Naruto ni sus personajes me pertenecen.


Cachorro


Las serpientes apretaban más su cuerpo cada vez que hacía el intento por librarse de esa prisión pero era imposible. No solo ya no tenía chakra, estaba herido y sangraba en uno de los costados. Se sintió frustrado.

Entornó los ojos hacia las copas de los gigantescos árboles que le impedían ver el cielo. Había escuchado que el Bosque de la Muerte era una zona peligrosa de restringido acceso. Para él eran habladurías. Era fuerte, más fuerte de lo que muchos imaginaban, no tuvo problemas al escabullirse ahí un par de horas y entrenar por su cuenta.

Los compañeros que le tocaron resultaron ser unos inútiles en combate y ahora estaban siendo atendidos en el hospital de la aldea por unas heridas bastante superficiales. Él había sido el único sin resultar lastimado, sin embargo, para recibir misiones primero debía esperar a que su equipo se recuperara, como había dicho Hayate, ese ojeroso hombre que le tocó como mentor.

Una risa burlona se escuchó de entre las hojas de los árboles, algo que cabreó a Menma. Frunció el ceño y en sus ojos azules un letal brillo se formó.

Odiaba a esa mujer.

Habían detectado su presencia en el bosque y mandado ninjas para sacarlo de ahí, no dudaba que fueran órdenes de ese viejo del Tercero. Aún no terminaba su propio entrenamiento y sería una molestia ser regañado por el viejo Hokage, así que decidió adentrarse aún más al territorio donde las bestias de mayor tamaño anidaban y evitar ser atrapado.

Perdió el rastro de algunos. Sonrió en medio de la persecució al ver lo sencillo que había sido engañarlos con un truco tan sencillo como el Kage Bunshin no Jutsu. Estaba seguro que la mayoría pensaba que era igual de idiota que Naruto, pero estaban equívocados.

Podrían ser gemelos pero la fuerza de cada uno era distinta. Mientras al zopenco que tenía como hermano le gustaba perder el tiempo con sus sueños estúpidos y pintarrajear el monte de los Kages, Menma se dedicaba a hacerse más fuerte aprendiendo todo lo que estuviera a su alcance. Quizá no había podido rivalizar con el maldito Uchiha pero había mantenido unas notas promedio. Sin embargo, buscaba más y más. Odiaba sentirse débil y subestimado, especialmente por incrédulos como los aldeanos. No había día en que estos no le miraran mal. Naruto y él, desde que podían recordar, habían sido menospreciados. Su hermano constantemente se preguntaba el por qué.

Él también se cuestionaba lo mismo, todas las noches al dormir, escuchando a Naruto roncar cerca de su oído y babeando, provocándole asco. Eran huérfanos y no sabían nada de su origen; portaban un apellido que nadie en Konoha tenía y no había registros que pudieran darles alguna pista de dónde provenían.

Sacudió la cabeza, borrando cualquier pensamiento de ese tipo. En esos momentos no estaba para ponerse sentimental, debía librarse de esas serpientes.

—Con que ahí estás, mocoso.

Una nube de humo se generó por el impacto de la figura de la mujer Anko Mitarashi contra el suelo. Con mirada socarrona y una sonrisa felina, la kunoichi parecía disfrutar de la escena del pequeño Uzumaki siendo su prisionero.

Ella estaba felizmente disfrutando de sus dangos cuando recibió un llamado por parte del Tercero. Alguien se había infiltrado al Bosque de la Muerte sin permiso y debían recuperar a dicha persona. Anko sugirió dejarlo morir como alimento de algún animal pero bastó que la mirada del Sarutobi se afilara para aceptar la misión a pesar de la flojera que le causaba. No le gustaba rescatar mocosos problemáticos pero con la fecha de los Exámenes Chunnin acercándose y ella siendo la responsable de la segunda etapa que se llevaría a cabo precisamente en el Bosque de la Muerte, esto se sentía como una obligación impuesta.

Además no se trataba de un simple chiquillo. Era Menma Uzumaki. Desconocía el por qué alguien decidiría adentrarse al bosque infestado de animales de gigantesco tamaño por voluntad propia, no tenía lógica pero los idiotas no piensan inteligentemente, supuso que el escuincle no tenía nada de cerebro.

Mandó a los ninjas a su mando detrás del Uzumaki, quedándose a las afueras. No pensaba que su ayuda fuera requerida. Sin embargo, al tardarse más de media hora en ver alguno de sus subordinados de regreso, Anko rodó los ojos al saber que aquella petición por parte del Tercero se tornaba molesta.

Fue por su propia cuenta, encontrándose en el camino a los ninjas perdidos y aliviados de ser encontrados por ella. Anko no reparó rn gritarles lo inútiles que eran al perderse en un lugar de esa manera, considerando su nivel y habilidades. Intentando justificarse al mencionar que el Uzumaki era hábil evitando sus shurikens y en detectarlos; añadieron también que su técnica de clones de sombra era muy avanzada para su edad.

Anko arqueaba las cejas, incrédula que alguien de doce años pudiera burlar a unos ninjas de rango chunnin. Bufó. Les dijo a los inútiles que regresaran de vuelta a la aldea sin perderse, ella se encargaría de llevar a cabo la misión. Se perdió entre las sombras de los árboles y se dedicó a rastrearlo. Aún era de día pero las frondosas ramas de los árboles opacaban por completo la luz del sol. Según uno de los ninjas que logró acercarse a él, lo suficiente para rozarle, le dijo que lo vio dirigirse hacia la torre en el centro. Típico, se dijo, aunque eso no evitó que pensara que si el mocoso era capaz de trasladarse hasta ese punto sin ser detectado o devorado por una bestia, no debería ser un patético gennin como imaginaba.

Lamió sus labios, emocionada. Si el mocoso le daba pelea quizá la tarea de llevarlo con el Tercero no fuera tan molesta después de todo.

Y he ahí la actualidad. Anko lo reconoció por esas singulares marcas de zorro en ambas mejillas, todos quienes habían presenciado el ataque del Nueve Colas sabían sobre sus recipientes. Naruto y Menma Uzumaki. No sabía completamente los detalles cuando esa información era restringida y además estaba prohibido hablar libremente de lo sucedido. Bufó, toda esa situación resultaba molesta.

El mocoso aún intentaba soltarse de su jutsu. Sonrió al ver que sus esfuerzos eran inútiles. Estaba agotado y herido, no podría moverse y era mejor para ambos, así no tendría que emplear más fuerza.

—Ríndete, Cachorro —se burló, agachándose a la altura del azabache para verle mejor.

Menma gruñó pero no peleó más. Reconocía su fuerza y sabía que esa mujer lo superaba.

La sonrisa socarrona de Anko no se hizo esperar.

—Buen chico —palpó su cabeza como si se tratase de un cachorro.

Menma quiso estrangularla.

—Ahora movámonos, el Tercero quiere tu trasero en la Torre Hokage.


Hayate no se inmutó cuando vio a Menma lleno de vendajes en ambos de sus antebrazos. Anko era demasiado ruda y no tenía merced con nadie.

Esa mañana había citado a Menma a su lugar de entrenamiento, o el que estaba libre por ese día. La verdad era un ninja ocupado cómo para haberse preocupado por todos esos detalles de enseñanza pero ahora su vida se había tornado más ocupada con la tutoría de tres mocosos. Y recientemente, el Tercero le había pedido participar como árbitro en los próximos Exámenes Chunnin.

El ojiazul no lo saludó ni se molestó en darle explicaciones sobre sus heridas, Hayate ya sabía lo ocurrido. No necesitaba regaño de su parte porque de eso el Tercero ya se había encargado así como el castigo correspondiente por haber roto la regla de entrar al Bosque de la Muerte sin autorización.

—¿Y bien? ¿Por qué me citaste? —el primero en hablar fue Menma. Lucía fastidiado de verle la cara y de tener que estar ahí, perdiendo el tiempo—. Tú mismo dijiste que no tendríamos misiones si esos dos inútiles que escogieron como mis compañeros siguen en el hospital…

—De hecho —interrumpió al niño antes de que éste comenzará a describir la inutilidad de sus dos compañeros, cómo solía hacer desde el primer día— de eso quería hablar contigo, Menma.

El susodicho alzó una ceja.

—Pues no des tanto rodeo y habla.

—Ibaki y Masamoto entregaron sus bandanas ninja esta mañana al Hokage. La misión en la que resultaron heridos les hizo ver que no están hechos para ser ninjas así que… —eso era molesto, muy molesto. Si esos niños iban a renunciar así de sencillo, no entendía el por qué decidieron serlo en primer lugar—. Así que, Menma, eres el único miembro activo del equipo 5.

—¿Y qué sucederá conmigo? Los equipos gennin siempre son de tres —su mirada azulada se mostró molesta—. He estado semanas sin nada qué hacer porque según tú no puedo trabajar en solitario siendo gennin.

—Sí, en eso tienes razón. Estás en una situación problemática —musitó con una sonrisa cansada. Bueno, por lo menos no tendría que dar explicaciones ni suavizar la noticia, Menma ya lo había deducido.

El Uzumaki apretó los puños. Los Exámenes Chunnin estaban cerca y los equipos de su generación estaban completos. Uno de los requisitos para presentar dicho examen era tener un equipo de tres, algo que le parecía estúpido si se lo preguntan. Sin embargo, tal como Hayate decía estaba en una situación grave. Y por el tono que usaba sabía que a él no le quitaría el sueño saber que podría quedarse como gennin por más tiempo del que quisiera.

Su estúpido hermano Naruto y su equipo habían marchado a al País de las Olas en su primera misión a las afueras de Konoha. Lo sabía porque hacía un par de noches, en casa, no dejaba de hablar de lo emocionado que estaba de salir de por primera vez a las afueras y ser este el comienzo de misiones importantes que no fueran recuperar mascotas o limpiar las calles; Menma se hartó tanto que lo noqueó para que se durmiera de una vez, odiaba cuando hablaba más de lo necesario. Sin embargo, eso no evitó que le tuviera envidia. Naruto por fin tendría su primera misión en un lugar lejano mientras él estaba condenado a quedarse en la aldea a saber cuánto tiempo.

Y justo ahora Hayate le decía que sin compañeros de equipo sería imposible presentar el examen chunnin.

—¿Qué sugieres?

Hayate alzó los ojos al cielo, pensativo. No se tomaba realmente su trabajo como instructor seriamente y ahora con la baja de los dos compañeros de Menma sabía que la solución más fácil sería que Menma esperara a que una nueva generación de gennin se graduara e integrarlo en otro equipo. O esperar que uno de los equipos activos perdieran un integrante y mandarlo con ellos. Pero Menma no era tan suertudo, no había muchos equipos rookies en esta generación, salvo los de Asuma, Kakashi, Kurenai y él…

Una repentina cortina de humo distrajo al taciturno ninja que ni siquiera cubrió sus ojos. Sabía que solo la ruidosa de Anko hacía sus entradas de ese modo.

Amaba la atención.

—Buenos días, Cachorro —apareció al lado de Menma, que por un momento no entendía lo que pasaba pero después mostró su cara de enfado cuando el codo de la kunoichi se apoyó en su cabeza con tanta confianza.

Menma no dijo nada solo se quitó el brazo de encima, ampliando la sonrisa de Anko.

Ésta sin delicadeza habló.

—Veo que ya te dieron la noticia que no podrás continuar con tu camino ninja, eh. Apesta, ¿verdad? Bueno, eso pasa cuando formas parte de un equipo con debiluchos.

—Anko —el shinobi solo veía a su compañera con cansancio.

Menma ya estaba lo suficientemente irritado cómo para hacerlo enojar aún más.

—¿Qué haces aquí, Anko? Estás muy lejos de la tienda de dangos —comentó el castaño, mirando con curiosidad a la kunoichi. No era común que se anduviera apareciendo en los terrenos de entrenamiento. Formaba parte de un grupo de élite de ninjas como para perder el tiempo molestando a mocosos como Menma.

—Qué perspicaz —sonrió la Mitarashi, bajando la mirada hacia el Uzumaki—. La verdad es que vengo por este mocoso —señaló.

Hayate alzó una ceja.

—¿Por Menma? ¿Qué asuntos podría tener alguien como tú con mi pupilo…?

—Querrás decir ex pupilo.

El castaño suspiró cuando la mujer lo interrumpió. Aún mantenía una sonrisa ladina en el rostro. Parecía divertirse con la situación.

—¿A qué te refieres?

—Por órdenes del Tercero, el equipo 5 ha quedado disuelto. No se puede mantener un equipo gennin con solo un integrante activo. Así que, Hayate, has quedado liberado de tu yugo como instructor.

Con una rapidez digna de alguien de su nivel, Anko apareció detrás de Menma pese a que éste se mantuviera alejado del contacto de la mujer. No pudo librarse esta vez del agarre pues una de las serpientes viscosas que salió de la manga del abrigo de la ninja le rodeó el cuello, amenazándolo en silencio.

Hayate lució incrédulo.

—El Tercero no me dijo nada.

—Puedes ir a comprobarlo tú mismo. Él me lo dijo cuando le entregué el informe con lo ocurrido en el Bosque de la Muerte —apretó más fuerte los hombros de Menma, haciendo que éste hiciera una mueca. Sus heridas aún dolían. Esa mujer era sádica.

—No, te creo. Tú no estarías aquí si no fuera por una orden directa del Hokage —musitó—. ¿Algo más que deba saber?

—Nop —contestó con una sonrisa ladina—. A partir de ahora, todo queda entre mi estudiante y yo.

—¿Estudiante…? —preguntó Menma, que hasta el momento se había quedado callado. Había preferido escuchar la conversación de ese par en silencio.

Se mostró sorprendido por las palabras de Anko pero la cara descompuesta en confusión por parte de Hayate le confirmaba que la mujer no estaba bromeando.

¿Ella iba a ser su nueva instructora?

—¿Esto lo ordenó el Tercero?

Anko asintió.

—¿Crees que me ofrecería voluntariamente a tomar un estudiante?

Hayate pensó sobre eso, sí, tenía lógica lo que decía Anko.

—Es temporal hasta que el Tercero vea qué hacer con él.

—Tenerte como mentora no va a cambiar mi situación —Menma tomó la pequeña serpiente que rodeaba su cuello y la apretó hasta hacerla desaparecer, alejándose de la mujer—. ¿Por qué debería aceptar?

—Son órdenes del Hokage, mocoso, tú y yo debemos seguirlas. Si por mi fuera, no hubiera aceptado pero el Tercero me encomendó la obligación.

Menma entornó los ojos.

—Así que acostúmbrate, que a partir de hoy yo seré tu sensei, exijo respeto de tu parte y tu absoluta obediencia. El primer intento que hagas de escapar de tus obligaciones, te advierto que no dudaré en patearte el trasero —para enfatizar su amenaza, lamió sus labios en un gesto que Menma le hizo sentir escalofríos.

El instinto asesino de esa mujer era palpable.

Pero a pesar de lo que ambos ninja esperaban, Menma aceptó. Eso era mejor que quedarse a merced de un aburrido como Hayate que solo quería zafarse de su obligación como instructor.

Anko Mitarashi era fuerte, podría sacar provecho de ello. Ya después vería qué hacer con su situación.


—No deberías comer tantos dulces, sensei. Estás engordando.

Anko por poco se atraganta cuando escuchó esa voz muy cerca de su oído. Observó a su costado, dispuesta a lanzar el palillo hacia el intruso pero éste desapareció antes de hacer tal movimiento.

La mujer frunció el ceño.

—No sé por qué te vuelves tan loca por unos dangos. No tienen nada de especial.

Giró de inmediato a su costado, donde Menma Uzumaki se comía sin problemas el resto de los dangos que había comprado. La mirada castaña de la mujer mostró horror y después enfado.

—Tú de verdad tienes deseos de morir, ¿eh, Cachorro? —dijo entre dientes.

Menma mostró una sonrisa socarrona ante su enfado pero no mostró arrepentimientos, de hecho lamió el resto de dulce que se le quedó en la comisura de la boca y lanzó el palillo al árbol cercano. Por el número de palillos incrustados en la corteza, suponía que Anko ya llevaba un buen rato comiendo ahí.

Anko bufó e ignoró el gesto. Siempre que tenía oportunidad le gustaba comer una buena orden de dangos en un lugar tranquilo. Aunque Konoha continuase con sus remodelaciones, el Bosque de la Muerte siempre estaba solitario, era su lugar preferido para comer dulces sin compartir.

Debió haber presentido el chakra de Menma pero se encontraba muy ocupada en su degustación. Solo había pocas personas que se atrevían a comerse sus golosinas y librarse de una muerte dolorosa y Menma formaba parte de una de ellas.

Le miró de costado. Vaya, cómo pasaba el tiempo. Recordaba que fácilmente le superaba de altura y podía siempre burlarse de su tamaño, usando su cabeza como un cómodo lugar para apoyar su brazo. Ahora era más alto. Estaba segura que si hacía algo como eso, seguramente la mandaría a volar con sus técnicas.

Menma Uzumaki se había vuelto un hombre, uno bastante atractivo. Las pubertas no dejaban de suspirar cada vez que le veían. El club de fangirls de Naruto se había disuelto cuando éste se casó con Hinata Hyuga, dejando como segunda opción al Uzumaki menor.

Aunque les deseaba suerte, a comparación del rubio, Menma era muy gruñón cómo para comportarse amablemente.

—Debes tener mucho tiempo libre como para andar vagando a estas horas. ¿No tienes alguna amante por ahí que te mantenga ocupado? Creí deshacerme de ti cuando Ibiki decidió tomarte bajo su cuidado —decidió romper el pequeño silencio que se había formado, comentando algo gracioso, mirando la reacción del joven Uzumaki que mantenía fija la vista sobre la corteza del árbol.

—¿De qué hablas? El Sexto no para de exprimirme —gruñó el azabache—. Mi trabajo y yo es la única relación amorosa que tengo, vieja chismosa.

Una venita creció en la sien de la mujer pero decidió no asesinarlo. Por ahora.

—Escuché que nació el hijo de Naruto —Anko le dio un codazo que el Uzumaki no esquivó—. Felicidades, ahora eres tío. Ah —suspiró con una sonrisa enorme en la boca y con ese toque de malicia que solo la Mitarashi podía hacer—, no puedo esperar a verte con esa bolita de carne ir detrás de ti diciéndote "Menma-ojisan, Menma-ojisan". Será muy divertido.

—Cállate —masculló el susodicho, desviando la mirada y con ello ampliando más la sonrisa de la mujer.

Un silencio cómo se sembró entre ambos. Recordaba que, en un par de misiones que tuvo con ese mocoso, hubo momentos así. No era una mujer sentimentalista pero debía admitir que esas memorias eran divertidas. Fue ruda con el hombre sentado a su lado pero no se arrepentía.

Menma Uzumaki se había convertido en un excelente shinobi después de todo.

—A propósito, escuché algo muy interesante.

—¿Hm? —mostró interés, viendo a Menma sonreír de lado cuando posó sus ojos color cielo oscurecido sobre su figura sin tener idea de por qué sonreía.

—Que serás una profesora en la Academia Ninja el próximo mes.

Inevitablemente las mejillas de la mujer se sonrojaron.

Le había advertido a Kakashi y a Iruka no andar hablando sobre ello hasta que se llegara la fecha. Siempre había dicho que hacerse cargo de mocosos era un dolor en el culo, lo comprobó con Menma cuando lo tuvo como pupilo de manera temporal y desde ese entonces juró nunca hacer algo parecido.

Sin embargo, las Cinco Naciones Ninja estaban atravesando por un cambio y la paz predominaba. Cada vez había menos misiones ninja de importancia y Anko se aburría. Había considerado la invitación que Iruka le ofreció hacía poco de unirse a la Academia como profesora. Y aunque en un principio se burló y río con todas sus fuerzas por la sola consideración, cuando llegó a su casa, lo pensó seriamente.

Había tomado su decisión hacía un par de días atrás. Pidió discreción. No imaginó que Menma se hubiera enterado.

Le escuchó reírse y quiso golpearlo.

—Más te vale cerrar la boca o te daré una paliza que te hará quedar hospitalizado por los próximos tres meses.

El otro se detuvo pero sin dejar de sonreír. Anko sintió como si los papeles se hubieran intercambiado y ahora ella fuera el entretenimiento favorito del Uzumaki.

—No puedo esperar verte limpiar mocos en la Academia.

—Bastardo condenado de…

—En fin, tengo que irme. Trata de comer menos dulces, sensei —se burló el Uzumaki, desapareciendo en un instante antes de que Anko decidiera llevar las cosas a otro nivel.

—Ese Cachorro idiota…

Pero a pesar del bochorno no pudo evitar sonreír, orgullosa. Menma había crecido bien. ¿Sería ese ñoño sentimiento que Iruka y Kakashi mencionan cuando hablan sobre sus alumnos?

No es como si siempre se la viviera preocupada por Menma, ya estaba crecidito para resolver sus problemas.

Él dejó de ser su responsabilidad hacía mucho tiempo.


Notas: Pienso que para que Menma tenga el cáracter que yo siempre imagino, quizá una ayudita de parte de Anko daría como resultado su crueldad y sadismo. Perdón si cometí cierto OoC por parte de los personajes de Hayate o Anko, especialmente del primero pues leí que poseía una actitud gentil y tranquila. Bueno, en este shot lo puse como un desinteresado. Los nombres de los compañeros de Menma son inventados.

La verdad estoy intentando darle historia a Menma en el universo canon de Naruto. Y como me vino a la mente Anko, me dije que podría haber sido una gran influencia para este chico rebelde.

Gracias por leer.