Naruto ni Boruto me pertenecen.


Secreto


Miró a través de la máscara la escena y tuvo que suprimir algún sonido que delatara su presencia. Aunque viendo el estado de las presentes supuso que aquello no resultaría en problema al verlas completamente dormidas. Sin embargo, Sakura e Ino no eran de su importancia sino la esposa del Hokage.

Había sido llamado por Shikamaru Nara a la Torre Hokage asignándole una misión de importancia.

Vigilar a Hinata.

De no ser por el código ANBU, Menma estaba seguro que se hubiera negado, sin embargo, según el Nara, eran órdenes directas por el Séptimo antes de caer agotado en su escritorio por tanto papeleo.

Al parecer Sakura había invitado a Ino e Hinata a una reunión de chicas en su casa para charlar un poco.

El rubio se había mostrado algo inquieto por no saber de qué hablaría su esposa con su mejor amiga y la Yamanaka ni qué trucos usarían en contra de su tímida esposa. Shikamaru quiso tranquilizarlo pero conociendo a Ino, no podía culpar al Uzumaki mayor por sentir preocupación por su esposa. Pero éste estaba tan agotado que terminó durmiendo encima del escritorio, Shikamaru no tuvo corazón para despertarlo y simplemente decidió llamarlo para hacerse cargo.

—La misión es sencilla: Rescatar a Hinata-san de ese par de mujeres. Son demasiado problemáticas —rascó su nuca recordando el comportamiento de su mejor amiga—. Ya han pasado un par de horas así que no creo que tengas problemas, aún así se discreto, no creo que eso sea problema para ti, Zorro —sonrió el estratega, observando al ANBU que simplemente hizo una reverencia leve y se marchó.

El Nara no se equivocó con las predicciones. Simplemente con las botellas de alcohol sobre la pequeña mesa de la sala le confirmaba que las tres mujeres habían ingerido cócteles especiales hasta caer dormidas.

Se encaminó directo hacia la figura dormida de Hinata, que se había hecho una especie de ovillo en el sillón más largo, tomándola entre sus brazos y siendo cuidadoso de no despertarla. Lo que menos quería en esos momentos era lidiar con una mujer ebria.

Sakura e Ino parecía que también dormían con profundidad pero estaba seguro que Shikamaru había avisado a las personas correspondientes para hacerse cargo de ellas. Su prioridad era Hinata.

Usó sus habilidades ninja para salir en silencio del hogar de la rosada a través de la ventana y dirigirse al hogar Uzumaki.

La travesía no resultó problemática ya que utilizó atajos con poca gente y se deslizó por los techos. Sería más sencillo si utilizaba su técnica de teletransportación, la misma que su padre, pero no sabía si eso podía afectar el estado de ebriedad de la ojiperla. Hinata siempre solía marearse cada vez que usaba esa técnica, no quería que le vomitara encima.

Arribo a la puerta del hogar de la familia Uzumaki, no teniendo dificultades para entrar al saber que una copia de la llave estaba escondida bajo el primer macetero. Hinata se removió entre sus brazos pero pudo manejarlo. Sin embargo, cuando ésta pasó los brazos alrededor de su cuello, todo su cuerpo sufrió un escalofrío deteniéndose en seco.

Enfócate, es una misión —se repitió, respirando hondo, sintiéndose patético que una acción como esa le provocara tales sensaciones.

Abrió la puerta, topándose con las luces apagadas del hogar y un silencio que no era propio de esa casa. Prefirió moverse en la oscuridad, subiendo las escaleras, procurando ser silencioso. Quizá los niños estaban dormidos ya, era demasiado tarde.

Ingresó con la mujer en la habitación matrimonial, cerrando la puerta con suavidad y caminando directo a la cama. La dejaría ahí, que Naruto se ocupara de su propia esposa. Ya había cumplido con la misión, traerla a casa en una pieza.

Acostó el cuerpo femenino sobre la colchoneta de la cama, quitándose los brazos de su cuello. La miró de reojo, estaba completamente dormida y sus mejillas se mantenían tibias, rojizas, igual que la punta de la nariz. Cuánto habría bebido para ponerse así.

—Hyuga, no sabes beber —musitó, alejándose.

Pero nuevamente los brazos de ella se lo impidieron, haciéndolo parar en seco.

—No te… No te vayas… —hablaba dormida y su agarre era fuerte.

Menma tuvo que mantenerse quieto para no caer sobre ella debido al inesperado movimiento, colocando ambos de sus brazos a los costados de la cabeza sobre el colchón, quedando su figura encima de ella en una comprometedora postura.

—Señora Uzumaki —no sabía si lo escuchaba pero debía mantener el profesionalismo—, ya estamos en su casa, puede soltarme.

Poco a poco los párpados de Hinata se abrieron, dejando ver sus ojos perlados. Con lo primero que se topó fue con una máscara de zorro, la cual era muy conocida para ella.

Una sonrisa amplia se formó en los labios de la Hyuga.

—Menma-kun.

—Es Zorro, señora Uzumaki —recordó. Eran reglas de ANBU, nadie aparte del Hokage y sus superiores debían saber su identidad. Aunque sabía que Hinata ya lo había descubierto hacía tiempo, sin embargo, ella mantenía las apariencias.

Hinata ladeó el rostro, intentando comprender lo que el hombre le decía entre la bruma de embriaguez que la azotaba.

—Ahora si me permite —se hizo hacia atrás para liberarse pero la Hyuga se lo impidió, jalando para tenerlo más cerca.

Menma detrás de la máscara frunció el ceño. Nunca antes había visto a Hinata ebria pero ahora mismo descubría que era un dolor de en el trasero hacerse cargo de ella estando así.

—Señora Uzumaki, ¿qué está haciendo?

—No te vayas… —sus palabras salieron arrastradas, difícil de entender.

Menma contó hasta diez.

—Le traeré un vaso de agua así que suélteme. El Séptimo es un hombre muy celoso y no creo que le agrade ver a uno de sus subordinados en esta posición con su esposa.

Intentó hacer entrar en razón a la Hyuga, quizá recordándole a Naruto le haría soltarlo, pero pasó todo lo contrario, Hinata lo abrazó con más fuerza, esta vez enterrando su cabeza contra su pecho.

En el exterior, su máscara estaba intacta, sin apenas moverse y dejando que la mujer continuara en dicha posición pero detrás de ésta Menma se apretaba los labios.

—Mi esposo —aunque su voz fuera débil por la cercanía con su pecho cubierto por el chaleco gris y mantuviera la cara pegada a éste, Menma pudo escucharla perfectamente—, N-Naruto-kun está muy ocupado… M-Muy ocupado… —continúo—. N-No creo… No creo que tenga tiempo… Tiempo para sentirse celoso…

—No creo que eso sea razón para abrazar a otro hombre, señora Uzumaki.

—N-No estoy abrazando… Abrazando a cualquier hombre… —su cara se separó para verlo.

El cabello lo traía revoltoso y no cómo siempre lo usaba, eso le daba un aire infantil. Los pómulos y nariz coloreados de rojo suavizaban aún más sus delicadas facciones. No importaba el paso de los años, se podía apreciar aún un rastro de dulzura en el rostro de Hinata Hyuga, como cuando era niña.

—T-Te estoy abrazando a ti, M-Menma-kun.

—Señora Uzumaki, le recuerdo…

—D-Deja de ll-llamarme así —el ceño de Hinata se frunció. Genial, parecía que se volvía mandona cuando estaba borracha—. S-Soy Hinata...

—Señora Uzumaki, solo acepto órdenes del Séptimo. Respeto que sea su esposa pero no tengo por qué seguir órdenes suyas. Continuaré llamándola cómo es debido. Y, por última vez, soy Zorro.

Hinata le mantuvo la mirada, observando los detalles de la máscara. Era como la de todos los ANBU; blancas y con detalles hechos con pinceladas de pintura, caracterizando a algún animal. En este caso, el de él era un zorro de tres ojos, algo muy apropiado.

No supo cuánto había bebido en casa de Sakura. Primero habían estado comiendo algunos dulces y té pero Ino después las sorprendió con dos botellas de tequila que había conseguido para ese tipo de eventos. Sakura había intentando negarse, igual que ella, pero la Yamanaka las terminó convenciendo. Nunca antes había manejado bien el alcohol y por ello lo evitaba pero sentía que un trago no vendría nada mal.

De temas como trivialidades, la crianza de sus hijos y cosas por el estilo rápidamente pasaron a los inconvenientes de ser esposas de ninjas y las consecuencias de ello, quejándose y sacando lo que las tres llevaban adentro. Ni recordaba qué había dicho, solo que su copa con la de Ino y Sakura hicieron brindis y continuaron bebiendo.

Y ahora se encontraba, sin saber cómo, en su habitación, viendo esa máscara de zorro la cual, últimamente, estaba odiando.

—Odio esa máscara… —susurró, esta vez de manera seria que Menma por un momento pensó que se había recuperado de la borrachera—. N-No puedo ver bien tus reacciones… —sus ojos brillaron intensamente—. ¿T-Te la podrías quitar?

—Señora Uzumaki, solo sigo órdenes de…

—Por favor, q-quiero… Quiero ver tu cara, M-Menma-kun. N-No le diré a Naruto-kun… Será nuestro secreto…

—Señora Uzumaki, no puedo tener secretos, menos con la esposa del Séptimo. Es inapropiado…

No pudo continuar con sus palabras cuando ella se acercó, besándolo. La máscara estaba de por medio pero el calor de la Hyuga lo quemó. Sintió sus labios cosquillear y el aroma floral de Hinata mezclado con tequila lo tentó pero se mantuvo firme.

Hinata estaba ebria, no era ella misma. Y él no se aprovecharía de ese modo. Sería poco hombre.

Cuando ella se separó, observándolo atenta a cualquier gesto de él, Menma se quitó encima de ella, liberándose por fin. Hinata intentó acariciarle la máscara pero él se alejó completamente de ella.

En esos momentos Hinata Hyuga era peligrosa para él.

—Buenas noches, señora Uzumaki. Le informaré al Séptimo que está en casa, sana y salva. Con su permiso.

Dejó a Hinata en la cama mientras él desaparecía entre las sombras.


El aire frío revolvía sus mechones azabaches y golpeaba sus mejillas. Hace un par de meses atrás se cortó el cabello pero los mechones en sus costados volvieron a crecer. Kakashi no paraba de decirle que su parecido con Minato era inigualable, salvo el color de su cabello. Desde ese entonces no se había tocado más el cabello, dejándolo largo.

Aspiró aire con profundidad, observando la máscara en sus manos.

No sabía por cuánto tiempo estaba ahí sentado, sobre la cabeza del Cuarto, observando el cielo pero su corazón no dejaba de latir. Todavía seguía afectado por lo ocurrido con Hinata.

Había actuado cómo era debido, separándose de ella y marchándose, no quería imaginar que hubiera pasado si hubiera sucumbido a esos sentimientos que aún llevaba consigo.

Recordó el código ANBU, su entrenamiento con Ibiki y su juramento hacia Konoha. Nada de lo que Hinata había dicho en esa habitación debía ser razón para echar todo eso al carajo.

—Cálmate, idiota —se regañó a sí mismo, apretando la máscara entre sus dedos.

Debía recordar que Hinata Hyuga no solo era la esposa del Séptimo, era esposa de su hermano gemelo. Eso debía ser suficiente para borrar todo rastro de lo sucedido pero su mente se negaba a hacerlo.

Se sintió irritado.

—Si esto sigue así, iré con ese viejo a que me haga un lavado de memorias —masculló al referirse a Ibiki.

Lo más seguro es que recibiera una paliza por ser tan débil y dejar que una mujer lo afectara de esa manera.

Recordó que aún tenía que informarle a Shikamaru que había cumplido con la misión pero necesitaba más tiempo. Naruto estaría ahí y no se sentía cómodo viéndolo después de lo sucedido.

La máscara de zorro esperaba en sus manos para que se la volviera a colocar y Menma así lo haría, pero primero dejaría que el aire le acomodara el raciocinio y se llevara esa sensación de los labios cálidos de Hinata tatuados en su máscara.


A la mañana siguiente, Hinata despertó con un horrible dolor de cabeza. Era su primera cruda y era lo peor que podía existir. Con lo primero que se topó fue que su ropa estaba doblada y usaba su usual pijama. No recordaba mucho ni el cómo había llegado hasta su casa pero cuando Naruto entró, sonriente y con el desayuno preparado en una bandeja, dejó esas dudas para después.

—Buenos días.

—B-Buen día —susurró, abochornada de su estado. Era tan tarde y ella apenas se había levantado. Era un milagro que hoy los niños no fueran a la escuela o sino habría resultado problemático todo.

Naruto se sentó en el colchón, acariciando a su esposa en la mejilla, mirándola atento.

—¿Te divertiste?

Las mejillas de Hinata se sonrojaron.

—Sí…

Naruto le sonrió ampliamente.

—Bueno, eso era lo importante aunque, no negaré que estaba preocupado. Ino es muy impredecible y Sakura-chan, ah, ¿cómo decirlo? A veces piensa igual que ella. Tenía miedo que corrompieran a mi linda esposa.

—Naruto-kun —regañó a su marido, haciendo que éste riera.

—Perdón, perdón —le dio un beso en la mejilla—. Por ahora intenta comer algo, eh. E hidratarte, eso es importante para lidiar con la cruda.

Hinata aceptó lo que Naruto le decía, acomodándose mejor en la cama para tener una mejor posición.

—Gracias, Naruto-kun y perdón por todo lo que causé. E-Estoy segura que fue un problema haberme traído hasta aquí…

Ante lo que su esposa decía, Naruto sonrió, quitándole importancia.

—No te preocupes, Hinata-chan. No resultó ser así. Le pedí a Men… Digo, le pedí a Shikamaru hacerse cargo de eso. Yo terminé durmiendo en el escritorio en la oficina así que le pedí que se hiciera cargo, de verdad quería ser yo quien fuera por ti pero… —desvió la mirada, avergonzado de que él no se hubiera hecho responsable de hacerse cargo de su esposa.

Ella se sintió culpable de haberle causado problemas a su marido por sus decisiones. Juraba a partir de ese momento nunca beber cómo lo hizo anoche.

—T-Tendré que disculparme con Shikamaru-san, haber causado este tipo de problemas. S-Se supone que soy un adulto.

—Hey, tampoco es tan grave. Todos hemos pasado por ello, no dejes que esto te afecte. Todo está bien —aseguró Naruto, besándole la frente y quitando cualquier preocupación en su cabeza.

Hinata aceptó el gesto, sonrojada. Él siempre tenía el poder de borrar cualquier preocupación que la acechara. Sin embargo, a su mente, el recuerdo de una máscara de zorro le removió el corazón.


—Es una mierda amanecer con cruda, ¿no?

Hinata casi se ahogó con el vaso de agua que estaba bebiendo, mirando al otro extremo de la sala donde la figura conocida de Menma apareció.

Tosió un par de veces, recuperando su respiración.

—¿M-Menma-kun? —estaba sorprendida de verlo ahí tan temprano.

No pudo evitar sentirse inquieta.

El azabache mantuvo sus ojos puestos sobre su figura, buscando algo en ella pero solamente bufó y se acercó hasta la mesa, dejando una bolsa cerca de ella.

—Es sopa picante, te ayudará con la cruda —mencionó cuando la Hyuga le miró sin comprender.

Las mejillas de Hinata se sonrojaron.

—¿N-Naruto-kun te contó?

—Algo así —alzó una ceja—. ¿Cómo te sientes?

Ella se tomó la cabeza.

—Horrible.

—Es lo normal. Eso pasa cuando bebes en exceso. ¿Acaso el pulgoso de Kiba no lo advirtió antes?

—Solía beber con mi equipo pero nunca de esta manera —intentó defenderse la Hyuga pero la mirada dura de Menma sobre ella la hizo sentir pequeña—. Lo siento, juro que será la primera y última vez que beba así. No dejaré que Ino-chan y Sakura-chan me convenzan de beber de manera tan irresponsable.

De pronto, Hinata recordó a sus hijos y los buscó, preguntándose a dónde habían ido desde que despertó.

—Fueron con Naruto a conseguirte algo rico para comer, o eso fue lo que dijo Boruto. Me los tope a la mitad del camino —se adelantó Menma a explicar la ausencia de los niños.

—Ya veo.

El Uzumaki menor acercó más la bolsa hacia la figura de la mujer, mirando hacia otro lado.

—Cómela antes de que se enfríe.

—Claro. Gracias por tomarte la molestia, Menma-kun.

—Solo come, Hyuga.

Hinata destapó el recipiente y tal cómo Menma lo había dicho, era una sopa con picante, su nariz sintió un cosquilleo por el picor pero la mirada azulada del hombre decía un claro "No me importa, comételo" y así lo hizo.

Después de acostumbrarse al sabor, a Hinata le sentó de maravilla para su estado.

—Y sobre ayer… —Menma había tomado asiento, al otro extremo de la mesa, fingiendo mostrar interés sobre la decoración del interior mientras ella terminaba la sopa—, ¿recuerdas algo?

—No mucho —respondió, avergonzada, poniendo el recipiente vacío a un lado—. Le pregunté a Naruto-kun si hice algo vergonzoso pero él tampoco sabe, al parecer, hizo que Shikamaru-san ordenara a alguno de sus subordinados hacerse cargo de mí —las mejillas de ojiperla se tiñeron de rojo—. Qué vergüenza, a mi edad y comportándome de esa manera.

—Lo importante es que aprendiste la lección, Hyuga —la miró—. ¿Verdad?

Ella asintió repetidas veces ante la seriedad de Menma.

La hora marcada en el reloj colgado de la pared hizo a Menma ponerse de pie, era momento de que se marchara.

—Tengo que irme, solo pase a dejarte la sopa.

—Te agradezco por el gesto, Menma-kun.

Y ver si recordabas algo —pensó al verla. Estaba tranquila y no parecía tener problemas al tenerlo cerca, lo cual le confirmaba que lo ocurrido la noche anterior había sido olvidado. Sintió alivio pero también decepción.

—Cuídate, Hyuga. Trata de que esto no se repita.

—Así lo haré, Menma-kun, gracias por tu preocupación y lamento las molestias…

—Creo que deberías mejor disculparte con el pobre que te tuvo que traer hasta aquí. Según escuché, te gusta seducir a extraños cuando estás ebria.

—¿Eh? —Hinata lo miró, sorprendida y viéndolo como si hubiera escuchado mal.

La imagen de una máscara de zorro volvió a su mente.

¿A-Acaso…?

—No pongas esa cara, Hyuga, estoy bromeando contigo —Menma le sonrió con un toque de sadismo que Hinata no pudo evitar sentir su estómago ser estrujado.

—Menma-kun…

—Me voy.

Hinata mantuvo la puerta abierta, viendo la espalda del Uzumaki menor alejarse por las calles que rodeaban su hogar. Debería de estar acostumbrada al humor negro de Menma pero aquello no se había sentido como si el azabache estuviera jugando con ella.

Se abrazó a sí misma, insegura de cómo sentirse al respecto.