"I: Inicios"

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El ruido de una bocina despertó de las profundidades del sueño a una pequeña rubia que, minutos antes, se encontraba con los parpados cerrados. Sus ojos se abrieron inmediatamente ante el sonido y una sonrisa de oreja a oreja se curvó en su rostro. La imagen de su padre se asomó por los rincones de su cabeza casi de forma instantanea, por lo que se frotó la cara con sus manos y se levantó de un saltó de la cama.

"Por fin volvió", murmuró emocionada la niña. Sin pensar en ponerse el calzado, esta vez con velocidad; la pequeña no perdió tiempo en girar y correr en dirección hacía las escaleras."¡Papá! ¡Papito!"

Su cuerpo cayó hacía atrás mientras bajaba escaleras abajo sin dejar de soltar gritos de felicidad a la vez que sus pies descalzos chocaban con cada frío escalón. Cualquiera hubiera creído que la menor tenía un fuerte vínculo con su progenitor debido a la emoción de verlo, pero la realidad es que la niña no había visto a su padre desde su cuarto cumpleaños y, aunque su madre había dejado de mencionar al hombre, la pequeña rubia aún mantenía la esperanza de que su padre regresaría por ella, porque se lo había prometido y las promesas no se debían de romper; sin embargo, los días se habían convertido en años de esperarlo junto a la ventana con el anhelo de ver una señal de su parte, la cual jamás apareció. Si hubieron días en los que perdió la fé cada vez que se sentaba en los bancos viendo a otros niños con sus padres cuando ella ni la mirada del suyo podía tener, pero la esperanza revivía en los momentos en que recordaba las promesas que él le había hecho y solamente esos recuerdos se convirtieron en un flote necesario para la niña.

Llegando a la puerta principal, se tambaleó a la par que sus manos agarraban el pomo de la misma y, con fuerza, giró hasta tirar para adelante la gran madera, esperando ver a aquella persona que había estado esperando durante años. La poca ilusión se fue junto a la saliva que se tragó su emoción, ya que la figura que atravesó la puerta no era nadie más que su madre, que poseía una mirada sin expresión hacía la niña. En respuesta, la pequeña sacudió la cabeza en negación, caminando hacía atrás y colocando sus ojos en el fino suelo.

"¿Todavía lo sigues esperando?", preguntó amargamente la mujer. "Entiende que él nos abandonó, Alice. No va a regresar."

La niña volvió a sacudir su cabeza lentamente de un lado a otro. "El me prometió que iba a volver."

La mujer nuevamente soltó un suspiro ante la esperanza mundana que aún guardaba su hija por aquel inútil hombre que una vez llegó a amar. Recordar su existencia no hacía más que amargar a la pobre divorciada, ya que no solamente tuvo que trabajar el doble de horas para ocuparse que Alice tuviera un futuro asegurado, sino que aquella pobre excusa de padre se negaba rotundamente a visitar a su hija, porque según él la niña no existía en su vida, por lo cual la mujer tuvo que cargar la custodia completa de la niña absolutamente sola sin apoyo del padre de su pequeña. Creyó que mudarse a New York iba a traer un nuevo comienzo para ambas, aunque todo terminó por ser lo contrario gracias a la negación de su hija en dejar ir a su figura paterna. Suspirando una última vez, acarició la cabeza de la niña y siguió su camino hacía la cocina, para poder dejar las compras del día sobre la mesada.

"Mami, hay que poner tres platos. ¿Y si papá llega a venir ahora?", Alice preguntó ilusionada, recibiendo un fuerte golpe en la mesa como respuesta de su madre, lo cual hizo sobresaltar a la menor.

"¡Tu padre no te quiere y si lo hubiera hecho alguna vez, pues ya estaría aquí con nosotras sin habernos abandonado!", Ella gritó, sintiendo el cansancio llenar su cuerpo y como cada palabra escapaba sin piedad de sus labios. Su compostura cayó al ver las lágrimas asomar por los ojos de su hija e inmediatamente se arrepintió. Llevó su mano hasta la punta de su nariz, apretando ligeramente esta mientras cerraba los ojos frustrada, para volverlos a abrir al segundo que le daba una mirada blanda a la niña. "Ve a cambiarte, voy a llevarte a tu excursión escolar antes de que se pase la hora. Estaré arriba preparando tu lonchera".

Trágandose la poca energía que tenía, la mujer abandonó la cocina para subir escaleras arriba en busca de la lonchera, dejando a su hija sola y desvastadamente perdida por lo ocurrido.

Alice podía aún escuchar las palabras de su madre retumbar en su memoria. Se limpió algunas lágrimas, los lamentos rebotaron entre sus labios y su boca se abrió por una fracción de segundo como si tratara de buscar consuelo. Se dirigió lentamente a las escaleras, subiendo los escalones como si le pesaran los pies por cada paso que daba. Su madre tenía razón. No tenía sentido seguir esperando lo imposible. Ella misma sabía que los sueños solamente se hacían realidad en las películas de Disney, porque en su realidad no existía la magia y mucho menos los deseos se hacían realidad. Tenía que aceptar por una vez que su padre jamás la quiso y no regresaría, porque en primer lugar nunca tuvo intenciones de hacerlo. Sus pies se detuvieron en la entrada de su cuarto, el cual tenía las paredes cubiertas de dibujos que le había realizado a su padre. Una risa seca escapó de sus labios, sintiendo la humillación de esa cruda realidad. La ira y el dolor empezó a invadir a Alice sin control alguno. Salió corriendo dentro de la habitación y, con un movimiento de impotencia, comenzó a arrancar los dibujos para después terminar por romper en trozos cada uno de ellos. Las lágrimas volvieron a acumularse en sus pupilas cuando los trozos cayeron al suelo junto a ella de rodillas. Se sentía tan sola y sin emoción mientras podía percibir el dolor en su pecho.

(~)

"¿Quieres jugar a 'Veo, veo'?" Dijo la pobre madre, volviendo a intentar captar sin éxito la atención de la niña, la cual ni siquiera la miró. Suspiró derrotada y decidió centrarse en el camino, tal vez su hija solamente necesitaba espacio.

Alice se encontraba mirando la ventanilla a su costado, perdiendo su atención entre los árboles de la carretera. Sintió tantas ganas de abrir la puerta del auto y salir corriendo entre aquellos lejanos arbustos. Deseó respirar. Necesitaba respirar. Su deseo ahora era sentirse libre sin ataduras y olvidarse de todo un rato. Se suponía que una niña de siete años debería estar en casa jugando o, tal vez, realizando viajes en bicicleta en su patio; en cambio, ella solamente quería correr por los prados como Heidi en el campo y no recordar los momentos tristes. Deseó ser como Heidi. Lamentablemente, la felicidad para ella se encontraba solo en caricaturas y películas animadas. Ella estaba destinada a vivir el resto de su niñez cargando ese vacío que año tras año empezaba a crecer en su pecho. La única persona que consideraba su héroe, pues no era más que un hombre que se cansó de ella y la abandonó. ¿Y su madre? La niña sabía que su madre nada más le importaba cubrir su rol, mientras fingía trabajar cuando realmente salía de casa cada día con un hombre diferente. Alice se la pasaba todo el tiempo sola en casa, esperando ilusamente el regreso de su padre. Se sintió tan ilusa y eso le había provocado otra humillación a su autoestima. Apretó con fuerza la lonchera entre sus piernas. Necesitaba salir. Deseó poder respirar aire puro.

"Ya llegamos".

La voz se su madre vovió a traer a la realidad a la menor, quien miró nuevamente la ventanilla, encontrándose con niños corriendo hacía la entrada de lo que parecía ser un campamento.

"Volveré a la tarde a buscarte, por favor no causes líos.", Suplicó la mujer agotada, abriendo la puerta trasera del coche sin siquiera despedirse o mirar a su hija.

Alice se dedicó a asentir en respuesta, bajando del auto. No esperaba más de su madre. Un suspiró acuoso se soltó de su boca cuando escuchó el sonido del vehículo poniendose en marcha y alejándose del lugar. Ignorando el dolor en su pecho, empezó a explorar el campamento. El bosque donde estaban ubicadas las cabañas no era tan profundo como dramatizaban en la escuela. A pesar del engaño proporcionado por sus profesores de la primaria, la niña se sintió liberada de por fin sentir el aire puro entrar a sus pulmones. Caminó directamente a la entrada del lugar, por lo que al hacerlo notó a todos los niños agrupados alrededor de un hombre, el cual supuso que era el guía. Una sonrisa diminuta se posó en su rostro mientras se paraba junto a los demás esperando escuchar las instrucciones.

"Se van a agrupar de a cuatro y cada grupo ocupara una cabaña para poder realizar las actividades del día", explicó el guía, mirando a cada niño con autoridad." Y vuelvo a repetir, les queda absolutamente prohibido cruzar la línea fuera del campamento. El bosque no es un lugar seguro."

La pequeña rubia soltó un suspiro de enojo al escuchar lo último. Decidió girar para buscar un grupo para al menos ir a descansar un rato, pero pudo notar como todos los niños estaban ya casi completando el número máximo por grupo, el terror de quedarse sola la sacudió. Velozmente, se acercó a un grupo de tres niñas que estaban charlando felices junto a sus pertenencias.

"D-Disculpen, me preguntaba si podía unirme a ustedes", preguntó Alice en un susurro temeroso, pateando sus pies mientras intentaba mantener fuera sus nervios.

Las niñas le dieron una mirada como si le hubieran regalado carbón en navidad.

"¿Tú? ¿Con nosotras?," Preguntó una de las niñas con incredulidad. Alice asintió timidamente. "Lo siento, pero no nos juntamos con bichos raros".

Las otras dos empujaron a la rubia contra el suelo cuando soltaron carcajadas al mismo tiempo que se alejaban de Alice. Un gruñido de frustración fue todo lo que soltó la rubia en lo que miraba duramente a aquel trío que se desapareció al entrar en una de las cabañas. Nuevamente el pudor la llenó al darse cuenta que todos los niños ya habían entrado a sus respectivos lugares mientras que ella, como siempre solía pasar, había quedado sola. Moviéndose y levantándose enojada, la niña se sacudió la ropa para sacar la suciedad, envuelta por la caída, el cuerpo contrayéndose con cada respiración dificultosa. Estaba cansada. Pidió libertad y estando libre también se sintió enjaulada. Se sintió sola. Era como si su mera existencia trajera un deje de rechazo para cada ser humano.

"Me voy de aquí. No lo aguanto más" Soltó Alice, pisando fuerte el pie contra la tierra. Trató de controlar su ira, pero con la falta de calma parecía infructuoso. Ella parecía ser la única en notarse. Una parte de ella argumentaría que solo debía preocuparse de sí misma.

Dio otro pisotón antes de caminar decididamente por las afueras del campamento, adentrándose en el bosque e ignorando la advertencia que minutos antes había dicho el guía.

(~)

No fue tan complicado entrar en lo que eran las supuestas profundidades del bosque. Alice se maravillaba de los paisajes que se formaban con unas simples rocas y árboles, aparte de añadir el clima casi frío que emanaba la temporada de ese día. Pudo sentir la libertad sobresalir por el lugar mismo, especialmente de los escasos animales que circulaban cerca de ella. Una sonrisa se curvó en su cara y, sin temor alguno a perderse, comenzó a correr a gran velocidad por el camino en el que iba. Las risas empezaron a salir de ella al sentir el viento que movía los mechones de su cabello como banderas. Una adrenalina de paz la inundó. Se sintió al fin libremente tranquila, aunque dicha tranquilidad desapareció cuando sintió como una roca daba contra sus pies, provocando una caída directa al suelo.

Golpeando la tierra entre pucheros bajos y molestos, se levantó lista para seguir su camino, pero un fuerte brillo, proveniente de debajo de la roca que la hizo tropezar, captó su atención. La curiosidad emprendió camino dentro de su cuerpo, acercándose cerca de aquel extraño resplandor. Con sus manos inquietas, corrió la piedra e inició una mini excavación usando sus manos como rastrillo mientras el brillo se apagaba hasta que sintió como sus dedos chocaron con algo compacto. Extrañada, quitó los restos de tierra para abrir completamente sus ojos al toparse con una caja blanca cubierta de manchas negras y grises, con una forma en particular de una especie de pata de gato. La confusión volvió a inundarla, inspeccionó la caja y decidió abrirla para ver que había dentro. Un grito ahogado escapó de entre sus labios cuando al abrirla salió una diminuta criatura blanca con manchas y parecida a un gato, además de cargar unas orejas media largas. La impresión del miedo provocó que Alice cayera al suelo con una mirada estupefacta.

"Hola, hola". Saludó alegre la criatura, levantando y saludando con una de sus pequeñas patitas.

"¡Ahh, un gato parlante!" Gritó la niña, matoneando a la criatura, que esquivaba los golpes mientras levantaba ambas patas en rendición.

"No, no grites. No voy a hacerte daño. ", Exclamó asustada la criatura, poniendo ambas patas en los labios de la niña para callarla. "Y no soy un gato. Eso es muy grosero para un Lince. Aunque para ser honesta, soy un kwami" Continuó hablando el ser aún manteniendo su tono alegre. Por otro lado, la niña nuevamente se alejó un paso atrás de la criatura.

"¿Un kakaqué?"

"Un kwami.", respondió en tono burlón el Lince al notar la desconfianza de la niña.

"¿Y eso para que sirve?" Preguntó Alice, olvidando su miedo y fruciendo el ceño ante la extraña criatura.

"Los kwamis son criaturas que pueden otorgarte poderes"

"¿P-Poderes?" Los ojos y la boca se abrieron con ilusión.

"¡Sí!"

"¿Cómo sé que no eres una criatura malvada que quiere matarme?" Preguntó cautelosa la niña, mirando al kwami con un poco de desconfianza.

"Ay, no. No apoyo la crueldad. Quiero ser tu amiga". Respondió felizmente la kwami.

"¿M-Mi amiga?" La ilusión de la niña volvió a crecer notoriamente en sus azulados ojos.

" Sí, sí. Me salvaste. No sabes lo duro que estar encerrada por años, ya ni sé lo que es libertad", Exclamó tristemente la kwami, bajando un poco sus orejas.

"¿Estuviste encerrada? ¿Por qué?"

"A veces hago malas elecciones en mis portadores, creo que el último fue tan malo que terminé en un volcán" La criatura se rió vergonzozamente, aunque la niña abrió los ojos como platos por lo que contó el ser y solo se sintió molesta al saber que alguien hizo un daño injusto." Pero sé que esta vez no me estoy equivocando contigo. Puedo sentir la bondad en ti. Déjame presentarme, me llamo Snow y a partir de hoy seré tu kwami".

"¿Eso quiere decir que ya no estaré sola?" Alice preguntó con timidez, sintiendose tonta por tanto preguntar.

"Jamás estarás sola. Únicamente te pido mantener mi existencia en secreto, porque nadie más puede saber de mí o podría haber graves problemas", Advirtió francamente la criatura, ya que sabía que su aparición podía provocar otro desbalance en el mundo como siglos anteriores y no quería volver a estar dentro de un volcán.

"Promesa de garrita", Sonrió alegremente la niña, levantando su dedo pulgar que fue tomado por las patitas de un kwami feliz. "Por cierto, soy Alice".

"Un gusto, Alice. Ahora te daré unos tips para que tengas en cuenta. No debes usar mis poderes a menos que sea una causa necesaria, pero podemos hacer unas excepciones. Para activarlos solamente debes decir 'Snow, colmillos afuera' y debes cargar siempre la gargantilla para que el efecto se complete".

La pequeña empezó a asentir a cada palabra que Snow soltaba mientras hacía una lista mental sobre las reglas de tener un kwami, aunque aún le parecía algo no real lo que había ocurrido minutos atrás con la llegada de este diminuto Lince. Un grito desesperado interrumpió la charla de ambas amigas e inmediatamente Alice reconoció la voz del guía.

"Entra". La rubia dijo temerosa al kwami a la par que abría el bolsillo de su abrigo.

El kwami asintió y entró dentro del bolsillo del abrigo de Alice. La niña emprendió su caminata de regreso al campamento no sin antes guardar las demás cosas que venían junto a su nueva amiga. Sintió que al fin el día no había sido tan malo después de todo.


Para empezar me tomó un par de horas desarollar este primer capítulo porque me emocioné al ver un comentario y dos agregadas a favoritos por parte de ustedes. Así me inspiran a darles más de esta historia con ese tupo de respuestas, eh.

Quise desarollar más en el primer capítulo la historia entre el encuentro de la protagonista con el Miraculous del Lince, para que pudieran entender un poco más la niñez de Alice y el miedo de Snow por lo que pueda causar su aparición nuevamente en el mundo. A partir de los siguientes capítulos solamente se detallara la vida de Alice junto al misterio que ronda su kwami Snow, además de los peligros que se avecinan con su encuentro con Chat Noir y Ladybug, aparte de su pelea interna en activar el poder del Lince para revelar la aparición del legendario Miraculous del Lince.

xoxo