― ¿No es algo cruel el simplemente impartir un juicio sin justicia?
Una voz suave llegó de la nada, interrumpiendo un silencio que había estado presente por los últimos minutos.
―Es cruel que un ángel mire todo esto y solo pueda quedarse a verlo, ¿Cuál es la justicia que clamas?
Esta vez fue una voz dura, mucho más grave, un hombre parado en una montaña mirando con poco interés a la persona que había llegado a molestar su silencio.
―La justicia es algo que padre debe dar, es por eso que no lo entiendo, ¿por qué dejar que tal acto se dé acabo?
Una sonrisa junto con un bufido de diversión salió del hombre.
―La justicia es algo que no se puede ver, como alguien que solo vive en la luz, ¿cómo puede tú padre ver la oscuridad que mancha el mundo?
Silencio.
La mujer no contestó, solo se quedó viendo al hombre ante ella. Piel morena y pelo blanco caído, una especie de armadura negra que solo cubría el pecho, pero dejaba los brazos libres, pero a parte de las botas de punta de metal lo que más resaltaba era el arco inmenso que cargaba el hombre.
―Dios ve ambos lados, la oscuridad y la luz, conoce todo y nos da lo que necesitamos saber ―la respuesta simple de la mujer hizo que el hombre sonriera otra vez, desconcertando de nuevo a la mujer presente.
Una mujer hermosa, una armadura dorada que cubría lo que parecía un vestido blanco puro bajo aquello, una aureola y seis pares de alas más blancas que las nubes.
Un ángel en toda la regla.
―Es de poca educación el hablar sin presentarse ―el hombre bajó su mano izquierda en la que estaba sosteniendo el arco para luego mirara al ángel que descendió del cielo, solo había estado a un par de metros volando, peo bajó y pisó tierra quedando frente a frente.
―Soy una hija de Dios, se me ha asignado el nombre de Gabriel ―la mujer hizo una leve reverencia ante aquella presentación. No es que la reverencia fuese algo de más, simplemente esta era su primera interacción con otro ser más allá de los ángeles mismos.
―Oh, alguien de alta cuna ―la voz del hombre sonó complacida, casi como si estuviera a punto de reírse―, puedes llamarme Archer.
Gabriel no entendió porque esa persona estaba tan centrada en molestarla. Inclinó la cabeza y miró con desconcierto al hombre el cual solo seguía sonriendo.
―Ahora que nos hemos presentado, ¿puedes decirme por qué se te permite hacer algo como esto? ―la voz de Gabriel fue tranquila, no hubo signo de enojo o algo parecido.
Era una voz plana y sin emoción alguna.
Archer era consciente de que este mundo estaba en pañales, que las leyes aún se estaban creando, por lo cual, el que Gabriel se presentara como tal era un indicio que incluso Lucifer aún no había caído de la gracia de Dios.
¿Tan rápido tuvo que hacer su trabajo?
―Juzgo lo que vendrá, no lo que ves ―la simple respuesta de Emiya hizo que el ángel no entendiera. Vio como el hombre le hizo un signo de que le siguiera.
Caminó junto al nombre Archer y lo miró de reojo de vez en cuando.
― ¿Qué eres? ―la pregunta de Gabriel fue dada con interés.
― ¿Un ángel siendo curioso? ―el hombre la miró de reojo y vio como por primera vez la mujer parecía sorprenderse, esta se llevó sus manos a su boca y la tapó. El viento sopló moviendo la hierba y haciendo que el cabello rubio prístino del ángel se meciera con el viento.
Una risa seca salió del hombre.
―La curiosidad no es mala, ángel.
Gabriel no respondió, quedó en silencio viendo al hombre seguir caminando.
―Dios nos otorgó el conocimiento que necesitamos, nos dio todo lo que necesitamos comprender, el desear más solo es avaricia con falsa curiosidad ―el silbido del hombre hizo que algo dentro de Gabriel se moviera.
Molestia.
―Vaya mente más puritana, un ángel de arriba hacia abajo, pero de igual forma no importa, este mundo joven me verá mucho al parecer ―la voz del hombre sonó cantarina y con burla, era obvio como este se estaba burlando de Gabriel.
―Aún no has respondido que eres… ―Gabriel se quedó quieta y pensó unos instantes―, no perteneces a la creación de padre, por lo cual tu existencia debe ser catalogada.
Otra sonrisa seguía de un bufido volvieron a salir de Archer.
―Una falsa curiosidad con una fe ciega, eres divertida ―Archer se volteó y vio al ángel que se tensó cuando este se detuvo de golpe―¸ oh, no te preocupes, es simplemente interés, es raro ver a un ángel que cuestione tanto la palabra de su padre.
―No estoy haciendo algo como eso, por favor, abstente de seguir insinuando cosas como esas ―la voz de Gabriel sonó mucho más fuerte en ese instante, Archer sonrió con disfrute ante la emoción presentada en el ángel.
Ira.
―Sin sentimientos y sin consciencia, una extensión de Dios mismo, pero el falló más grande es haberles dado a ustedes el concepto de libertad, pero si poder poseerla, ¿no es una existencia cruel? ―Archer vio a Gabriel cruzarse de brazos.
Se tendría que aplaudir a sí mismo por haber logrado hacer que un ángel se molestara.
―Nuestra existencia misma es una bendición, Dios nos otorgó la vida y consciencia, nos dio la voluntad y el pensar, como conocimientos y razonamiento, es por ello que te pregunto una vez más, ¿Quién eres?
―Un limpiador.
Las palabras dadas por el hombre confundieron al ángel, porque era evidente de que no estaba mintiendo el hombre.
― ¿Un limpiador?
―De hecho, me encargo de solucionar todos los desastres que los humanos van a ocasionar a futuro y en el pasado, puedes llamarme algo así como un simple verdugo.
―Un verdugo que no sigue la palabra de Dios ―las palabras de Gabriel sonaron casi de forma acusatoria.
―No, tengo mi propio contrato con alguien más arriba que un Dios que a pesar de serlo todo ahora no es nada y-
Una lanza de luz pura estaba en el cuello del hombre al instante en que comentó aquello.
―He estado tranquila a su falta de respeto en mi persona, pero absténgase de blasfemar contra padre.
―Puedes matarme si tanto lo deseas, ¿o es acaso algo que tú padre no quiere que hagas? ―Gabriel se quedó quieta viendo al hombre, los ojos de la mujer se abrieron ante ese comentario.
Era cierto, su padre les dijo que no interfieran, que no hicieran nada, que las cosas que se dieran en la situación que se generasen con el hombre ante ella… que deberían ser ignoradas.
―Yo… ―Gabriel intentó formular una palabra, pero no salió nada de su boca.
―El concept de juicio y libertad están dentro tuyo, pero no puedes tomarlos ―la voz de Archer era casual, como si ya hubiera explicado esto con anterioridad―, ¿o es que acaso sientes ganas de desobedecer al padre?
― ¡No! ―la negación del ángel vino con un grito que solo fue terminado por una risa sin ganas del hombre que volvió a retomar su camino. Gabriel miró hacia donde se estaban dirigiendo y se dio cuenta del asentamiento humano que estaba en frente, pero el humo que salía de las casas...
Los minutos pasaron y llegaron viendo el paisaje grotesco. Cada persona, adulto, anciano o niño estaba en el suelo sangrando con una herida en la cabeza o en el corazón. Gabriel se quedó en silencio viendo como todos parecían haber estado viviendo sus vidas como si nada hasta el momento de su muerte.
Fue en los puntos más lejanos del asentamiento humano que vio como estaban aquellos que intentaron correr, una mirada de horror petrificada estaba grabada en el rostro de aquellos que intentaron huir de aquel destino.
― ¿Por qué me muestras esto? ―el ángel se agachó y tomó en brazos a un niño que posiblemente no había pasado los once años, estaba con una flecha en el corazón y un rostro lleno de agonía. Gabriel pasó su mano por su rostro y lo dejó en uno placido, como si hubiera sido llevado a un lugar mejor.
―Es tú respuesta a tu curiosidad ―el hombre comentó con simpleza viendo a las personas tiradas en el suelo. Gabriel dirigió su vista hacia una mujer que había intentando proteger con su cuerpo de las flechas a un bebé el cual comenzó a llorar ante las voces de los presentes.
―Esto no es justicia… ―Gabriel se levantó bajó el cuerpo del niño que había tenido en brazos y luego caminó hasta estar frente a la madre y el niño llorando―. Esto es simplemente un genocidio.
―Y uno bastante pequeño he de agregar ―la soltura con la que habló el hombre sobre la muerte de los cientos o miles de humanos hizo que el ángel se irritara.
No se suponía que el corazón de un ángel debiera guardar odio o rencor, pero esto… esto no era algo lo cual se pudiera dejar pasar ella debía…
― ¿Vas a desobedecer a tu padre? ―Gabriel abrió su boca y se puso rígida, al momento de aquello un destello azul pasó a su lado clavando una flecha al bebé que había estado llorando. Gabriel arrugó el rostro y caminó hasta la inocente criatura que había estado allí.
― ¿Qué pecado ha cometido esta gente? ―ella acunó al niño.
Lágrimas empezaron a surcar sus ojos, solo vio la espalda del hombre que parecía tararea viendo a su alrededor.
―Encontraron un material antes de tiempo.
Gabriel se quedó quieta, miró al hombre quien se volteó y ambos se vieron a los ojos. Dos ojos rojos por las lágrimas que se escapaban de aquella escena enfrentaron a un par de ojos muertos fríos.
La esmeralda chocó contra el acero en un intercambio que parecía el comienzo de algo.
Más la mujer solo miró hacia abajo y abrazó al niño que había caído en desgracia.
―Algo tan cruel… ¿por qué está presente en el plan de Dios? ―la pregunta de Gabriel hizo que Archer se riera por lo bajo.
― ¿No sabes todo lo que deberías saber? ―Archer miró al ángel que parecía sin ganas de hablar―, la curiosidad es algo lo cual un ángel no debe poseer, solo debe seguir-
―Las palabras de padre ―Gabriel terminó las palabras de Archer. Este asintió antes de mirar el cielo.
―Es hora de que me retire, espero que esta sea la única vez que nos veamos, ángel.
―Ruego para que padre no te tome como un elemento para la próxima vez, verdugo.
…
― ¿No se siente bien el viento en estos días? ―Archer no se volteó cuando el lugar a su alrededor se iluminó. No necesitaba saber quien era quien había llegado otra vez a molestarlo.
―Hasta hace unos instantes era una brisa fresca con el aroma de la yerba y el rocío en esta, ahora solo está llena de sangre.
―Palabras fuertes para alguien de tú clase, ángel ―Archer se giró y vio como a diferencia de la primera vez que había visto a Gabriel hace años. Ahora se notaba más emoción en su rostro, un rostro hermoso manchado por una mueca de tristeza.
― ¿Por qué padre sigue dándote libertad para moverte?
―Siempre puedes unirte a tus hermanos y volverte en contra de las ordenes de tú padre, en ese instante podrás matarme ―Archer escuchó un bufido de molestia―, oh, parece que alguien ha desarrollado más emociones de la última vez que nos vimos.
―Nunca he olvidado lo hiciste en esa ciudad, verdugo, pero quiero saber algo, si eres el verdugo, ¿Quién es el juez?
― ¿Ya han avanzando tanto y tienen esos conceptos?, interesante ―Archer comentó antes de voltearse y ver de nuevo a los ojos a la mujer de mirada triste―, deberías dejar de tener curiosidad por cada cosa.
―No es una curiosidad o algo de codicia, es algo que necesito saber para seguir mi papel.
―Una mentira que se plantea para ser creída por uno mismo, propio de un ángel que es presa de su libertad como de su opresión.
―No he venido a discutir sobre mi posición en los cielos.
―Claro que no, si lo hicieras tus alas probablemente serían negras en este punto ―una risa salió de Archer cuando terminó aquella sentencia.
Gabriel miró con ahora disgusto más que evidente al hombre.
―Responde.
―Para ser un ángel y una de las más cercanas a Dios, parece que presentas fallas, ¿qué es ese despliegue de emociones tan vergonzoso?, he visto querubines con mejor postura que tú.
Gabriel no respondió, solo miró al hombre esperando la respuesta. Esta era la segunda vez que había sido testigo de lo que esa cosa había hecho.
Un exterminio a una nación completa, nadie sobrevivió, incluso como aquella vez, ni siquiera los recién nacidos podían vivir para decir de donde eran o buscar algo en sus vidas. Para Gabriel el arquero que se presentaba ante ella era algo que intentó descifrar.
―Respondo a la voluntad del hombre, soy la mano que se extiende en la desesperación, soy simplemente un arquero que porta muerte, no necesitas prestarme atención, solo finge que no existo, ¿quizá no exista? ―la respuesta del hombre hizo que Gabriel pensara por unos instantes.
―Eres el olvido ―el arquero abrió los ojos y parpadeó en sorpresa ante aquello―, apareces cuando algo sucede y eliminas todo sin dejar nada, no queda nada ni siquiera un recuerdo, eres la representación del olvido.
Una risa estalló del hombre haciendo que Gabriel frunza el ceño y mirara al hombre con molestia.
―Has pensado de más, ¿yo algo tan importante como eso? ―la risa era más evidente en la voz del hombre, siempre fue así, cada vez que hablaba con Archer fue esto, unas burlas que no cesaron a su contra―, quizá no esté del todo mal tú definición, soy alguien al cual el tiempo se le ha quitado, pero no soy nada más que un perro que baila ante un hueso a medio roer.
Entonces había alguien más allá de Archer. Gabriel pensó aquello cuando las procesó las palabras del hombre.
― ¿No te casas? ―Gabriel miró al hombre quien alzó una ceja por no entender―, ¿no te cansa matar?
Aquella pregunta pareciera que arruinó el humor del hombre porque al instante en que aquella pregunta se dio, el semblante bromista y sereno se fue, dejando de lado una expresión blanca sin emociones.
Era como ver un bloque de metal, no había nada más allá de una superficie simple y fría.
―Al igual que tú, yo no soy quien hace preguntas o quien puede dirigir mis acciones ―Archer dio un suspiro antes de darse la vuelta y cruzarse de brazos―, un ángel se rige por el código de Dios, un ser como yo se rige por la voluntad de la aclamada "justicia"
― ¿Crees que matar a todos es impartir justicia? ―Gabriel tuvo interés por el cambio más que notorio en el hombre.
―Si se puede salvar a mil vidas cegando cien vidas, ¿Qué harías?
Silencio.
―Intentaría salvar a ambos.
―Una respuesta digna de un ángel ―la sonrisa de lado de Archer vino cuando se volteó y vio a Gabriel. La mujer vio los ojos del hombre, estaban más apagados que de costumbre.
― ¿No sería la respuesta normal? ―tuvo interés, algo que no era bueno, pero la pregunta fue hecha.
―Quizá cuando el altruismo está más allá de uno, sí, pero normalmente alguien no te responderá con una acción, solo los idiotas dirán que quieren salvar a todos ―Gabriel frunció el ceño ante ese comentario.
―Pensé que estabas conforme con mi respuesta.
―Lo estoy, no eres un ángel tan desviado como creía ―la sonrisa de burla de Archer fue recibida con un puchero del ángel ante él.
Las partículas azules se dieron alrededor de Archer haciendo que Gabriel lo mirara.
―Es hora, espero no volver a vernos, ángel.
―Lo mismo digo, verdugo.
Un estallido de luz azul salió del cuerpo del hombre antes de que desapareciera de cualquier forma de rastreo para Gabriel. Ella se giró y vio la ciudad que estaba en llamas, una vez más, el hombre había llegado y había interferido.
Era la segunda vez que hablaban, pero no era la primera vez que el hombre caía en este mundo.
Si realmente se dedicaba a mantener la "justicia" en otros lugares…
¿Ha cuantos habrá matado con el paso del tiempo?
Un escalofrío recorrió la espalda del ángel ante ese hecho. Archer no distinguía en nadie, para el hombre solo había una cosa por hacer y era terminar con la vida de todo lo que se le asignara como "objetivo"
Gabriel se quedó quieta y miró el cielo gris, parecía estaba por llover, el cielo… Gabriel alzó su mano y quiso tocar las nubes grises que indicaban que iba a llover.
Ese gris nublado que estaba aguantando la salida de gotas… era idéntico al gris que vio reflejado en los ojos de Archer.
…
―Es raro que te presentes mientras que hago mi trabajo ―Archer alzó una flecha la cual se dividió en veinte y luego en cien para terminar en una marea de flechas.
―Padre ha muerto…
La lluvia era algo que había hecho que Archer se quedara viendo las gotas caer unos instantes más.
―Vaya, es la primera vez que escucho que tú padre muere tan pronto ―no hubo sorpresa mayor en el hombre, como si ya hubiera visto un escenario familiar.
Gabriel estaba sentada en una piedra a su lado, viendo como las flechas se creaban y asediaban desde la distancia a una ciudad humana.
Si ella no recordaba mal, era una ciudad en donde se estudiaba magia.
― ¿No estás sorprendido? ―la falta de emoción en la voz de Gabriel hizo que Archer mirase a la mujer que parecía estar sin ganas. A diferencia de su normal estado, ahora solo llevaba el vestido blanco que se pegaba a su cuerpo al estar mojado por la lluvia.
El cuerpo de aquel ángel molesto a su lado era realmente hermoso.
―He presenciado el fin, el comienzo y lo peor de cada mundo, ¿la muerte de un Dios? ―Archer preguntó con curiosidad propia planteándose ese hecho―, sí, no es algo que no haya visto ya.
Después de un último aluvión de flechas la mano del hombre se extendió y una sábana color rojo se formó alrededor del ángel quien abrió los ojos ante ese gesto.
―Gracias.
―Pensé que después de que perdieras a tu padre irías directo a mi cuello ―Emiya se sentó en la piedra al lado de la mujer, miró desde su lugar a la ciudad que había arrasado.
El hecho de que estuviera siendo llamado bastante en este mundo y la presencia particular de ese ángel hacia que su estadía no fuese del todo… molesta.
― ¿No es ir contra los deseos de padre eso? ―la respuesta de Gabriel sacó una sonrisa en el rostro de Archer.
―Tú fe parece haber sido reafirmada después de que lo perdieras.
―La curiosidad y la codicia que nos dio no son cosas las cuales los ángeles debamos poseer, era joven cuando nos encontramos por primera vez ―Archer sonrió y miró hacia el cielo que no dejaba de llover, un rayo cayó cerca de la ciudad que había asediado.
―La ignorancia es felicidad como dicen, pero un ángel debería estar bien con todo lo que Dios le enseño, ¿no? ―Emiya preguntó.
El silencio de Gabriel indicó que no estuvo del todo de acuerdo.
― ¿Por qué sigues haciendo esto? ―Gabriel se giró y miró al hombre que parecía tranquila ante la masacre, ella lloraba como siempre ante la muerte.
―Porque es un mal necesario, toda luz tiene su sombra, penosamente solo soy una extensión de esta sombra ―Archer hizo un gesto con la mano como si le restara importancia.
―Puedo escucharlos, los llantos, los pedidos, los ruegos y la desesperación, desde que padre se fue, Michael tomó el cargo del sistema, pero lo particionamos, no lo tomo en casi nada porque él decidió cargar con el peso de cruz de padre ―Gabriel llevó sus manos frente a ella y las vio temblar―, no puedo, cada lamente, cada suplica, cada humano pidiendo ayuda, cada grito de auxilio…
―Oh, te acostumbras después de un par de miles de años ―la voz Archer sonó casual, Gabriel abrió los ojos y miró al hombre quien le sonrió, no fue una sonrisa de burla como siempre, fue una pequeña y simple―. He estado en esto por mucho tiempo, créeme el decir incluso por mucho tiempo queda corto…
― ¿Pero? ―Gabriel esperó el cambio de la historia.
―Llegué a arrepentirme en cada momento de mi existencia, justo como ahora, mi mayor deseo es poder morir ―Gabriel abrió los ojos ante esa revelación―, esto… no es algo lo cual suelo mencionar, ¿debe ser porque hemos hablado tanto en los últimos miles de años?
Una risa suave salió de Gabriel.
―No encontramos bastante, sí.
―Parece que tienes un radar por cada vez que voy a hacer un trabajo ―Archer se rió viendo a la mujer.
― ¿Quién sabe?, quizá padre me dio algo como eso para molestarte por lo que haces ―Gabriel vio como el hombre se rió ante su chiste.
―Nunca deseé llegar a esto ―Archer sonrió y bajó la mirada―, deseé sr alguien que apoye la justicia, alguien que sea su aliado, soñé con ser un aliado de la justicia, pero al final del camino que quise no encontré la justicia que tanto idealicé, solo la justicia que imparto.
― ¿Cuándo era la justicia que idealizaste?
―El salvar a todos ―Gabriel se rió un poco haciendo que Archer alce una ceja.
―Hace mucho tiempo me comentaste que esa no era una forma normal de pensar.
―Nunca dije que lo fuese ―la sonrisa de Archer creció por el comentario del ángel.
Había resultado bastante reconfortante sus interacciones al final de todo, incluso si todo fuese lo más simple y superficial que se planteara.
No se sintió mal poder hablar de vez en cuando con alguien. Incluso por más breve que sea, por más pequeño que sea el intercambio.
Agradecía el poder compartir pequeños momentos como estos antes de volver a ser llamado.
…
Gabriel sonrió ante la ciudad que tenía en frente. Ella había estado en contacto con los humanos por ordenes de Michael, había logrado estar en un punto en el cual pudo interactuar con cada humano en la ciudad, cada niño, cada anciano, cada adulto…
Se sintió bien, era como si pudiera caminar sin preocupaciones, para los presentes solo era "la hermana Gabriel", pero para ella este momento, el poder compartir y el poder vivir cada momento junto a los humanos y verlos cambiar y crecer.
Todo eso fue algo lo cual la llenó de calidez, sintió como si todo lo que hubiera hecho hasta ahora hubiera valido la pena, incluso en su ignorancia, incluso en su pequeño mundo en el cual solo podía regirse por la palabra de Dios.
Ella pudo entenderlo por fin, como todo lo que necesitaba era aprender lo que ya sabía hacer, no se trataba de curiosidad o cuestionamiento a la creación del padre, solo era algo tan simple como el desarrollarse y pensar en los demás.
Vio como uno de los niños le sonrió antes de correr hacia ella y abrazarla con fuerza. Ella era famosa en el orfanato de la iglesia. A Gabriel le encantaba cantar y jugar con los niños, cocinar para todos y poder vivir este pequeño fragmento de vida que pudo llamar, vida humana.
¿Cómo es que había quienes podían estar molestos ante tal bendición?
El despertar cada día más con vida era una bendición de Dios, un regalo del padre al mundo, a los humanos, incluso cuando la guerra estalló entre las facciones, incluso cuando padre cayó y las demás facciones entraron en caos.
Los humanos aún seguían viviendo. Vidas tan cortas como velas a sus ojos, pero de igual forma vidas preciosas, el respeto a la vida era algo que de verdad amaba, el como cada criatura tenía su sitio, como cada pequeño ser era un engranaje en la gran maquina que Dios había creado para todos.
―Te ves bastante feliz ―Gabriel se giró. Ella llevaba un traje de monja normal, con su cabello rubio cayendo de algunos extremos y unos lentes de montura circular.
Pero la persona que estaba a su espalda, apoyada en uno de los asientos comunes la hizo quedarse quieta.
― ¿Hermana? ―una niña preguntó viendo la confusión en el rostro de la persona a la cual quería.
― ¿Puedes ir a la iglesia con los demás niños?, esta noche hornearé galletas ―la sonrisa y el brillo en el rostro de la niña fue enrome. Ella extendió su mano e hizo un gesto con el meñique.
― ¡Es una promesa! ―la niña no vio como la mano de la mujer que la abrazaba con fuerza dudó unos instantes antes de moverse y juntar los dedos meñiques consolidando la promesa.
El grito de alegría de la niña fue enorme mientras que salía corriendo.
Gabriel se mordió el labio mientras que vio al hombre como siempre, en su estado sin ganas, sus brazos estaban extendidos por la banca publica en la que se había sentado. Ella caminó y se sentó a su lado y se quitó el velo y lo miró con suplica.
―Puedes interferir si quieres, tú padre no está presente.
― ¿Por qué está ciudad? ―Gabriel quería llorar, ella había visto a la mayoría de los humanos formar este lugar, labrar la tierra y construir sus casas, montar sus familias y vivir cada día con la mayor alegría.
―No era una ciudad destinada a existir ―las palabras del hombre hicieron que la boca de Gabriel se abriera.
― ¿Solo porque esa voz tuya te dice quien puede vivir y quien no vas y terminas?
―Te has vuelto mucho más emocional de lo que recordaba, ¿Cuánto ha pasado?, ¿cien o doscientos años? ―lágrimas empezaron a salir de la cara de Gabriel.
Ella debía obedecer a su padre como un ángel.
Los presentes en la plaza publica vieron a la persona que consideraban la más feliz y la más animada llorar en la plaza, Gabriel era famosa en aquella ciudad.
Un grupo se acercó amenazando a Archer.
―No se preocupen, estoy bien ―la sonrisa forzada de Gabriel hizo que una risa saliera de Archer.
El rostro del ángel se bañó en rojo cuando las tres personas ante ella simplemente explotaron en el acto, espadas estaban clavadas en el dónde habían estado antes los cuerpos.
―No… ―las explosiones siguieron con el pánico, Gabriel corrió hacia la iglesia ignorando lo demás.
Si ella se defendía…
Iría en contra de las palabras de su padre.
Corrió y llegó a la iglesia, ella no fue la única que tuvo esa idea, una gran parte de la ciudad se había amontonado en la plaza frente a la iglesia. La desesperación llegó en el rostro de Gabriel cuando vio un manto rojo en lo alto de la iglesia.
Ella quiso gritar, quiso hacer algo, pero al final… esto era algo que Dios decidió que debía pasar.
Lo que antes fueron cientos de personas amontonadas en la iglesia ahora solo eran una marea de personas cayendo ante flechas que volaban de cualquier dirección. Gabriel se tentó en extender su mano, quiso detener esto.
Pero esto era por la supervivencia humana. Archer le había explicado que su trabajo era eliminar variables que podrían causar la extinción de la humanidad.
¿Cómo una ciudad a su cargo podría ser un peligro?
El sonido de las flechas volar fue lo único que pudo escuchar cuando los gritos y suplicas comenzaron a mermar a cada segundo. Archer bajó del techo cuando un último silbido de flecha se dio.
Miró a su alrededor, cientos de personas en ese lugar en el suelo, y en medio de toda aquella masacre, estaba Gabriel quien estaba con los ojos abiertos y una mirada vacía.
―Cual… fue… ―Gabriel no pudo formular la oración sin llevar sus manos a su rostro, pero las retrajo al instante al ver la sangre en estas―, ¿Cuál fue el pecado de esta gente?
―El estar cerca de ti, no lo tomes a mal, la era de contribución y formación de ciudades por ustedes ya pasó, la orden que recibiste no tenía sentido, esto era algo lo cual pasaría ―Archer caminó y se puso frente a la mujer.
Se agachó y sacó un pañuelo blanco con el que empezó a limpiar tanto las manos como el rostro del ángel.
―Lo has hecho bien, pensé que interferirías, en ese preciso momento caerías y tendría que tratar contigo también como variante ―Gabriel movió sus ojos a las manos del hombre que limpiaban con suavidad su rostro―, me alegro no haber tenido que matarte.
―Pero… todos los demás… ―ella miró a un niño que se aferraba a la puerta de la iglesia. El sueño de ese chico era ser un guerrero. Miró a una niña que deseaba ser modista, otra que quiso convertirse en princesa.
Ella conocía todos los sueños de todos los niños, de todos los adultos, de todos los ancianos.
Y todos esos sueños fueron cortados de raíz en menos de lo que ella pudo terminar de procesar lo que estaba pasando.
― ¿Es bastante triste no? ―Archer bajó el pañuelo sucio en las manos de Gabriel. El hombre había terminado de limpiar el rostro de la mujer y ahora se puso de pie y miró lo que había hecho―. Tanto esfuerzo para que algo como esto termine así…
―Una justicia como esta… no es la correcta ―Gabriel solo miró el pañuelo en su mano y se quedó quieta.
―La justicia es ciega, castiga a todos por igual.
― ¡¿Qué castigo merecían ellos?! ―Gabriel gritó poniéndose de pie―. ¡Debería ser yo quien fuera castigada por mis acciones!
Gabriel miró a todas las personas en el suelo, todos quienes habían depositado su confianza, todos habían muerto por un capricho de alguien más.
―La justicia que importo es a los humanos, ¿por qué castigarte? Debo decirlo, tú ignorancia es tan hermosa como asquerosa ―Archer caminó y puso una mano bajo el mentón de Gabriel la cual se había quedado quieta con lágrimas.
―Esto… no es justicia, esto es un castigo, una ejecución, ¿por qué padre dejó que algo como esto? ―el llanto de frustración estaba ahora presente en la mujer―. ¿Por qué alguien como tú existe?
La sonrisa de Emiya creció ante su pregunta.
―Existo porque alguien debe limpiar el desastre de los demás, podrás odiarme ahora, pero es por un bien común así que-
― ¿Un bien común que hace que todos sean iguales en la muerte? ―Gabriel apartó la mano del hombre de su mentón y miró el suelo.
―Todos lo somos, solo intento guardar el pobre equilibrio que existe, has hecho bien, Gabriel, tú caída sería mucho peor que la muerte de toda esta ciudad.
―…
Ya no hubo respuestas de la mujer. Era la primera vez que Archer la llamaba por su nombre.
―Espero que nos volvamos a ver, ángel ―la enorme sonrisa del hombre creció antes de explotar en una luz azul y desaparecer.
Gabriel miró a su alrededor y solo vio a los presentes caídos. Lo que antes fue una plaza llena vida, niños corriendo y personas comerciando.
Ahora solo fue una mancha en la historia que sería olvidada.
―Espero que nunca nos volvamos a ver… Archer.
No lo llamó verdugo como siempre, no se refirió tampoco a su nombre por respeto o por odio, tampoco podía decir que esto fue una traición.
Fue algo de naturaleza humana.
Al final.
Fue su culpa por intervenir en algo como la vivencia humana.
Una suave risa con un llanto salió de Gabriel viendo a los presentes.
Ella estaba sola llorando ante aquel silencio que se había formado después de la salida de aquel "guardián"
Que existencia tan lamentable era la de Archer, ella lo vio.
El disgusto en sus acciones que estaban condenadas a repetirse para siempre.
Ella lloró por los caídos y oró por ellos, pero también, en vez de consumirse en odio o ira.
Solo sintió un vacío ante la idea de lo que era vivir como Archer.
Alguien que deseaba salvar, pero solo podía matar.
Alguien que conoció la libertad, pero no podía tenerla.
Alguien con el poder de ayudar, pero solo podía destruir.
Una buena persona con una máscara del diablo.
Ella rezó también por el hombre.
Que encontrara su descanso final.
…
Un pequeño one-shot, lo escribí todo de seguido y como no tengo neuronas para seguir, lo subiré y luego corregiré alguno que otro detalle que se me habrá saltado.
Espero que la escritura sea buena y que esto sea entretenido, estoy pensando hacer una historia de DxD pero será una sorpresa el trasfondo.
Primero me centraré en mis historias de fate.
Rey de picas fuera.
