ADVERTENCIA: Este capitulo contara con escenas de tortura.

Atreus se revolvió incomodo, incapaz de conciliar el sueño.

Habían pasado más de dos semanas desde que Thrud fue capturada, y aún no habían sido capaces de descubrir donde la tenían cautiva.

Sabía que, salvo su padre, todos empezaban a dar por hecho que estaba muerta, pero él sabía que no era así, gracias al pacto de sangre. Pero incluso ese vinculo parecía hacerse más débil con cada día que pasaba. O bien Hodr y Vidar habían encontrado un modo de romper el pacto de sangre... O la vida de Thrud se estaba apagando.

Si de él dependiese, registraría cada rincón de todos los reinos hasta dar con ella, sin importar que nadie más pensase acompañarle, pero por desgracia tenían otros problemas.

Justo después de que Thrud desapareciese, pequeños ejércitos de espíritus habían empezado a atacar poblados y asentamientos en Midgard, Svartalfheim y Alfeheim, del mismo modo que atacaron a los Aesir, cuando todo esto empezó, y dichos ataques no habían hecho mas que aumentar en cantidad e intensidad a medida que pasaban los días. Y lo peor era que ya no se trataban únicamente de espíritus humanos, sino que también habían enanos y elfos, tanto de la luz como de la oscuridad.

En teoría los espíritus de enanos y elfos debían regresar a la luz de Alfeheim, al morir, pero al parecer Helhest también podía adueñarse de sus almas y usarlas para engrosar el ejercito de Hodr y Vidar.

Porque era obvio que eso era lo que estaban haciendo. Con cada nuevo ataque los números de su ejercito de muertos no hacían más que aumentar, sin duda se estaban preparando para la guerra. Precisamente el motivo por el cuál no habían podido dedicarse únicamente a buscar a Thrud, cómo Atreus hubiese querido hacer, era porque habían estado demasiado ocupados yendo de reino en reino intentando detener esos ataques, o al menos minimizar el numero de víctimas.

En estos momentos Atreus, Kratos, Freya y Tyr (y Mimir) estaban en Alfeheim, descansando tras librar una batalla en la que, nuevamente, habían llegado demasiado tarde para...

Loki

Atreus abrió los ojos y se levantó de golpe al escuchar la voz de Thrud en su cabeza. Entonces se dio cuenta de que ya no estaba en Alfeheim, o al menos ya no estaba en el mismo sitio, con su padre y los demás, sino en lo que parecía ser una cueva subterranea, a juzgar por las paredes rocosas y por el hecho de que no había nada de luz.

Loki...

"¡Thrud! ¿Donde estás?" Gritó, pero no obtuvo respuesta. Luego se dio cuenta de que gritar, revelando su posición, no era precisamente lo más inteligente que podía hacer en estos momentos.

Que él supiese, Hodr y Vidar podían estar por ahí cerca... Dondequiera que ahí fuese.

Había una tenue luz al fondo de la gruta donde se encontraba en esos momentos, de modo que se dirigió hacia allí. Ya no podía escuchar la voz de Thrud en su cabeza, lo cual le hacía sospechar que o bien se había vuelto loco, o que todo esto se trataba de una trampa. Y, considerando que alguien o algo lo había transportado a ese lugar sin su consentimiento, estaba inclinado a apostar que se trataba de lo ultimo.

Al llegar al final de la gruta vio que esta terminaba en una caverna más grande, y que esa luz era originada por varias antorchas colocadas en la pared. Y allí, en medio de la caverna, tumbada en el suelo, estaba Thrud.

"¡Thrud!" Gritó Atreus, mientras corría a arrodillarse a su lado, olvidando por completo toda precaución.

Ella ni siquiera reaccionó. Estaba atada de pies y manos, y tenía los ojos vendados, pero eso no fue lo que hizo que a Atreus se le revolviese el estomago.

Todo el cuerpo de Thrud estaba cubierto de sangre, tanto seca cómo más fresca. Cada parte visible de su cuerpo mostraba heridas (recientes y ya cicatrizadas), quemaduras o hematomas, y eso era solo lo que él podía ver. Ni siquiera se atrevía a tocarla, por miedo a empeorar sus heridas, pero tenía que sacarla de allí, de modo que sacó su cuchillo y se dispuso a desatarla.

En el momento en que la tocó, sin embargo, Thrud empezó a sacudirse violentamente, sin duda pensando que se trataba de uno de sus captores.

"Shhh. Thrud, tranquila, soy yo, no voy a hacerte daño" Susurró, intentando calmarla.

Thrud dejó de moverse "¿Loki?"

Incluso su voz sonaba débil y apunto de romperse.

"Si. No te preocupes, te sacaré de aquí" Dijo, y nuevamente se dispuso a cortar las ataduras alrededor de sus muñecas, intentando ignorar el hecho de que tenía todos los dedos, de ambas manos, rotos y torcidos en una posición antinatural.

Sin embargo, tras casi un minuto intentando cortar la cinta con la que estaba atada, resultó evidente que no podía. Se maldijo entre dientes por haber sido tan ingenuo. Pues claro que no iba a ser tan fácil. En ese caso, Thrud ya habría podido escapar por su cuenta.

"Loki..." Volvió a hablar Thrud, apenas con un susurro.

"Lo siento, no puedo cortar esta cosa. Yo..." Se detuvo, pensando que hacer ¿Tal vez con algún hechizo especifico, o usando una arma más poderosa, cómo las espadas de su padre? Se dio cuenta de que al menos la venda en sus ojos parecía ser solo un pedazo de tela normal y corriente "... Ven, al menos voy a sacarte eso de los ojos"

Suavemente acunó su rostro entre sus manos y desató el nudo de la tela, para retirarla de encima de sus ojos... Y jadeó horrorizado ante lo que vio.

Thrud no tenía ojos. Se los habían arrancado. En su lugar no había más que un par de cuencas vacías.

De repente Thrud se levantó, rompiendo sus ataduras y lo golpeó con fuerza en el rostro, mandándolo al suelo. Antes de que pudiese reaccionar, Atreus tenía a Thrud sentada encima suyo, inmovilizándolo contra el suelo, y apretando ambas manos contra su cuello, asfixiándolo.

"T-Thrud..." Atreus intentó sacársela de encima, pero no podía moverse ni respirar. Lo único que podía hacer era ver esas cuencas vacías y la furia absoluta en el rostro de su amiga, mientras ella lo asfixiaba lentamente hasta su muerte.

"¡Tú me has hecho esto!" Rugió Thrud, apretando aún más su agarre "¡Mi familia está muerta por tu culpa! ¡Mi hogar fue destruido por tu culpa! ¡Toda mi vida se fue al infierno desde el momento en que te conocí!"

Atreus intentó decirle que lo sentía, por todo, pero era incapaz de articular palabra alguna, y cerró los ojos, notando cómo la vida se le escapaba...
-

Atreus se despertó bruscamente, llevándose ambas manos al cuello, casi esperando notar todavía las manos de Thrud apretándolo.

No gritó, pero si que estaba respirando pesadamente, y todo su cuerpo estaba empapado en sudor.

¿Que demonios había sido eso?

Quería pensar que se trataba solo de una pesadilla (una pesadilla espantosa) pero se había sentido tan real...

Necesitaba algo de aire, de modo que se levantó y salió a toda prisa, intentando sacar esas imágenes de su mente.

"¿Una pesadilla?"

Se detuvo en seco. Ni siquiera se había dado cuenta de que su padre también estaba despierto y lo había seguido.

"Algo así" Se limitó a decir. Sin embargo su padre no dijo nada más, claramente esperando que él continuase "... He soñado con Thrud"

"Has soñado que la encontrábamos muerta" Adivinó Kratos.

"No. Ella... Estaba viva, pero la habían torturado brutalmente y cuando he intentado liberarla... Ella..." Le costó mucho decir las siguientes palabras "... Se ha lanzado encima mio y ha empezado a estrangularme, gritando que todo lo malo que le ha pasado es culpa mía"

"Solo ha sido un sueño" Le aseguró Kratos "Aún te sientes culpable por lo que pasó ese día. Crees que le fallaste, que podrías haber hecho más por ella. Tienes que aprender a lidiar con eso, y aceptar que nada de lo que pasó fue culpa tuya"

"Sé que tienes razón, pero no consigo librarme de la culpa. Y lo que acabo de ver... Incluso si solo ha sido un sueño, es muy probable que le estén haciendo eso ahora mismo ¿verdad? La están torturando"

"Probablemente" Dijo Kratos, tras un largo silenció "¿Aún puedes sentir que está viva?"

Atreus miró la cicatriz de su mano "Cada día menos. Nuestra conexión se está debilitando... Hay... Hay una cosa que aún no te he contado. Algo que pasó ese día" Kratos miró a su hijo, esperando que siguiese hablando "Justo antes de noquearme... Thrud... Ella... Me besó"

Oh.

Eso era... Inesperado.

"Entiendo" Kratos eligió con cuidado sus palabras "Pensaba que solo erais amigos"

"¡Lo eramos!... Quiero decir, lo somos. Esa ha sido la única vez que nos hemos besado, y... La verdad, llevo desde entonces preguntándome por que lo hizo"

"Por mi experiencia, cuando una mujer te besa, suele indicar una cosa en concreto. Hay excepciones, por supuesto, pero por lo que sé de esa chica, me extrañaría mucho que fuese el caso"

"Pero, la situación en la que estábamos, y el hecho de que justo después me golpease en la cara ¿No crees que eso es algo a tener en cuenta?" Insistió Atreus.

Kratos levantó una ceja "¿Piensas que tal vez solo te besó para distraerte y que no vieras venir su ataque"

"Bueno... Es una posibilidad ¿no?"

"Chico" Pese a que hacía tiempo que Kratos se refería a Atreus por su nombre, aún le llamaba chico cuando creía que estaba siendo inmaduro... o extremadamente estúpido "La hija de Thor es mucho más fuerte que tú, por lo menos en términos de fuerza física. No necesitaba distraerte, para dejarte KO"

"Gracias, muy amable de tu parte" Dijo Atreus, con sarcasmo, antes de procesar lo que le estaba diciendo "Espera, entonces crees que lo hizo porque..."

"Creo que lo hizo porque quería hacerlo" Se limitó a decir Kratos "Si quieres una razón más específica tendrás que pedírsela a ella"

Si alguna vez vuelvo a verla Pensó Atreus, con una mezcla de amargura y tristeza.

Dolor.

Eso era lo único que Thrud podía sentir. Lo único que recordaba haber sentido nunca. Era incapaz de recordar un tiempo en el cuál ese dolor agónico y constante no estuviese recorriendo cada fibra de su cuerpo.

La habían golpeado incansablemente, rompiendo prácticamente cada hueso de su cuerpo y dándole tiempo para que sanasen, antes de volvérselos a romper. En esta ocasión, tener los poderes de un dios jugaba en su contra ya que significaba que podían cortarla, golpearla, ahogarla, dejarla prácticamente al borde de la muerte, pero si se detenían justo antes de matarla, su cuerpo sanaría y podían volver a empezar desde el principió.

Había perdido la cuenta de cuantas armas distintas habían usado para cortar su carne, infligiendo largas y profundas heridas por todo su cuerpo. Espadas, cuchillos, lanzas, flechas... Realmente no importaba. Siempre acababa curándose, y siempre volvían a empezar.

La habían mantenido fuertemente atada en todo momento, de modo que no podía hacer nada para protegerse a si misma. Tampoco le habían quitado la venda de los ojos, aunque eso no significaba que no pudiese ver nada. Con cada nuevo golpe, con cada nuevo corte, cada vez que su carne era perforada y sus huesos astillados, una imagen se formaba en su mente.

Siempre era lo mismo: El Ragnarok destruyendo Asgard, y Loki matando a su familia. Al principio también habían aparecido Kratos, Freya e incluso Tyr, pero hacía ya bastante tiempo que las imágenes mostraban únicamente a Loki. Sabia que eran falsas. Se lo repetía una y otra vez, pero cada vez era más difícil centrarse en cualquier cosa que no fuese el dolor.

Algunas veces no había podido soportarlo más y había acabado desmayándose. Casi siempre despertaba en la misma posición y entonces la tortura empezaba nuevamente, pero la ultima vez, algo había cambiado. Al parecer, no estaban obteniendo los resultados que esperaban, y habían decidido probar algo nuevo.

Lo primero que notó, al recuperar la conciencia, fue que estaba de rodillas. Sus manos ya no estaban atadas detrás de su espalda, sino extendidas a los lados y sujetas a lo que parecían dos pilares de piedra y había algo envuelto alrededor de su cuello y sujeto al suelo, lo cual la obligaba a inclinar la parte superior de su cuerpo hacia abajo, permaneciendo en una posición encorvada.

La venda seguía firmemente apretada sobre sus ojos pero aún y así supo que había algo parado en unas rocas, un metro encima de ella. Era un animal. Una serpiente. No estaba segura de cómo lo sabía, pero lo sabia.

La serpiente se colocó de forma que estuviese justo encima de su espalda y abrió la boca, empezando a gotear veneno de sus colmillos.

Thrud había soportado todo lo que le habían hecho, hasta ese momento, sin gritar ni mostrar ningún signo de debilidad, pero en el momento en que ese veneno entro en contacto con su cuerpo, sintió como si su piel y su carne se estuvieran derritiendo y gritó de pura agonía.

Cada vez que una de esas gotas de veneno entraba en contacto con su cuerpo, un nuevo grito desgarrador salía de su garganta, con tanta fuerza que todo a su alrededor parecía temblar, y nuevas imágenes se formaban en su mente.

Loki.

Loki estaba allí. Riéndose. Disfrutando viéndola sufrir. Disfrutando del dolor que Él le había provocado.

No estaba segura de cuanto tiempo permaneció allí, atada, mientras el veneno de la serpiente le hacía experimentar más dolor del que había experimentado en toda su vida ¿Horas? ¿Días? ¿Semanas?

Lo único que sabía era que hacer que Loki pagase por todo lo que le había hecho. Iba a matarlo con sus propias manos. A él y a todo aquel que intentase impedírselo.

En el momento en que ese pensamiento cobró fuerza en su mente, sintió cómo todas sus ataduras se soltaban, y la serpiente dejaba de gotear veneno sobre ella.

Un par de manos la ayudaron a sentarse y le quitaron la venda de los ojos. Había muy poca luz donde estaban, pero llevaba varías semanas sin ver absolutamente nada, de modo que incluso eso le provocó un intenso dolor y cerró los ojos con fuerza mientras intentaba ajustarse.

Parpadeando lentamente, abrió los ojos y se observó a si misma. Su ropa estaba hecha jirones, sus brazos estaban llenos de cicatrices y sangre seca y sus muñecas estaban en carne viva.

La persona frente a ella le ofreció una mano para ayudarla a levantarse. Sus extremidades tardaron un poco en reaccionar, por haber estado tanto tiempo sin poder usarlas, pero logro mantener el equilibrio.

Algo pesado fue colocado en sus manos. Era un martillo.

Mjolnir.

Sus dedos se cerraron con fuera alrededor del mango, sintiendo como si acabase de recuperar una parte de si misma que le había sido arrebatada.

Vili le sonrió y colocó una mano sobre su hombro "Ahora, Thrud, es hora de que vayas a obtener tu venganza"