Después de cobrar valor para ir a encararlo, Hinata no supo qué hacer. Se sentía muy valiente hacía cinco segundos y ahora ¿dónde había quedado toda su fuerza? Sentía como si se la hubiesen drenado del cuerpo y se puso nerviosa. Movía sus dedos y recorría sus uñas con las yemas pálidas mirando de refilón a Ibiki.

Él, recibió su café.

—Haré como que esto no sucedió.

Fue claro y distante, fuera lo que fuera lo que planeaba, no le concernía a él. Hinata veía escapar su oportunidad por la puerta y entonces, decidió seguirlo fuera.

—Morino-san —lo llamó lo más firme que pudo— ¿Me escucharía al menos? —preguntó entrelazando sus dedos a la altura de su pecho. Si no conseguía algo en ese momento, iba a tener que pensar en otra cosa. Por lo pronto, al fin dejaría libre a Naruto y se encargaría de que nadie saliera lastimado por su culpa, incluso, si Ibiki decidía ayudarla, buscaría ser un beneficio para él y no un contratiempo.

Él, esperó un momento y cerrando los ojos y haciendo un gesto de desagrado, cedió a sus palabras.

—Camina conmigo —le pidió apresurando el paso hacia su lugar de trabajo. Hinata se sintió feliz, era la primera vez en el día que le salían bien las cosas y no pensaba desperdiciar esa oportunidad bajo ninguna circunstancia.

Ibiki, por su lado, decidió escucharla para así, dejar que ella se fuera satisfecha. No tenía intención de participar en nada, sólo deshacerse de aquella mujer que le estaba quitando valiosos segundos de trabajo, más ahora que parecía que vivía en el departamento de investigaciones.

Ella apresuró el paso y lo alcanzó. Hinata iba con un ligero trote para estar a la altura de las grandes zancadas que daba él debido a sus piernas largas. Ibiki notó eso. Ella no se rendiría por algo tan simple como eso, después de todo, el entrenamiento de los Hyuuga era considerado uno de los más duros y bien sabido por todos era que Hinata tuvo que trabajar el doble debido a su "debilidad".

El departamento de investigaciones se veía solitario y oscuro. Cuando abrió la puerta, el foco tintineó y se quemó, dejando el pasillo más oscuro de lo que ya se veía. Pero podía aprovecharlo a su favor si consideraba que era algo más para hacer que ella se retractara de hablar con él. Su apariencia frágil y su carácter quizá, eran lo suficientemente endebles como para hacerla retroceder.

—¿Quiere que lo ayude a cambiar el foco?

La pregunta lo descolocó. Miró a la mujer con ojos afilados y Hinata bajó la mirada.

—Parece con prisas y algo así, podría hacerlo yo —se excusó con rapidez. Ibiki no respondió y la guio hacia su oficina.

—Tú, ve a cambiar el foco de la entrada —le dijo a uno de los ninjas que encontró en el camino. Luego, hizo pasar a Hinata y cerró la puerta tras de sí. La invitó a sentarse y él, se sentó detrás del escritorio. Destapó el vaso de café y el aroma inundó la habitación: era café fresco y olía demasiado bien. A esta altura, poco le importaba si era porque llevaba casi un día sin dormir o porque realmente estaba bueno.

—Habla, Hyuuga —le dio la palabra mientras daba un sorbo al vaso descartable.

—Hinata —replicó ella.

—Está bien, Hyuuga —de nuevo, la llamó por el apellido marcando las distancias. Ahora, la pequeña ilusión que nació de ella, se veía casi extinta. Era como una vela que alguien sopló para apagar y ahora, luchaba por no extinguir la última chispa y quedar en la penumbra.

De nuevo, Hinata se sintió balanceándose en el vacío. Aún así, tomó aire y habló. Le explicó que lo que ella dijo antes, no era una broma. Iba muy en serio y realmente, podría ser beneficioso para ambos.

—Puedo ser muy útil en la casa. Soy buena en los quehaceres y la cocina. Me gusta más —sonrió. Lo cierto es que Hinata nunca soñó con ser ninja, más si una mujer normal con una familia normal. Por ahora, ese sueño estaba descartado y con sólo tener un poco de estabilidad en su pacífica y aburrida vida, ella se sentiría feliz. Por ahora, no deseaba más que eso—. Y si alguna vez Morino-san se enamora o tiene a alguien, yo no intervendré.

—¿Asumes que no hay nadie en mi vida? —preguntó Ibiki serio.

—¿Lo hay?

El silencio inundó la habitación, haciendo que él se aclarara la garganta.

—Hay muchas otras personas más apropiadas que yo —cambió de tema con rapidez dejando el café de lado—. Una joven como tú podría conseguir a quien quisiera.

Ella sonrió y acomoda las manos sobre su regazo.

—Creo que es la mejor opción —aseguró ella—. Sería como un pacto entre los dos. Yo tendría un beneficio y Morino-san también.

—¿Cuál sería?

—Ha estado comiendo comida instantánea —le señaló los envases que había a un lado del escritorio—. Podría encargarme de eso. También podría ayudar cada vez que necesiten usar el Byakugan. Soy más diestra de lo que se imagina —recalcó ella. Años de entrenamientos y batallas no fueron en vano, sin embargo, nada de eso era algo sustancial para convencerlo.

—¿Es todo lo que tienes qué ofrecer?

Fue un golpe duro para Hinata, sin poder ocultar su asombro y su decepción, bajó la mirada hacia su regazo. Realmente, no sabía qué más podría ser de interés para un hombre como Ibiki Morino. Bien parecía que él podía hacer lo que quisiera sin depender de alguien más. Incluso, podía soportar cualquier clase de tortura o batalla, las heridas que su piel llevaba como insignias de guerra le aseguraban que alguien como ella no tenía mucho qué darle a alguien así.

—Ve a casa, Hyuuga —le dijo poniéndose de pie. Ibiki salió de la habitación y se fue a seguir con su trabajo mientras Hinata quedaba sola en su oficina. Se quedó ahí un rato sopesando todas las opciones que había planeado anteriormente y sólo suspiró con resignación.

Sólo le quedaba volver a casa.


¡Hola, gente linda! ¿Cómo están? Capítulo nuevo y lleno de dramas, pero vamos, que Hinata tiene que encontrar la forma de llevarse bien con este hombre, por el momento, es sólo una batalla perdida ¡la guerra sigue!

Espero que les haya gustado.

¡Un abrazo!