Había revuelto tanto el café que ya estaba frío. Hinata todavía no probaba un sorbo de él. Se pasó el rato hablando con Sakura sobre su gran problema: su padre estaba organizando su casamiento con Naruto. Y aunque eso parecía ser razón para la alegría de la mujer, era todo lo contrario. Desde la guerra, las cosas eran extrañas. Él, el héroe de la guerra se le declaró y le prometió estar con ella el resto de su vida. Pero… nada cambió al terminar y volver a sus vidas normales.
Naruto no la miraba diferente ni siquiera la hacia sentir querida. Era lo mismo de siempre y ella no era más que la amiga que siempre quiso… como amiga. Ese título no se le iba a quitar nunca y parecía que tampoco iba a escalar de ahí. Incluso, su primer beso fue frustrante y el segundo él lo esquivó y puso su mejilla.
—Hace tres días que no lo veo —le contó la mujer a Sakura— y me he quedado hasta tarde en casa de Kurenai-sensei para no tener que encontrarme con mi padre. Sé que esto no puede durar para siempre —suspiró resignada y miró la taza de café. Quitó la cuchara y le dio un sorbo que le supo amargo a pesar de estar endulzado.
Hinata se balanceaba en el trapecio. No había nadie abajo. Ni la esperaban del otro lado ni una red era capaz de evitar su caída. Un movimiento en falso y ella caería y saldría herida. No importaba cuanto lo pensara, ella no tendría la fuerza para hacer una pirueta y caer de pie.
—¿No has querido siempre a Naruto?
—Pero él no me quiere a mí —respondió con tristeza.
El silencio colapsó entre las dos. Hinata volvió a dar un sorbo al café e introdujo la cucharita dando vueltas en el líquido oscuro.
—Quizá si me voy… o me caso con alguien más.
—¿En serio te casarías con alguien más? —preguntó con sorpresa Sakura.
Hinata torció los labios y se miró el regazo. Su padre quería que se casara, Naruto era un excelente partido por sus logros en la guerra. De no haber sido por eso, ella tendría que haberse casado con Neji. Pero no quería romper la felicidad de Neji ahora que todo estaba yendo tan bien con Tenten. Ella al tener pareja, había liberado a su primo. Aun con todos los contras de "ensuciar" el linaje de los Hyuuga. Con Naruto fue más fácil; con Tenten no. Y por eso, si tomaba la segunda opción, tendría que hacer las cosas rápido.
—No casarme con Naruto terminará lastimando a muchas personas. Pero no quiero estar con él de esa manera. Naruto tiene a alguien más en su corazón y no soy yo. Darle la oportunidad de que siga con su vida y sea feliz con esa persona es lo correcto —. Hubo una sonrisa en el rostro pálido de la mujer, una cargada de tristeza que mostraba un camino desolador.
—Hinata…
—Me he decidido.
—Entonces ¿cómo elegirás? ¿Será el primer hombre que entre por esa puerta o tienes algún plan? —curioseó Sakura.
Hinata estaba decidida a hacerlo, no sabía cómo. Y no se imaginaba con el valor para hacer una propuesta a cualquier persona ¿podría ser alguien de confianza? ¿Un amigo? ¿Hacer un trato con alguien? Ninguna opción le gustaba, pero no tenía muchas opciones.
—S-sí —aceptó hacerlo de la manera en que Sakura propuso y después de mucho meditarlo y reclamarse con la mirada, ya que ninguna de las dos dijo nada después, la atención se volcó en la puerta.
El corazón de ambas enloquecía cuando sonaba la campanilla de la puerta de la cafetería. Y fueron varias desilusiones una tras otra. Un niño, dos mujeres y durante la siguiente media hora a eso, no entró nadie.
—Supongo que tendremos que buscar un pretendiente de una manera más normal —respiró con alivio Sakura y vio a su amiga asentir tras eso.
Hasta que volvió a sonar la campanilla de la puerta y ambas voltearon a ver. La garganta se les secó y estaban a punto de pedir otro café sólo por los nervios de aquellos segundos en que alguien entraba.
Quien entraba no era nada más ni nada menos que el jefe del departamento de Investigación y tortura: Morino Ibiki.
—Bueno, al menos no estás tan desesperada… —dijo Sakura mientras miraba a Morino dirigirse a la barra a hacer su pedido, pero al voltear, Hinata no estaba.
Envalentonada, Hinata se levantó y se dirigió a la barra. Nunca se había sentido tan nerviosa y ansiosa como en ese momento. El corazón le sonaba en las orejas, tenía la garganta seca, pero al menos, era una forma de salir bien librada de todo.
—Morino -san —lo llamó apretando las manos contra su pecho. Hinata intentaba calmar sus nervios de una u otra manera. Estaba punto de cometer una locura, pero lo haría bien al menos—. Cásese conmigo.
—¿Es una broma? —dijo al voltear a ver a la mujer que estaba tras él e inmediatamente, miró hacia la mesa donde estaba Sakura. Pensó que era algún juego entre mujeres que él no entendería y decidió dejarlo por lo sano y volteó a seguir con su orden.
Sakura sintió alivio al ver el rechazo de Ibiki. Sin embargo, Hinata tomó una decisión antes y no parecía dispuesta a retractarse a pesar del rechazo o el nulo interés en siquiera seguirle el juego.
Nunca pensó en Ibiki, pero le parecía una buena alternativa. Él vivía solo, no tenía pareja y no creía que fuera a interrumpir su vida de ninguna forma, considerando que se la pasaba más en el departamento de Investigación que en otro sitio, parecía ser la apuesta perfecta.
—M-morino-san —pronunció con dudas una vez más. Él volteó cansado. No tenía ánimos de lidiar con ella—. Lo que le dije es en serio. Cásese conmigo.
Era una de las cosas que aprendió de Naruto y aun con todo el miedo encima, era el camino que eligió y por ahora, no había forma de dar marcha atrás a esto. Acababa de soltarse del trapecio y saltar… sólo esperaba que hubiera quien la atrapara del otro lado.
