Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Fyrebyrd, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to Fyrebyrd. I'm only translating with her permission.


Capítulo 18

—¡Bells! —grita Jake, haciendo que me detenga—. ¡Serías una tonta al hacer esto! —Marcha hacia mí—. ¿Realmente quieres romper el corazón de Rosalie?

Inhalo profundamente y cuando lo suelto, descargo todo mi odio sobre él.

—No estoy segura de por qué en algún momento pensé que casarme contigo haría feliz a mi hermana, pero fue la cosa más estúpida. —Doy unos pasos medidos hacia él mientras despotrico—. Ella es amable e inteligente, y no sé cómo me he salido con la mía por tanto tiempo. De hecho, ella probablemente solo está fingiendo así no hiere mis sentimientos. —Me detengo ahora, sonriendo—. ¿Quieres saber por qué, Jake? Porque eres un imbécil insoportable, y Rose sabe que puedo conseguir algo mejor. Así que, escúchame bien. Será mejor que te hayas ido cuando regrese porque si no lo has hecho, voy a irritar a Emmett tanto que pateará tu patético trasero hasta Cali.

Él toma mi brazo cuando volteo para irme.

—Te arrepentirás de esto.

Resoplo una risita.

—Me he arrepentido de cada minuto desde que te vi en el aeropuerto.

—No hagas esto. —Su tono es suplicante—. Piensa en Rose.

Zafo mi brazo de su agarre, pinchando su pecho con mi dedo.

—Ella es exactamente en quien estoy pensando. Ella merece morir sabiendo que me ha dejado en mejores manos de las que tú puedes ofrecer.

Levantando mi rodilla, la embisto directo en su ingle. Él gime, doblándose, y jalo el anillo sacado de una máquina de chicle y lo dejo caer en el suelo a sus pies. Él sigue gimoteando cuando giro para irme.

Corro hacia el coche de mi hermana y lo último que veo mientras hago marcha atrás en la entrada es la mirada furiosa de Jake. Le dedico mi dedo del medio para enfatizar mi punto y me marcho. Jake es mi asqueroso pasado, y Edward es mi futuro, así que allí es dónde me dirijo.

El viaje hasta el aeropuerto es agonizantemente largo y el tráfico es un desastre. Toco la bocina varias veces y maldigo a las personas que se mueven a quince kilómetros por hora mientras avanzo. Admito que estoy demente y actuando como una tonta, pero estoy bajo presión. Una vez que finalmente estaciono en el aeropuerto, me apresuro hacia la puerta de embarque más cercana.

Palmeo mis bolsillos y me doy cuenta que mi teléfono sigue en el cuarto. El terror me invade, pero no me doy por vencida. Me ubico en la cola de la taquilla más cercana y espero tan pacientemente como puedo. El tipo que finalmente me atiende suena como si estuviera harto del tráfico navideño, así que le hablo en mi tono más dulce.

—¿Puedes ayudarme a encontrar un vuelo, por favor? —Bato mis pestañas, suponiendo que vale el riesgo.

—¿Adónde? —Sus dedos se mueven por el teclado.

—O'Hare. —Sonríe dulcemente.

—El próximo vuelo a Chicago sale en veinte minutos. —Pausa, sus dedos rápidos sobre las teclas—. Pero puedo conseguirte otro para las dos treinta. ¿Eso funciona?

—¿En qué puerta de embarque se encuentra el vuelo que sale en veinte minutos?

Él sacude la cabeza.

—No hay manera de que puedas llegar a tiempo.

—Lo sé. —Estoy a punto de llorar—. ¿Pero podrías decírmelo de todos modos?

Él me estudia y suspira.

—Tienes suerte. En la puerta S. Sigue ese pasillo por un tramo corto.

—¡Muchas gracias! —Me echo a correr, mi corazón retumbando en mi pecho.

Cuando el pasillo se abre, mi corazón trastabilla. Hay dieciséis puertas diferentes en él área S, y el asistente no se molestó en darme un número. Busco el escritorio más cercano, frenética por saber adónde va el avión.

—Puerta 11, SEATAC a ORD ya se ha cerrado para embarque. —El anuncio sobre mi cabeza me detiene en mi lugar, y quiero caer al suelo y sollozar, pero sé que no puedo.

En cambio, camino fatigamente de vuelta a mi coche y lloro durante quince minutos antes de salir y regresar al estúpido tráfico lento. Las lágrimas siguen cayendo por mis ojos porque estoy completamente triste por no haber encontrado a Edward, pero también hay orgullo dentro de mí en alguna parte. Estoy orgullosa de finalmente haber quitado la mentira del medio, y puedo compartirlo con mi familia.

¿Quién sabe?

Quizás Rose logrará conocerlo después de todo.

Noto que el coche rentado de Jake ya no se encuentra allí cuando estaciono en la entrada, y será mejor que sea una salida permanente. No tengo la paciencia para más de sus mierdas. Mi mente y cuerpo están exhaustos después de las últimas horas, y ahora tengo que enfrentar a mi hermana y explicarle mis acciones.

—Rose —llamo mientras me asomo por la puerta de la entrada.

La casa está en silencio, no se ve a ningún niño por ninguna parte.

—Aquí. —Su voz proviene de la cocina, así que respiro profundo y marcho hacia mi muerte.

Excepto que, cuando empujo la puerta vaivén, una espalda sexy y esbelta que da paso a un largo cuello y cabello cobrizo se sienta frente a ella en la barra.

—¿Edward?