Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Fyrebyrd, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to Fyrebyrd. I'm only translating with her permission.
Capítulo 12
—Hola, tú —dice Edward después de golpear a mi puerta. Tiene su valija en mano y una sonrisa en su apuesto rostro—. ¿Casi lista?
—En eso estoy. —Coloco una pila de camisetas, unos pares de medias, y mi neceser en mi valija antes de colocar la tapa y cerrarla—. Solo necesito meter los obsequios en mi equipaje de mano.
—Hablando de eso —dice, sus ojos brillando con travesura—. Me gustaría darte uno de mis obsequios ahora, ¿si quieres?
—¿Uno de tus obsequios? —Arqueo una ceja—. Por favor, dime que no gastaste demasiado.
—Para nada. —Es tan adorable y sugestivo y quiero lanzarlo sobre la cama y hacerle cosas sucias—. Es un regalo simple, pero uno que durará toda una vida.
Mis cejas se alzan.
—Despertaste mi curiosidad.
—Bien. —Su sonrisa es contagiosa.
Tanto que prácticamente la extraño cuando él toma el borde de su camiseta y la levanta. Por supuesto, me como con los ojos su cuerpo perfectamente esculpido y el increíble arte, pero me lleva diez segundos notar su piel irritada, y luego otros cinco para darme cuenta que hay un tatuaje en ella.
Un nuevo tatuaje.
Tatuaje de Navidad.
Me cubro la boca con mis manos y las lágrimas se acumulan en mis ojos.
—¿Es en serio?
Suelta su camiseta y me jala a un abrazo.
—Más serio que nunca.
Me sorbo la nariz contra su amplio pecho, conmovida por su evidente declaración. Debajo de sus latidos de nadador, en el mismo pectoral, ahora se encuentra un corazón que está inclinado de tal manera que la curva derecha se convierte en la parte superior de la B que fluye en perfecta armonía junto a su otra parte.
—Me estás convirtiendo en una llorona —digo, secándome el rostro con su camiseta—. No estoy segura de que te merezco.
—Te mereces todo, Bella —dice, regresándome a mi lugar para colocar un tierno beso en mis labios.
Pero no le permito detenerse allí. Envuelvo mis brazos alrededor de sus hombros y entierro mis manos en su cabello alborotado. A pesar que me siento agitada por dentro, el beso es tranquilo y fácil, lleno de la devoción que siento por él. Edward Cullen ha nadado hacia mi vida y la ha iluminado. Donde antes era oscuro, todo es tecnicolor ahora, tan radiante que eclipsa mi aburrido pasado y lo deja en su sombra.
—Te tomaría ahora mismo si no nos fuéramos a perder nuestro vuelo —digo, besando sus hermosos labios una última vez.
—No me tientes —contesta, guiñando el ojo.
Me obligo a soltarlo y camino hacia los obsequios sobre mi vestidor. Es una gran pila, y de repente me preocupo si entrarán todos en mi bolso.
Los brazos de Edward me envuelven por detrás.
—¿Qué te tiene tan muda aquí?
—No estoy segura de que todos estos vayan a caber.
—Tengo espacio para un par.
—Por supuesto que sí. —Giro en sus brazos, sonriéndole—. No sé qué hice para merecerte, pero diablos, estoy feliz por eso.
—Lo mismo digo.
—Si tú lo dices.
—No te subestimes, Bella. —Lleva los primeros tres obsequios hacia la cama y toma su valija—. Aunque te sientas afortunada, yo lo siento el doble.
Tomo el resto de los obsequios.
—No voy a discutir sobre quién es más afortunado.
—Bien. —Me choca con su cadera—. Porque sabes que yo ganaré.
Estoy muy ocupada observando los obsequios que ya se encuentran en su valija como para darle una buena respuesta.
—¿Qué son esos?
—Obsequios. —Me mira como si fuera tonta.
—¿Para quién?
—Rose, Emily, Ethan, y tu papá. —Se encoge de hombros como si no fuera nada.
—Te olvidaste de Emmett —respondo, asombrada de que haya comprado regalos para mi familia cuando ni siquiera saben su nombre.
—De hecho, no. —Se encoge de hombros—. Simplemente pensé que él preferiría que pensara en el resto de la familia.
Me mantengo en silencio por un largo minutos, asimilándolo.
Y él tiene el valor de discutir conmigo sobre quién es más afortunado.
Yo lo soy.
Sin dudas.
—No tenías que hacer eso —digo suavemente.
—Lo sé. —Coloca la tapa de su valija y la cierra—. Y prometo que no gasté mucho.
—Pero gracias. —Me cuelgo el bolso y giro hacia él—. Prácticamente prueba que yo soy la más afortunada.
—No hace tal cosa.
Miente, pero lo dejo pasar.
¿Quién hubiera sabido que mi anuncio me haría ir a casa con un novio real cuyo nombre no es Jake?
Especialmente uno tan épico como Edward Cullen.
Rose va a quedarse tranquila después de esta visita.
Simplemente lo sé.
