Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Fyrebyrd, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to Fyrebyrd. I'm only translating with her permission.


Capítulo 13

—¿Estás bien? —pregunta Edward, siendo paciente mientras aferro su mano como si mi vida dependiera de ella.

—Lo estaré —digo entre dientes—. Odio la turbulencia.

—Definitivamente apesta, pero prometo no permitir que nada te pase.

Giro la cabeza hacia él.

—¿Y si el avión cae?

—Te resguardaré dentro de mis indestructibles brazos y te protegeré.

—¿Sabes qué? —Mi corazón está haciendo ese ruido sordo de nuevo—. Probablemente podrías.

Besa mis labios.

—Y no lo olvides.

Cuando ha terminado, el avión se ha estabilizado, y puedo respirar con tranquilidad.

—¿Eres secretamente Santa y controlas la atmósfera con tu retorcido reno?

Él acaricia su falsa barba.

—Me has pillado. Ahora, ¿qué debería hacer contigo?

—¿Dejarme reemplazar a Rudolph?

—Eso requeriría que sepas volar —dice, riéndose en su estilo Santa—. ¿Sabes?

Él es jodidamente adorable, interviniendo e interpretando un rol como un campeón.

—Todo esto es divertido, pero el juego de rol me está poniendo cachonda.

Él resopla una risita.

—¿Te gustan los hombre viejos y con barba blanca?

—Me gustas .

—Síp. —Sus ojos titilantes son suaves y sinceros mientras me sujetan en mi lugar—. Vamos a tener que guardar esto hasta que podamos explorarlo en profundidad.

—Más cachonda.

—Mierda —sisea, discretamente reajustándose en su asiento—. Y bien, ¿cómo es el clima en Seattle?

Suelto una carcajada.

—Será de unos agradables dos grados y estará nublado cuando aterricemos. El sol se pone a las cuatro veintiséis.

Él sonríe.

—Eso ayudó. Un poco.

Sostengo su mejilla antes de inclinarme y besar sus labios rosados.

—Yyyyyy, volvimos adonde comenzamos.

Me río tan fuerte que el viejo sentado frente a nosotros voltea a fulminarnos con la mirada.

—Lo siento. —Me encojo de hombros—. Mi chico es sexy y gracioso.

Él vuelve a girar con un bufido y se coloca los audífonos en los oídos. Edward se inclina para susurrarme al oído.

—No pienses demasiado en él. Quizás no sea tan afortunado como nosotros.

Mi corazón se suaviza por el viejo brusco.

—¿Dónde guardas toda esa azúcar en ese cuerpo esbelto que tienes?

—En las piernas.

Me río de nuevo, pero esta vez lo mantengo bajo, así no molesto a nadie.

—No puedo esperar a que Rose te conozca.

—Espero que confíe en mí para cuidarte.

—Lo hará —digo, apoyando mi cabeza en su hombro—. No tengo dudas.

El resto del vuelo pasa igual que el primer tramo. El humor de Edward y simplemente la bondad me hacen compañía en todo momento, incluso cuando el avión se mece alrededor de quince minutos antes que se anuncie la colocación de los cinturones.

—Aquí estamos —digo, emocionada, mientras el avión rueda por la autopista.

—No puedo esperar.

Nos toma otros diez minutos bajar del avión antes de ir en busca del equipaje. Mientras bajo la escalera, escucho mi nombre de una voz que es tan familiar como mi casa.

Sonrío y saludo con la mano a mi hermana, que prácticamente está saltando al verme.

—¡Rose! —Bajo, tratando de pasar a una pareja frente a mí. Esta se hace a un lado para permitirme el paso, y corro hacia sus brazos.

—Oh, por Dios —digo, abrazando su delgada contextura con fuerza—. Es tan bueno verte. —Me aparto para mirarla en detalle y no se me pasa desapercibido su cabello rubio corto y apagado. Lo mantuvo rasurado en el verano porque la quimio hacía que cayera en mechones—. ¿Están los niños aquí?

Enlaza su brazo con el mío, llevándome hacia la zona de los equipajes.

—No, vine con tu chico. ¿Por qué no me dijiste que lo ibas a enviar a recogerme?

Frunzo el ceño y dejo de caminar, pero antes que pueda cuestionarla, mi mirada capta al hombre frente a nosotras. Se encuentra arrodillado con una pequeña caja abierta en su mano. Oro y diamantes brillan en su interior.

Me invade el terror.

—¡Sorpresa! —chilla Rose—. Jamás pensé que sería parte de esto.

Un enorme nudo se aloja en mi garganta, y busco frenéticamente a mi alrededor.

Edward no se encuentra por ninguna parte.