Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Fyrebyrd, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to Fyrebyrd. I'm only translating with her permission.


Capítulo 21

Ethan se ríe, meciendo su control hacia Edward mientras impacta su coche.

—Toma eso —grita mientras el buggy amarillo de Edward vira hacia la tierra.

—Eso fue un golpe de suerte —contesta Edward, fingiendo un resoplido.

—No lo sé —asegura Emily desde su lugar en el sofá—. Eres muy malo en este juego.

Edward resopla, ofreciendo el control.

—¿Por qué no me muestra cómo se debe hacer, señorita?

Emily levanta su barbilla, bajando del sofá y tomando asiento junto a su hermano.

—Hagámoslo, Ethan.

—¿Te das cuenta que te lo quedas mirando? —dice Rose, deslizándose a mi lado—. Aunque puedo ver completamente por qué.

Sacudo la cabeza para salir de mi estupor de ternura y le doy toda mi atención.

—¿Qué sigue?

—El jamón está cocinándose con sus jugos, las papas hierven, los frijoles se cocinan en fuego lento, los choclos ya casi están listos, los huevos están rellenos, y los bollos están listos para entrar al horno. Diría que todo está bajo control.

—Tengo un tip para el choclo —digo, recordando el pequeño truco de Alice—. Dame ese bol grande que tienes.

Justo cuando regresa, hay una gran conmoción en la sala de estar, y hace que las dos nos detengamos a mirar. Los niños están felices y juguetones, disfrutando de Edward casi tanto como yo.

—Diablos, Bella —dice Rose, volteando hacia mí—. Él definitivamente es una joya.

—Lo sé. —Suspiro, e imagino que hay corazones que sobresalen de mis ojos—. Me casaré con él algún día.

Sus ojos se llenan de lágrimas, pero parpadea para apartarlas, y mi corazón se rompe.

—Traeré la nieve, así sabes que estoy allí.

—Rose.

Vuelo a sus brazos, las lágrimas ya asomándose. Recuerdo que los niños se encuentran en la habitación siguiente, así que controlo que los sollozos no se apoderen de mí por completo, pero es jodidamente difícil. Mi corazón se rompe por lo injusto que es todo. Mi hermosa y querida hermana va a dejar a sus hijos sin madre y no hay nada que se pueda hacer para evitarlo.

No hay forma de que esto sea parte de un gran plan.

—Shhh —susurra, pasando su mano por mi cabello—. Todo va a estar bien.

—¿Cómo puedes decir eso? —Levanto la cabeza, incapaz de comprender.

—Tengo que creerlo —contesta, echando un vistazo a los niños felices—. De otro modo, pasaría el resto de mi tiempo hecha una bola, llorando desconsoladamente.

—Realmente apesta —me quejo, volviendo a guardar todo. Si ella puede ser así de fuerte, entonces yo no la voy a poner triste—. Te amo, Rose. Muchísimo. —La jalo a mis brazos y le doy un último abrazo antes de soltar el tema.

—También te amo. —Alisa su falda—. Ahora, ¿dónde está ese bol?

—Oh, por Dios —digo, corriendo hacia la estufa. Levanto la olla hirviendo con el maíz y lo vierto sobre el colador.

—Aquí tienes. —Coloca el bol sobre la encimera a mi lado.

Sonrío mientras meto el maíz colado en el bol y entonces procedo a cubrirlo con sal y pimienta antes de añadir un pedazo grande de mantequilla. Ella me observa atentamente mientras cierro la tapa y lo sacudo como una fotografía de polaroid.

—No lastimes al choclo o algo —dice con un resoplido.

—Puede que esté un poco herido. —Abro la tapa—. Pero está cubierto con todas las cosas buenas que un choclo necesita para ser sabroso.

—Emmett va a amar esto. —Él se encuentra en el garaje, cambiando el aceite a su coche.

—Oh, lo sé —digo con una risita—. Hazle saber que funciona igual de bien con maíz asado.

La risa de los niños hace que nuestras miradas se muevan en su dirección de nuevo.

—Él es tan bueno con ellos —dice Rose, empujando mi hombro con el suyo—. ¿Cuántas probabilidades hay de que renuncies a ser doctora para embarazarte de inmediato?

Suelto una carcajada tan fuerte que hace que Edward mire en mi dirección.

—Me gustaría decir que ninguna, pero si me mira de la manera correcta con esos ojos que tiene, ¿quién sabe? Es posible.

Rose resopla.

—Síp, estás muy perdida.

—Demasiado.

—Ahora él solo tiene que pasar la prueba de papá.

—No me lo recuerdes. —Coloco el maíz en la barra y me muevo para revisar las papas—. ¿A qué hora tiene que estar aquí, de todos modos?

Justo mientras ella abre la boca, suena el timbre.