«De la excelsa beldad que encarnas, han brotado estrellas sobre el mundo.»

—Rubén Darío.

Adora había conocido a esa mujer durante una escaramuza fallida por parte de Catra al reino de Frosta: Al igual que siempre Catra la había apartado —estando ella transformada en She-ra— de las demás princesas que se ocupaban de Scorpia y los soldados que la acompañaban, y como siempre, la felina había recurrido a sus juegos mentales, apuntando a sus inseguridades y sus puntos más débiles. Adora no comprendió bien como consiguió no dejarse avasallar por las crueles palabras de la que alguna vez fue su amiga pero había conseguido herirla con su espada y empujarla contra uno de los Pilares de hielo, que a su vez terminó derrumbándose por el impacto. She-ra palideció cuando otro quejido femenino aparte del de Catra sonó y corrió a ayudarla en caso de que también le hubiese caído el Pilar encima. Gracias al cielo no fue así.

En el suelo había una joven inconsciente, cuyo largo y rizado cabello oscuro —que destellaba en azul por ciertas partes— le cubría los hombros y también el rostro, Adora se dio cuenta afortunadamente de que no había sido la columna destrozada lo que la hizo desmayarse, sino que vio a Scorpia con la cola en alto y viendo a la mujer inconsciente con rostro culpable, la miró como si fuese una niña a la que pillaron al lado de un jarrón roto.

—¡N-No es lo que parece! —exclamó a la desesperada la mujer escorpión— ¡Fue un accidente! ¡Mi cola se movió por instinto y ella estaba cerca y...! ¡Catra!

La princesa hordiana se olvidó al instante de la mujer a la que había picado —se supone que por accidente— y corrió a tomar en sus brazos a la felina inconsciente como si de un bebé se tratase, seguido de esto se retiró junto a la capitana de la fuerza y dejó a la doncella inconsciente como si no fuese su problema —aunque Adora había tratado lo suficiente a la chica de cortos cabellos blancos como para deducir que no lo hacía con malas intenciones—.

Consciente de que intentar seguir a esas dos era una pérdida de tiempo y energía —además de que Glimmer, Bow y la misma reina Angella le habían repetido hasta el hartazgo que era un riesgo innecesario—, Adora prefirió concentrarse en la chica inconsciente: La cargó en brazos y la llevó con las demás princesas y otros civiles que habían sufrido daños colaterales producto del ataque de Catra.

Al principio debido a la angustia de que una civil había sido atacada casi que frente a sus narices, más aún sin que pudiese hacer algo para impedirlo —no creía una buena justificación el que el ataque hubiese sucedido por "accidente"— y si bien llegó a ver el rostro de la mujer no pudo fijarlo por mucho tiempo. Pero cuando se acercó para revisarla y esta comenzó a despertar una vez pasó el efecto de la picadura las mejillas se le encendieron sin que ella pudiese hacer nada para evitarlo, porque la joven se apartó el cabello de la cara y ambas miradas azules se encontraron —una más rasgada y oscura que la otra—. Casi que al instante Adora desvió la mirada y se apartó para continuar curando al resto, mientras que a sus espaldas una sonrisa leve salió de los labios de la chica.

Momentos después, Perfuma apareció para comentarle con emoción que una persona había ofrecido su ayuda en la guerra contra los hordianos, y Adora no pudo evitar sorprenderse cuando esa persona resultó ser ella: La joven —llamada Mei Ling— a la que había sacado inconsciente tras ser picada por Scorpia, que resultó ser una hechicera que había estado acompañando a alguien —que no quiso decir quién era pero era alguien extremadamente cercano a ella— al palacio de hielo.

—¿También puedes controlar el hielo? ¡Eso es increíble! —exclamaba la pequeña princesa de hielo saltando alrededor de la hechicera, que le sonreía con ternura. Pero pasó a sorprenderse cuando de repente Frosta formó uno de sus característicos puños de hielo— ¿Te gustan? ¡Me encanta patear traseros de hordianos! ¿Te gusta patear traseros de hordianos? ¡Yo te puedo enseñar!
—Nunca antes he intentado combatir hordianos —contestó la chica de ojos rasgados—. Pero me encantaría que me enseñaras.
—¡Sí! —con el entusiasmo de una niña Frosta sonrió y salió corriendo, mientras que Mei se giró por sobre el hombro y su mirada se cruzó con la de Adora, que nuevamente sintió esa sensación extraña que la hizo removerse, sensación que creció cuando Mei le sonrió— Es un honor conocerte, She-ra. Estoy en deuda contigo por haberme salvado.

Adora se sonrojó, como solía hacer siempre que trataba con esta clase de fans. Rió nerviosamente y se rascó la nuca.

—En realidad no ha sido nada. Sólo te saqué de los escombros.
—Para ti no habrá sido nada, pero para mí... Ha sido demasiado, She-ra —insistió Mei dulcificando su sonrisa. Adora sintió que su rostro se calentaba aún más.
—Sólo llámame, Adora —contestó—. El que siempre me digan She-ra me hace sentir extraña.
—Como gustes... Adora —respondió Mei suavizando su voz.

Un momento después Adora se inclinó sobre una mesa para tomar una copa —puesto que moría de sed— pero cuando iba a agarrarla su mano chocó con los dedos delicados y pálidos de Mei. La muchacha de cabellos oscuros la miró de reojo y con una breve disculpa retiró lentamente su mano, rozando con sus dedos y uñas los propios dedos de Adora para agarrar otra copa. Adora también se disculpó por mero instinto y cuando finalmente pudo darle un sorbo a su bebida, Mei bebió de la suya propia casi que al mismo tiempo, y de nuevo cruzó su mirada azul oscura con la celeste de Adora. Quien nuevamente percibió esa especie de inquietud que no la dejaba en paz desde que le vio el rostro a esa chica por primera vez.

El inicio de los problemas para Adora, de manera tanto figurativa como literal.

No sólo por el hecho de que los robots de Catra parecían ir fortaleciéndose más a cada minuto, sino el hecho de que la nueva recluta expresaba actitudes extrañas para con ella, actitudes que incluso ella dudaba que viniesen sólo de la admiración o del agradecimiento por haberla "salvado", como la chica de rizos negros le había mencionado. Para empezar: Adora no creía normal ese tono con el que la joven le hablaba, ese aterciopelado que hacía que se le erizara la piel sin siquiera entender el porqué y que al parecer Mei no utilizaba con nadie más —o al menos no afectaba a nadie más de la misma manera en la que la afectaba a ella—, no creía normal la manera en la que el cuerpo suave de la hechicera se rozaba con el suyo propio al pasar, supuestamente sin querer aunque algo en su interior le advirtiese que era a propósito, o la manera en la que las yemas y las largas uñas de Mei solían demorarse para acariciarle la mano o el hombro. No creía común la naturaleza de los halagos que Mei le daba y el cómo los decía, como si quisiese dar algún doble sentido a sus palabras.

Incluso ella, sospecharía cada vez más de que la mujer de ojos felinos le estaba coqueteando.

Mentiría si dijese que había sido algo repentino, porque por aquellos días ya sus compañeras se habían dado cuenta del extraño interés que la nueva miembro le tenía, y ya no era era algo típico de una de las fans de la rubia, al parecer ni siquiera tenía algo que ver con que ella fuese la legendaria She-ra: La sonrisa que cambiaba cada vez que la ex-hordiana se presentaba, la extraña "preferencia" o más bien su cambio de comportamiento cuando de Adora se trataba, los ojos traviesos con los que la hechicera observaba a la guerrera en contraste con su sonrisa tan dulce. Esa hechicera buscaba algo, algo que peligrosamente involucraba a la rubia.

Tarde o temprano todo esto empezaría a afectar a Adora.

Comenzó a cambiar la manera en la que Adora observaba a Mei, la manera en la que Adora se sentía alrededor de la joven hechicera. Su piel empezó a picar y acalorarse cada vez que ella la tocaba, fuese una caricia maternal en la mejilla o el cabello o los roces insinuantes en sus manos y espalda, empezó a sonrojarse tan sólo cuando Mei Ling le sonreía y la miraba con esos ojos zafiro que la hacían sentirse desnuda. Sentía una especie de ansiedad que no podía explicar, y que no la dejaba en paz aunque estuviese la azabache en su compañía o lejos de ella. Algo que jamás había sentido con Glimmer, Bow o las princesas, ni siquiera con Catra, su antigua enamorada.

¿Era deseo?

Y como si ya de por sí este dilema no fuese suficiente para la rubia —sumado a los otros millones de problemas y preocupaciones que tenía—. Estos sentimientos se juntaron con otros hacia la misma azabache, empezando por una ocasión en la que Adora terminó echándose a llorar en sus brazos, en un momento en que las presiones y angustias por el futuro de Luna brillante, de Etheria y en general, la incertidumbre con respecto a la guerra y a Catra terminaron ganándole y se derrumbó delante de ella. No había que mencionar que normalmente Adora prefería contenerse y dejar salir todo en privado o encima de los hombros de sus mejores amigos... Pero la presencia de Mei, sus caricias suaves y palabras dulces animándola a seguir llorando, a seguir desahogándose pudieron con ella y lloró durante un buen rato en el regazo de la hechicera.

—Aquí estoy, Adora. Desahógate lo que quieras.
—Mei —murmuraba entre sollozos la rubia, tendida en su cama y con el rostro escondido en el pecho de Mei, quien mantenía los dedos enterrados en su cabello rubio.
—Está bien, aquí estoy. No estás sola.

Quien todo el tiempo se quedó ahí, sin mostrar incomodidad y sin quejarse. Se quedó a su lado hasta que Adora se quedó dormida.

A partir de ese momento la relación de la heroína con Mei se hizo más cerrada y a la vez mucho más complicada que la de sólo unas compañeras de rebelión, en la que una coqueteaba de manera unilateral con la otra. Sino que aquél evento pareció destrozar una barrera invisible que había entre ellas, se volvió cada vez más común que la rubia recurriese a Mei para pedir consejo cada vez que algo le preocupaba o simplemente cuando necesitaba llorar hasta saciarse —en especial cuando perdieron a la reina Angella—, ambas tomaron un nivel de confianza raro, que Adora siempre pensó que solamente tendría con Bow y Glimmer. De sólo verla como algún tipo de "admiradora" la rubia pasó a ver a Mei como una amiga, una amiga cada vez más querida.

Al punto de que con sólo sentirla cerca ya se sentía tranquila como cuando era abrazada por Glimmer, al punto de que se reía con sus palabras y halagos como lo hacía con los chistes de Bow o tal vez más... Al punto de que lo que empezaba a sentir por la joven se parecía cada vez más a lo que Catra inspiró en ella alguna vez.

Y eso era lo que temía Adora.

Amar a una persona de nuevo implicaba quedarse de nuevo vulnerable, arriesgarse a presentarle a una persona tus puntos más débiles ciega a las verdaderas intenciones de esta. La primera vez había resultado fatal para Adora, y si había sido así con Catra, la chica a la que había conocido desde la infancia y a la que no pudo nunca convencer de salir de la zona del terror y no pudo salvar de hundirse en su totalidad ¿Qué podía esperar de Mei Ling, cuyas intenciones con ella y verdaderos pensamientos le resultaban desesperantemente ambiguos?

Sin embargo, el tiempo seguía pasando y la relación de Adora con la joven hechicera —a quien comenzó a instruir en la batalla por su propio pedido—. Mei parecía estarse abriendo cada vez más con Adora al punto de que incluso le contó cosas sobre su propia historia: Su madre había sido una hechicera del invierno de quien había heredado sus propios poderes —aunque mucho más limitados— y su familia había sido tristemente afectada por los hordianos, puesto que las guerras y conquistas le costaron a su padre y a sus pequeños hermanos, tan inmersas estuvieron madre e hija en su propio dolor que su relación se fue enfriando. Al punto de que fue la misma Mei quien acabó huyendo de casa y refugiándose en el reino de Frosta.

Esa y otras historias incluso más desgarradoras sólo hacían que a cada minuto la resolución de Adora, su determinación por acabar con el imperio hordiano creciera, más firme. Más consciente de que era lo correcto.

Cuando recordaba estas cosas, ahora era Mei quien terminaba llorando en brazos de la heroína rubia, quien por su parte tendía a ponerse nerviosa al tener tan cerca el cuerpo curvilíneo y el perfume de Mei, mientras ella sollozaba y respiraba agitadamente sobre su cuello. Estos momentos sólo sirvieron para acercarlas cada vez más al punto de que esos gestos extraños y coquetos de la hechicera comenzaron a desvanecerse. Siendo reemplazados por puro cariño hacia la rubia, abrazos casi maternales, sonrisas de pura dulzura sin segundas intenciones y a veces consuelo mutuo, a veces silencioso y otras veces en las que terminaban llorando en brazos de la otra durante horas.

Si bien Adora se sentía cómoda y contenta con esa creciente cercanía que tenía con la hechicera, sería mentira afirmar que no continuaba aquella semilla que Mei le había plantado en la mente y de hecho se podría decir que había madurado mientras más unidas se hacían. Habían momentos en los que las caricias amorosas de Mei tomaban totalmente desprevenida a Adora y esta terminaba recordando esos toques insinuantes que en un principio solía darle, el tono dulce de Mei en momentos terminaba confundiendo a la joven rubia y esta recordaba ese tono extraño que antes usaba, con el que a veces le susurraba al oído y esta clase de cosas solía remover algo debajo de la piel de Adora.

Definitivamente, era deseo. Pero Adora también sabía que Mei le estaba inspirando algo más.

—Mei-Mei y tú se ven muy unidas últimamente, Adora —había dicho Bow en una ocasión. Adora parpadeó ante la mención de la misteriosa hechicera y respondió.
—Claro, es una gran amiga —contestó.
—¿Segura que es sólo "una gran amiga"? —cuestionó Glimmer, pero sin la mirada burlona o sugerente que solía mandarle cada vez que hablaban de Mei, y que ironía, la seriedad con la que la princesa lo decía colocó más ansiosa a Adora.
—¿A qué te refieres? —respondió con otra pregunta la ex-hordiana.
—Por favor, Adora —contestó la chica de cabellos rosas—. Hasta tú tuviste que darte cuenta de que Mei-Mei te lleva coqueteando desde que llegó.
—Todos nos dimos cuenta —le secundó Bow en tono cantarín.

Adora se sintió ponerse colorada mientras de nuevo, los recuerdos de la hechicera y su cercanía pululaban en su cabeza.

—¿Cuenta de qué? ¡No hay nada entre Mei y yo! —exclamó la rubia una octava más alto de lo normal e ignoró como sus amigos retrocedían y se tapaban los oídos— Seguro ella lo hace para burlarse de mí, nada más, es su forma de... De jugar conmigo —sin darse cuenta su mirada había caído y su voz se había vuelto triste al mencionar lo último.

Aún con todo ¿Seguía siendo tan probable que ella sólo fuese un juego para la hechicera?

—¿Estás segura, Adora? —intervino Bow— Porque ella no habla de ti o te trata como si fueses un juego, de verdad pareces ser muy importante para ella.
—No mientas Bow —contestó Adora.
—¿Cuándo te he mentido? —contraatacó el arquero viéndose bastante ofendido.

Tenía razón. Bow jamás le diría algo tan comprometedor sólo porque sí.

—¿Estás enamorada de Mei-Mei, Adora? —preguntó la princesa.

Un minuto de silencio, uno en el que todo le cayó como un balde de agua a Adora. O más bien, un peso en el pecho tan grande que ya no podía fingir que no estaba ahí.

—Sí —musitó—. Me siento muy rara, Glimmer... Nunca antes me he sentido de esta forma, ni siquiera con Catra.

Rápidamente Glimmer se acercó junto a Bow a su amiga rubia y le frotó la espalda en actitud consoladora.

—No te preocupes, Adora. No es nada raro —el rostro de la princesa se contrajo incómodo—. Yo... No sé mucho sobre esa clase de cosas pero... Mi mamá siempre decía que si es la persona correcta lo que sientes será hermoso, te hará sentir genial.

Después de esta conversación, como si el universo entero estuviese en contra de Adora, varias veces por "azar" tuvo que meterse en situaciones incómodas con la joven de piel más blanca. Culminando con una ocasión en la que se quedaron encerradas en la habitación de She-ra y en la que casi se besan. Ese último suceso permanecía latente, firme en la mente de Adora: Si se concentraba lo suficiente podía olfatear el aroma embriagador de la piel y el cabello de la fémina, sentía la mano tan fina de Mei entrelazada con la suya propia, su cercanía y veía sus ojos felinos que le devolvían la mirada, ansiosos, veía sus labios rosados, brillantes y suaves, sentía su aliento tibio contra su propia boca. Aquella ocasión la joven rubia había encontrado a Mei más deliciosa que nunca. Y si no terminaron uniendo sus labios fue porque Glimmer las interrumpió al teletransportarse de la nada junto a Bow y Frosta.

Es natural afirmar que ese fue una especie de detonante para que la rubia comenzase a "fantasear" con la joven hechicera. Frustrada por no haber podido probar esos labios, el recuerdo de aquella ocasión provocaba que la piel de Adora ardiera de manera exponencial con cada roce de Mei, que siguiese sus movimientos casi como una desquiciada, que a veces hasta temiese estar sola con la joven de ojos felinos porque sentía que, en cualquier momento podría abalanzarse sobre ella o rogarle porque terminaran lo que habían empezado en su habitación.

Un tiempo, pasó. Un tiempo en el que Adora sentía que enloquecería en cualquier momento. Y eventualmente la misma Mei Ling lo notó.

Ambas estaban solas en la biblioteca del castillo, puesto que Bow estaba ayudando a Glimmer con una de sus alocadas estrategias de batalla y las demás princesas de la rebelión habían viajado para cuidar un tiempo sus reinos. Puesto que, en esta situación en la que se hallaban, en la que los hordianos atacaban con cada vez más ímpetu y frecuencia, sería una negligencia total de su parte dejar descuidada a la gente a la que gobernaban. Por alguna razón la joven rubia no había podido ser parte del plan y sobraba decir que eso la ofendió, pero Bow le explicó que el motivo era que habían detalles que podrían confundirla y necesitaban atar aún unos cabos sueltos —si le preguntaban a ella esa excusa era cero válida para sacarla de una reunión— y tras prometerle que le contarían todo cuando saliesen sus dos amigos casi que la habían empujado fuera de la habitación de la ahora reina, a lo que Adora resignada había decidido esperarlos en la biblioteca, frente a la chimenea encendida y con una taza de chocolate caliente ¿Qué tenía de malo que se permitiese un par de lujos de vez en cuando?

—¿Adora? ¿Qué haces aquí?

Con un sobresalto de por medio —pues ni siquiera había notado que hubiera otra presencia en la habitación ajena a la suya— Adora se giró a una silla que estaba escondida, silla de la que Mei Ling se levantaba con elegancia para luego dirigirse lentamente hacia la rubia alejándose de las sombras. La luz del fuego de la chimenea la iluminó y Adora sintió que su rostro ardía, desde su mentón hasta la línea de su cabello producto de la apariencia de la hechicera. Su suave vestido azul con orquídeas negras bordadas cuya abertura en la falda mostraba sus largas piernas, que se ataba al cuello y también dejaba su espalda expuesta, las telas claras en los brazos y las ramificaciones extrañas —similares a enredaderas— en la cintura, que resaltaban dicha curva, la brillante horquilla en forma de orquídea en un costado de su cabellera.

Ella misma era una orquídea, una orquídea que la incitaba a tocarla y olerla. Pero al mismo tiempo le daba miedo hacerlo, de alguna manera.

Adora no pudo evitar maldecir en sus adentros ¿Por qué la afectaba tanto si Mei siempre solía vestirse de esa manera provocativa? ¿Sería el ambiente? ¿La oscuridad parcial? ¿O quizá era el hecho de que la había descubierto pensando precisamente en ella?

—Adora —la voz de la hechicera hizo que la aludida se estremeciera en sus adentros y por mero instinto se levantó del sillón en el que estaba.

Mala idea en verdad porque Adora se dio cuenta tarde de que, estando de pie, estaba incluso más cerca del cuerpo de la chica de ojos rasgados. Y de un momento a otro la temperatura de la biblioteca pareció elevarse ¿Alguien había avivado el fuego de la chimenea tras ella?

—Adora —la rubia saltó un poco, y recordó que no le había respondido a Mei y ya iban tres veces que la llamaba.
—¡L-Lo siento, Mei-Mei! ¡Me atrapaste pensando en... Otra cosa! —She-ra se permitió hacer una mueca mentalmente, estaba hablando más alto de lo normal y seguro era desagradable para la hechicera.
—Te ves nerviosa —contestó la joven de cabellos oscuros.
—Sólo estoy... Algo molesta con Bow y Glimmer —esta vez Adora sí hizo una verdadera mueca al recordar el desplante de sus supuestos mejores amigos— ¡Me dejaron fuera de la estrategia! ¡Y se supone que soy el eslabón más fuerte de la rebelión! ¡¿Cómo voy a saber qué debo hacer si no me dejan entrar en las reuniones?! —Adora frunció el ceño y siguió quejándose, olvidándose por un momento de lo "alterada" que la tenía la presencia de la hechicera— Bow dijo que me dirían luego ¡Pero sí lo piensas bien eso ni siquiera tiene sentido! ¡Incluso Perfuma lo diría!
—Oh, vaya —el tono de Mei cambió de repente, y eso junto con los dedos de esta moviéndose de pronto por la mano de Adora hizo que esta cerrase su boca de golpe, incluso olvidando que se estaba quejando—. Intentaré hablar con ellos... Es extraño que te corran así.

Mei buscó el rostro de la rubia, quien por su parte sintió que un nuevo escalofrío bajaba por su columna a un área que jamás reconocería. Ahí iba de nuevo.

Esa mirada de nuevo, esos malditos ojos traviesos pero que ahora tenían cierto deje de ansiedad, como si a Mei también le afectara el extraño ambiente que de pronto había entre ellas. Adora tragó saliva al darse cuenta de lo cerca que estaban ahora mismo, casi rozándose sus cuerpos, con la mano de Mei entre la suya propia. De pronto le entraron ganas de quejarse de otra cosa, y eso era quejarse de lo que Mei estaba haciendo. Estaba siendo tan mala, tan mala al confundirla de esa forma y provocar que se sintiese culpable por esos pensamientos raros que tenía últimamente.

Era tan mala por haberla enamorado e ignorar los estragos que estaba provocando en ella.

—Está bien Adora —casi ronroneando Mei dio un paso hacia adelante, haciendo que ahora sí estuviesen con sus cuerpos pegados mientras su mano libre iba a parar al rostro de la bella guerrera, acariciándolo—. Está bien.
—M-Mei.

Fue el colmo para ambas, segundos después los labios de ambas se habían encontrado y Adora no pudo procesar el sonido que le salió del fondo de la garganta al sentir por primera vez el sabor de Mei. La mano que no estaba sujeta por la otra joven fue a parar a la cintura de esta para acercarla más y poder sentirla con mayor comodidad. Por su parte la hechicera movió su propia mano desde el rostro de She-ra hasta la rubia cabellera —la que tantas inseguridades le generaba a Adora— jugueteando con los mechones de la coleta y enredando sus dedos.

Adora pensó en separarse; pensó en la comprometedora posición en la que se encontraba con la hechicera, pensó en que las otras princesas podrían poner el grito en el cielo si las encontraban así, en lo vergonzoso que sería y en que Bow y Glimmer probablemente se burlarían de ella por varias semanas. Lo pensó, pero en esos momentos no podía importarle menos.

No podía importarle cuando llevaba tanto tiempo queriendo aquello, cuando Mei era tan dulce, cuando al fin tenía entre sus manos la orquídea que tanto la había cautivado con su belleza, fragancia y lo que se ocultaba tras sus pétalos. Mientras su otra mano soltaba la de Mei y se digiría a también hundirse en los rizos negros-azulados, pensó que, definitivamente no le importaba. No podía resistirse más.


Uhm, hola ¿Cómo les va?

Este borrador hace meses que lo tengo en pausa. Es el segundo OS que escribo de She-ra y las princesas del poder y mis amigos me metieron la idea de que hiciese algo más lindo, menos trágico obviamente jsjsjsjs

¿Qué les pareció? No olviden comentar y votar que yo amo leer comentarios (a menos que sean insultos obviamente, si son insultos los silencio y denuncio)