Una persona pidio mas y por alguna razón le hice caso

Y como dice mi mesías Bladee (el chico de mi foto de perfil): What's the point of anything if you can't share?

TW: fetiches de sangre y heridas

Enjoy

Después de varios días agotadores en los cuales sus fuerzas se estuvieron diezmando bastante, finalmente los huérfanos de la lluvia pudieron relajarse al menos por un segundo. Quedaba sin embargo, terminar de delimitar todas las situaciones complejas que tenían que afrontar ante las adversidades de tener una organización bélica clandestina. Los tres se encontraban en las oficinas de Yahiko, un lugar pequeño con pocas ventanas, un escritorio con cajones y unas bibliotecas, terminando de discutir lo ocurrido recientemente. Todos tenían puesto las túnicas de la organización, pues venían de trabajar.

—Bueno, vamos a tener que revisar a las compañías uno y cinco, parece que les diezmaron bastante la infantería —comentaba Yahiko mientras revisaba unos papeles— Voy a necesitar que los dos recuerden hacer eso y destinen más ninjas médicos ahí, ante algún inconveniente serio.

Los otros dos asintieron, entendiendo la orden.

—Ayer también pasó algo bastante importante —empezó a comentar Nagato—. Gu, de la tercera compañía amenazó con desertar y divulgar lo que le hicimos a Hanzo para tomar el poder de la lluvia. Los comandantes lo recluyeron en el momento en que se enteraron de su plan con los civiles. Necesitaban saber de tu palabra cuál era el curso a seguir con este hombre antes de que hagan cualquier otra cosa.

—Extorsionenlo, intenten sacarle toda la información que sea posible para saber quien lo intentó cooptar —declaró Yahiko.

—¿Y si eso no funciona? —preguntó Nagato.

—Me llamas y me encargo de ejecutarlo —declaró Konan antes de que Yahiko pudiera decir lo que estaba pensando, y parecía que la respuesta de la chica predijo lo que él estaba por decir.

—Sí… lo que ella dice. Mientras más intente anhelar por una falsa paz que ya no existe, peor será para él —se quejó Yahiko, como desilusionado ante la situación—. En fin, eso es todo por ahora ¿No?

Ninguno de los otros dos chicos dijo algo sobre el tema. Miraron a su amigo y notaron que efectivamente no tenía nada más que comentar.

—Bueno, doy por terminada la reunión. Por favor hagan lo que les digo, y si necesitan alguna otra cosa me dicen.

Los otros dos asintieron con la cabeza. Nagato se fue inmediatamente. Konan estaba por hacer lo mismo que su compañero, pero apenas amagó con empezar a retirarse del lugar, notó una presencia cerca de su espalda, la cual la rodeó por la cintura y se apoyó sobre el cuerpo de ella. También notó un mentón apoyándose en su hombro, y en ese momento supo exactamente lo que le esperaba.

—¿Te vas? —le preguntó el chico de pelo naranja, sugerentemente, pero con tranquilidad.

—Eso estaba haciendo —musitó ella con seriedad, intentando demostrar desinterés absoluto por lo que le estaba haciendo el chico.

—¿No te puedes quedar conmigo? No tengo nada que hacer por unas horas… y te extrañé mucho estos días —declaró para después darle un beso entre el hombro y el cuello, uno bastante deseoso de seguir tocando la piel inmaculada de la chica—. Te vi mucho, pero nunca estuvimos solos y no te pude abrazar. Déjame hacerlo, al menos un rato.

Ella no respondió, simplemente lo dejó ser, y él la abrazó con más firmeza. Ahí fue cuando ella movió sus brazos para ponerlos encima de los suyos, dejándose consumir en el agarre del chico y en aquella soledad añorada por los dos. Notó que eso lo calmó un poco, al menos hasta que la movió, haciendo que ella lo mirara a la cara. La chica lo miró a los ojos y pudo ver las intenciones de ese chico reflejadas en su mirada, una que clamaba por la presencia de la chica para poder alcanzar la paz momentánea junto a ella, mientras construían una paz duradera que les permitiera existir bajo sus ideales a ellos y a todo el mundo.

Yahiko colocó su mano izquierda en la mejilla derecha de la chica, y se acercó lentamente a su frente para darle un beso. Al mismo tiempo acercaba su otra mano al pelo de la chica y él se tranquilizaba. Le impresionaba la capacidad que tenía ella para hacerlo, de alguna forma siempre la había tenido, pero desde que las cosas eran… pues "íntimas" entre ellos dos, la chica tenía un poder sobre Yahiko que por momentos le abrumaba. Ella a veces parecía darse cuenta, otras veces se olvidaba y le dejaba a él demostrar sus deseos, dependía como se despertasen. O si Yahiko era capaz de leerla, porque si bien la conocía muchísimo, era bastante seria y cerrada con las personas que la rodeaban y con sus problemas personales. Y hasta con él, la persona más cercana que tenía, muchas veces se ocultaba en su cascarón de papel, sin dejarlo entrar totalmente.

Esperaba que hoy no fuera uno de esos días.

Él alejó su boca de la frente y se acercó a los labios de la chica, plantándole un beso cargado de deseo y amor. Movió sus labios por encima de los de ella, que cedió ante sus avances, y él empezó a dejarse llevar por el intercambio de saliva, impregnando su ADN en las fauces de su amiga. Tanto así, que terminó enrollando su lengua en la parte de afuera del piercing de la chica, y empezó a jugar con el metal, cosa que a él le volvía loco. Lo movía y lo lamía todo lo que pudiera sin sacarselo de dónde estaba. Él creía que ya estaba perdiendo la compostura.

—Yahiko —musitó—, no… –se vio interrumpida por la boca del chico, que la mordía y estaba empezando a intentar meterle lengua. La chica se estremeció un poco, y él notó que no era precisamente un estremecimiento de deseo, y Yahiko apartó los labios de allí, para escucharla finalmente— No deberíamos… hacer esto.

—¿Por qué? —preguntó el chico, agarrandole las mejillas con las manos—. Nadie va a venir aquí, y tampoco estamos haciendo nada inapropiado. Solo te estoy besando —mencionó intentando aparentar una inocencia que no existía.

—¿Me tomas por estúpida? —la dijo ella sabiendo claramente lo que quería su libido.

Yahiko se ruborizó un poco y sonrió para intentar ocultar sus intenciones, sabiendo también que estaba siendo bastante obvio. Nunca había podido ocultar esa parte suya adelante de ella, siempre se daba cuenta.

—Tan inteligente y perceptiva —mencionó para volverla a agarrar por la cintura y le besó la mejilla derecha, para después acercar su boca a su oído —. Dejame quererte un poco, por favor, hago lo que quieras —dijo mientras acercaba su mano al cierre de su capa, queriendo que las nubes rojas dejaran de manchar aquella piel blanca que tan poco se exhibía ante las otras personas. Cuando vio que la túnica estaba por debajo de los hombros, notó como ella hizo lo mismo que él, al mismo tiempo que empezaba a besarlo con deseo y lo agazapaba. Le gustaba que tuviera iniciativa, la hacía una compañía mucho más interesante. Le hacía incluso replantearse sus ideas preconcebidas de las mujeres, el resto de hombres decían puras mentiras.

Seguían teniendo ropa debajo de la túnica, por obvias razones, pero el hecho de que los dos amagaran con quitársela al otro ya pautaba lo que estaban a punto de hacer. El chico juró escuchar el sonido de un cerrojo, y pensó que la chica debía haber cerrado la puerta de la oficina. Sin embargo, ni siquiera pudo reaccionar ante nada, porque inmediatamente después de eso la chica se separó de su boca y colocó la palma de su mano en su pecho empujandole para atrás. El cayó en su escritorio, logrando sostenerse con sus brazos y sentarse en él antes de que cualquier otra cosa ocurriera. Miró a su compañera a la cara, y notó ese intento que hacía por parecer hosca mientras se acercaba a él, como intentando demostrar un interés que aparentemente no existía.

Se acercó a él, el chico abrió sus piernas y dejó que ella se acercara a su refugio. El la miró, subiendo un poco la cabeza, y sintiendo de nuevo como intentaba emanar su poder por su minúscula diferencia de altura en la situación. No había forma de que sus lados más reprochables no despertaran después de semejantes avances por parte de ella.

—Veo que cambiaste de opinión —declaró el mientras se estremecía ante el tacto de su mano en la parte alta de su pecho— Que diría la gente si se enteran de que una de las comandantes trata así al jefe —la molestó él intentando sumirse en su cara inexpresiva, que parecía estar cediendo ante el hecho de tener el cuerpo del chico tan cerca suyo.

—No dirían nada, no les dejaría hablar —soltó Konan, sin mucha expresividad, pero aún sosteniendo la mirada con el chico.

Él había enroscado sus piernas en el cuerpo de la chica, de forma que ella no podía irse de allí si siquiera lo pensaba. Ella colocó ambas manos en su pecho, notando como estaba super cerca del resto de su torso. Su interior se estaba ofuscando un poco, pero intentaba mantener la compostura. Todo lo posible que era mantenerla mientras sentías como el miembro de tu novio intentaba acercarse a las paredes de tus genitales como si tuviera una voluntad propia más allá del cuerpo que lo sostenía.

—Yo te veo con muchas ganas de dejarme a mí sin hablar —le dijo el chico, tratando de nuevo de percibir las intenciones de la chica—. Pero no está en mis planes que me controles durante toda la tarde —declaró mientras cerraba un poco los ojos, aparentando una falsa inocencia, mientras acercaba sus manos de nuevo a la cintura de la chica, intentando atravesar las capas de ropa que ocultaban lo que él realmente quería apreciar de ella en ese momento.

Konan sintió como las manos del chico empezaban a hacer estragos en su cabeza, y se iba sintiendo cada vez más expuesta. Tanto fue así que terminó escondiendo su cara en el hombro del chico, empezando a darle besos en el cuello. Primero eran besos suaves que parecían sutiles, pero después iban prolongando su agarre y su permanencia en la piel del chico, inundando la sequedad de la zona próxima a su hombro. Ella succionaba un poco su piel mientras de a poco empezaba a clavarle sus dientes en sus venas, como si quisiera nutrirlo y cambiar su composición química. El chico se estaba muriendo con ese sepulcro de su cuello, tanto que colocó su mano izquierda en la nuca de la chica, como alentandola a que enterrara sus dientes todavía más allí. Con la otra mano, él se iba aproximando a los rincones ocultos de cuerpo, sintiendo la naturalidad de su tersa piel. Él la agarró de las costillas y continuó insinuando que quería que le siguieran mordiendo.

—Konan… muerdeme más por favor —gimió el—, hazme sangrar

Eso la sacó un poco de su frenesí, y lo miró con cara de preocupación.

—¿Seguro? —le preguntó ella—. ¿No es peligroso? —dijo con inocencia.

—No, si no es muy fuerte no se infectará ni nada —le respondió él—. Ahora muerdeme, por favor.

Ella le hizo caso, sumiéndose en un extraño mar de gemidos de su compañero y una succión absoluta por su parte. Fue extraño estar en medio del proceso y hacer tanta fuerza hasta que le sacó sangre del cuello al chico. Apenas sintió el sabor de esta, reprimió a sus dientes para que no le hicieran más daño a él, y simplemente se centró en chuparle la sangre y sentir al líquido entrar en su cuerpo. Era dulce como el azúcar. Ella estaba sorprendida de encontrar ese fetichismo en él, pero cualquier cosa que le pidiera en esas instancias, ella se la iba a dar.

Se alejó de su cuello, y miró la herida. O eso hubiera hecho si él se hubiera calmado un segundo y no la agarrarse para llenarle la boca de besos de nuevo. El se dejó consumir por todo lo que quería hacerle, tanto así que agarró su cuello con su mano derecha y con la otra fue directamente a sus cuartos traseros, que estaban cubiertos por una pollera. Él puso todo su brazo en esa parte del cuerpo de la chica y abrió sus piernas para poder sentarla encima suyo. Ella por un segundo no supo muy bien que hacer, pero apenas entendió que tenía vía libre con sus piernas, las abrió y se dejó levantar por el chico, que soltó su boca para hacer todo su esfuerzo para ponerla encima suyo. La levantó y logró sentarla, teniendola de nuevo arriba de su vista. No había visto algo así de lindo en este último tiempo, él estaba seguro.

—Mmmm —rumió el mientras se acercaba a su oído—, tú no te das cuenta del poder que tiene tu cuerpo sobre el mío. Te quiero tener un rato acá, pero después te voy a querer abajo, te voy a empotrar en cuatro como se que te gusta, mi ángel… no tienes idea de lo que me hiciste mordiéndome así, me haces tocar el cielo —decía y procedió a lamerle el lóbulo del oído a la chica—, ahora es mi turno para castigarte, me parece.

—¿Y qué me vas a hacer? —preguntó ella entre deseos, pero intentando permanecer amenazante.

—Manosearte —mencionó Yahiko mientras metía la palma de su mano derecha por abajo de su remera, y se acercaba a su pecho, poniendo la mano en su pezón—. Y por ahí te nalgueo un poco, aunque me tengo que contener porque sino vas a enloquecer tanto que no vas a parar de gritar, y nos van a descubrir.

—Callate, asqueroso —dijo, roja.

—¿Yo asqueroso? —dijo mientras le estrujaba uno de sus pezones con sus manos, y teniéndola estremecida, exactamente como él la quería—. No te hagas, bien que cuando no tienes trabajo siempre vienes a mi habitación a ensuciarte conmigo —dijo mordiéndole el cuello—. Te voy a dar tanto amor que te vas a arrepentir de decirme así, Konan.

Ella sabía que si le soltaba el nombre en ese momento, es que iba totalmente en serio. Siempre había sido bastante frontal y mandado, pero en esas instancias era hasta peor. Y no había duda, le gustaba que tuviera iniciativa y que le dijera estas cosas, le hacía sentirse deseada y admirada, cosa que no le había pasado con ninguna otra persona.

Konan se dejó abstraer por las manos del chico, que iban manoseando sus pezones para dar paso al agua de sus lagos interiores progresivamente. El chico levantó su remera lo suficiente para poder ver sus tetas, y acercó su boca allí. La chica se estremeció y gimió ante la saliva y los dientes del chico, parecía que se alimentara de los nutrientes de la chica. Puso su mano izquierda en el cachete del orto de la chica para estrujarlo y continuar manipulando esa piel que tanto le gustaba, que solo él podía tocar y cosificar de esa forma.

—¿Sabes qué deberías hacer? —le dijo él fuera de sus tetas, con menos deseo pero con intenciones nefastas claras, y parecía hablar totalmente en serio— Hacerte un piercing en el pezón. Me encantaría poder jugar con él como juego con el de la boca.

—Eso duele muchísimo ¿Sabías?

—Bueno, no creo que duela más que las cosas que hacemos acá —dijo él, sonriendo.

Ella le echó una mala cara, viendo que efectivamente no tenía idea de lo que le estaba diciendo.

—Duele en serio —continuó diciendo, esperando que eso le quedara claro de una vez— Pero si, me gusta lo que haces en mi boca, me imagino que ahí debe ser incluso mejor —confesó con honestidad, y cayendo un poco en la trampa del chico, cosa de la que era totalmente consciente, pero tampoco podía mentirse a sí misma— Por ahí lo pienso, si es que hay un método que no duela.

Al chico se le iluminó la cara, se acercó al rostro de ella y le dio un beso cargado de amor.

—Gracias hermosa —musitó al salir de sus fauces para ir a darle otro beso en la mejilla—. No tienes que hacerlo si no quieres, pero te lo quería decir.

—No hay problema, sabés que puedes decirme lo que quieras —dijo ella y le devolvió el beso que le había dado. De repente salió de su boca y se acercó a su oído izquierdo, y le cambió el tono totalmente—. Sabes que me encanta que me desees y me quieras cosificar, no me molestaría que cosifiques otra parte mía cuando estás aburrido o cuando me ves pasar.

—Mmm —respondió él, resistiendo la urgencia que demandaba su órgano para y con aquello que andaba rozando—, qué traviesa, así te quería. A mi me parece que no estás satisfecha con lo que te estoy haciendo —mencionó acercando su mano a las partes de la chica, y ella entendió exactamente lo que quería hacerle.

—¿Qué te hace pensar eso? —preguntó intentando hacerse la inocente.

—Nada… solo tu forma de hablarme —dijo mientras posaba sus dedos en la ropa interior de la chica, causando estragos en su cuerpo, armonizando con sus gemidos— ¿Puedo?

—Hazlo, por favor —le rogó ella, sucumbiendo ahora sí a todas las tentaciones que le podía ofrecer el chico.

Yahiko rozó los genitales de la chica, todavía cubiertos por una capa de ropa. Logró escabullir uno de sus dedos en su clítoris, apretandolo para empezar a romper la carcasa de la chica, entrando en sus paredes de papel. Notó que se estremecía ante su entrada, y acercó su dedo a la vagina. El lago tenía la marea más alta que de costumbre, y eso lo enloqueció. Metió un segundo dedo, empezando a marcar el ritmo con sus avances, y notaba como su compañera entraba en son con su mano, moviendo su pelvis levemente ante su tacto.

—Yahiko… —gimió ella— te amo… muchísimo… por favor… ámame.

—Lo estoy haciendo… hermosa — musitó él mientras se estremecía en sus aguas azules— Te amo… —mencionó mientras se sumía en sus canciones. Ella seguía gimiendo y aturdiendo completamente la audición, dejándolo sin manera de procesar la realidad como la conocía. Metió un tercer dedo en las lagunas azules e invadió su templanza con la firmeza del sudor que secretaban sus naranjas. Necesitaba hacerla ascender, necesitaba que viera los arcoíris que siempre se le aparecían cada vez que ella lo miraba y se entregaba a su presencia solitaria.

Se dejó hipnotizar totalmente por sus gemidos, permitiendo que sus oídos solo tuvieran lugar única y exclusivamente para ellos. Continuó dándole placer, extasiado ante la vista de su cuerpo estremecido, controlado por su agarre y por sus jugos. Notó como ella se acercó a su oído, y entre su secuencia de gemidos, parecía dispuesta a entregarle la vida al chico en el acto.

—¡TE AMO! —le gritó una vez terminó de sentir como los dedos de su amigo le aplacaban cualquier tipo de inseguridad que su cuerpo tuviera acumulada aún. Se quitó todas las exasperaciones de encima y posó su mentón en el hombro del chico, volviendo a sentarse en él, buscando descansar por al menos un rato, mientras buscaba recobrar el aire.

—También te amo, hermosa —mencionó el mientras se acercaba a su rostro y le rozaba la mejilla, deseoso de más pero respetando totalmente su ritmo. Se acercó y le dio unos breves besos, cargados de amabilidad absoluta y una gentileza que a ella la tranquilizó.

Konan movió un poco su cabeza y acercó lentamente sus labios a la boca del chico. Le dio un tierno beso y decidió entregarse con suavidad al chico, sabiendo que no le esperaba un momento pacífico, pero deseosa de seguir conteniendo sus placeres, de alguna forma.

Él la agarró por detrás abrazándola con fuerza, como clamando porque ella nunca se alejara de su presencia, y sí así era algún día, sabía que la iba a estar esperando a dónde fuera que tuviera que estar. Quería seguir adorándola, y que se consumiera totalmente en su esencia.

—¿Estás bien? —preguntó él, evaluando cómo se sentía la chica.

—Sí… eso creo —declaró ella tímidamente, intentando regresar a la realidad, conectando su mirada con la del chico, anhelando por su tranquilidad pero también por su tempestad llena de deseo.

—Bueno… porque yo te quiero igual de deseosa que recién —musitó el chico, anhelando por su despertar—. Pero te voy a esperar —mencionó mientras se acercaba a su cuello y se lo empezaba a besar brevemente, buscando en realidad hacer algo parecido a lo que ella le había hecho allí— deseándote.

Primero la beso con templanza mientras la aferraba en su agarre, esperando que ella se pudiera relajar un poco. Luego procedió a intentar succionarle la energía de su piel, esperando que su interior se despertase. Notó cómo se movió y se dispuso a encararle el rostro al chico, interrumpiendo su trance en el hombro y rodeándolo con los brazos, mientras procedía a comerle la boca. El casi se muere en el acto, pero cualquier cosa por ver a alguien desearlo tanto.

—Cogeme —suspiró ella, cortando los besos mediante sus palabras— Yahiko, cogeme como quieras, destrozame.

—Sí, hermosa —dijo él mordiéndole los labios y de nuevo chupando el piercing— tus deseos son órdenes —declaró para después alejar su boca de sus labios y acercarse al cuello de ella, sumiendola de nuevo en sus fauces, pero sin morderla del todo y anhelando con empezar a consumirla totalmente.

Ella se dejó llevar por sus movimientos. En un momento el amagó con liberarse de su posición, ya parecía haberse cansado de tener a la chica encima suyo. Ella se paró, y él hizo lo mismo, abrazándola una vez más antes de que se desligara de cualquier vínculo con la realidad al tocarla a la chica. Y le dio su última orden.

—Ponte en cuatro, yo luego te levanto y te doy amor, hermosa —le dijo él, alabandola.

Ella parecía que iba a obedecer, no sin antes morderle los labios en un beso, nuevamente, como si quisiera que él la enfrentara con una vitalidad prácticamente reducida al cero. La chica procedió a hacer exactamente lo que él le había pedido, entregándose corporalmente ante cualquier deseo carnal que el generase en ella.

Yahiko desvistió su miembro, y lo acercó a las partes de la chica, apreciando el tener su cuerpo entregado a sí mismo de esa manera. Ella se apoyó en el escritorio y abrió sus piernas para sentir los jugos del chico entrando en sus semillas, él le sostuvo las piernas, corrió la tela que cubría sus partes y empezó a amarla, lentamente.

Estaba desesperado y quería mojarla más de lo que ya estaba, pero simplemente no se dedicó a empotrarla y dejarse cegar por su deseo. Quería que ella disfrutara y se entregase lentamente a su cuerpo, mientras él expresaba con sus bailes lo mucho que la adoraba. Se dejó consumir en la pose de su cuerpo, deseando que estuviera desnuda pero sabiendo que eso no podía ser, al menos no ahora. Y le gustaba el morbo de estar teniendo sexo en un lugar que no era su habitación y que podía entrar alguien en cualquier momento, hacía todo mucho más sexy.

—Yahiko… más rápido —musitó la peliazul.

—¿Más rápido? —le preguntó él acercándose más a su cuerpo y por consecuencia, a su oído, mientras hacía todo su esfuerzo por no quedarse sin aire —¿Estás segura que quieres eso?

—Si, por favor —mencionó ella, sumisa y totalmente consumida por la mundanidad carnal.

—Eso quería escuchar —sonrió él y volvió con sus asuntos pendientes, ahora sí sumiéndose en los ritmos que él quería producir.

Al poco tiempo la chica empezó a gritar. Por lo tanto, su compañero acercó su mano a la boca de Konan, si gritaba mucho los podían descubrir, y si bien nadie tenía derecho alguno como para despedirles o algo así, ninguno necesitaba un bochorno. No les convenía que vieran a dos personas "respetables" faltandose el respeto de esa manera.

Unos minutos después que le tapara la boca, al chico le empezó a doler el dedo de aquella mano. No tardó en darse cuenta de que le estaba mordiendo. Se sorprendió, pero no dejó que eso le arruinara el ritmo, simplemente siguió, dejando que los gemidos de la chica fueran absorbidos por sus dientes y el tacto de su sangre. Si eso era lo que había que hacer para que no los descubrieran, estaba dispuesto. Y lo que fuera por sentir algo de resistencia cuando estaba sometiendola, eso lo destrozaba.

—Yahiko… te amo… —soltó en un momento que decidió dejar de morderle, al parecer ya había tragado suficiente sangre — destrozame… acabame… te lo pido por favor.

—Konan… te amo —declaró el chico— estoy… por irme… —suspiró, esperando que así hiciera saber lo que estaba por pasar. Su capacidad de continuar haciendo esfuerzo desapareció totalmente, y se acabó la exasperación— ¡AAAAH! —gritó el chico.

Escuchó al mismo tiempo un gemido importante venir de la boca de la chica. Descargó sus líquidos en ella, y ahí se separó para sentarse a su lado y descansar un segundo.

Ella al poco tiempo se puso en la misma pose, al lado suyo. El notó que andaba haciendo algo entre sus partes,la vió y notó que se estaba limpiando con sus propios papeles. Finalmente, cansado, miró su mano. Estaba muy cubierta de sangre, al punto que esta bajaba por su brazo. Se impresionó, pero no se preocupó tanto, pues al rato vio como la chica acercaba su mano a la suya y le ponía papeles encima, para limpiarlo.

—¿No son papeles de origami? —le preguntó— ¿No debería doler?

—No si yo no quiero que duela —mencionó mientras lo iba limpiando con delicadeza.

—Aguarda… creo que tengo pañuelos en uno de los cajones del escritorio. Usa esos.

Ella fue a buscarlos, no tardó mucho en encontrarlos. El lugar dónde estaban le hizo sospechar del propósito de esos pañuelos, y cuando se acercó de nuevo al chico lo miró con mala cara.

—¿Qué? ¿Hice algo? —dijo él mientras ella empezó a limpiarlo con los pañuelos.

—¿Qué diría la gente si se enteraran que su líder tiene un montón de pañuelos en su oficina para matarse a pajas cuando no lo están viendo? —le preguntó ella, intentando adoptar un tono serio bastante falso.

—No se enterarán, y si alguien lo supiera, le diría que por tan líder que sea a veces pienso en sexo. Y más cuando la chica de mis sueños está lejos de mi y ocupada, ahí es cuando más pienso en eso —dijo tiernamente para darle un beso en la mejilla, con mucho amor.

Cuando se separó de ella, notó que estaba roja de nuevo. El solo pudo sonreír.

—Como me encanta cuando te pones roja y tímida —dijo y apoyó la cabeza en su hombro, mirándola—. Combina con tus ojos.

Ella simplemente le sonrió, procediendo a darle un beso en la frente y a poner su mano en la nuca, acariciandole el pelo con suavidad. Le encantaba hacerlo y hacía mucho tiempo que no había podido.

—¿Quieres que vayamos a ver la herida de tu mano? —preguntó con amabilidad.

—No, no hace falta. Tal vez estaría bien si me la coses, me gusta cuando estoy herido y me cuidas.

—Vago —le reprochó ella.

—Tu vago —respondió—. Y quiero poder ver mi mano y acordarme de tí, sobre todo cuando no estés. No permitiré que esas cicatrices se vayan, no si puedo pensar en tenerte cerca.

—Eres raro —fue lo único que pudo decirle la chica.

—Ah y tú no —se quejo, para después volver a darle un beso que ella correspondió con un fuerte abrazo y una entrega de sus labios a él—. Te amo, mi ángel —dijo separándose de su boca

—Te amo Yahiko —le respondió con amor, y sonriéndole.

Estuvieron besándose suavemente un rato hasta qué se separaron para volver a la mundanidad del trabajo y sus deberes. La chica lo abandonó, con el prospecto de volver a verlo en la noche y probablemente, dormir juntos. Lo que fuera por transportarse mutuamente la imperturbabilidad de la paz carnal.