Capítulo 1


A pesar del hecho de que tenía dos de sus trajes en mano y una bolsa de compras en otra, Twilight no tuvo dificultades para abrir la puerta de su vivienda alrededor de las seis de la tarde. Se requería una habilidad extrema, pero era dueño de unas cuentas.

Ingresó en una casa silenciosa, bastante inusual, y arrojó su sombrero con un giro calculado para que cayera perfectamente en el colgador, un truco que había desarrollado el año pasado.

El espía también quedó colgado junto a su sombrero.

Loid volcó su atención hacia la sala de estar. Un destello, algo cálido, llenó su interior inmediatamente. Sus chicas dormían en el sofá con el televisor prendido en el canal de Spy Wars y Bond se acercaba con entusiasmo a saludarlo.

Era un día más para la familia Forger, pero también se sentía muy especial para él.

—¡Borf!

Bond dio un paso amistoso, con la cola levantada y echó un vistazo al recién llegado. Loid le sonrió.

—Ya prepararé tu comida, Bond —contestó al perro y luego, regresando la vista hacia la sala, donde notó la mirada somnolienta de su esposa. Supuso que había escuchado su llegada.

Yor se alejó del lado de Anya, susurrando antes algo a su oído mientras la pequeña se acurrucó más en el sofá. Se aproximó dándole unas palmaditas a Bond, que tomó aquello como un indicador para ir hacia la sala y dejar solos a los adultos.

—¿Necesitas ayuda? —preguntó Yor cuando vio a Loid maniobrando para dejar la bolsa de compras sobre el mostrador.

—No te preocupes —dijo él—. Quiero que descanses.

—Está bien, está bien —expresó la mujer después de una pausa—. Pero será mejor que me avises si necesitas ayuda.

Loid asintió y llevó los trajes a su habitación, mientras comenzaba a buscar ropa cómoda. Afortunadamente, vio que Yor había colocado algunas prendas sobre su cama. Meses atrás, tomó la decisión de que su esposa podía entrar, siempre y cuando tuviera los recaudos necesarios en relación con sus elementos de espionaje. Entonces, incluso en ese corto periodo de tiempo, la esencia natural de la mujer intentaba empapar el ambiente.

Se había vuelto parte de su normalidad.

Una vez que termino de colocarse una camiseta sencilla con pantalones de chándal negros, salió de su habitación con la intención de comenzar la preparación de la cena.

Sin embargo, Yor estaba apoyada contra su propia puerta, observándolo.

—¿Sucedió algo en el trabajo? —le preguntó a su esposo—. Has estado un poco distraído.

—Lo sabes —respondió Loid acercándose a ella con naturalidad—. Los pacientes son complicados en esta época del año.

Yor no puede evitar reírse de eso, pero era verdad. Siempre había complicaciones al final del año en cualquier trabajo, y ella lo sabía por el alto número de encargos que había tenido en las últimas semanas. Si tuviera que elegir una época con más encargos, sería esa. Pero ella no contestó eso y eligió prestar atención a los mechones cortos de cabello que su esposo se resolvía con cansancio.

Trozos más pequeños que los dedos del jefe sindical que asesinó la noche anterior.

Ella no debería tener esos pensamientos en ese momento, pero ahí estaban.

«Oh, Loid…».

Como si lo hubiera convocado con su mente, él se movió para ir hacia la cocina. A Yor le dio un pequeño susto y se movió hacia adelante, chocando a esposo con su fuerza sobrenatural e, inevitablemente, cayendo al suelo en el proceso.

Se tomó un instante para recuperarse, su cabeza se inclinó, revelando sus ojos que miraban a Loid y la forma en que la tenía apretada contra su cuerpo.

Parecía que estaba en el cielo mientras se perdía en aquellos ojos azules acostumbrados a perforar tu alma.

—¿Necesitas ayuda? —fue el turno para preguntar de Loid. Si no estuvieran en un punto muy avanzado de su relación, ese tipo de preguntas podrían haber puesto nerviosa a Yor—. Creo que también es una época complicada para ti.

—Sí, un poco —respondió y sus manos vagaron sobre su pecho, lentamente. Notó también como sus piernas estaban entre las de Loid y la evidente fricción entre sus cuerpos. Había fricción en todas partes—. ¿Acaso quieres…?

Nunca diría nada al respecto de ese tema en voz alta. Incluso a casi una semana de confesar sus sentimientos, Yor se avergonzaba. Estaba convencida de que Loid siempre debía hacer el primer movimiento, incluso si hablaba ella primero.

Echó un vistazo a su esposo y no pudo evitar sentir algo duro en la zona donde la fricción era más sensible.

Esa era su respuesta.

—¡Anya tiene hambre! —logró decir una pequeña voz sin sonar demasiado impaciente.

—¡Borf! —secundó otra voz, o más bien, un ladrido.

El matrimonio Forger sintió el tirón de la realidad y se levantaron con urgencia del suelo. Loid se apoyó contra la pared e intentó ocultar el problema de sus pantalones, pero era imposible con la figura de su esposa a corta distancia de él.

—Mm, bueno —expresó Yor mientras lo observaba con su mejor cara neutral. Aunque nada podía considerarse así dado su aspecto desordenado—. Hay que preparar la cena primero, el postre viene después.

Naturalmente, hasta el espía se giró al oír tal comentario por parte de su esposa. Como era de esperarse, Yor se dio cuenta demasiado tarde de lo que había dicho y chilló antes de encerrarse en su habitación.

Loid permaneció sereno y tranquilo, pero por dentro estaba hirviendo. Sabía que la relación con Yor iba a causar algunas situaciones, pero eso era otro nivel.

Tal vez tendrían que resolver cualquier tensión más tarde.

Pero solo sería posible si acababa la cena en primer lugar.

«Tengo que llegar al postre…» fue la única conclusión que consiguió la mente de Twilight, intentando que el agua del fregadero fuera suficiente para apaciguar los pensamientos inadecuados que sacudían su cabeza.

La cena de la familia Forger debía transcurrir con normalidad. Después, sería el momento para el matrimonio que recién disfrutaba de su vida privada.


Nota de la autora: Prometí actualizar domingo o lunes. Es lunes, así que estoy en tiempo válido.

Y sí, la tensión aquí está bastante elevada entre Loid y Yor, pero apenas comenzamos.

Nos vemos en unos días.