I walked the line

Reggie

Son las tres de la mañana y no he podido dormir ¿de verdad fue tan malo lo que hicimos? Bueno sí, invadimos su privacidad con demasiado descaro, Oh Han Solo ¿qué hicimos? Debo disculparme ahora porque…

—Oh. Demonios. ¡Rayos, rayos, rayos!—me levanto de la cama corro a ponerme unos zapatos y abro mi ventana, ni siquiera presto atención a los balbuceos de Alex con los que me dice que espere a que sea de mañana. —En teoría ya es de mañana, duérmete Alex.

Sé que Alex no tiene la culpa de mi mal humor, ni de que vaya por ahí soltando malas palabras intentando buscar palabras en mi cabeza para pedirle perdón a la chica de la sonrisa arrolladora. Me doy suavemente con el puño en la frente mientras camino hacia la ventana de mi vecina.

Entiendo que ella no estaba reclamando lo de la ventana, era más bien lo de la maldita premiación ¿cómo la pude olvidar? Elisa estuvo esperando eso casi toda su vida. Yo era testigo de su esfuerzo y dedicación, yo debía estar ahí en primera fila hasta había ahorrado para un estúpido traje. Que ni siquiera había ido a recoger en la semana.

Escalo una vez más por la ventana de mi vecina y agradezco que su ventana nunca haya cerrado del todo. Menos mal es un barrio seguro y el único que se atreve a hacer esta estupidez soy yo. Estupido yo.

Me acerco a la cama y la veo abrazada a Luke que después de escuchar la historia de Alex y su relación esto ya no afecta en nada mis celos, o al menos no como horas atrás. La sacudo un poco para que gire en mi dirección.

Ella abre un poco los ojos y al momento en que me ve arremolina más la cabeza contra la almohada y mueve el brazo derecho soltándole un codazo a Luke que solo suelta un gruñido. Elisa continúa con los ojos cerrados y no sé si decidió ignorarme o no terminó de despertar.

—¡Oh estúpido Reginald! ¿Por qué debo soñar contigo cuando estoy tan molesta? —Me río porque ella es tan bonita dormida y refunfuñona. Es eso lo que me hace entender que estoy enamorado de ella hasta los huesos y es tan molesto darme cuenta que en efecto soy un estúpido. Además no estamos en buenos términos y eso solo significa que debo esperar para declarar mis sentimientos y de nuevo pierdo el tren de la situación. La sacudo una vez más. Elisa tarda unos segundos más pero finalmente abre los ojos. —¿Qué haces aquí? ¡Vete!

—No me iré preciosa, no hasta que hablemos.

—Pues entonces ahí te vas a quedar porque no me voy a levantar. —Me hace un puchero y me muero por besarla. —Eres un idiota.

No le voy a discutir eso.

—Puedes escucharme desde ahí. No quiero que te levantes, solo quiero la oportunidad de hablar. De disculparme. Tienes razón, soy un idiota.

—Vas a despertar a Luke. —Duda un poco. —Y no quiero escucharte. Idiota. —Y se gira dándome la espalda.

—Luke duerme como tronco, no lo despertó tú codazo y no lo haré yo. —No me da ni una señal de reírse.

Me quedo ahí unos segundos, callado. Sigue despierta y como que lo piensa mejor y decide darme al menos una pequeña oportunidad de disculparme. Gira la cabeza un poco en mi dirección y me mira expectante.

Me acerco a ella y acaricio su mejilla, pero ella me aparta de inmediato y escucho que me gruñe un poco. Luce más molesta que antes.

—No juegues sucio. —Sé que no quiere que la acaricie para ablandarla y lo evito a toda costa para que no crea que quiero jugar con ella.

—Por favor escúchame, ya sé que fue lo que hice mal. Me siento terrible.

—Felicidades genio, ahora ¡largo! —Ella es tan pesada, aunque para ser justos yo también me molestaría si alguien interrumpe mi sueño a estas horas y más si no dice nada inteligente como yo ahora, pero estoy decidido a arreglarlo todo en este momento. No me muevo ni un poco, así que resignada termina por levantaste. —Te veré en mi jardín en cinco minutos. Baja ahora e intenta no hacer ruido ¿de acuerdo?

Bajo tan suave como puedo. Abro la puerta de vidrio que da al jardín de Elisa y entro con cuidado para no hacer ruido. Me siento en una banca de madera qué hay en frente del estanque, admiro la decoración y las flores qué hay en el jardín.

Hace frío y me arrepiento de salir en pijama, pero estoy feliz porque ella accedió a hablar conmigo. Cuando la veo salir ella está vestida. Cambió su pijama por unos jeans a la cintura y una camiseta que solía ser mía.

Le sonrío cuando hace su saludo marinero y me avienta una cobija que agradezco al instante que toca mis hombros. Toda la confianza que tenía cuando llegué ha desaparecido y me ha dejado vacío y hasta falto de palabras.

Elisa está sentada a mi lado y solo estamos viendo a las estrellas, quiero decir algo inteligente, algo que la sorprenda de verdad ¿pero como podría competir contra la chica que conoce la historia de cada constelación? Y entonces recuerdo que estoy en una banda, que puedo cantar y que ella siempre ha amado mi voz, así que tomo su mano, la miro con todo el amor que puedo y comienzo a cantar:

I've got sunshine on a cloudy day

When it's cold outside

I've got the month of May

I guess you'd say

What can make me feel this way

My girl, I'm talking about my girl

Sé que está haciendo un esfuerzo sobrenatural para no sonreírme y de hecho es muy buena en eso de estar molesta porque termino la canción y ella no se inmuta, al contrario levanta una ceja y me cuestiona si voy a hablar o si ya puede volver a la cama y sí, estoy enamorado de una persona con corazón de piedra.

Porque de tantas personas con corazones blandos en el mundo yo caí por el témpano de hielo. Se siente tan bien aceptarlo, que tonto he sido todos estos años, ¿por qué Ninfa quise aceptar que esa mirada me derrite y que es su piel la que provoca en mí escalofríos? Estoy enamorado de mi alma gemela y mi mejor amiga y es fantástico.

—Elisa cometí un error del tamaño del Halcón Milenario, debí asistir a tu premiación, debí acordarme, dejar el ensayo o no sé, pero debí estar ahí porque tú eres literalmente lo mejor que tengo en esta vida. —Tomo su mano y siento más calor del que podría sentir con cien cobijas. —A tu lado las cosas son más sencillas y entiendo tu decepción es como si tú no te aparecieras en el Orpheum cuando toquemos. No me imagino lo terrible que me sentiría, así como yo te hice sentir, así como todos te hicimos sentir y lo peor es que no podemos hacer nada para cambiar.

—Oh no. No todos. Bobby estuvo ahí ¡Bobby! —Me siento aun más imbécil que antes y no sé qué decir, solo escucho a Elisa desahogar su frustración y coraje conmigo por mi terrible comportamiento, entre otras cosas. Frunce su nariz roja por el frío y en mi ensoñación la desarrugo con cuidado dándole suaves caricias, eso la desconcierta y detiene sus palabras. Su expresión cambia y algo en sus ojos me atrapa. —Reginald ¿Crees que soy tonta? ¿Crees que soy un juego?

—Por supuesto que no, nunca pensaría eso. —Elisa suelta mi mano y es como si pusiera una barrera invisible entre nosotros.

—¿Por qué no puedes tomarte nada en serio? —ella ya no suena molesta, ahora está triste y eso es mucho, mucho peor, porque soy yo el que está causando eso en ella. —¿Por qué no puedes verme como quiero que me veas?

Sus palabras hacen clic en mi cabeza. Ella ha estado sintiéndose igual que yo por quien sabe cuánto tiempo, hemos perdido mucho por miedo y estoy cansado de todo esto. Todos tenían razón. Mi instinto estaba bien cuando los pensamientos fugaces aparecían en mi cabeza. Ella siempre me lo dio a entender y fui un tonto ciego.

Puede que sean las estrellas que me hacen ser más valiente o su previa confesión. Tal vez es como la luna brilla y la luz qué hay sobre la piel de la chica. La cobija sobre nosotros nos da calor y su cuerpo cercano al mío acelera mi corazón. Todo eso en conjunto hace que las palabras salgan de mi boca como si las hubiese ensayado por mucho tiempo.

—Te veo, te veo todos los días. Te tomo en serio a ti, a tus sonrisas y tus lagrimas, a cada parte de tu cuerpo y de tu mente. —Intento tomar sus manos una vez más, pero no me es suficiente. Mejor llevo una mano a su mejilla y acerco mi frente a la suya. —Te tomo tan en serio que todo lo que escribo es para ti, es por ti. Has sido mi motor en mi carrera musical y en mi vida, no miento cuando cada día te digo lo hermosa que te ves, la luz brillante que eres, no miento cuando te digo lo inteligente que eres.

Te tomo en serio cada vez que estamos recostados en la cama y lo único que puedo ver es a ti, porque eres la única vista buena y la única que me interesa ver, porque podrías estar rodeada de las estrellas más brillantes y aun así tu serías la estrella principal y la más brillante. Te tomo en serio cuando tomas mi mano cada vez que te da miedo algo y cuando arreglas mi cabello. Te tomo en serio cada vez que me hablas de cosas que no entiendo pero que son importantes para ti.

O cada vez que subes por mi ventana. Cada vez que tu linterna flashea en mi habitación porque eso significa que me quieres ver. Cada vez que arrugas la nariz porque algo te molesta, cada vez que muerdes tu labio porque estás nerviosa, cada vez que tus cejas se juntan porque estás pensando en tus siguientes palabras.

Te tomo en serio cuando cocinas para mí y cuando cocino para ti. Cuando canto, cuando un riff suena en mi bajo. Cuando estoy inspirado o cuando necesito inspiración. Cuando llega a mí tu aroma de flores y coco, cuando te peinas cada vez que alguien entra en la habitación. No puedo dejar de verte cuando te apareces en una habitación, capturas mi atención, incluso cuando no debería, como en las clases. Noto todo lo qué haces y todo lo que no.

¡Y por la princesa Leia! Los celos aparecen en mi cada vez que esa sonrisa que acelera corazones y derrite almas es para alguien más. Me puse celoso de Bobby, Luke, incluso Alex y de cada chico con el que saliste. Y en lugar de decírtelo intenté ver si tú reaccionabas igual saliendo con otras chicas y ninguna era como tú y quería morir porque lo nuestro parecía imposible. Y ahora sé que con eso te alejaba más. Y que ciego estaba, pero siempre te vi y te tomé en serio.

Te tomo tan en serio que conozco todas tus manías: que hueles los tés antes de beberlos sin ninguna explicación, solo por el placer de el vapor entrando a tus fosas nasales. Sé que lavas tu cara cada mañana y cada noche con una mezcla extraña, que quitas las orillas del pan para aplastarlo y comerlo así. Sé que siempre te pones el zapato izquierdo primero porque de lo contrario sería mala suerte. Sé que no duermes si no has tomado un vaso de leche. Sé que tienes una colección extraña de calcetas y que te estás haciendo adicta a cierto tipo de zapatos. Sé que cada noche le hablas a Orión y a Artemisa y les pides que te cuiden.

Sé todo sobre ti Elisa, sé absolutamente todo porque yo de verdad te tomo en serio. Y por un tiempo pensé que no era así, que tenías algún secreto que ocultar y resulto que no estaba viendo lo obvio. ¿Y sabes por qué se todo eso y más? porque estoy completa y patéticamente enamorado de ti.

Dejo de hablar y el ambiente se siente diferente, mucho más ligero o no sé si soy yo que me siento más libre y todo se siente mejor. Elisa no dice nada, no dice nada por lo que creo son minutos, se relame los labios. Inhala. Mastica las palabras que va a decir y exhala sin decir nada. Lo hace una, dos, tres veces, a la cuarta rasca su ojo de forma nerviosa y repite el proceso tres veces más. Frunce sus cejas y se muerde el labio nerviosa.

Presiona sus labios y cuando estoy por levantarme para irme y no quedar en ridículo Elisa se sube en mi regazo. Relame sus labios una vez más y mira los míos. Luego me ve a los ojos, entonces me besa.

Estoy besando a mi mejor amiga, la chica de quien llevo enamorado mucho tiempo y se siente tan bien. Sus manos en mi cuello me hacen caricias, mis manos en su cintura se aferran y se niegan a soltarla. Sonreímos en medio del beso y seguimos haciéndolo hasta que nuestros labios están hinchados y arden. De ninguna manera esto se siente mal, creo que podría besarla de por vida.

—Oh Reginald, Reginald, Reginald. Mi dulce Reginald, he deseado besarte por tanto tiempo que no puedo recordarlo. Que Artemisa me perdone, pero he caído por un hombre espectacular. El dios del bajo y a quien quiero lamerle hasta los brazos. —Se ríe y es como música para mis oídos el saber que se siente igual que yo. —Reginald Peters nunca he sentido esto por alguien que no seas tú. Estoy tan enamorada como mi corazón y mi mente me lo permiten y nunca dejaré de estarlo.

Se siente bien su calor corporal y su manos en mi pecho, todo en este momento se siente bien. Creo que podría quedarme así toda una vida, tal vez diez vidas más. Estar enamorado de esta chica es como vivir en las nubes.

Me quedo con ella hasta que amanece y salgo por la cerca de su jardín. Al llegar a casa Alex está sentado en mi cama, con una mirada de interrogación. No le digo nada y él no pregunta. En cambio me dice que le prepare el desayuno y me siento tan rebozante de felicidad que lo hago y se lo llevo a la habitación.