de lo que debería ser.
—Touché —digo, encontrándome con sus ojos brillantes—. Para ser justos, es la primera vez que los he visto.
Él arquea una ceja.
—Interesante.
—¿Qué tiene de interesante?
—¿Es correcto asumir que sabes de los tatuajes, pero nunca has ido a una competencia? —Sus ojos profundamente verdes tienen curiosidad, y a pesar que no estoy segura de adónde va esto, él es demasiado adorable cuando me mira así.
—Sí —digo con una sonrisa—. Tendría que estar muerta para no saber de los tatuajes.
—Ya veo. —Sus labios se curvan, y tengo la extraña urgencia de abrirlos con mi lengua—. Espero que podamos enmendar eso cuando la temporada se reanude.
—Oh, ¿estás en una pausa?
—Síp. —Da golpecitos en la mesa con su pulgar—. Nuestra última competencia hasta finales de enero fue este último fin de semana contra los Vampiros Volturi.
Aparto la mirada mientras hago la siguiente pregunta.
—¿Cómo nos fue?
—No hay razón para temer —dice, atrayendo mi mirada de vuelta a él—. Los Lobos patearon traseros. La única carrera que no ganamos fue en estilo espalda.
—¿Nadas en estilo espalda? —pregunto casualmente.
Él suelta una risita.
—No.
—Es bueno saberlo.
Sus labios se tuercen.
—Qué bueno que lo preguntaste.
—Sí. —De pronto me siento nerviosa. La cena se acabó con nuestros platos de postre limpios, y repentinamente me doy cuenta que nuestra cita está llegando a un fin—. Fue una bonita noche.
—Fue increíble desde donde me encuentro sentado. —Muestra sus dientes blancos—. ¿Pero quién dice que tenemos que terminar aquí? —Se pone de pie, deja un poco de dinero sobre la mesa, y extiende su mano—. ¿Podemos tomar el camino pintoresco de regreso a nuestro edificio si quieres?
Dicho edificio se encuentra a tres cuadras del campus de la Universidad Twilight, y Eclipse, el restaurante donde nos encontramos ahora, se encuentra a dos cuadras en dirección contraria. Nos encontramos aquí porque yo tenía una clase tarde, y Edward venía del complejo acuático, el cual se encuentra en la esquina más lejana del campus, dejándolo a menos de dos minutos de Eclipse.
Observo desde su mano extendida a sus ojos llenos de esperanza, y una sonrisa curva mis labios. No estoy segura de dónde viene esta buena suerte, pero no voy a cuestionarla.
—Suena divertido.
Una corriente indefinible recorre mi brazo mientras tomo su mano, y brevemente me pregunto si es la electricidad que tantas heroínas de romance experimentan.
—Lo siento. —Mira en mi dirección—. Es estática por la lana de mi suéter.
—Raro —digo, manteniendo su mirada—. No se sintió como una sacudida.
—No. —Su respiración se acelera, y aparta la mirada, sonriendo como un loco—. No se sintió así.
Ninguno de los dos habla de nuevo hasta que estamos en la acera y caminando hacia casa. Las cuadras que rodean el campus están llenas de espíritu navideño, con luces de bastones de caramelo colgando de cada farol y árboles artificiales decorados con luces de colores llenando macetas de madera en las aceras.
—¿Sabes? No creo que alguna vez me haya tomado el tiempo para apreciar lo bueno que es esto —digo, observando la decoración—. Realmente intentan instalar el espíritu navideño, incluso si hace veintisiete grados de día.
—Así es Cali para ti. —Bufa una risita—. No es nada como Chicago.
—¿Eres de allí?
—Síp.
—Apuesto que fue difícil dejar a tu familia atrás para venir hasta aquí —comento, recordando cómo él habló de su hermanita—. Si hubiera sabido que Rose iba a ser diagnosticada con cáncer un mes después de comenzar mi primer año, me hubiera quedado en Forks e ido a la universidad comunitaria.
—Lamento lo de tu hermana. —Su honestidad se acerca y rodea mi corazón. En todo mi tiempo con Jake, jamás sentí que él lo dijera honestamente tanto como Edward lo hace ahora mismo.
—Yo también. —Parpadeo para alejar las lágrimas—. Desearía que ella no me hubiera convencido de quedarme aquí. Jamás podré recuperar ese tiempo.
—No aceptaré tu dinero —dice, apretando mi mano suavemente—. Pero con gusto te ayudaré a tranquilizarla.
—Nop —digo, meciendo nuestras manos unidas entre los dos—. Tu hermanita necesita ese dinero, así que definitivamente lo aceptarás. —Nos detengo, girando para mirarlo de frente—. ¿No te extrañarán en Navidad?
Se encoge de hombros, tocando la acera con la punta de su pie.
—Les dije que tenía una competencia justo antes.
Mi mandíbula se abre mientras este chico deslumbrante por fuera prueba que también lo es por dentro. No espero ni pienso en nada, simplemente actúo. Parándome de puntitas de pie, estrello mis labios contra los suyos, y de inmediato, se siente como si lo hubiera estado haciendo toda mi vida.
Se siente como en casa.
