El polvoroso interior de la cabaña yacía gélido en todo su esplendor y en un profundo silencio. La pareja avanzó hasta el centro, observando con determinación cada espacio ante sus ojos. Kratos recordaba bien cada momento vivido y por vivir, mientras que Freya se reconfortaba con lo cálido que encontraba a su futuro hogar, a pesar de que estaba bajo el descuidado frío. El lugar era acogedor y perfecto para ambos, comenzaba a tomarle cariño a ese destino que forjaría con quienes ahora llamaba familia. Solo faltaba la presencia de Mimir para que estuvieran todos juntos, así como la ausencia de Atreus era tan evidente como nunca pero que sin dudas estaba en sus corazones, cerca en todo momento.
—Bueno, es un agujero de tamaño… ¿Importante? —opinó observando sobre su cabeza el hueco por el que entraba nieve y se acumulaba en un rincón.
—Se puede solucionar —respondió imitando la acción de ella y observando de forma determinada, recordando el día que ese techo se derrumbó y la batalla que inició a continuación.
—Bien, entonces empecemos. Primero busquemos la madera suficiente y cortémosla a la medida. Quizás yo pueda limpiar un poco aquí dentro mientras tu cortas algún tronco, luego yo iré a ayudarte allí arriba —Kratos observaba con calma a la mujer que de un momento a otro había planificado todo en un instante. Freya se mostraba rápida y certera con los planes que tenía en mente, quería que todo saliera bien y ese mismo día ya habitaran en esa cabaña, si fuera posible. Imaginaba el fuego calentando el interior, ellos dos disfrutando de alguna comida hecha por ella misma y Mimir contando alguna de sus típicas historias.
"De alguna manera buscas la familia que nunca tuviste"
Aquel pensamiento retumbó en su cabeza y la hizo callar. Kratos la miró de soslayo y se acercó, poniendo una mano en el hombro descubierto de la mujer.
—¿Estás bien, Freya? —la áspera y fría mano del guerrero se sentía incluso cálida para ella, quien tardó en responder para que el tacto no se acabara aún. Disfrutaba de la tibieza que se creaba en su pecho cuando él estaba cerca.
—Sí, es solo que estaba pensando en lo mucho que todo ha cambiado. Hasta hace poco solo buscaba venganza, y sin embargo ahora sólo siento paz —cambió el rumbo de su mirada para que él no viera en sus ojos la nostalgia.
—Así es como debe ser. Puedes encontrar paz en muchas cosas, pero no en la venganza. Eso solo te hubiera llevado a la perdición —le aconsejó como ya una vez lo había hecho.
"Quizá me asesines, Freya"
—Que alguien como tú lo admita entonces quiere decir que debe ser cierto. ¿Alguna vez me contaras con más detalles sobre tu historia? —le preguntó curvando una sonrisa. Sabía la respuesta, pero no perdía nada con intentarlo. Conocerlo más a fondo era algo que deseaba y necesitaba en su corazón.
—Quizás.
No hablaron en lo que restaba del día, a menos que fuera para compartir opiniones sobre la madera y cómo colocarla de manera adecuada. Mientras que Kratos utilizaba su hacha para cortar finas maderas, Freya se dedicó a limpiar los estantes y el piso que tenían restos de polvo y nieve casi vieja por el descuidado tiempo que estuvo deshabitada. Cuando llegó el momento, la Bruja subió con cuidado hacia el techo y comenzó a acomodar los tablones, colocando pequeños trozos de metal para que se sostuvieran firmemente, utilizando una roca como martillo. Al fin y al cabo su peso corporal podía ser soportado por aquella cabaña, quien sabe si no terminaba derrumbándose por completo por el peso del espartano.
Las sutiles miradas que intercambiaban a menudo durante la tarea le hacían creer que una especie de extraña tensión se estaba creando entre ellos. El silencio sepulcral no era para nada incómodo en la cotidianidad, pero ahora se sentía un aire pesado entre ambos.
"Si le digo lo que siento, ¿podré ser correspondida?"
