Harry Potter no me pertenece
~~~
Capítulo 3 - Pensar en uno mismo no hace daño
—¿Estás bien?
Harry no sabía qué lo había impulsado a preguntar, pero el ver a Draco Malfoy en el baño de Myrtle la llorona limpiándose unas heridas y con los ojos hinchados, lo hizo encender unas alarmas en su interior que no supo cómo apagar. Era extraño, era tan extraño ver a su enemigo jurado, quien siempre se había jactado de ser lo suficientemente fuerte como para recibir ayuda, así de indispuesto y desdichado. Casi parecía lamentable. Y aunque él mismo tampoco estuviera pasando por un buen momento, no podía negarle algo de ayuda, sobre todo si se tomaba en cuenta que la misma ayuda de ese rubio fue beneficiosa para que el bando de luz venciera en la guerra.
La guerra. La maldita guerra. Odiaba no poder olvidarse de aquello en ningún momento.
Harry seguía pensando en cuánto tiempo tendría que pasar para que ese episodio de su vida quedara como un mero recuerdo. No importaba que fuera uno doloroso o amargo, pero si se volvía un recuerdo sería más fácil de sobrellevar.
Pero ahora no podía denominarlo así, definitivamente no cuando todos los días tenía la sensación de que la destacada guerra todavía no había terminado y que de la nada Lord Voldemort renacería de las tinieblas y regresarían con el fin de volverlo a matar. No cuando las conmociones que presentó en esa batalla seguían vivas en su ser, quemando todo a su paso y dejándolo sin respiración. No cuando ni bien cerraba sus ojos, el rostro de todas aquellas personas que murieron luchando aparecía como un recordatorio de todos esos sacrificios, de que aquello realmente pasó.
Quiso llorar otra vez, pero se contuvo.
Se enfocó nuevamente en Malfoy y no le sorprendió notarlo a la defensiva. Era lo mínimo que se esperaba de él.
—¿Qué mierda haces aquí, Potter? —escupió el rubio con rabia. Se levantó y Harry dio un paso hacia atrás recordando de repente lo que pasó entre ellos la última vez que estuvieron en ese sitio. Y al parecer el otro muchacho se acordó de lo mismo, porque añadió—: ¿Acaso vas a lanzarme otro sectumsempra? Porque si es así sería muy bajo hasta para ti sabiendo que no podré defenderme.
Potter se molestó.
—¡Por supuesto que no voy a hacer nada de eso, imbecil!
—¿Entonces qué haces aquí?
¿Qué hacía Harry ahí? Ni él mismo lo sabía.
—Solo... te vi con esa herida y quise auxiliarte un poco. —Bueno, fue sincero. Sin embargo, la reacción contraria estuvo muy lejos de verse agradecida.
—¿Disculpa? ¿Acaso quisiste hacerte el héroe conmigo? Porque de hacerlo, te diré muy amablemente que te vayas a la mierda. Yo no necesito de tu compasión ni mucho menos de tu complejo de héroe.
¿Cómo hablar con Draco Malfoy sin que este se pusiera a pelear desde el inicio y lo insultara?
Harry no respondió por un segundo, y estuvo a punto de hacerle caso y retirarse, pero entonces cayó en cuenta de que el brazo de Draco realmente se veía lastimado y el otro joven parecía no querer ir a la enfermería.
Avanzó unos pasos y casi rió cuando Malfoy caminó en reversa con extrañeza, parecía un gatito asustado. La comparación lo hizo parpadear algo sorprendido.
—¿Qué te pasó en el brazo?
—¿Qué demonios te importa? Ya te dije, Potter. Lárgate.
Harry advirtió con tiempo que Draco no estaba siendo borde con él por gusto, pues desde que comenzó el curso lo único que hicieron fue ignorarse sin ningún problema y eso realmente les había resultado. Pero ahora, Draco se veía asustado. Asustado, confundido, débil, y Harry sabía que un Malfoy jamás demostraba debilidad frente a nadie.
Menos si era Harry Potter.
—Eso se ve fatal.
—Como tu cara. —La respuesta de Malfoy fue inmediata.
Pero el-niño-que-vivió no prestó atención a ese comentario. En su lugar, avanzó todavía más y con mucha cautela, tomó el brazo de Malfoy y lo analizó al mismo tiempo que sentía la mirada completamente sorprendida del otro.
—¿Qué demonios Pot-
—Han utilizado un hechizo de corte muy potente, por eso se ve así de mal.
—Creo que eso pude deducirlo por mi cuen-
—¿Por qué no has ido a enfermería? —preguntó.
Harry lo vio dudar, y pensó que sería buena señal si conseguía sacarle algo de información a aquella serpiente. Pero Draco volvió a ponerse a la defensiva y se separó del agarre ajeno.
—¿Por qué debería importarte eso? No eres mi madre.
—Malfoy —advirtió Harry con una expresión seria. Draco alzó sus cejas.
—¿Te crees lo suficientemente importante como para hablarme de esa forma, Potter?
—Malfoy —volvió a decir, esta vez que sonando cansado, ganándose una expresión incrédula—. Déjame ayudarte.
—No necesito tu ayuda.
Pero Harry no lo escuchó. En vez de eso, tomó nuevamente su brazo y lo acercó a su varita, y apretó un poco fuerte cuando sintió al otro queriendo separarse.
Comenzó a hacer unos ligeros movimientos con su varita consiguiendo que esta brillara, y de un movimiento hábil, se encontraba pasando esa varita encima del brazo herido de Malfoy, transmitiéndole una sensación cálida.
Había aprendido a efectuar magia no verbal gracias a Hermione, y sabía también de hechizos sanadores porque ella tuvo la paciencia de enseñarle cuando la guerra todavía seguía y ellos dos, junto a Ron, se encontraban en su misión de encontrar los horrocruxes. No le salía tan bien como a la castaña, pero servían, y eso a Harry le bastaba, pues las heridas del brazo de Malfoy cerraban poco a poco y la sangre que chorreaba comenzaba a desaparecer. Estaba seguro de que quedaría alguna marca, pero era eso mejor a que la parte lastimada se le infectara y le ocurriera algo peor.
Draco, por su parte, estaba muy consternado. Por un momento pensó que aquellos chicos que se metieron con él lo habían dejado desmayado y que ahora estaba en un sueño/pesadilla en el que el mismo héroe del mundo mágico le sanaba las heridas y se comportaba bien con él.
¿Qué rayos...?
Quiso replicar, gritarle que se detuviera, insultarlo y decirle que se metiera su hechizo sanador por otro lado, pero estaba agotado, muy agotado. Draco sabía en el fondo que hacer todo eso sería un acto inmaduro, y por muy poco que le interesara tener una buena actitud con Potter, sabía agradecer.
Es por eso que no se había metido con él cuando las clases comenzaron, porque muy en el fondo, estaba agradecido de que ese cabrón salvara su vida en la sala de menesteres sin siquiera haberlo pensado. Bufó con pesar, cuando quería decir algún comentario mordaz en contra de aquel salvador, esa escena llegaba a su mente incendiando sus entrañas y recordándole lo débil que era en realidad.
Y ahora, justo en ese momento, ni siquiera tenía ganas de molestar, solo se sentía cansado y molesto. Desde que llegó a Hogwarts su vida se convirtió en un infierno y trataba todos los días de sobrevivir a una avalancha de estudiantes inmaduros que querían tomar justicia por su cuenta y atacarlo por haber pertenecido al otro bando. Era absurdo querer atacarlo cuando la guerra ya había terminado como tal.
Se suponía que él fue absuelto de todo el pasado, ¿por qué no podían dejarlo en paz?
No pudo evitarlo, y poco a poco comenzó a descender mientras se apoyaba en la pared, pudiendo sentarse en un posición cómoda, sintiendo todavía en su brazo unas cosquillas agradables mientras cada vez sentía menos dolor. Harry imitó su acción, y en un segundo, ambos jóvenes se hallaban sentados en el suelo del baño de Myrtle la llorona, cada uno ignorando al otro pero compartiendo el mismo ambiente.
Harry, mientras tanto, ajeno a los pensamientos del rubio, estaba terminando su trabajo, cuando de repente miró de reojo a Malfoy, y notó que este parecía estarse ahogando en un vaso de agua. Tenía una expresión tan lamentable.
—No voy a decirle a nadie que te estoy curando, si es eso lo que te preocupa —susurró, ganándose una mirada enojada.
—No estaba pensando en eso.
—¿Entonces?
—Potter, ¿siquiera sabes lo que es la privacidad?
El nombrado rió leve, pensando en que no era la primera vez que alguien le decía eso. Alzó la cabeza y su sonrisa desapareció lentamente cuando cayó en cuenta de la expresión de el rubio. Se veía realmente asustado.
No entendía por qué estaba así si se suponía que el mago tenebroso más fuerte de todos los tiempos había muerto ya hace unos meses. Ya no había nada que temer.
Ya no había nada que temer.
¿Realmente era así?
—¿Quién te hizo esto? —preguntó, tal vez más rudo de lo normal, cosa que lo confundió. Sabía que Malfoy no le daría respuestas tan pronto, pero esperaba al menos tener algo de información con la que pudiera ayudarlo. Lo notó balbucear—. ¿Por qué te lo hicieron?
—¿Por qué estás tan seguro de que no fui yo quien inició una pelea?
—Tengo entendido que no puedes hacer magia fuera de clases; además, conociéndote, estoy seguro de que no quieres más problemas, Malfoy, no después de lo que todos pasamos en la guerra.
Draco agachó la mirada mientras cerraba los ojos fuertemente, y Harry lo notó dubitativo. Decidió esperar.
—Fueron unos imbéciles de tu casa. Creo que son de quinto, pero van en grupo de cuatro y nunca pierden la oportunidad de hacerme la vida imposible... como si esos imbéciles hubieran estado presente en esos momentos de desesperación... Idiotas, no saben nada y aun así...
Draco no pudo decir más, pero Harry lo comprendió todo, sintiendo una molestia interior. Él pensó que cuando la guerra terminara, todo iba a mejorar. Todo. Para todos.
Malfoy no fue el mejor aliado del mundo, pero gracias a él, Harry no fue entregado a Voldemort en bandeja de plata. Y gracias a su madre, Harry pudo derrotar a aquel mago maligno que le hizo la vida de cuadritos por muchísimos años. A pesar de que aportaron un poco para que el mundo mágico tuviera paz, todos parecían enfocarse en lo malo de ciertas personas, y tal parecía que el rubio estaba sufriendo aún, incluso si las cosas debían seguir para bien.
Sintió un poco de pena. Si incluso él, considerado el salvador del mundo mágico, no podía sentirse feliz, no podía imaginar la desdicha que la familia Malfoy estaría sintiendo.
—¿Y por qué no has ido a enfermería?
—Siempre voy allá, pero... justo hoy uno de esos muchachos se enfermó y está ahí. No... no podía ir a enfermería si ese desgraciado estaba allá.
Asustado, se lo veía tan asustado.
Era tan triste.
Harry no sabía cómo expresar todo lo que quería decir.
—En serio lamento que pases por esto. Si hay algo que pudiera hacer para ayudarte, puedes decirme—Draco bufó ante lo escuchado—. ¡Hey! Lo digo de verdad.
—En serio, Potter, no necesito caridad. Gracias por lo que hiciste hoy, pero no requiero tenerte detrás de mí para aplacar tus instintos de héroe. Estoy bien.
—Ah sí, tan bien que al parecer tienes acceso VIP en la enfermería.
—No eres el más indiciado para decirme eso dado tu historial. ¡Y solo fueron 4 veces!
—Y si hubieras ido hoy serían 5. A eso súmale las que vendrán después, Malfoy. No estás bien. —Harry sabía que a lo mejor se estaba pasando de metiche, pero no podía dejar las cosas así. Tenía que hacerle entender al rubio que evitar los problemas solo lo empeoraría todo. Tenía que decírselo incluso si él mismo ignoraba sus propios consejos.
El otro joven soltó un gruñido.
—Okay, no estoy bien. ¿Y qué? ¿Vas a hacer algo al respecto, Potter? ¿Exactamente tú, quien goza del amor y admiración de todas las personas del mundo mágico? ¿Quien le dio fin a esta pesadilla y derrotó al Señor Oscuro con un puñetero Expelliarmus? ¿Exactamente tú, quien ahora es considerado la persona más feliz en toda la faz de la tierra?
Vaya... Así que la gente lo veía de esa forma...
Harry sintió un nudo en su garganta.
—Caray, Malfoy, realmente no sabes una mierda—soltó con una risita seca. Sin pensar en sus acciones, aún sentado recogió sus piernas y las abrazó para después colocar su cara en sus rodillas al mismo tiempo que sentía sus ojos arder. Odiaba que el mundo pensara que por haber derrotado a Voldemort él estaba lleno de felicidad. No sentía nada de esa supuesta felicidad.
¿Dónde estaba? ¿Dónde se había ido? ¿Por qué no estaba aquí con él?
—¿Potter?
—No soy feliz. No lo soy, y dudo que muy pronto lo sea.
—Pero tú-
—Dime, Malfoy —interrumpió el-niño-que-vivió mirándolo de reojo—. ¿Cómo crees que me siento de solo pensar en las vidas que se fueron por intentar ayudarme? ¿Cómo crees que está mi consciencia cuando veo los rostros de sus familiares tristes? No sabes la cantidad de funerales a los que tuve que asistir después de la guerra, ni los testimonios que tuve que dar con todo lo que sabía de Voldemort, aun cuando lo único que deseaba era descansar y olvidar por al menos unos minutos todo lo que pasó. Perdí a mis padres por culpa de ese maldito, y a Sirius... mi padrino Sirius, no sabes cuánto lo extraño... nunca pudimos cumplir la promesa de vivir juntos una vez todo terminara. Se suponía que me mudaría a su casa y no tendría que volver a ver a mis tíos. Él siempre fue tan bueno conmigo y por un descuido mío él solo se... En fin, lo que trato de decir es que dejes de creer todo esa mierda que escuchas, sobre todo si es acerca de mí, porque también puedo decir que no saben nada de nada.
Harry calló, porque su mente estaba nuevamente entrando en ese estado nebuloso que odiaba, ese en el que podía ver claramente la imagen de sus padres, su padrino, Cedric Diggory, Fred, Remus, Tonks y todos aquellos que murieron ya sea por defenderlo o solo por estar cerca de él. Se obligó a poner los pies en la tierra y no perderse en sí mismo.
Hubo un silencio incómodo por al menos un minuto, y temió haber hablado de más. Pero entonces escuchó un carraspeo y vio a Draco acomodarse mejor en su sitio antes de comenzar a hablar.
—No es novedad que mi padre terminó en Azkaban y mamá y yo quedamos absueltos de cargos por haberte ayudado en la guerra, lo único que no podemos hacer es magia a libertad. Y parecía muy bien cuando apenas todo terminó. Pero... ni bien pasó una semana, el mundo se volvió a un caos para nosotros. La gente nos señala, nos agrede e incluso nos maldice. Mi mamá... Intentaron envenenar a mi mamá hace una semana, tuve que pedirle permiso a la directora para ir con ella y tuve que hacerlo en casa porque en San Mungo no nos quieren ver ni en pintura por haber pertenecido al bando del Señor Tenebroso. Desde que llegué acá lo único que he recibido es rechazo por parte de todos. Los únicos que se juntan conmigo son Pansy y Blaise, pero no me gusta estar cerca de ellos porque lo que menos deseo es que comiencen a maldecirlos también. No lo merecen.
—Y tú tampoco... —susurró Harry, tan bajo que casi no fue escuchado.
—No, yo sí lo merezco. Merezco todo lo que me hacen.
—No, no lo haces.
Malfoy parecía incrédulo ante las palabras de Potter, pero no se dejó convencer tan fácil. Él era culpable de muchas cosas. Lo era. Maldita sea, lo era.
—Por mi culpa los mortífagos lograron entrar a Hogwarts.
—Fuiste amenazado, Malfoy, no podías hacer nada más que obedecer. Iba a matarte a ti y a tu familia.
—Por mi culpa Dumbledore murió...
—Tú no lo mataste. Él planificó su propia muerte con Snape y lo sabes.
—Mi tía mató a tu padrino.
—Tú lo dijiste. Fue tu tía, no lo hiciste tú y tampoco fue tu madre.
—Siempre... Siempre fui un imbecil contigo.
—Eso no tiene nada que ver con la guerra, Malfoy. Solo fueron peleas de adolescentes inmaduros con complejo de superioridad.
—Pero yo... pero yo...
—Malfoy —cortó Harry con una expresión apenada—. Ambos estamos mal, y sé que siempre nos hemos llevado fatal, pero esos tiempos terminaron hace mucho. Si tú te sientes mal, y yo también, ¿por qué no podemos tratar de al menos tolerarnos el uno al otro? No tienes que sufrir solo.
Draco supo muy pronto que Harry Potter estaba tendiéndole su mano, y aunque quiso insultarlo una vez más, no halló las palabras para hacerlo, pues su garganta estaba cerrada y su corazón latía fuertemente por las emociones de sorpresa y agradecimiento. ¿En serio Potter? ¿En serio el mismísimo Harry Potter le estaba diciendo que podían ayudarse mutuamente? ¿Ayudarse en qué sentido?
Sin saber qué decir, Draco bajó la mirada y sintió su vista ponerse nublosa, porque la emoción que lo embargó parecía sobrepasarlo de cierta manera. Desde que la guerra terminó había aguantado un sinfín de humillaciones por parte de sus propios compañeros o personas externas del colegio. Habían pisoteado su apellido, su dignidad y su persona, y habían tratado de acabar definitivamente con él en más de una ocasión.
Estaba exhausto, demasiado exhausto. No sabía cómo podía permanecer de pie y seguir adelante, pero tenía que hacerlo. Por su madre y por él mismo.
Imitó la posición de Potter y colocó su rostro entre sus rodillas mientras abrazaba sus piernas con ímpetu, y no pudo parar sus lágrimas. Lloró, lloró como no lo había hecho en mucho tiempo, sus sollozos escuchándose claramente haciendo que se sintiera algo ridículo por mostrar tal espectáculo. Pero no podía parar, porque algo le decía que el joven que ahora estaba a su lado no iría a contarle a alguien más lo que vio. Malfoy no sabía por qué, pero ahora mismo lo único que sentía era una genuina seguridad.
Siguió con sus lágrimas sin saber cómo detenerse, y cuando sintió la cabeza de alguien acomodarse en su hombro se sobresaltó un poco, volteó su mirada y se topó con una expresión completamente triste y devastada. A veces Draco Malfoy olvidaba que incluso el mismísimo Harry Potter, llamado también el-niño-que-sobrevivió-dos-veces, podía sentirse decaído. Sin considerar sus acciones, posó su mano en la cabeza ajena y empezó a dar pequeñas caricias esperando transmitir algo de tranquilidad, aun si él no se sentía así. Sintió a Potter tensarse un poco, pero un segundo después, fue el mismo muchacho quien se apegaba más a él y respiraba de forma entrecortada mientras cerraba sus ojos y se acomodaba mejor.
A veces Draco Malfoy olvidaba que incluso el mismísimo Harry Potter podía ser capaz de llorar, así como él.
~~
Harry se sentía en paz, tan en paz como hace tiempo no se sentía.
Apenas podía abrir los ojos y escuchar lo que su mejor amiga hablaba. El murmullo de muchas voces a lo largo del gran comedor se sentía ligero, casi agradable, lo cual era extraño si se tomaba en cuenta que ahora odiaba las multitudes. Pero en ese momento, nada le importaba.
Se había desahogado.
Tragó saliva mientras recordaba una mano pasándose por su cabeza de forma leve, casi delicada, y no podía negar que aquella acción se le hizo bonita. No recordaba nunca que alguien lo hubiera hecho con él. Y estaba todavía estupefacto de que fuera su enemigo quien lo hizo.
¿Pero Malfoy seguía siendo su enemigo? No lo sabía, pero esperaba que no.
Después de pasar media hora llorando y consolándose mutuamente como dos locos perdidos, fue Malfoy el primero en separarse con un poco de vergüenza. Harry quiso poner resistencia y apegarse todavía más, pues estaba muy cómodo, pero no sabía cómo esa acción sería tomada por el contrario. Se separó también y ambos se pusieron de pie, sintiendo en sus narices el olor a humedad del baño; incluso el cuarto oscuro ahora se veía ameno.
Harry no sabía cuánto necesitaba llorar hasta que al fin pudo hacerlo hace un par de horas. Sabía que probablemente lloraría muchísimo más en el futuro, tal vez dentro de unas dos horas querría llorar de nuevo, pero ahora estaba tranquilo. Casi feliz.
Y el hecho de sentirse algo feliz después de muchísimo tiempo le aumentaba la alegría con creces.
—Hemos notado que no puedes parar de sonreír desde que llegaste —agregó Hermione con una sonrisita. Un segundo después, su expresión se tornó preocupada—. Sin embargo, también he notado que tus ojos están muy hinchados, Harry. ¿Ha pasado algo? Independientemente de si fue bueno o malo.
—Hmm... Sí... Pasó algo, pero no es nada de lo que deban preocuparse.
Ron sonrió—. Evidentemente no, por la manera en la que sonríes.
No supo por qué, pero el tono sugerente del pelirrojo lo hizo sonrojarse un poco.
Decidido a no hablar más de la cuenta, Harry se dispuso a comer sus tostadas mientras rememoraba la última conversación que tuvo con el rubio.
"—Humm... —balbuceó Malfoy mientras mirada al suelo—. Gracias por el... apoyo moral, ya sabes.
Potter parpadeó por unos segundos antes de asentir lentamente.
—No fue nada. Gracias igual.
—Bien...
—Bien...
Se quedaron en silencio por unos segundos.
—Malfoy —llamó de forma repentina—, si vuelven a molestarte, creo que deberías decirle a un maestro. Pero si no deseas hacerlo, puedes acudir a mí.
El rubio alzó una ceja antes de contestar:
—No necesito tu protección, Potter. Pero gracias de todas formas.
—Bien —volvió a decir.
—Bueno, creo que iré a cenar. Llorar me abrió el apetito.
Y sin esperar respuesta, el rubio se puso de pie y comenzó a caminar hacia la salida del baño. Harry lo siguió con la mirada por unos instantes hasta que a pasos largos se encaminó al rubio y lo detuvo del brazo.
—Malfoy... —comenzó—, en serio lamento por todo lo que estás pasando. Te lo repito, sé que nunca nos hemos llevado bien, pero la guerra ya llegó a su fin y siento que hemos sufrido demasiado como para seguir peleando, si necesitas hablar con alguien, yo puedo-
—Ayudarme, lo sé, Potter. Me lo has repetido como unas cincuenta mil veces. Y ya te he dicho que bueno. —Malfoy calló y miró al niño dorado fijamente antes de proseguir—. Todo está muy bien. Pero hay algo que no me deja de dar vueltas en la cabeza, y se trata de ti.
Harry parpadeó.
—¿De mí? ¿Qué pasa conmigo?
—¿Quién te ayuda a ti?
—¿Uh? ¿Cómo?
—Eso. Tú siempre estás ayudando a los demás. Te he visto en los pasillos. Te has topado con personas que han perdido familiares en la guerra y cuando te ven, esperan consuelo y tú siempre se los das. Les otorgas palabras de aliento y en el mejor de los casos un abrazo. Al inicio era frustrante para mí porque te veías demasiado bien haciendo eso mientras otros sufrían. Pero ahora que sé cómo te sientes en realidad, estoy avergonzado conmigo por haber dado por hecho cosas sin fundamento y al mismo tiempo enojado contigo por ser siempre tan bueno y no recibir lo mismo a cambio. Dime, Potter, tú das abrazos a todo el mundo, ¿cuántas personas se han acercado a preguntarte cómo estás o te han abrazado? ¿Cuántas personas se han puesto a pensar del peso que cargas por todo lo que pasó? ¿Cuántas personas te ven como algo más que el niño-que-sobrevivió-dos-veces?
Harry estaba atónito. Las palabras de Malfoy calaron en el fondo de su ser y le hicieron pensar en demasía. Tenía razón en algunas partes.
No podía decir que nadie se preocupaba por él. Hermione, Ron y Neville estaban siempre al pendiente de él en la sala común. Por otro lado, a veces se topaba con Luna, quien también le preguntaba por su estado anímico. Sin embargo, Harry tenía la necesidad de mostrar lo mejor de sí y decir que estaba bien. Siempre estaba bien. No sabía cómo expresarse correctamente, ni a sus mejores amigos. Tenía temor de que el avance de ellos se fuera al traste por su culpa.
No obstante, no podía decir lo mismo de los demás. Ya sus otro amigos no lo trataban como un igual, ahora era Harry Potter, el Salvador del mundo mágico. Harry sabía cuando alguien se acercaba a él con interés, razón por la que desechó algunas (por no decir casi todas) amistades y se enfocó únicamente en las personas que no lo veían como un tesoro.
—Mis amigos se preocupan por mí... pero yo... solo no puedo decirles cómo estoy. No sé por qué. Siempre me ha gustado ocuparme de mis propios problemas y sentimientos. No me gusta molestar a nadie.
El rubio asintió despacio, analizando las palabras—. ¿Hay alguna razón por la que te sientas tan entregado a ser independiente y según tú, "no molestar a nadie"?
Potter tuvo pensamientos muy antiguos, para ser exactos, recuerdos de un Harry pequeño ocupándose de sus propias cosas porque sus tíos jamás le ofrecerían una mano. Pero no iba a decirlo, ni de broma. Eso ni siquiera tenía nada que ver con el tema de la guerra.
Era un tema zanjado.
Sonrió amargamente—. Tengo que estar feliz, por todos. Tú sabes, soy Harry Potter. Si demuestro debilidad, los demás van a recordar los malos momento y su progreso habrá sido en vano.
Malfoy rodó los ojos.
—En primer lugar, no me recuerdes tu nombre. Suficiente tengo con escucharlo todos los días en todos lados. En segundo lugar, un consejo como Slytherin es que de vez en cuando seas un poco egoísta, Potter. Permítete a ti mismo llorar y pensar solo en ti y en lo que te duele. Está bien, quieres seguir siendo el motor de muchas personas, no es algo que yo haría si no me aportan en nada pero supongo que eso te pega, pero tienes que darte un tiempo para ti también. Tienes que darte libertad y soltar lo que te lastima.
—Yo... No puedo...
—Sí puedes, Potter. Lo acabas de hacer conmigo.
—¡No es lo mismo!
—No, claro que no, pero se le parece. Así que, lo que te voy a decir es que no todo gira en torno a los demás. También tienes que ver por ti, o terminarás por enloquecer.
Malfoy volvió a ser retomar su camino para salir de la habitación. Una vez estuvo ya en la puerta, se detuvo otra vez para añadir:
—Una última cosa, Potter. No somos amigos, ni siquiera somos cercanos, pero también puedes hablar conmigo si algo te molesta. —Sonrió de lado—. Quién sabe. Podemos charlar acerca de quién es más desgraciado y seguir compitiendo entre nosotros.
Y con dichas palabras, se marchó.
Harry se tuvo que quedar aproximadamente diez minutos dentro del baño meditando las palabras ajenas antes de al fin salir al gran comedor para poder comer.
¿Qué había pasado? Se suponía que estaba intentando consolar a Draco Malfoy ¿Cómo fue que los papeles de repente se invirtieron?
Decidió no pensar más y solo enfocarse en la sensación cálida que yacía ahora en su pecho."
—¿Harry? —Parpadeó cuando escuchó la voz de su amiga llamándole—. ¿Estás bien? Te quedaste en blanco.
Abrió la boca con la intención de contarle lo ocurrido con el rubio, pero la cerró y negó con rapidez ante la mirada decepcionada de la castaña.
Malfoy le había recomendado hablar con alguien de confianza sobre su situación, pero sencillamente no podía hacerlo.
Eres Harry Potter... El maldito Salvador del mundo mágico. Tú no te sientes triste. Eso sería ridículo.
Sintiéndose nuevamente decaído, contestó:
—Estoy bien, Hermione. Gracias por preguntar.
~~~
Holaaaaa cx
¿Cómo están? ¿Qué les pareció este capítulo? :3
¡Por cierto, muchas gracias por sus favs y follows!
Aprovecho para desearles a todos una muy feliz navidad!!!
Nos vemos pronto :3
