EL FINAL DE LA PESADILLA
El sol todavía no había salido y Naruto ya estaba sentado en el despacho del Hokage. En cualquier momento, Shikamaru y el resto de sus ayudantes irrumpirían en esa misma habitación cuan ejército invasor portando papeles y problemas en lugar de kunais. Depositó el tazón de ramen instantáneo en el único hueco libre de la mesa y se puso a desayunar.
Había pasado de dormir en el sofá a evitar desayunar en su propia casa. Hinata no protestaba, nunca lo había hecho y Naruto aceptaba, no sin cierta amargura, que nunca lo haría. Nada le importaba lo suficiente a su esposa, como si el simple hecho de estar casados hubiera sido siempre su único objetivo y no existieran expectativas más allá. Himawari era un reflejo de su madre, tanto que Naruto sentía que no conocía en absoluto a su propia hija; Boruto le odiaba por no ser un padre normal, de esos que vuelven a casa y asisten a los cumpleaños.
Apartó el cartón vacío y empezó a revisar los informes pendientes con ojos de pez muerto. Echaba de menos salir en misiones, ver a sus amigos o el mero hecho de entrenar con ellos. Hacía casi tres semanas que no hablaba con Sakura por culpa de sus respectivos trabajos. A Shikamaru y Sai los veía todos los días, pero siempre por trabajo. Trabajo, trabajo y más trabajo. Cuando soñaba de niño con ser Hokage, su idea iba más en el sentido de proteger a la aldea y menos en el de firmar papeles todo el día.
Las palabras le bailaron sobre el pergamino. Cerró los ojos y se llevó las manos a las sienes para masajearlas. El estrés acumulado y dormir mal le llevaban pasando factura una temporada. A veces incluso tenía la sensación de que su cuerpo no era el suyo. Si sólo pudiera escapar por unas horas…
El sonido de unas poderosas alas en la ventana cortó sus pensamientos en seco. Saltó de su asiento, le quitó el pergamino al halcón y lo desenrolló con el entusiasmo de un niño ante un regalo.
Urgente. Reunión. Una semana. Medianoche.
Sasuke, el rey de las palabras. Naruto sonrió para sí mismo, ciertas cosas nunca cambiaban y daba gracias cada día por ello. Tomó uno de los pequeños pergaminos del escritorio y garabateó una respuesta breve antes de atárselo al halcón y lanzarlo a volar. Se quedó parado frente a la ventana abierta, contemplando la libertad del mensajero alado y como la luz del sol se derramaba perezosamente por la ciudad de Konoha.
—¿Trabajando tan temprano?
Naruto se giró y sonrió a Shikamaru.
—Quería terminar de leer los informes sobre el grupo de desertores de la Arena. ¿Algo importante en la agenda de hoy?
—¿Cuándo no?
Naruto resopló y tomó asiento, preparado para un nuevo asalto en lo que ahora era su vida.
OooO
Sasuke abrió los ojos y se llevó la mano al brazo izquierdo, encontrando la manga de la camisa vacía. Respiró hondo, notando el sudor frío en el cuello. Analizó su entorno, la pequeña cueva en la que había pernoctado apenas iluminada por la luz de un nuevo día.
No era la primera vez que tenía ese tipo de pesadillas, pero cada vez se tornaban más y más reales y plagaban incluso sus horas de vigilia. Apartó la ropa y contempló el muñón de su brazo, la única manera en que conseguía calmarse.
Cuando emergió de su refugio, un halcón bajó a posarse en su hombro. Sasuke tomó el pergamino y le dio algo de carne de premio. Naruto se quejaba de su parquedad de palabras, nada nuevo, y prometía asistir a la reunión. Hacía meses que no veía a su amigo y la perspectiva de poder encontrarse y conversar terminó de alejar las malas sensaciones de la pesadilla.
OooO
Naruto se incorporó de golpe, sujetándose el brazo vendado. No había luz del otro lado de las cortinas. Esperaba no haber hecho ruido y despertado a alguien en casa. Procuró relajar la tensión de su cuerpo y la tiritona con respiraciones profundas. Otra vez la oscuridad, pero en esta última pesadilla no estaba solo; había visto a un Sasuke joven, dormido o quizás muerto. Se miró la mano sustituta, en el sueño había vuelto a sentir su brazo de carne y hueso, lo sabía porque recordaba estar sujetando la mano de Sasuke como si le fuera la vida en ello. ¿Qué demonios le estaba pasando?
Se levantó del sofá y fue a refrescarse al baño. Cuando regresó el despertador marcaba casi las seis. Un suspiro no bastaba para condensar todo el cansancio que sentía, pero echarse a dormir media hora le iba a hacer más daño que otra cosa, así que volvió al baño a terminar su rutina matinal y vestirse como el Hokage que supuestamente era.
OooO
—¡Naruto!
Sonrió al reconocer a Kiba y devolvió el saludo. Hoy había terminado pronto con sus deberes y pasear libre por la aldea era una sensación eufórica.
—He quedado con los chicos para beber, ¿te apuntas? —dijo Kiba, animoso—. Hace mucho que no te vemos.
—¿Quién va?
—Los de siempre; Lee, Chouji y yo. Shikamaru intentará escaparse después de cenar, ya sabes cómo es Temari, y Shino dice que no viene porque tiene que madrugar para las clases.
—¿Qué hay de Sai?
—No hemos conseguido contactarle. Se toma demasiado en serio su papel de espía y jefe de Anbu —dijo Kiba—. ¿Puedes avisarle de alguna forma?
—Sí, aunque luego me echará la bronca —sonrió Naruto.
La reunión se celebraba en el izakaya de siempre. Les trajeron un montón de botellas de cerveza y de sake junto a distintos platos para picar. Naruto era un fan absoluto del ramen, pero no le hacía ascos a la buena comida y su estómago le agradeció las provisiones después de no haber probado bocado desde mediodía.
Lee se sentó a su lado y le desgranó con todo tipo de detalles sus nuevos sistemas de entrenamiento. Chouji y Kiba se pusieron a contar anécdotas de sus últimas misiones, ninguna demasiado seria si se comparaba con aquellas de antes de la guerra. Shikamaru y Sai llegaron cuando los demás ya andaban un poco piripis y, como Naruto predijo, le echaron la bronca por utilizar la comunicación de emergencia para hacerles asistir a la reunión, aunque luego le dieron las gracias por pensar en ellos.
No pudieron evitar recordar cosas de juventud. Se brindó en honor a Neji, y Lee se lanzó a un discurso épico sobre su mejor amigo. Para Naruto la muerte de Neji era un dolor anclado muy profundo, residía en el mismo lugar que la pena por la pérdida de Jiraiya. Suspiró y se llevó la mano al brazo sustituto, notando de nuevo el tirón fantasma.
—Naruto, ¿estás bien? —Sai miró su brazo con el ceño fruncido antes de alzar la mirada.
—Sí, no es nada… A veces noto como si alguien lo moviera por mí —dijo él, frotándolo.
—Deberías decírselo a Sakura, recuerda que insistió para que le dijeras si ocurría cualquier cosa fuera de lo normal. Compartir las células del Shodaime no es para tomárselo a broma.
—Lo sé… —sonrió Naruto—. Mañana me pasaré a verla a primera hora.
OooO
Naruto se detuvo en la puerta del laboratorio, observando el ir y venir de su amiga de la infancia, la eficacia con la que Sakura daba órdenes al tiempo que no dejaba de tomar notas en distintos pergaminos. Todo se movía en torno a ella en una armonía de perfecta eficiencia. Uno de los médicos señaló hacia la entrada, rompiendo el embrujo, y Sakura se aproximó con paso ligero.
—Naruto, ¿qué te trae a mis dominios? —dijo ella tras un abrazo.
—El brazo está haciendo cosas raras.
—Ven, deja que le eche un vistazo.
Sakura pasó un escáner por el brazo vendado y comprobó los resultados. Llevó a Naruto a otra sección donde le aplicó un jutsu médico de reconocimiento, explicándole que así podía ver si era un problema de compatibilidad de chakra. Por último, Sakura tomó muestras del brazo y las mezcló con diferentes compuestos.
—¿Cuál es el diagnóstico, doctora? —preguntó Naruto, más de una hora y chopecientas pruebas después.
—No hay nada. Según los resultados de las pruebas, el brazo es completamente funcional y estable —dijo ella, revisando los papeles una vez más—. Descríbeme lo mejor que puedas los síntomas.
—Es una sensación rara, como si alguien me sujetara de la mano e intentara mover mi brazo —explicó Naruto y cogió a Sakura de la mano para demostrarle a qué se refería—. Es algo así, apenas imperceptible.
—Se parece a la sensación fantasma que sufren los amputados. En tu caso, al haber repuesto tu brazo con material orgánico, puedes tener reacciones adversas como lo de sentir que no es tuyo y que es otra persona quién lo mueve.
—¿Qué hacemos entonces?
Sakura se llevó una mano a la barbilla, con gesto meditativo.
—De momento nada radical —dijo ella, sacando un pergamino de un cajón y entregándoselo a Naruto—. Quiero que vuelvas a realizar todas las tablas de ejercicios de rehabilitación; no sólo están diseñadas para recuperar movilidad física sino también para reactivar el chakra, eso debería ayudar a mitigar la sensación de que alguien te mueve el brazo. Si ves que la situación empeora, vuelve aquí inmediatamente y buscaremos otra solución.
—Gracias Sakura-chan. Me alegra verte, aunque sea por culpa de mi tonta extremidad.
Ella sonrió y le dio otro abrazo.
—Cuídate, Hokage-sama, que nos tienes que durar unos cuantos años.
Naruto estaba a punto de abandonar el laboratorio, pero se detuvo en seco en el marco de la puerta.
—Sakura-chan.
—¿Sí?
—¿Eres feliz?
Naruto se giró un poco al no escuchar respuesta. Sakura le observaba con una expresión tan extraña para él como la sensación de su brazo. Podía ver las ojeras marcadas bajo unos ojos verdes antaño brillantes, tan parecidos a los azules que veía cada mañana en el espejo…
—¿Qué quieres decir, Naruto?
—Nah, olvídalo, ayer salí con los chicos a beber y la cabeza no me funciona del todo bien. —Se llevó una mano a la nuca y soltó una pequeña risita cómplice.
—Ya sabes que no toleras bien el alcohol, deberías recordarlo cada vez que Kiba llega para liarte.
—Hai, hai… nos vemos, Sakura-chan.
Esta vez sí que Naruto salió del laboratorio y del hospital. Resopló, molesto consigo mismo. No debería meter a Sakura en sus rayadas mentales y dudas acerca de su vida… aunque ella pareciera tan miserable como él.
OooO
Naruto le entregó el último fajo de papeles a Shikamaru y se estiró en el asiento hasta saltar los huesos de la espalda. La luz del atardecer colmaba el despacho de una agradable tonalidad anaranjada que invitaba a la nostalgia.
—Buen trabajo —dijo el Nara, terminada la revisión—. Hoy deberías intentar cenar con la familia y disfrutar una buena noche de descanso.
—Eso intentaré —sonrió Naruto, sabiendo que era una mentira. Debía reunirse con Sasuke esa noche, pero al menos quería pasar por casa para informar de su reunión con el Uchiha.
Se despidió de Shikamaru y se marchó de un salto por la ventana; ir por los tejados sería más rápido que por la calle, dónde debía pararse a saludar cada dos por tres. Llegó a casa justo cuando Himawari estaba poniendo la mesa y Hinata ultimaba detalles en la cocina; ambas le saludaron con la alegría de verle llegar para cenar, pero Boruto apenas le dedicó una mirada desde el sofá, concentrado en un videojuego.
—No puedo quedarme —le dijo a Hinata.
Naruto vio como se le ensombrecía el rostro aún cuando intentase ocultar el disgusto.
—¿Otra misión especial?
—Uno de nuestros contactos fuera de la aldea. Sai tenía otra misión y no puedo confiar en nadie más.
—Deberías ponerte en marcha entonces —dijo ella, conduciéndole hacia la salida. —Saluda a Sasuke-kun de mi parte —fue la despedida antes de cerrarle la puerta en las narices.
Naruto se quedó unos segundos contemplando la puerta, demasiado confuso por la actitud de Hinata como para reaccionar. Hasta alguien como él sabía que la Hyuuga estaba enfadada, pero ni por lo más remoto se le ocurría otro motivo que no fuera el repetido abandono al que sometía a su familia.
Su estómago rugió, recordándole que ni siquiera había podido rapiñar algo de la nevera. Pasó por su restaurante favorito y compró provisiones antes de ponerse en camino hacia el punto de reunión.
OooO
La luna llena iluminaba el lago y las ruinas del Valle del Fin. Sasuke sintió el chakra aproximándose y poco después los pasos apresurados golpeando el suelo del bosque de forma rítmica, un tap tap tap familiar. Ladeó la cabeza hacia la persona que aterrizó a su lado.
—Hey, teme.
—Sigues tan ruidoso como siempre, dobe.
Naruto se encogió de hombros ante la afirmación más que obvia y se dejó caer sentado con un suspiro cansado.
—¿Qué llevas ahí? —preguntó Sasuke, cuando le vio empezar a desatar un hatillo.
—La cena. Siempre me estás citando a horas raras y estoy harto de pasarme la noche muerto de hambre. ¿Quieres?
Sasuke inspeccionó las dos cajas y optó por un bollo relleno. La sonrisa de Naruto se amplió y él también empezó a cenar.
—¿Por qué la reunión? —preguntó Naruto entre bocados.
—Creo que pasa algo raro, pero no tengo claro exactamente qué. Quería hablar contigo para conocer tu opinión —dijo el Uchiha, con el ceño fruncido.
—Hum, claro, ¿a qué te refieres con «algo raro»?
Sasuke cogió algo más de comida, mientras en su cabeza le daba vueltas a la mejor manera de explicarse para que el atontado de su mejor amigo lo entendiera. Agradeció que Naruto no le metiera prisa, entretenido con la cena, aunque sí notaba su mirada cargada de curiosidad.
—Al principio eran solo pesadillas, algo sobre oscuridad y sensación de claustrofobia, pero han empeorado. Hace una semana creo que conseguí despertarme, no me refiero de forma normal, sino como si esta vida fuera el sueño y lo otro fuera real. —Sasuke señaló su brazo ausente—. Además, he estado notando mi brazo, y no se parece en nada al dolor fantasma que me describió Sakura antes de abandonar la aldea.
La sonrisa de Naruto se derrumbó al tiempo que sujetaba su brazo vendado. El gesto no auguraba nada bueno.
—¿Qué viste al despertar? —le instó Naruto.
—Fue apenas un segundo… vi tu rostro dormido, no el de ahora, el de cuando teníamos dieciséis. Le he estado dando vueltas y creo que sólo hay una explicación, aunque suene descabellada.
—Tsukiyomi Infinito —gruñó Naruto, enterrando la cara en las manos.
—Fuimos derrotados, usuratonkachi —asintió Sasuke, cediendo por primera vez a sus sospechas.
Su vida era una mentira. Nunca se unió a Sakura o tuvo a su hija, pero también significaba que jamás combatió contra Naruto para intentar matarlo. La culpabilidad que le había convertido en un ninja errante empezó a disolverse. Sintió alivio, sintió esperanza.
Naruto corrió a arrodillarse junto al lago y sumergió la cabeza en el agua fría. Cuando emergió respiraba de forma entrecortada y sus ojeras eran más evidentes contra la palidez de la piel. Sasuke se arrodilló a su lado, preocupado por una reacción tan negativa y visceral.
—Usuratonkachi —apoyó una mano en el hombro de Naruto y le sintió temblar—, ¿estás bien?
—No —granznó él.
—Sé que no es la mejor noticia, pero creo que entre los dos podemos romper el genjutsu —dijo Sasuke y dudó un instante antes de añadir—. Puede que me odies por lo que voy a decir, pero me alegra saber que todo esto no es real.
—¿Qué?
Sasuke retrocedió ante la expresión atormentada de Naruto. ¿Cómo explicar tu alegría cuando sabes que en este sueño tu mejor amigo tiene todo lo que siempre había deseado, ser Hokage y una familia? ¿Cómo pedirle que lo abandone?
—Me alegra saber que tengo otra oportunidad para tomar el camino correcto. —Sasuke clavó su mirada en el brazo vendado de Naruto, esperando que el dobe tuviera la suficiente inteligencia como para captar todo lo que quería transmitir.
Naruto boqueó como si no terminara de encontrar las palabras que buscaba y se pasó ambas manos por el pelo, arrastrando la humedad.
—Sarada… —acabó musitando.
—Lo sé. Es difícil… pero no son reales.
Y, sin embargo, se sentían como tales.
—¿Qué hacemos? —preguntó Naruto después de un rato en silencio, sentado en la orilla y mirando a la nada.
—En el mundo real todavía tenemos los poderes que nos otorgó el Sabio de los Seis Caminos, debemos concentrar nuestra mente en los símbolos de la palma de nuestras manos como punto de anclaje —explicó Sasuke—. Luego usaremos nuestro chakra para provocar una disrupción en el del otro, ¿sabes a qué me refiero?
—Sí, el sistema básico para sacar a alguien de un genjutsu, lo practicamos con Kakashi-sensei como prevención a la hora de luchar contra Itachi… sé cómo funciona… ¿de verdad vamos a salir de aquí?
—¿No quieres? —Sasuke entendería que Naruto se negase a romper el genjutsu.
—No es eso… ahora que sé que todo es mentira no creo que pudiera seguir fingiendo… Me habría gustado despedirme, pero no podemos arriesgarnos a perder tiempo o sería peligroso para ambos.
¿Seguir fingiendo? La elección de palabras era extraña, como si Naruto tampoco hubiera sido todo lo feliz que aparentaba, pero Sasuke no sentía que tuviera derecho a opinar después de haber permanecido lejos durante doce años.
Naruto se levantó, se arrancó la capa de Hokage y desabrochó un par de botones del cuello de su camisa naranja. Todavía parecía al borde de una crisis, pero su palidez había remitido y se centraba en el problema.
—¿Y eso lo sabes porque…? —cuestionó Sasuke.
—En este mundo de fantasía nos han mantenido separados por una cosa u otra, y cada vez que he intentado pensar sobre las pesadillas o las sensaciones raras de mi brazo surge algo que distrae mi atención —dijo Naruto, frunciendo el ceño—. No soy un completo imbécil, para tu información.
—En eso debo concederte la razón, cuando se trata de combatir a un enemigo te sacas de la manga ideas que a nadie más se le ocurrirían, dobe —sonrió el Uchiha, poniéndose en pie—. ¿Empezamos?
—Dame unos minutos.
Naruto convocó bunshins y empezó a cargar energía en modo ermitaño.
—Cuando estemos listos los haré desaparecer y usaremos la descarga de chakra para forzar el genjutsu.
—Buena idea. Ahora, ven aquí. —Sasuke colocó a Naruto frente a él y le cogió la mano formando el sello de liberación—. Recuerda, visualiza en tu cabeza nuestras manos en el mundo real formando el mismo sello.
—Vale. —Naruto cerró los ojos y su cara se contrajo por el esfuerzo de concentrarse en la imagen descrita por Sasuke—. Lo tengo.
—Libera tu chakra, todo lo que tengas.
Sasuke sintió brotar su propia energía y la de Naruto, ambos chakras bailando sin entrar en contacto agitando su pelo y ropas en una armonía no del todo sorprendente. Su conexión con Naruto siempre había sido una constante, incluso dentro del mundo imaginario del Tsukiyomi Infinito. Afianzó mejor su mano contra la del rubio y él respondió con un apretón y una sonrisa un poco endeble.
—Cuando te dé la señal debemos hacer colisionar nuestros chakras y sumar el de ermitaño para crear la explosión de poder —indicó Sasuke.
—Preparado.
OooO
Naruto enfrentó al Sharingan y Rinnengan en medio de una tormenta de chakra dorado morada, sintiendo el apretón de ánimo de Sasuke en la mano. Tanto tiempo sin usar su poder, tanto tiempo atado a un despacho muriendo día a día sin saberlo, siendo torturado por el mismo sueño que le había mantenido con vida durante toda su infancia. Hokage, sí, ¿pero a qué precio? Y la familia que debió haber sido una bendición para alguien con su pasado, convertida en otra de las cadenas que arrastraba. Alejado de la persona que más había significado para él, por quién había estado dispuesto a sacrificar todo, incluida su propia existencia y los sueños asociados a ella.
Naruto salió de la oscuridad de su mente cuando Sasuke apoyó la frente contra la suya en medio de la tormenta de chakra. Era real, lo único real de cuanto le rodeaba. Podía dejar atrás la pesadilla sin sentir más culpa o remordimiento. El peso desapareció y soltó una carcajada de alivio que encontró su reflejo en la media sonrisa de su mejor amigo. Escuchó la voz de Sasuke y se dejó devorar por el huracán de chakra, esgrimiendo su poder como una lanza contra el genjutsu. Todo se resquebrajó a su alrededor.
