Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Fyrebyrd, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to Fyrebyrd. I'm only translating with her permission.
Capítulo 15
—Tía Bella —dice Ethan, tomando mi mano—. ¿Puedes alzarme? Me duelen las piernas.
Me río de lo adorable que es, sabiendo muy bien que no puedo cargar su cuerpo de cinco años.
—No lo sé, Ethan. Has crecido mucho.
—¿Qué hay del tío Jake? —dice Emily, insertándose en nuestra conversación—. Él es grande y fuerte, Ethan. Deberías preguntarle a él.
Antes que pueda detener al pequeño, este se encuentra frente a Jake y estirando sus brazos.
—Lo siento, amiguito —dice Jake, sacudiendo la cabeza—. No podrá ser. Tienes que aprender a ser fuerte si quieres crecer y ser como yo.
Mi boca se abre, y estoy cerca de terminar con esta farsa cuando Emmett interrumpe.
—Jake tiene razón. Estás demasiado grande para ser cargado.
Mis labios se fruncen, pero los mantengo cerrados el tiempo suficiente para que mi ira se pase.
—Está bien, amiguito —digo, ofreciendo mi mano—. Ven a caminar con la tía Bella.
Ethan sonríe mientras corre hacia mí.
—Voy a ser un chico fuerte.
Mi corazón se rompe un poco porque sé con todo mi ser que él estaría en los hombros de Edward ahora mismo... si estuviera aquí. Desde el aeropuerto, no he tenido tiempo para llamarlo. A Jake y a mí nos mostraron nuestro cuarto y fuimos apresurados a prepararnos para caminar por la plaza del pueblo ni bien llegamos.
Estoy espantada por la expectativa de que compartamos un cuarto, pero también estoy un poco feliz. No puedo esperar a estar a solas con este imbécil así puedo decirle lo que realmente pienso de su treta. Y la parte loca es que, él ni siquiera actúa como si quisiera estar conmigo así como yo lo hago con él.
Me entretengo con los niños por el resto del paseo, asegurándome de incluir a Jake lo suficiente para evitar que mi hermana o Emmett tengan sospechas. Una vez que estamos de vuelta en la casa de Rose, me excuso con el desfase horario y subo antes de lo que normalmente haría, tomando mis cosas y ocupando el baño de invitados primero.
Comenzando la ducha y encendiendo el extractor para hacer un poco de ruido, rápidamente marco el número de Edward, mi corazón latiendo cada vez más rápido con cada ring.
—Hola —dice en la línea—. ¿Bella?
Suelto un suspiro ante el sonido de su voz aterciopelada.
—Gracias a Dios —digo, agradecida de que respondiera—. Temía haberte soñado.
Él se ríe en ese tono suave y bajo que amo.
—Lamento decepcionar —dice, y puedo escuchar la sonrisa en su voz—. Pero soy real y estás atrapada conmigo.
—No se siente así. —Las palabras se escapan antes de que pueda detenerlas.
—No seas así, Bella —dice suavemente—. Sé que apesta, confía en mí, lo sé, pero ¿viste la expresión en el rostro de Rose? No la podía decepcionar.
—Sé por qué —contesto, mi corazón sufriendo por todos nosotros. Él, Rose, yo—. Simplemente lo odio, y lo odio a él.
—Él no es nada, Bella —dice Edward suavemente—. Solo recuerda eso. Él será un recuerdo horrible cuando todo esto termine.
—¿Cómo puedes ser tan bueno?
Él resopla con una risita.
—Es un gran esfuerzo, confía en mí.
—Voy a transferirte un poco de dinero, y quiero que te compres un billete a casa —digo, preparada para pelear con él si es necesario—. Y ni siquiera pienses en decirme que no.
Se queda en silencio por un instante antes de responder.
—De acuerdo.
Las lágrimas arden en mis ojos, pero las contengo.
—Cuéntales sobre mí a tu papá y a tu hermana.
—Sabes que lo haré. —Está conversación me está matando—. ¿Pudiste hablar con Rose?
—Aún no. —Mi pecho se contrae—. Pero es malo, Edward. Ella me hizo prometerle esperar hasta el final de mi visita.
—Llámame en cualquier momento, día o noche —susurra en la línea.
—Lo haré. —Inhalo temblorosamente—. Y lo siento.
—¿Por qué te disculpas?
—Porque he creado un desastre, y ahora, jamás conocerás a mi hermana.
—Ayudé en este desastre —me recuerda—. No sabía qué querrías que hiciera, así que hice lo que pensé que era mejor. Me perdí entre el fondo.
—Te adoro y te odio en partes iguales por eso.
—Está bastante bien entonces. —Se ríe con un resoplido—. Estaba preocupado de que nunca te volvería a escuchar.
—Jamás podrías deshacerte de mí.
—Qué bueno saberlo. —Está sonriendo de nuevo.
—¿Tenemos que colgar?
—Así es.
—Adiós, Edward.
—Nos vemos la próxima semana.
