Naruto ni Boruto me pertenecen.


Bolita de carne


Naruto lo miró con ojos entornados, desconfiado. Él nunca se había sentido tan tentado de darle un zape.

—¿Seguro que te lavaste las manos?

—Sí.

—¿Te tallaste entre los dedos?

—Ajá.

—¿Y debajo de las uñas?

Menma suspiró, contando hasta diez. Si no fuera porque estaba sosteniendo a Boruto entre sus brazos, no dudaba de haberlo golpeado.

—Creo que tú eres el menos indicado para cuestionar mis métodos de higiene. Debería ser yo quién te pregunte sí tú te lavaste las manos antes de agarrar la bola de carne.

—¡Hey! —Naruto alzó la voz, sobreprotector que su gemelo llamara de esa manera a su bebé—. No le digas así a mi bebé.

—Como sea —rodó los ojos—. ¿Vas a dejar que lo cargue o me puedo largar? —preguntó con una ceja en lo alto.

Naruto hizo ese gracioso mohín con los labios mientras veía a su bebé que lo miraba con sus enormes ojos azules el rostro de su papá. Incluso rió al resultarle divertida la cara de su papá.

—De acuerdo, pero ten cuidado —se acercó hacia el azabache, cuidando sus movimientos—. ¿Recuerdas todo lo que te dije, verdad?

—Sí, sí, Mamá Gallina.

Naruto ignoró el mote y pasó al bebé a los brazos de Menma. No es como si el Uzumaki menor hubiera visitado el hogar de los padres primerizos con el propósito de cargar a la criatura pero Naruto no lo había dejado en paz con el tema.

Frunció el ceño, concentrado en cargar bien al bebé. No pesaba nada y precisamente eso lo hacía peligroso, su cuerpo era tan pequeño y delicado que cualquier movimiento brusco de su parte podría lastimarlo.

El rubio no dejaba de darle indicaciones de la manera correcta de tomar del bebé, haciendo mucho énfasis con la cabeza. Resopló internamente.

Hinata había ido a comprar algunas cosas para la cena y no se hallaba ahí, dejándolos a ambos solos con el bebé. Boruto casi no hacía ruido, era un bebé muy tranquilo a comparación del estruendoso carácter de su padre y cuando lo tuvo en sus brazos éste solo lo observaba, atento. Incluso su pequeño ceño se frunció, haciendo arquear las cejas de Menma.

—¿Verdad que es adorable mi Boruto-chan? —preguntó Naruto, emocionado.

Menma bufó, mirándole.

—¿No todos los bebés lo son a esta edad?

—Hm, tal vez, pero Boruto-chan es súper lindo. ¿Verdad que shi, Boruto-chan? —Naruto empezó a hablar como un idiota y Menma le miró fijamente.

—¿Eso de hablar como idiota es permanente o qué?

—A Boruto le gusta cuando le hablo así. Siempre ríe.

—Quién no lo haría si hablas como idiota.

—¡Menma, lenguaje! Mi bebé es demasiado pequeño para escuchar esas palabras —regañó Naruto.

El azabache bufó.

—Sí, sí, como sea.

Volvió a mirar la bola de carne.

No lo admitiría en voz alta pero el idiota de Naruto tenía razón, Boruto era tierno. Aunque creía que era más porque se parecía a Hinata. Su cuerpecito estaba siempre tibio y siempre olía a esa colonia que todos los bebés usan, un aroma que te hace querer hundir tu nariz en su ropa y aspirar profundamente.

—Los dioses te bendijeron, bola de carne, heredaste lo tranquilo de tu madre.

—Oye —reclamó Naruto a su hermano pero no añadió más cuando vio a su gemelo menor mostrar una sonrisa. Era ligera pero estaba sonriendo y Naruto también lo hizo.

Boruto soltó más ruidos de bebé y, carajo, Menma sintió deseos de pegarlo más a su pecho pero soportó esos impulsos. Nunca antes había estado cerca de un bebé y era difícil comportarse estando cerca de uno.

Boruto no dejaba de verle con esos enormes ojos, llenos de curiosidad por todo lo que le rodeaba, en especial su rostro. Seguramente el pequeño se preguntaba por qué ahora su padre tenía el cabello de otro color o cosas así, la verdad no sabía, era un bebé y él no había sido entrenado para saber qué es lo que piensa una bola de carne.

De pronto, las manitas de Boruto se alzaron hacia él, o mejor dicho, hacia su pecho, buscando algo. Miró a Naruto, cuestionándole con los ojos si eso era normal pero el rubio le resto importancia, tranquilizándolo que Boruto solo lo estaba conociendo por medio de su tacto.

Cosas del lenguaje de los bebés.

Y era tierno. Sus pequeñas manitas eran tiernas. Todo en él era adorable.

De acuerdo, se dijo, era momento de regresarlo a su padre.

Sin embargo, un gruñido del bebé lo detuvo en seco. Ambos Uzumaki miraron al pequeñuelo que fruncía sus pequeñas cejas y palpaba el pecho de Menma, como buscando algo que no estaba.

—¿Qué hace? —preguntó desconcertado a Naruto.

El rubio tomó un par de segundos para pensar en una respuesta y una sonrisa afloró en sus labios.

—Tranquilo, solo tiene hambre.

—¿Cómo lo sabes?

—Está buscando los pechos de Hinata-chan. Siempre frunce las cejas así —imitó el gesto del bebé en su propia cara— cuando está conmigo y siente mi pecho plano. Sakura-chan dice que es algo que hace que los bebés se sientan seguros que su mamá está con ellos. Que de repente sientan todo plano les hace sentir inseguros, tal cómo ahora que está tocando tus tetas planas.

—Entonces eso es señal de que te lo devuelva. No quiero que averigüe por qué no doy leche —expresó Menma con gesto de disgusto.

—Por eso te dije que trajeras una playera más abrigadora —señaló Naruto su vestimenta que consistía en una playera de cuello alto pero con los hombros descubiertos.

Menma frunció el ceño.

—No me dijiste nada, tarado.

Boruto comenzó a removerse en sus brazos, hambriento y enojado de sentir ese pecho plano y no el cómodo y abultado pecho de su madre. No reparó en devolverlo a los brazos de Naruto, él sabría qué hacer.

—Ups —se disculpó el rubio, yendo a la cocina a buscarle el biberón al pequeño en lo que su esposa llegaba—. Mi error.

Antes de que Boruto comenzar a expresar su enojo y necesidad de hambre, Naruto lo alimentó con el biberón preparado que tenía aguardando. El bebé no tardó en consumir la leche.

—Eso, Boruto-chan, buen niño —decía Naruto, viendo con adoración al niño.

En la sala, Menma lo veía con un brillo distinto en sus ojos. Pensó que al verlo actuar en su etapa de padre sería más divertido o podría burlarse de él pero en su interior sentía un remolino de sentimientos que no sabía muy bien cómo nombrar.

Miró a los alrededores, sintiendo el hogar demasiado cálido para su gusto. No tenía parecido al departamento que tanto Naruto como él compartieron la mayoría de sus vidas juntos. Se podía sentir la presencia de Hinata en cada rincón, las macetas, el cuidado, los bordados en los cojines de la sala, el jarrón con galletas en medio de la mesa junto al frutero con manzanas apetitosas. Incluso un aroma hogareño en el aire.

Algo en su interior se removió, ansioso. Quería irse.

—Debo irme —dijo de pronto, haciendo que Naruto dejara de ver a su hijo beber su biberón.

El rubio puso una mueca triste por la repentina partida de su hermano.

—¿En serio? Hinata-chan no tarda en llegar, dijo que haría la cena, podrías…

—No puedo, tengo cosas que hacer. Trabajo —no había demasiado trabajo esos días y el Sexto había tenido piedad con él durante esos días pero necesitaba marcharse de ahí.

Naruto pareció comprenderlo.

—Entiendo, tienes una responsabilidad grande ahora con tu trabajo —Naruto sonrió.

Menma desvió la mirada.

—Sí, lo que digas —caminó hacia la puerta, sin esperar una respuesta por parte de su hermano—. Cuida bien a la bola de carne.

—Qué se llama Boruto, Menma —regañó Naruto, caminando detrás de su hermano para acompañarlo hasta la puerta.

—Como sea. Cuídalo y no le des problemas a Hinata.

—¿Desde cuándo le doy problemas a mi esposa? No me contestes —se apresuró a responderse a sí mismo cuando vio a Menma dispuesto a darle una extensa lista de razones.

—Lo que digas. En fin, me voy.

Sin esperar a que Naruto dijera algo, Menma se encaminó hacia las escaleras. Naruto y Hinata vivían en un departamento con vista directa al monte Hokage. Tenían un amplio balcón donde a Naruto gustaba ejercitarse todas las mañanas. Mantendrían ese lugar cuando sintieran que el departamento se volvía pequeño pero por el momento era el hogar perfecto para una familia de tres.

En medio del camino de las escaleras, vio la figura de Hinata subir con bolsas del supermercado. Su estómago se removió de nuevo pero esta vez con una dolorosa sensación. Suspiró por dentro.

Se acercó hasta ella, sorprendiéndola.

—¿Menma-kun? ¿Ya te vas? —preguntó al verlo fuera de su hogar. Incluso su tono de voz sonó un poco desanimado.

—Sí, tengo trabajo —explicó de manera breve. No quería darle muchas explicaciones.

—Ya veo —susurró la Hyuga, comprensiva—. Eres un ninja ocupado después de todo. Aún así, gracias por visitarnos hoy.

La sonrisa de Hinata le hizo mirar hacia el otro lado.

—Se me hace tarde —continuó bajando las escaleras—. Los veré en otra ocasión. Adiós.

—Hasta luego, Menma-kun. Espero que la próxima vez te puedas quedar a cenar con nosotros.

Menma no respondió, solo hizo una señal con el brazo a modo de despedida, caminando lo más rápido que pudiera. Debía alejarse rápido o esa sensación en su estómago se agrandara.

Extrañaba su máscara, era más sencillo lidiar con esas situaciones usándola.

Iría directo con el Sexto, necesitaba una misión.