The race is on

Elisa

Mayo, 1995.

—Okey ¿cuál de estos dice con más fuerza "elígeme"? —Le muestro a Regs mis dos opciones para usar en mi entrevista. Él se me queda viendo como si fuera la decisión más difícil del mundo y señala mi vestido azul.

—Ese grita "¡soy la mejor en lo que hago! Estarías loco si no me eliges". —Me guiña un ojo, cosa que me vuelve loca.

Le sonrío y meto el vestido a la bolsa de viaje y decido olvidar el futuro por un momento. Me aviento a la cama a un lado de él y de una manera inmediata él toma mi mano.

No sé si es lógico querer tanto a alguien, pero cada que veo a Reg mi cuerpo parece estar flotando, mis poros se inundan de amor y juro, es la sensación más placentera del universo. Su mano me da más tranquilidad de la que alguna vez pensé sentir. Estoy tan enamorada de él que a veces me asusta. ¿Qué pasará cuando nuestros sueños nos lleven por caminos separados?

—Reg ¿podrías prometerme algo por favor? —Mi voz no suena como la mía. No hablo segura y tampoco con la energía de siempre. Mi guardia ya no existe. No con Reginald.

—Lo que desees. —Su voz es suave y su rostro serio me demuestra que en efecto, lo que sea que pida, él hará lo posible por cumplirlo.

—No me rompas el corazón, no me dejes sola. —Le suplico, él me mira como si hubiera dicho algo que jamás le hubiera cruzado por la cabeza. —Por favor, promete que pase lo que pase estarás a mi lado.

—Lo prometo. No porque me lo pidas, lo prometo porque es lo que mi corazón anhela. —Mi corazón da un vuelco. Tomo aire profundo y me acerco para besarlo. Me siento en su regazo y sus manos van directo a mis muslos, él me mira. Hay algo diferente en él. Ni siquiera siento nuestras respiraciones cuando me acerca a su cara con las manos apretando mis mejillas con suavidad. Espero que diga algo más que haga mi corazón enloquecer, en cambio solo dice: —Elisa, dime cuantas estrellas podemos ver.

No esperaba tomar este rumbo en la conversación, pero yo no desaprovecharía una charla de esto.

—En las mejores condiciones, unas 2500. —Dudo un poco. —Sí, más o menos.

—¿Como se llama la que guía a los piratas?

—Polaris, la estrella de norte. —Cada vez me confunde más. —¿Desde cuando te interesa la astronomía Peters?

—Nunca entiendo mucho de lo que dices cuando hablas de eso. Tampoco recuerdo todas las historias que me cuentas de las constelaciones, pero recuerdo esa porque sé que cuando volteo hacia tu casa ella está ahí. —Me acerca a él con un abrazo. —Es la única que sé distinguir, siempre está brillando y entonces pienso en ti. Es como si supera que estas ahí conmigo solo al verla porque tú eres mi estrella del norte, mi Polaris. —Acomoda mi cabello detrás de mi oreja y sus dedos pasan por mis cejas. —Tengo tanta suerte, eres inteligente y hermosa. Tus labios me vuelven loco, estoy tan enamorado de ti. Te amo, te amo desde que te vi con esas dos coletas y el uniforme más horrible que ha existido. Te amo desde ese momento y fui tan lento como siempre que no lo entendía. Te amaba sin saberlo, pero con toda la razón que me faltaba. Quiero poder quedarme contigo por siempre.

Y ahí está, lo que esperaba que dijera. Fue mucho más de lo que esperaba y de lo que mi corazón anhelaba. No puedo detenerme a pensar en si nos vamos a separar o si vamos a poder decidir otra cosa diferente, llegado el momento. No puedo. Solo puedo verlo a él, con esa sonrisa que alborota mi corazón, con sus manos acariciando mi rostro. Reginald me tiene en un sueño, del que no quiero despertar.

—Re… ginald… la fortuna nos sonrió a ambos cuando cruzó nuestros caminos. —Suspiro con pena. —Y no quiero que esto suene como una despedida porque me iré solo dos días, pero cuando vuelva quizá todo comience a cambiar para ambos. Quiero decirte esto mientras aún somos Elisa Montgomery y Reginald Peters; los vecinos. Quienes se conocieron por obligación y se quedaron juntos por decisión, mientras no somos más que dos personas enamoradas. —La cercanía de su cara me tiene embobada. Su aroma masculino mezclado con su loción de pera me entra por las fosas nasales y embriaga mi cerebro. Sus labios rozando constantemente los míos hacen que pierda el hilo de mi idea principal, sin embargo me esfuerzo por continuar. —Te amo.

Te amo, con cada célula de mi cuerpo. No hay una parte de mí que no reaccione con oír tu nombre, o al sentirte cerca. Eres mi equilibrio perfecto. Te amo por los días cuando ensayas con tu banda y sacas tiempo para preocuparte por mí. Te amo por las noches cuando haces un esfuerzo para estar conmigo a pesar de morirte de sueño. Te amo cuando dices "dile a tus amigos" después de que alguien dice "somos Sunset Curve". Maldita sea, te amo cuando andas por ahí repartiendo las camisetas y cuando te toma tiempo entender algunas cosas porque eres tan inocente y adorable.

Te amo cuando tu alma de niño surge y cuando miras a tus amigos con cariño porque son tu familia. Te amo tan fervientemente que mi corazón podría explotar y te seguiré amando cuando seas famoso. Cuando llenes estadios, teatros y auditorios, cuando Sunset Curve llegue a la cima del éxito y me llene de orgullo el saber que conozco al bajista más espectacular del mundo. Te amaré Reg cada hora y segundo de mi vida, hasta que mi corazón deje de latir, aún si muero mañana en medio de la entrevista, te amaré en la muerte.

A pesar de que siento que todo está por cambiar estoy muy segura de nuestro amor. Estoy tan segura que ahora mismo podría caer muerta sin ningún arrepentimiento. Me da miedo que no le quede claro y las cosas entre nosotros retrocedan tres pasos. Los brazos de Reg me rodean y yo me acomodo sobre su regazo. Disfruto del palpitar de su corazón en mi oído y la vibración de su voz resuena de una manera extraña.

—Elisa Montgomery mañana en tu entrevista quiero que entres llena de confianza. Que te luzcas de verdad y demuestres quien eres, gánatelo. —Básicamente me está pidiendo que de todo y termine alejándome de él, por cumplir mi sueño. Supongo que esto sí es amor, no se siente mal, de hecho, es todo lo contrario. —Y por favor vuelve con la mejor noticia… y llega a tiempo a nuestra presentación.

—Llegaré mucho antes de que toquen Reg, lo prometo estaré ahí sin importar qué. —Regs deja un beso en mi frente. —Así tenga que volar.

Él se queda callado por tanto tiempo que sus latidos se van haciendo más lentos y su respiración es más pausada. Se ha quedado dormido y yo lo tardo en seguir sus pasos. Al despertar el sol está saliendo y mi reloj indica que ya es hora de partir, mi corazón se pone nervioso por la entrevista, por el concierto de los chicos y por el futuro.

Llamo a Reginald quien me ayuda a bajar mi maleta. Mientras la pone en el carro de mi papá, Luke se acerca conmigo para despedirse.

De reojo veo como se acercan Alex y Bobby, resulta extraño que Alex y Luke no lleguen juntos, pero desde que su relación terminó un par de semanas atrás las cosas son un poco diferentes. No extrañas, pero diferentes. Los dos no se sienten incómodos entre ellos, puedo notarlo. No es nada de eso. Solo es lo mucho que se quieren y lo poco que funcionó

Todavía son amigos y eso le facilita la vida a la banda. Aunque yo aún quiero saber que fue lo que sucedió. Luke no fue detallado y Alex y yo no hemos podido charlar como quisiéramos.

Me espero un poco para poder decirles lo mismo a los tres juntos, pero de momento me aferro a Luke en un abrazo que se siente demasiado bien. Inspiro su olor a menta con fuerza para que se quede en mi memoria todo el camino. Él acaricia mi cabeza con cariño, casi haciéndome dormir.

No puedo recordar la última vez que estuvimos separados por mas de medio día y por alguna extraña razón me siento melancólica.

He tenido esa sensación por días y es cada vez más intensa. Siento que una vez que me vaya nada estará bien, es un mal presentimiento y por eso me aprieto más a Luke y cuando siento a los otros cerca los jalo para que se unan a mi abrazo.

Ambos se resisten a mi cariño, pero terminan cediendo cuando les hago mala cara. Pronto siento como Reg se une al abrazo y esta despedida duele más de lo que pensaba.

—Okey chicos necesito que me escuchen con atención ¿sí? —Los miro con furia para que les quede claro. —Yo volveré para su ensayo previo, aún así quiero que sepan algunas cosas, no me quiero ir sin decirlo. —Ellos me ven con seriedad, tragan saliva.

Mis ojos se aguardan cuando los veo y Luke parece a punto de entrar en pánico, así que me trago mis lagrimas. Me regulo un poco y respiro profundo.

—Serán solo dos días Elisa. —Bobby intenta tranquilizarme, pero él se ve igual de asustado que yo. Asiento y tomo la mano de Bobby y Alex.

—Bobby, sé que son dos días, pero voy a extrañar las llamadas antes de ir a la escuela. Y que mamá siempre nos regañe porque nos veremos media hora después. Hablar contigo siempre me alegra. —Bobby me aprieta la mano y sonríe. —Y por favor, toma los descansos en serio como descansos. No quiero que te presiones pensando en que pudiste tocar mejor una canción. Solo fluye, ¿de acuerdo? Estarás bien y recuerda mantener la confianza en tu instrumento. Te quiero.

—Considéralo hecho Els, no me voy a aferrar a los errores. —Bobby me guiña un ojo y me abraza con cariño. Le regreso el abrazo con tanta fuerza que le cuesta seguir hablado. —Te deseo mucho éxito en tu entrevista. Acábalos... bueno no de una manera literal, pero tú me entiendes. Por cierto, tráeme una camiseta. —Bobby deja un sonoro beso en mi mejilla, haciéndome reír. —Te quiero muchísimo.

Asiento viendo a mi amigo con lágrimas en los ojos y lo suelto para abrazar una vez más a Luke. Y aunque sé que todos están escuchando, no me reprimo ni un poco con lo que diré.

—¿Quién diría que el chico que me dio mi primer beso sería una futura estrella? Será una historia increíble. —Le guiño un ojo y todos ríen. —Sabes que hacer Luke. Que tu música conecte con todos y que tus cuerdas estén afinadas. Estoy orgullosa de lo qué haces, pero recuerda hacer aquello de lo que hablamos.

Luke aprieta los labios porque sabe que hablo de su mamá. Me tiembla la risa mientras intento contener las lagrimas.

—No vayas a llorar Elisa. —Me suplica.

—¿Crees que no sé qué te asusta verme llorar?

—No me asusta, solo sé que necesitas privacidad para llorar.

Cierro los ojos espantando las lagrimas. Le doy un beso en la mejilla y le sonrío intentando demostrarle todo mi cariño.

—It's now or never, L.

—It's now or never E. —Suelta una de esas risas tiernas de agradecimiento que tiene y mi corazón se encoge. —Gracias por dejarme quedar en tu casa y aguantarme. ¡Ah! Y por escuchar mis canciones. Gracias por ayudarme con Crooked Teeth. —Me guiña un ojo y escucho la risa de Bobby y Alex. Ruedo los ojos porque yo no le ayudé como él dice, yo solo le pedí que escribiera una canción sobre Reginald para poder recordarlo en mi viaje y él salió con eso. —Se un meteorito mañana, que no sepan que los golpeó. Da la mejor entrevista de tu vida.

No quiero alejarme de él porque sigue Alex y es con quien podría terminar llorando a mares, es quien me puede sacar mi lado más tierno. Lo veo con una sonrisa dulce y tierna y mi corazón se apachurra más. Es como si todo mi sarcasmo y humor negro no pudiera salir con ellos.

¿Qué es ese horrible sentimiento en mi pecho? ¿A caso será este el ultimo momento que tendré con ellos así? Me borro la idea de mi cabeza y me tiro sobre Alex, como es más alto que yo por mucho me cuelgo de su cuello. Él me levanta y yo comienzo a sollozar.

—Al, Alexcito, Alex mi favorito, mi dios de la batería, mi Apolo, destroza esas baquetas. Recuerda lo poderoso que eres ¿sí? —Lloriqueo en su hombro. —Voy a extrañarte tanto, ojalá los días vuelen y pueda verte de nuevo más pronto de lo que espero.

—Estará todo bien Lizzi, nos veremos de nuevo. —Ninguno de los cuatro entiende mi despedida tan nostálgica, pero hay una sensación dentro de mi pecho que no me deja tranquila. —Deja de crear malos escenarios en tu cabeza. Cuando vuelvas tendré para ti un pastel enorme que diga "lo hicimos" y festejaremos nuestros triunfos. Por favor no llores, quiero verte feliz.

—Estoy feliz, solo quiero irme sin arrepentimientos. Irme tranquila. —Alex asiente, me deja en el suelo y deposita un beso en mi frente. —Los tres son como mis hermanos, son mi familia y no podría estar más feliz de verlos triunfar en esta vida. Nos volveremos a ver cuando Sunset Curve esté cruzando la puerta al camino de ser una leyenda.

Los tres asienten y hacen chocan las palmas conmigo. Me dirijo a Reggie con el corazón destrozado. No quiero romperme así, quiero decir algo ingenioso y hacerlo reír. Irme con un buen sabor de boca, pero no puedo.

—Te amo, no puedo decir nada que no haya dicho antes. Te veré pronto y te veré esta noche en las estrellas. —Reg me besa. Nuestras lagrimas se mezclan y el beso sabe a nostalgia. —Ya te extraño.

—Yo a ti, te amo, te amo, te amo. —No hay más palabras entre nosotros y no es necesario. Todo lo que nos dijimos en privado fue suficiente y me quedo con los momentos privados entre nosotros.

Le doy un último abrazo y sonrío. Le lanzo un beso mientras abro la puerta del carro. Una vez que estoy adentro y ellos están en mi pórtico les grito desde ahí.

—Prometan que dejarán de comer esos asquerosos hot-dogs. Saben horrible y no quiero que les haga daño. —Ellos ruedan los ojos y agitan las manos restándole importancia a lo que digo. —Prométanlo estúpidos.

Mi papá arranca y se aleja de ellos, yo solo escucho a Bobby que me lo promete. Los demás se despiden con una sonrisa traviesa y yo hago un saludo militar mientras les guiño el ojo con resignación. Me meto bien al carro y me hecho a llorar.

Mi papá dice que no sea tan dramática porque los veré en dos días, pero no sé cómo explicarle que algo dentro de mí me dice que no es así. No sé cómo explicárselo a nadie y es frustrante. No me puedo quitar la idea de la cabeza y tengo miedo por los chicos y por mí.