Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Fyrebyrd, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to Fyrebyrd. I'm only translating with her permission.


Capítulo 8

—Lamento no haber mencionado lo de Jake desde el principio. —Edward se me ha unido a la cama, sin zapatos, y estamos relajados contra el cabecero, nuestros dedos enlazados—. Tengo que admitir que esto creció más allá del anuncio de una manera encantadoramente inesperada.

Su pulgar se mueve distraídamente de un lado a otro, y su mirada permanece en nuestras manos unidas.

—Lo entiendo, Bella —dice, echando su cabeza hacia atrás para mirar al techo—. Simplemente no puedo soportar a ese imbécil.

—Confía en mí, somos dos —gruñó—. No sé qué vi en él. Nunca fue comprensivo como tú lo has sido, y teníamos una relación seria.

Sus ojos saltan a los míos.

Esta es una relación seria.

Horrorizada, me apresuro a arreglarlo.

—Lo sé, lo juro —balbuceo, aterrada de que él fuera a irse y olvidar de que existo—. Me refería al tiempo invertido. Le di mucho tiempo de mi vida.

Edward asiente, una sonrisa pícara asomándose por sus labios.

—Lo hiciste.

Me deslizo hacia abajo, acurrucándome a su lado.

—¿Dónde vamos a estar dentro de un año?

—¿Esta es una entrevista?

Pellizco su costado, y él se aleja de mi agarre.

—Puede que la convierta en una.

—Entonces, será mejor que pinte una escena espectacular, ¿eh? —Menea sus cejas—. Antes que regresemos a casa para ver a tu familia y a la mía, creo que nos tomaremos un fin de semana para nosotros. En algún lugar con nieve, donde podamos instalarnos en una cabaña justo afuera de un pueblo navideño.

—Eso suena maravilloso. —Puedo ver toda la escena en mi mente—. Supongo que eso quiere decir que necesitaré arreglar todo esto sobre Jake entonces, ¿eh?

—Eso espero —contesta Edward, levantando mi mano y rodeando mis hombros con su brazo, acercándome a él—. Pero si soy honesto, sería Jake de nuevo el próximo año si quiere decir que Rosalie puede estar viva para verlo.

Entierro mi rostro contra su pecho y sollozo. Aparece tan inesperadamente que no tengo control de mí misma. Todo el dolor y la angustia que he estado acumulando se suelta y me toma unos sólidos treinta minutos soltarlo y calmarme.

—Lo siento —digo, secando mi rostro con un pañuelo—. Eso probablemente sea lo más dulce que alguien me ha dicho jamás.

—Bueno, lo dije en serio. —Se sienta, tomando mi rostro—. Y prometo también decir cosas dulces que no rompan tu corazón.

—Sé que lo harás. —Sonrío, aún sorbiéndome la nariz—. ¿Por qué no te conocí primero?

—Quizás necesitabas una ronda con ese idiota, así me apreciarías más —dice, sonriendo.

—Quizás. —Lo ataco con mis dedos, haciéndole cosquillas en el estómago y sus costados antes de encontrarme de frente con su rostro feliz.

Y lo ataco con mis labios.

Besar a Edward rápidamente se está convirtiendo en una de mis cosas favoritas. Su piel con un dejo de cloro es específica y únicamente él, y quiero saborear cada milímetro. Tenemos una sesión de besos de diez minutos antes de controlarnos para discutir el viaje más meticulosamente.

—Entonces —digo, acomodándome a su lado—. ¿Crees que podremos lograr esto?

—Eso espero —responde, sus ojos brillantes cuando me mira—. No quiero decepcionar a tu hermana.

—Jamás podrías decepcionarla.

Frunce el ceño.

—¿Estás segura que ella no sabe cómo luce Jake?

Me detengo, recordando los momentos que he visitado desde que hemos estado juntos.

—Sí le mostré unas fotos una vez, pero Jake estaba jugando un partido y tenía puesto su visera, así que ella no vio su rostro de cerca.

—Su cabello es mucho más oscuro que el mío.

—Cierto. —Inclino la cabeza—. Aunque no creo que eso sea muy llamativo para ella, pero si lo menciona, podemos decir que fue durante tu época de emo.

—Qué graciosa. —Pincha mi costado esta vez, y suelto unas risitas—. ¿Qué tal si decimos que perdí una apuesta?

—Eso funciona. —Devuelvo su pinchazo y se convierte en una guerra.

Pronto me encuentro sobre mi espalda, carcajeándome sin aliento, observando los ojos de árbol de Navidad.