El frio de la noche se sobrecogía en lo más profundo de las entrañas de dos de los huérfanos de la lluvia, solo que se manifestaba de maneras muy diferentes. Curiosamente, el insomnio los abrumó, por razones del azar. El chico de pelo anaranjado de repente sintió su cama muy fría, y ante el abrumo que eso le generaba, dejó que sus instintos tomaran control de sus acciones.

Fue y tocó la puerta del cuarto de su compañera.

-¿Quién es? -preguntó estoicamente y con un tono medio muerto.

-Yo -musitó el chico- No puedo dormir... -dijo, de repente consumido por la timidez al darse cuenta de lo que implicaba lo que estaba haciendo- ¿Puedo pasar?

Ella no respondió inmediatamente, pues también se daba cuenta de lo que esto implicaba, sobre todo considerando que varios días atras, después de que ella lo atendiera, se habían besado. A pesar de que de alguna manera los dos sabían que estaban enamorados, no se atrevían a dar pasos, pues temían que eso los distrajera de su objetivo más importante, y que sus sentimientos los distrajeran de su verdadero propósito en esta vida; lograr que todos comprendieran el dolor que habían sufrido. Que realmente, era lo que más los unía sentimentalmente a ellos, desde siempre.

-Pasa -terminó cediendo ella, no muy orgullosa ante el hecho de que le agradaba la idea de estar junto a él.

El procedió a pasar. La confianza entre ellos era tan grande que el no dudó ni un segundo en meterse con ella a su catre. Al principio ninguno se movió, y la chica miraba la pared, de repente nerviosa ante la idea de sentir el calor del chico tan cerca, sabiendo como todo podía escalar.

Y supo que sus sospechas fueron correctas cuando él se giró de forma que miraba al mismo lado que ella, y le habló:

- ¿Puedo darte un abrazo? -preguntó el, gentilmente.

-Sí -cedió ella, sabiendo que decir que no era un sinsentido, y además deseando que su compañero se acercara más a ella, por alguna razón inexplicable.

Él se aferró a su cuerpo, pasando su brazo derecho por la parte baja de su pecho, y procedió a acariciarle la piel con delicadeza. Ella sentía como la respiración de el chocaba con su cuello y por momentos subía a su oído, tocando sutilmente su piel y logrando un sentimiento físico que normalmente le era ajeno. Este se manifestaba doblemente en la acción y la represión que Konan se hacía sobre ella misma cada vez que lo tenía cerca, además de que le erizaba un poco la piel.

Lo quería, y tal vez de más formas de las que había pensado. Y no era ninguna tonta, y se daba cuenta de que Yahiko no había venido ahí con la idea de dormirse solamente.

A pesar de que le encantaba que la acaricie, cedió ante sus encantos y se dio vuelta para encararle, mirándolo de lleno en sus ojos que aparentaban inocencia.

- ¿Qué quieres de mí? -preguntó ella, intentando ser amable pero firme al mismo tiempo.

-Quererte, de muchas formas -confesó con honestidad.

- ¿Y eso implica que me veas desnuda? -volvió a decir con seriedad, y sintiéndose algo avergonzada ante ese hecho.

-Si, tal vez -dijo el con deseo y respeto-. Pero si no quieres no tenemos por qué hacer nada. Me preocupa más que estés bien tu que yo.

-Gracias... -respondió tímidamente, algo sorprendida ante esa declaración, pero en la realidad no tanto pues él solía ser así con sus compañeros-. No hace falta.

El no respondió a eso, simplemente la miro a los ojos y empezó a acercar su cara a la de ella, mientras acariciaba su mejilla y terminaba de convencerla con sus palabras.

-Hermosa, te quiero tanto que no te haces una idea -musitó el con pasión, tocandole la mejilla derecha mientras ella sentía como su corazón se convertía en millones de papeles de origami.

Luego sus labios se unieron en un bucle de salivas, y ella dejó que sus deseos más íntimos la consumieran, y entregó su cuerpo a los movimientos de su amado. Se unieron esas bocas que tanto se habían comunicado tanto para ayudarse como para detestarse en los momentos más críticos de su vida, pero esta vez lo único que querían hacer era amarse desenfrenadamente, bajo la vigilia de su propia intimidad.

Jugaban con sus labios con tranquilidad, pero él tenía ganas de tomar iniciativa y en ocasiones amagaba con pasar su lengua por el piercing que su compañera tenía en su labio. No estaba preparado para decírselo, pero encontraba eso muy atrayente, al punto que el solo hecho de sentirlo en su boca estimulaba mucho la sangre de su parte baja, y el deseo de tenerla toda para el aumentaba cada vez más y más.

-Yahiko -interrumpió ella de repente, como si le leyera la mente.

-¿Qué pasa? -dijo el, medio estupidizado por sentir los labios de la chica.

-No te excedas.

-No pensaba hacerlo, linda -dijo amablemente, acariciándole el hombro y recorriendo dócilmente su cuerpo, deseando sentir todas sus partes en él-. Tu tranquila, yo te cuido -dijo mientras acariciaba su piel desnuda bajo su pecho, tentado con acercarse a su corazón todavía más-

¿Puedo?

-Si -musitó ella con docilidad, sucumbiendo ante las manos de su compañero.

El procedió a acariciarle el pecho bajo su remera, primero con mucha amabilidad mientras notaba como poco a poco su pezón se ponía duro, y por ende el deseaba cada vez más y más desgarrarle toda la carne. Sin embargo, se contuvo y fue gentil, y mientras veía como le cambiaba la expresión a una de anhelo por un éxtasis desconocido, y el de repente deseó que ella estuviera igual de feliz que el ante la idea de entregarse sus cuerpos mutuamente.

Al poco tiempo le apretujó el pezón, y notó en los movimientos de ella que eso estaba causando estragos en su psiquis. Conforme se aferraba más a su pecho, la chica sentía todavía más el amor que la tenía para otorgarle, y sus puertas inferiores iban abriéndose de a poco, más cuando el empezó a chuparle sus pezones con amor y pasión, recorriendo su pequeñez haciendo círculos con su lengua y adaptándose al ritmo lento de ella.

De repente sus acciones la hicieron gemir, y esto lo estimuló tanto que deseó estar adentro de ella lo antes posible. Su éxtasis subió tanto que la mordió, haciéndola gemir más y en el proceso acabando con su estabilidad emocional. Tan ensimismado estaba que procedió a subir su cabeza mirarle a la cara, a besarla de nuevo y hacerle saber sus verdades.

-No sabes lo que te deseo Konan -musitó con tono seductor- Me encantas -dijo mientras acercaba su entrepierna al cuerpo de la chica, y además bajaba sus dedos para rozar la parte superior de su vagina. Ella no sabía en qué momento se habia vuelto tan capaz con ese tipo de cosas, pero era evidente que sabía cómo hacerla clamar por él.

-Tú también -fue lo único que pudo decirle.

- ¿Quieres que te muestre lo mucho que te deseo?

-Sí, por favor.

-Voy a bajar.

Ella no sabía a qué se refería, pero entendió rápidamente cuando vio su cara bajar hacia la zona de la entrepierna. Sutilmente le sacó la ropa que cubría eso, se acomodó el de forma que pudiera apreciar su vagina en primer plano, la movió a ella, y su lengua abrió sus puertas, llevándola al éxtasis.

Ella estaba disfrutando tanto que estaba convencida que esta era la manifestación de amor más pura que existía, que ambos podían fusionarse y algún día, si el destino lo quería, forjar una paz en la que ambos convivieran. Clamaba por el y por sentirlo, pero se reprimía a ella y a sus gritos de deseo para no despertar a ningún compañero que estuviera durmiendo cerca.

El clamó porque sus lares templen y que ella traspasara los confines del cielo gracias a su amor. Y de repente sintió como su interior templaba por sus lamidas, lo que puso a su órgano genital todavía peor.

Ella estaba desgastada, pero lo veía con amor en esos intensos ojos rojos. El procedió a agarrarla y la sentó en la cama, arrastrándola hacia el borde del catre, mientras trataba de mantenerse cuerdo ante la idea de que ella estaba casi desnuda frente a él.

-¿Puedo penetrarte?

Ella asintió con su cabeza.

-Espérame un segundo que tengo que buscar algo -dijo él y salió de la habitación.

Regresó al poco tiempo, removió sus pantalones y cubrió su miembro con una bolsa de látex. Ella agradeció que tuviera consideración por el futuro de su cuerpo, y entregó su alma al sentimiento terrenal más sucio que un humano podía experimentar, lista para que sus jugos se impregnen de lleno en sus venas. Él le puso la sábana encima, intentando que los dos fueran cubiertos por ella en un proceso de que se unieran todavía más.

Dejó que sus genitales agazaparan los suyos, la agarró de la espalda y procedió a alzarse en vuelo, mientras trataba de expresarle lo mucho que la amaba con sus movimientos y sus gemidos. Ella intentaba seguirle el ritmo, mientras se estremecía ante el dolor de la entrada primeriza, pero también sumiéndose en el proceso de abstracción, que llevaría a ambos a su estado más puro y carnal, que tanto tiempo habían estado deseando sin darse cuenta. El miró sus ojos, observando lo poco que sus iris rojos podían sacar a la luz, y en el proceso de descargue, juró que observó un arcoíris salir de sus pupilas, dispuesto a absorberlos a los dos en sus aguas y a sacarlos de ese mundo infernal en el que vivían.

El chico terminó de liberar sus jugos, y procedió a perderse de nuevo en la mirada de su compañera, tan estoica casi siempre pero muy expresiva cuando los dos se demostraban amor.

-Te amo –dijo él y luego procedió a besarla, agarrandole las mejillas, todavía sin salir de sus puertas a pesar de haber terminado de satisfacerse.

-Te amo –le susurró ella en medio del beso, y una vez él se alejó, ella procedió a sonreírle. El creía que, si no fuera porque todavía tenía cosas que hacer en ese mundo, podía perfectamente morirse allí mismo, quedando petrificado mirando su sonrisa. Tiro su cobertura de entrepierna y la volvió a abrazar, aferrándose al calor de su cuerpo semidesnudo, queriendo que los dos se impregnaran y formaran un ente nuevo, que los contuviera en sus momentos de mayor angustia.

Al poco tiempo los dos terminaron acostados de nuevo, sumidos en sus mutuos agarres, descansando sus neuronas, dejando sus psiquis en los brazos de Morfeo, sin importarles lo que les esperara al día siguiente, sabiendo que estarían unidos para siempre.