Harry Potter no me pertenece
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Capítulo 2 - Todos hemos cambiado. Todos.
—¿Dónde estabas? —Harry escuchó a su amigo preguntar, pero la verdad no estaba con ánimos de responder, por lo que decidió ignorarlo y pretender que no entendió la pregunta.
—¿Harry? —cuestionó Hermione con curiosidad. Suspiró de manera disimulada pensando en que esta vez no podría salirse con la suya.
—Solo fui a dar un vistazo al tren y ver cómo están las cosas —respondió sin mirarlos mientras fingía enfocarse en una tarjeta de chocolate que tenía en sus manos—. Nada fuera de lo normal.
Harry notó que ambos callaron y no pudo no bufar. Otra vez lo mismo. Sus amigos siempre tenían esas dos etapas: o lo obligaban a hablar de la guerra en un intento de hacerlo sentir mejor, o no lo hacían hablar en absoluto pero a cambio le dirigían una mirada de pena inmensa como si fuera alguien débil. A veces no los entendía; sin embargo, intentaba hacerlo, porque ni él mismo lo hacía.
Harry a veces quería huir del mundo y no dejarse ver jamás, y en otras ocasiones solo quería que alguien lo abrazara y escuchara todo lo que tenía que decir con respecto a sus temores y en cómo se sentía en general.
Podría hablar con ellos. Hermione era buenísima dando consejos y Ron siempre lo escuchaba. Y ambos lo querían. Pero Potter no pensaba que lo entenderían. Cada uno tenía sus propios traumas y habían pasado por distintas cosas para llegar a donde estaban. Todos habían sufrido y luchado hasta el final. No obstante, sentía que a veces el único estancado era él, mientras que sus dos mejores amigos estaban siguiendo su vida lo más normal posible en Hogwarts.
La parejita del trío dorado ya estaba planeando qué harían en su primera visita a Hogsmeade mientras que él todavía recordaba cómo el año pasado casi fue capturado por mortífagos de no ser por la ayuda del hermano del ex director Albus Dumbledore. También recordaba sexto, año en el que los mortífagos entraron a Hogwarts mientras él y Dumbledore no estaban ahí por haber ido a capturar un horrocrux que resultó ser falso. Pensó en la noche en que regresaron de su cometido y cómo desde Hogsmeade podía visualizarse la marca tenebrosa en la parte alta del castillo. Harry no estaba seguro de cómo iba a ir al pequeño pueblo que antes había sido uno de sus lugares favoritos, sin poder temblar.
Por esta vez, volteó a ver a sus amigos y confirmó con pesar sus sospechas. Ambos lo miraban con mucha tristeza. Decidió ignorarlo.
—No sabía que había regresado. —soltó de pronto mientras se hacía el desinteresado y tomaba otra fundita de rana de chocolate.
—¿Quién, compañero? —preguntó Ron.
—Malfoy.
Hubo un silencio incómodo que duró al menos unos segundos hasta que Hermione abrió su boca para hablar, no sin titubear algunas veces al inicio.
—No sabía que Malfoy había regresado.
El elegido se encogió de hombros.
—Bueno, acabo de verlo.
—¿Hablaste con él? —La voz de Ron sonó algo incómoda, incluso hostil, y Harry temió haberlo cagado. Bueno, era verdad, Malfoy había pertenecido al otro bando.
Pero la guerra había terminado, ¿no?
No había una razón para pelear, ¿verdad?
¿Verdad?
Harry ya no quería pelear más.
—Solo cruzamos unas cuantas palabras, y-
—¡¿Y ese imbecil no te hechizó o algo?! —Harry estuvo a punto de quejarse, pero no fue necesario, porque Hermione comenzó a soltar un sermón al pelirrojo por lo anteriormente dicho.
—¡Ron, la guerra ya terminó! ¡No hay razón por la que debamos seguir discutiendo con Malfoy!
—¡Pero es Malfoy! ¡Y no es solo por la guerra, tú sabes que es un completo idiota!
—¡Claro que lo sé! Y no estoy diciendo que tenemos que ser amigos o algo así, solo que debemos ignorarlo.
—Pues yo dudo mucho que él nos ignore. Ha de aprovechar el mejor momento para atacarnos o algo así. O al menos a Harry.
—De hecho... —comenzó nuevamente Potter—, yo lo vi algo suave... Me refiero a que charlamos un poco y no peleamos para nada. Claro que fue algo antipático al inicio, pero... sigo vivo.
—Sigues vivo. Oh, qué consuelo. Era obvio que no iba a hacerte nada en el tren. Tiene desventaja.
—¡Ron! —volvió a gritar Hermione—. ¡Todos hemos cambiado!
—Pues a mí me da igual si cambió o no. Solo que no se meta con nosotros y todo estará bien.
—¡El único que se está metiendo con él ahora eres tú!
—¡¿En serio vamos a discutir por Malfoy?! ¡¿Exactamente por Malfoy?!
Y sí, comenzaron a pelear.
Harry no quería formar parte de esa confrontación, por lo que nuevamente salió de su cabina a seguir recorriendo. Se topó con unas cuantas caras conocidas, entre ellas Ginny, quien se encontraba conversando de forma muy animada con sus amigos. Sonrió ligeramente al verla, había dejado de mirarla como algo más, pero le tenía mucho aprecio a pesar de todo lo que le dijo cuando intentó terminar con ella. Esperaba poder ser otra vez su amigo en algún momento.
Siguió avanzando y encontró la cabina de Luna y Neville. Estaban conversando sobre una especie de planta que verían en clase de Herbología este año y en qué hechizos nuevos de defensa aprenderían. El ambiente se sentía muy cálido y agradable, y por esa razón, Harry salió de su capa invisible para presentarse ante ellos.
—¡Hola! —exclamó con más entusiasmo del que realmente deseaba demostrar. Soltó una risita involuntaria cuando escuchó a Neville soltar un grito muy agudo debido al susto. Luna, por su parte, como si lo hubiera estado esperando, esbozó una amplia sonrisa.
—¡Harry! ¿Cómo estás? —saludó ella y el niño-que-vivió se sentó a su lado.
—Muy bien, ¿y ustedes? —preguntó mientras observaba de reojo que a Neville se le pasaba el susto.
—Merlín, Harry, nunca vuelvas a hacer eso. —Neville suspiró y posteriormente sonrió también—. Pero estoy muy feliz de verte. Creí que este año no vendrías. ¿Dónde has estado? No hemos sabido de ti en meses. Lo último que supe es que te habían visto por el Callejón Diagon, pero yo pensaba que era por asuntos personales, no creí que realmente regresaría a Hogwarts. ¡Estoy muy contento de que estés aquí!
Potter supo al instante que Luna no le había mencionado que se habían encontrado ese mismo día en el Callejón Diagon, justo después de que el pánico lo venciera. Agradeció mentalmente a su amiga por tal gesto.
No esperaba sentirse tan bien con ellos, pero lo estuvo. Pasó el resto del viaje con ambos jóvenes y charlaron acerca de sus vacaciones. Harry no habló mucho, pero se dedicó a escuchar, y sintió alivio en su corazón cuando se dio cuenta que realmente estaba disfrutando la conversación. Por unos minutos pudo olvidarse del tremendo miedo que sentía por llegar a Hogwarts y escuchó a los demás hasta que el tren al fin llegó a su destino. Se escuchó chillidos de emoción, probablemente los de primer año, y el tren poco a poco comenzó a bajar velocidad hasta detenerse por completo.
—¡Al fin llegamos! —exclamó Luna mientas se ponía de pie—. Hay que darnos prisa.
—Ahora vamos, Luna —respondió Neville con amabilidad.
Luna no esperó otra respuesta y salió hacia el pasillo dejando a los dos jóvenes solos. Harry estuvo a punto de salir también cuando sintió la mano de Longbottom tomar su brazo y detenerlo.
—¿Neville?
—Harry... ¿Estás bien? —preguntó Neville en voz baja—. Te he notado algo raro hoy.
¿Estaba bien?
Harry creía que no, pero no contaba con que alguien más se daría cuenta. Estaba completamente seguro de que las únicas personas que lo conocían con exactitud eran Ron y Hermione, mientras que ante los demás era muy sencillo hacerse ver como Harry-el-niño-que-vivió y no como Harry-el-niño-que-tiene-miedo-de-volver-a-Hogwarts. La pregunta lo dejó descolocado y estuvo tentado a fingir su mejor sonrisa y comportarse como el héroe que se suponía que era.
Pero Neville se veía tan preocupado y a su vez tan decidido y Harry se sintió mal por querer mentirle.
—¿Tú lo estás? —preguntó en cambio.
Claro que no esperó que Neville negara con la cabeza tan pronto escuchó esa interrogante.
—No, por supuesto que no. La guerra nos afectó mucho a todos en diversos aspectos. Y si yo me siento así, no quiero ni imaginar cómo debes sentirte tú. No sólo triste, sino frustrado y cansado.
Harry se quedó sin palabras. Agachó la mirada y se puso algo incómodo. No podía refutar a eso. Sin embargo, no pudo negar que se sintió algo comprendido. Estaba feliz de que Neville no fuera de ese grupo que pensaba que por ser el Salvador del mundo mágico debía irradiar felicidad por todos lados. Estaba triste, estaba frustrado, y maldita sea, por supuesto que se sentía cansado. El agotamiento ahora formaba parte de su ser y no parecía quererse ir por nada.
—No quería venir —confesó con vergüenza.
Esperó alguna réplica. Alguna pregunta acerca de su actual paradero o incluso una queja. ¿Por qué decidió venir a Hogwarts si no quería hacerlo?
Pero no, solo recibió un asentimiento comprensivo y una sonrisa ligera. Comenzó a pensar que no importara que llevara hablando con Neville casi 8 años, todavía no podía conocerlo por completo.
—Supongo que una vez en Hogwarts encontrarás tu verdadero camino. No te frustres, Harry, vas a encontrarte a ti mismo y estarás de mejor ánimo cuando eso pase. Mientras tanto, creo que no es necesario decirte que puedes confiar en mí para lo que sea. Sé que no soy tan cercano a ti como Ron o Hermione, pero te aprecio mucho y eres un buen amigo. Si puedo hacer algo que esté a mi alcance estaré encantado.
Harry, quien no esperó aquello, solo sonrió poquito y bajó la mirada, pensando en lo mucho que Neville había cambiado también.
—Gracias, Neville. —Potter no añadió algunas palabras de aliento para su amigo, pues con su ánimo realmente no sentía algo bueno por decir, y la verdad quería ser totalmente honesto.
—No es nada, Harry. Ahora vamos que Luna nos debe haber guardado puesto.
En efecto, cuando salieron del tren y se dirigieron a los carruajes que los llevarían volando al castillo, Harry cayó en cuenta de que la mayoría de estudiantes (quitando a los de primer año y segundo año) podían ver a los thestrals que sostenían los carruajes. Se le encogió el corazón al recordar el porqué ahora eran visibles para casi todos. Llegaron a un carruaje en el que ya estaban subidos sus amigos: Luna, Ron y Hermione. Neville y él se subieron con cuidado y no dijeron nada hasta segundos después que Hermione decidió retomar la conversación.
—¿Por qué Ginny no quiso acompañarnos? —preguntó la castaña a su novio, quien se encogió de hombros con cautela mientras observaba a su mejor amigo de reojo.
Harry se contuvo de hacer una mueca.
—Decidió ir con los amigos de su año. No los ve desde hace tiempo y a nosotros nos veía casi todos los días.
Harry no respondió a aquello y agradeció que nadie más lo hiciera. Era obvio que Ginny ahora no quería verlo. Lo entendía, de verdad que sí; pero de igual manera sentía feo el que estuviera enojada con él solo por haber sido sincero. ¿Qué podría haber hecho? ¿Seguir siendo novios habría sido la mejor solución? ¿Ginny habría seguido feliz después de notar que él no iba a poner de parte en su relación? Harry trataba de convencerse de que había tomado la decisión correcta, incluso si los demás se decepcionaban. Todavía recordaba a su amigo Ron en su habitación reclamándole por su elección. Harry trató de explicarlo y hasta que no tuvo un maldito ataque de pánico en frente de su mejor amigo, no lo dejó en paz. Ron lo ayudó y aunque dejaron el tema de lado después de que el pelirrojo se disculpara, el elegido se quedó con un mal sabor de boca y con la sensación de haber tomando la peor decisión de su vida.
Fue ahí que decidió no ir más a La Madriguera por más que lo invitaran.
Harry observó a su mejor amigo quien estaba con el ceño fruncido y una expresión fastidiada. Alzó las cejas.
—¿Y a ti qué te pasa? —le preguntó, ganándose un bufido.
—Lo que pasa es que está enojado porque comprobó que lo dije anteriormente era cierto —respondió Hermione con una expresión orgullosa. Ron bufó de nuevo.
—¿De qué hablas? —preguntó el-niño-que-vivió.
—Hace rato, cuando volviste a irte y el tren se detuvo, Malfoy pasó cerca de nosotros. Y entonces él-
—¡Nos saludó! ¿Puedes creerte eso, Harry? ¡Nos saludó como si fuéramos amigos de toda la vida! ¡No sabes lo escalofriante que fue!
—¡Tampoco exageres! Apenas y nombró nuestros apellidos. Solo dijo "Weasley, Granger". Fue un saludo cordial. De hecho, podría jurar que estaba tenso.
Harry parpadeó cuando ambos jóvenes se voltearon a verlo, casi como pidiendo su opinión. Todavía no entendía por qué sus amigos se empañaban en meterlo en sus discusiones y decirle que expresara su punto de vista como si tuviera nada que ver. Lo notaba absurdo.
Al menos esta vez sí tenía algo por decir.
—Bueno, les dije que estaba más suave.
—¿Malfoy? —se metió Neville a la conversación—. El otro día me lo topé en el Callejón Diagon y... —Neville se interrumpió a sí mismo al notar las miradas repletas de curiosidad. Parecía arrepentido de haber sacado el tema—... Bueno, hablamos un poco. Y fue amable.
—¿Malfoy amable? —cuestionó Ron.
—Ya supera, Ron, incluso nos saludó —repuso Hermione rodando los ojos.
—Pero-
—¡Yo también he hablado con Draco algunas veces! —habló Luna llamando la atención de todos—. Es muy tierno a veces.
—¿Tierno?
Se quedaron en silencio, al parecer sin poder procesar la información.
Como si lo hubieran llamado, Draco Malfoy apareció en su campo de visión con una apariencia desalentada. Harry vio claramente cómo el rubio se acercaba a un carruaje cercano al de ellos y le decía algo a los estudiantes que ya estaban ahí. Aquellos muchachos le hicieron una mueca y una negativa con la cabeza antes de que Malfoy solo asintiera levemente y se fuera al carruaje que estaba a su lado. Se volvió a repetir la misma escenas.
Se notaba con claridad que no querían dejarlo subir.
—¡Malfoy! —gritó para sorpresa de todos. El nombrado al escuchar su nombre se volteó y abrió los ojos desmesuradamente al ver al niño-que-vivió llamándolo. Se quedó de pie por unos segundos sin saber qué decir. Harry aprovechó ese momento para volver a hablar—. ¡Ven! ¡Acá hay espacio!
—Harry, ¿qué crees que haces? —susurró Ron a su lado.
Harry no contestó, pero su mirada nunca dejó la de Malfoy. Notó al rubio vacilar y mirar a los otros carruajes, como buscando otra alternativa; tres segundos después, suspiró sonoramente y se dirigió hacia ellos a pasos lentos.
—¿Hay un espacio en el que me pueda sentar? —preguntó Malfoy en voz baja sin atreverse a mirar a todos.
—Por eso te llamé —contestó Harry.
—Bueno, Potter, siempre puedes arrepentirte.
—No lo haré. Yo estoy de acuerdo y los demás también, ¿verdad muchachos? —Ron se quedó quieto en su sitio pero los demás accedieron sin problema—. ¿Lo ves?
Draco se quedó un segundo más de pie antes de que subirse lentamente en el carruaje. Cuando lo hizo, un silencio absoluto los invadió.
Harry, a pesar de sentir el ambiente un poco incómodo, no se arrepintió para nada. Es verdad, nadie hablaba como solían hacerlo en este recorrido, pero tampoco se notaba un entorno desagradable. De hecho, la llegada de Malfoy fue tan común como si alguien más hubiera venido a sentarse con ellos. Lo observó de reojo y lo atrapó viéndolo con los ojos entrecerrados. Malfoy debía pensar que planeaba algo. Harry rió en sus adentros, no sabía cómo decirle que ya no quería más disputas con él.
Pensándolo bien, no comprendía por qué estaba siendo tan amable con Malfoy desde que lo vio hace sólo quince minutos. ¿Le tenía pena? ¿Se sentía identificado con él? El verlo así tan abatido y no con su típica expresión de "me creo el rey del mundo" había tocado en su corazón y le hizo recordar que él también sufrió. Hermione tenía razón: todos, cambiaron. Malfoy obviamente no sería la primera excepción.
Siguió pensando hasta recordar a los otros muchachos que no dejaron al rubio subirse a su carruaje. Estaban incómodos, por no decir asqueados de tener a un Malfoy tan cerca de ellos. ¿Acaso Malfoy no iba a ser igual de aceptado en Hogwarts? Harry no entendía por qué. El había pertenecido al otro bando pero gracias a él, pudo salir con vida de la Mansión Malfoy. Esperaba estar solo un poco paranoico.
Además-
—Deja de mirarme, Potter. Lo estás volviendo incómodo —susurró el rubio mientras volteaba la cabeza y fruncía el ceño.
Harry se sonrojó un poquito por haber sido descubierto.
—Ah... Lo siento.
Una vez terminó el recorrido y llegaron al castillo, Malfoy fue el primero en bajarse y salir casi corriendo de ahí. Afortunadamente, nadie dijo nada al respecto.
La ceremonia en el Gran Comedor fue un poco diferente a como solía ser. Estaba todo ambientado como los años anteriores, pero no se percibía la misma alegría de siempre. Harry cayó en cuenta de que la mesa de Slytherin estaba casi vacía a diferencia de las demás, y se enfocó nuevamente en Malfoy, quien estaba apartado de sus demás compañeros, únicamente con Parkinson y Zabini a su lado. La nueva directa, Minerva McGonagall, dio las típicas palabras de bienvenida, haciendo alusión a la guerra que recién pasaba y aconsejando a los estudiantes a confiar en sus maestros por cualquier tipo de anomalía que estuviera pasando en el castillo. Hizo una mención especial a algunos involucrados en la guerra, lo cual Harry deseó que no lo hubiera hecho, pues cuando su nombre fue dicho en voz alta, la mayoría de la multitud comenzó a enloquecer de aplausos y barbullos. Suspiró una vez el ruido por fin cesó.
Cuando se realizó la ceremonia de la elección de casas, Potter notó que la mayoría de los estudiantes de primer año que eran sorteados en Slytherin se veían inconformes o hasta molestos, lo cual lo hizo enojar a él también. Era verdad que ahora esa casa tenía una pésima fama, pero se suponía que la nueva generación eran los encargados de fomentar un cambio ahí, ¿no? Lo peor que podría pasar era estar en una casa que no era de tu agrado.
—Las cosas en Slytherin no parecen ir bien, ¿verdad? —El elegido volteó la cabeza ante la voz de su amiga, quien posaba su mirada en él con ímpetu. Asintió.
—Espero que este mal rato pase. Se supone que la guerra impulsó la unión entre todos. Nadie aquí tiene rencor hacia los Slytherin, es injusto que exactamente los de primer año lo tengan sin saber por todo lo que han pasado muchos.
—Eso no lo sabes, Harry. El que nosotros no tengamos ningún rencor hacia ellos no quiere decir que los demás piensen igual.
—Lo sé, pero... me gustaría pensar que... ya no hay ningún tipo de rivalidad.
—Siempre habrá rivalidad, Harry.
—Y eso es tonto.
—¿Qué es tonto? —preguntó Ron de la nada ante la afirmación de su amigo. Harry y Hermione lo miraron y esbozafon una mueca al verlo comer de forma descuidada.
—La manera en la que comes, Ronald —se quejó Hermione.
—¡Oye!
Harry dejó de prestarles atención.
Después de unas recomendaciones adicionales, todos los estudiantes se pusieron de pie para ir a sus respectivas salas comunes. Se podía sentir un aire medianamente pesado, lo cual conseguía que a Harry se le pusiera la piel de gallina. No le gustaba los extremos: o sentía las miradas cargadas de pena por parte de sus compañeros o las miradas admiradas de los menores. No sabía si iba a soportar eso todo el año y más le valía que no y las cosas se calmaran más adelante.
Mientras miraba de forma distraída a los alrededores, pudo percibir a lo lejos a un joven Ravenclaw poniéndole el pie de forma discreta a nada más y nada menos que a Draco Malfoy, quien tropezó y cayó de rodillas. Las risas de los demás no faltaron.
Estuvo a punto de darse la vuelta y ayudar al rubio, pero una mano en su muñeca lo detuvo de forma abrupta. Al inicio sintió pánico de sentirse tocado, pero al ver la mano de su mejor amiga suspiró, mas esbozó una mueca por haber sido detenido.
—No te metas, Harry.
Quiso replicar, pero se mantuvo callado para evitar problemas. Se enfocó nuevamente en la escena, pero Malfoy ya se había ido; sin embargo, habían estudiantes riéndose aún.
Con una sensación extraña en su interior, se dirigió a su sala común.
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Dos semanas después, Harry temía haberse obsesionado de nuevo con Draco Malfoy como pasó en sexto año.
Lo primero que pudo notar fue que el rubio ahora no se metía con nadie, ni siquiera con él y sus amigos. Cada vez que se topaban, se ignoraban o saludaban de manera silenciosa. Hermione y Ron seguían sorprendidos por esa cuestión, pero Harry no le daba mucha importancia al asunto, solo era un ligero saludo de cabeza. Ni siquiera habían hablado desde que comenzó el curso.
Lo segundo y tal vez lo más alarmante que descubrió, fue que ahora Draco Malfoy era el objetivo de burlas de muchos estudiantes, mayormente de quinto y sexto, pues los de séptimo y octavo solo optaban por hacer caso omiso de él. Por otro lado, los de los primeros años no lo agredían de forma directa pero sí le dirigían miradas groseras o bien hablaban mal a sus espaldas. Eso definitivamente desagradó a Harry.
Por otro lado, se había convertido en costumbre el llevar su capa invisible a todos lados, porque si bien tenía sus momentos de privacidad, la mayor parte del tiempo estaba rodeado de personas agradecidas que no lo dejaban caminar tranquilo. Se sentía agobiado y casi no podía pasar tiempo con sus amigos.
Todavía no estaba seguro de si le agradaba o no el haber regresado a Hogwarts. Lo único bueno de todo el asunto era que al fin podía realizar sus tareas sin ningún tipo de interrupción o sin que ningún loco estuviera intentando matarlo. Pasaba mucho más tiempo en la biblioteca y debía admitir que no era tan terrible como antes pensaba. De hecho, le gustaba muchísimo el silencio que se extendía ahí. Se estaba convirtiendo en su nuevo lugar favorito.
Seguía siendo malo en pociones, pero no tanto como antes. Después de pensarlo demasiado, decidió contarle al profesor Slughorn la verdad acerca de cómo sacaba buenas calificaciones en sexto año. Se sintió pésimo cuando recibió una mirada decepcionada al inicio, pero el remordimiento pasó a la sorpresa cuando el profesor le aseguró que no había ningún problema y que le agradecía por haber sido sincero. Y que no importaba si no había heredado el talento de su madre Lily con las pociones, porque lo que sí poseía era su valentía y fortaleza y eso era mucho más importante que cualquier materia.
A partir de ese momento, cuando el profesor se acercaba a él en clase no era para halagarlo, sino para ayudarlo en cualquier duda que tuviera. Harry admitía que el favoritismo nunca fue de su agrado, pero no podía negar que este cambio lo hacía sentirse muy tranquilo.
Otro asunto que lo tenía inconforme, era el hecho de que la materia de Defensa contra las Artes Oscuras se había suspendido temporalmente debido a la falta de un maestro que pudiera impartir la materia. La directora aseguraba que a finales del mes ya tendrían un docente nuevo, pero sinceramente Harry dudaba que alguien quisiera hacerse cargo de tal puesto.
Se encontraba rumbo hacia la biblioteca cuando vio a lo lejos a Draco Malfoy caminando con rapidez hacia otro pasillo. Alzó una ceja y lo siguió lo más rápido que pudo. No por el hecho de querer vigilarlo o algo similar, sino porque su brazo se veía herido y sangraba.
Realmente esperaba que aquella herida fuera producto de un accidente y no por una mala broma o algo similar.
Harry siguió a Malfoy por un buen tramo hasta llegar al baño de Myrtle la llorona, sorprendiéndose de verlo vacío y no con la fantasma a sus alrededores. Se escondió lo mejor que pudo y al ver al otro muchacho apoyar sus manos en el lavabo y apretando sus puños como si estuviera conteniendo sus emociones, recuerdos de una pelea ahí llegaron a su mente nublando sus sentidos y consiguiendo que la ansiedad lo invadiera. Se esforzó por concentrarse lo mejor posible.
Trató de acercarse un poco más queriendo ayudar en algo, y un sobresalto lo inundó cuando escuchó unos sollozos provenientes del chico que estaba en frente suyo.
—¿Malfoy? —cuestionó lo suficientemente fuerte como para ser escuchado.
El nombrado se tensó en su sitio y lentamente se dio la vuelta, de tal manera que los ojos de ambos hicieran contacto visual.
Harry parpadeó por lo que pudo presenciar, y no supo qué hacer con la imagen que se presentaba ante él.
Draco Lucius Malfoy estaba llorando.
Llorando de verdad.
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Holaaaa cx
Este es un nuevo capítulo de esta historia. Me gustaría saber qué les parece hasta ahora (: si piensan que la trama está muy lenta o muy rápida, si los capítulos están bien o a lo mejor están tediosos, ¡todo lo que ustedes deseen comentar será muy bien recibido!
Como les dije, va a ser un slow burn, así que no es que Harry y Draco se vayan a enamorar de la noche a la mañana, pero es que Harry en el canon siempre fue RE obsesivo con Draco, así que yo dije tENGO QUE RECALCAR ESO SÍ O SÍ JAJAKKAAJDLSKS.
En fin, espero que les esté gustando, escribo con mucho gusto y no saben el amor que le tengo a Harry *cry*
No tengo un día fijo de actualización ya que yo escribo en base al tiempo libre que consigo de la u (estudio arquitectura, a veces no tengo tiempo ni para respirar jaja) pero trataré de ser lo más constante que pueda.
¡Nos vemos pronto!
