Baz

Últimamente, mi madre ha estado aprendiendo a hornear. Empezó cuando, en la escuela de Mordelia, le pidieron que llevara algún postre para la recaudación anual de fondos. (Es una escuela privada. Y cara. ¿Para qué necesitan el dinero?) Nunca antes lo había hecho y desde entonces le agarró el gusto. Además, parece tener un talento natural para ello.

Vera le ayuda, pero quien hace la mayor parte del trabajo es Dafne. Me alegra verla tan emocionada. Suele enviarme a Watford un poco de lo que prepara.

Por el cumpleaños de las gemelas, me invitó a ir a casa el fin de semana para que pudiera probar su más reciente creación. O, mejor dicho, la reinvención de una receta que perteneció a su abuela. Pastel de naranja, suena simple, pero en realidad no lo es. Y realmente le quedó delicioso. Es esponjoso y el sabor es intenso.

Dafne notó lo mucho que me gustó, así que me mandó de regreso a Watford con un tupper grande, bien lleno de pastel. Me miró con seriedad antes de despedirse de mi

—Cuida mucho el tupper, Basil. Por favor. —- Y debajo de su tono suave, había otro un poco amenazante. Ella suele ser tranquila, pero creo que podría matarme si llego a perder su traste.

Ahora estoy en mi habitación, a solas. Me siento sobre mi escritorio despejado. Tengo un té Earl Gray listo para acompañar mi bocado. Todo eso, mientras leo un poco. Es un plan perfecto para una tarde de domingo otoñal.

Eso se arruina en el momento en que Simon Snow abre la puerta. Me mira como si me hubiera atrapado cometiendo un asesinato. Hemos estado en una especie de tregua desde que inició el año, pero los viejos hábitos tardan en desaparecer.

—¿Por qué nuestra habitación huele a naranjas?—dice.

Hasta ahora, pude ocultar lo que me envia Dafne aprovechando las ausencias de Snow para comerlos, pero me atrapo. (Me niego a decir que "Con las manos en la masa)

—Pensé que estarías afuera con Wellbelove ¿No se supone que estaban en una cita?—contesto.

Se encoge de hombros. Eso me frustra.

—Si fui a verla, también a Penny. Pero no fue una cita. Agatha y yo ya no somos novios.

No sabía eso. Pero a estas alturas es normal; van a reconciliarse en un par de semanas.

—Lo lamento.

En realidad, estoy mintiendo Me alegra un poco que estén separados.

—Mientes—dice, a veces puede leerme con facilidad—Ahora tienes el camino libre para ir por ella.

—No estoy interesado.

Ojalá lo estuviera, las cosas serían mucho más fáciles. Snow levanta ambas cejas, sin creerme, y va a sentarse a su cama.

—Lo que digas, pero no me respondiste ¿De donde viene el olor, Baz?

Suelto un suspiro. Ya que está aquí es imposible esconderle que hay un pastel en la habitación. Pareciera que es un sabueso cuando se trata de encontrar dulces.

—Pastel de naranja. Me lo envió mi madre.—respondo por fin.

Eso despierta su interés.

—Huele delicioso.

Estoy jodido ¿Cierto?

—Lo sé, estaba a punto de comerlo.

Snow se acerca a dónde estoy sentado y se para frente a mi. Sonríe, de la misma forma en que duele hacerlo con sus amigos. Puedo oler su sangre y su olor particular. Es tentador tenerlo a unos pocos pasos de distancia.

—Oye Baz… ¿Podría probarlo?

No me sorprende escucharlo. En cuanto lo vi entrar supe que iba a querer comérselo. Es un poco divertido.

—Eso depende Snow. ¿Qué puedes ofrecerme a cambio?

La verdad podría pedirme lo que sea, literalmente cualquier cosa y yo se la daría. Aún así, tengo una reputación que cuidar. Él se queda pensando. Sus mejillas se ponen un poco rojas por la emoción antes de hablar.

—No sé, supongo que puedes pedirme lo que quieras. Y lo cumpliré sin quejarme.—se muerde el labio cuando termina de hablar. Se ha puesto nervioso

Está intentando matarme. Lo digo en serio. Mi mente se queda en blanco ante el mundo de posibilidades que me ha abierto. Estoy empezando a sentirme culpable por ponerle una condición en primer lugar.

—Me impresiona lo que estás dispuesto a hacer por comida, Snow.

—Bueno, por el olor parece que vale la pena. Y sé que no vas a lastimarme con lo que pidas.

Creo que tengo bien claro lo que le pediré. Lo miro una vez más para darme valor.

—Snow, Simon, si te invito un poco de mi pastel… ¿Me dejarías darte un beso?

Lo dije. Si reacciona mal, siempre puedo decir que era una broma y ya. Lejos de lo que esperaba, no parece que quiera asesinarme. Puedo escuchar como su corazón está acelerado y sus mejillas están aún más rojas que antes. Da un paso atrás, pero no se aleja demasiado.

—P-pensé que ibas a decirme que no podía abrir la ventana por un mes o algo así.

Mira al suelo, evitando. No se ha negado. No aún.

—Lo consideré, pero un beso me parece una mejor opción.

—¿Por qué quieres hacer eso conmigo? Pensé que me odiabas.

—Nunca lo hice de verdad, Simon. Y quiero experimentar.

Decir que tengo curiosidad es mejor que revelar que llevó al menos dos años enamorado de él.

—Tampoco te odio.

Ambos nos quedamos callados durante unos segundos que se sienten eternos.

—¿Cómo vamos a hacerlo?—dice al fin.

—Tal vez deberías empezar por acercarte a mí.

No voy a morderlo. Al menos, no con intención de herirlo.

Se para frente a mí, listo para una batalla. Jalo su brazo hasta que queda sentado sobre mi regazo. Espero que la silla pueda soportar el peso de ambos. De inmediato, él rodea mi cuello con sus brazos. Coloco mis manos sobre la parte baja de su espalda.

Acerco mi cara hasta que nuestras narices se tocan. Su respiración se siente cálida. En pocos segundos comienza a ser demasiado para mi.

—¿Puedo hacerlo ahora?

—Si.—dice.

Su boca está entreabierta, como una invitación. Tomo aire una última vez antes de, por fin, besarlo.

Mi experiencia es nula, pero he imaginado esto varias veces. Empiezo simple, con nuestros labios deslizándose y la boca un poco abierta. No quiero incomodar a Simon metiendole la lengua en la garganta sin aviso alguno. También acaricio su espalda, por debajo de la playera que usa. Su piel se eriza bajo mis dedos.

Él comienza a responder con entusiasmo, suspirando mientras sus manos jalan mi cabello. Pronto, es él quien profundiza el beso buscando mi lengua y moviendo un poco la barbilla. Se siente tan bien que se me escapa un gemido. ( Si Wellbelove le enseñó a besar así, debería mandarle un regalo de agradecimiento. Pero no es momento de pensar en ella.)

Después de varios minutos de explorarnos la boca, me falta el aire. Rompo el contacto, pero sin alejarme. Bajo por su mandíbula, dejando un camino de besos. Pego mis labios al lunar que tiene en el cuello y doy un mordisco. Simon jadea, incluso si no usé mis colmillos. Su estómago hace ruido y ambos nos reímos.

—Lo siento, tengo hambre.

Pellizco una de sus mentiras. Adoro lo suaves que son.

—Creo que te ganaste tu pastel.

Mi té está helado y mis planes se arruinaron por completo. Pero ahora tengo a Simon Snow sentado sobre mi, mientras disfruta una golosina. No puedo estar molesto por ello. Se lleva un trozo de pastel a la boca y un poco de betún queda embarrado en sus labios. Lo limpio con mi lengua y volvemos a fundirnos en un beso.

Su suave boca ahora sabe a naranjas. Y es lo más delicioso que he probado en toda mi vida.


¡Hola!

El prompt de hoy era pastel. Ya tenia (Teníamos) esta idea de Simon dejándose besar por comida desde hace un tiempo y el promt de hoy me pareció perfecto para desarrollarlo.

Estoy feliz, ya que me queda solo un examen y soy libre de la pvta universidad.

Muchas gracias por leer

Ciao!