Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Fyrebyrd, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to Fyrebyrd. I'm only translating with her permission.
Capítulo 20
—¡Vaya, tía Bella! —exclama Ethan, señalando con emoción—. ¡Ya puedo ver el árbol!
Me río de lo adorable que él es.
—Apuesto que la vista es excelente desde allí arriba.
—Es increíble —responde él, mostrando el espacio donde dos de sus dientes deberían estar—. El tío Edward es mucho más genial que el tío Jake.
—Si lo sabré yo, niño. —Resoplo con una risita.
—Jake no es tu tío, Ethan —dice Emily, poniendo los ojos en blanco—. Y tampoco lo es Edward.
Ella repentinamente es la adulta del dúo desde que les expliqué que Jake y yo habíamos terminado, y estoy en realidad con Edward. También le explicamos gentilmente qué estar comprometida no hacía a Jake su tío, ya que no podían entender por qué él ya no lo era.
No hace falta decir que fue una conversación fascinante en la cual hicieron algunas preguntas sobre y rápidamente lo soltaron en una ventana de cinco minutos. Es obvio que Emily lo ha tomado más seriamente que Ethan, pero ella es un año y medio mayor.
—Él dijo que lo puedo llamar tío. —Ethan le saca la lengua a su hermana.
—¡Mami! —grita Emily, apresurándose a delatarlo.
Emmett la persigue, atrapándola, haciéndole cosquillas, y colocándola sobre sus hombros.
—No peleen, chicos —reprende suavemente, señalando al frente—. ¡Mira, Em!
La cuadra navideña se asoma, y solo pensé que California estaba haciendo un buen trabajo. Aquí en el suburbio Forks de Seattle, donde mi padre es el alcalde, tratan a la Navidad como una temporada, añadiendo decoraciones ni bien termina Halloween y dejándolas allí hasta después del Año Nuevo.
Edward sonríe en mi dirección, acercándome para chocarme suavemente con la cadera.
—¿Por qué no me dijiste que era bonito aquí arriba?
—¿Supongo que lo olvidé? —Ni siquiera yo estoy segura—. Cuando estás acostumbrada a algo, olvidas que es especial.
—Esto definitivamente es especial — dice, las luces rojas de los postes de bastones de caramelo se reflejan en sus ojos—. Quiero que nunca nos permitamos caer en ese rollo.
—Lo mismo digo. —Me acerco más, dándole un apretón al pie de Ethan—. Oye, amiguito, parece que Santa está aquí esta noche.
Señalo la cola, y él se retuerce para bajarse.
—Tengo que apresurarme, Edward —dice, saliendo disparando ni bien sus pies tocan el suelo.
Tomó la mano de mi nadador, y seguimos a Ethan.
—Definitivamente vamos a ver a Santa.
Edward arquea una ceja.
—¿En serio?
—Sip. —Le sonrío y lo jalo hacia la cola detrás de Rosalie y Emmett—. Vas a amar esto.
Rose voltea y se ríe cuando nos ve.
—Bella —dice, su tono desaprobatorio.
Dejo caer la cabeza hacia adelante, incapaz de esconder mi sonrisa.
—¿Qué?
—No me respondas así. —Tiene una mano en la cadera, pero está sonriendo—. Al menos prepara al chico.
—Está bien. —Levantó la mirada hacia Edward—. Eh, puede o no que mi papá sea Santa.
—¡¿Qué?! —grita Emily, volteando a mirarme con una expresión de espanto—. ¿Ese es el abuelo en el traje?
Ethan la escucha y sacude la cabeza.
—No puede ser. El abuelo tiene cabello negro.
Suspiro, aliviada de que el desastre se haya detenido allí.
—No, cariño —le digo a Emily—. Dije, eh, que puede que no que él abuelo sea un santo.
Ella frunce el ceño.
—¿Qué es un santo?
—Una persona muy buena.
—Oh. —Sonríe—. Él es un santo entonces.
Cuando ella voltea de nuevo hacía el frente, respiro un suspiro de alivio.
—Cielos. —Miro a Edward, jalando de su mano—. Dejemos esta presentación para la cena de Vísperas de Navidad.
—Funciona para mí. —Edward asiente—. Al menos, eso me da tiempo para practicar mi discurso de "Estoy enamorado de su hija." —Mis pies se detienen por sí solos, y Edward frunce el ceño—. ¿Qué pasa?
—Eh… — Cierto la boca, insegura de si debería presionarlo—. Nada.
—¿Estás segura?
—Sí. —Sonrío, archivando esta nueva información hasta que él esté listo para decírmelo de verdad—. Vayamos a buscar chocolate caliente.
Él camina a mi lado, posando su mano en mi espalda baja. Sus labios rozan mi oído.
—Lo estoy, ¿sabes? —Levanta la cabeza cuando lo miro—. Enamorado de ti.
Una enorme sonrisa de asoma y salto repentinamente a sus brazos, pero él me atrapa como un campeón.
—También estoy enamorada de ti.
Lo último que veo antes de atacar sus labios son sus ojos brillantes.
