Naruto abrió los ojos, los de verdad, en la oscuridad y tomó una fuerte bocanada de aire que se deshizo en toses. Algo rasgó las sombras y el capullo se abrió a un cielo dominado por la luna. Giró la cabeza hacia su derecha y encontró sentado a Sasuke, joven y armado con un kunai, mirando hacia el exterior sin soltar su mano. Parpadeó, concentrando toda su atención en los brazos de carne y hueso de ambos.

—Lo conseguimos —la voz del Uchiha sonaba quebrada—. Me pregunto cuánto tiempo habrá transcurrido en el mundo real.

—Creo que no mucho… —dijo Naruto, incorporándose con la misma sensación que si se hubiera echado una siesta muy larga sin cambiar de postura—. Tu pelo no ha crecido apenas.

Sasuke soltó al fin su mano izquierda y la alzó con una sonrisa tenue. Naruto sentía el mismo alivio al saber que su gran combate final nunca tuvo lugar y jamás se produciría. Durante los años pasados en el interior del Tsukiyomi, Naruto había visto como Sasuke seguía culpándose por el daño que causó su locura a la única persona que nunca perdió la esperanza de salvarle. Sintió movimiento de chakra en su interior y saludó a Kurama.

—¿Cuál es el plan? —preguntó Naruto.

—Encontrar a Kaguya y sellarla.

—Esperemos que no se haya percatado de nuestra fuga.

—Sólo hay una forma de averiguarlo —dijo Sasuke, saltando fuera de la vaina.

Naruto le siguió, aunque el aterrizaje fue bastante indigno cuando las piernas se negaron a sustentarle y acabó de culo en el suelo. Era lógico pensar que meses de inmovilidad le habrían pasado factura a su cuerpo, pero experimentarlo era muy distinto y más a sabiendas que debían enzarzarse en combate en breve.

—Usa tu chakra para poner en marcha los músculos —indicó Sasuke, estirando y dando pequeños altos—. Ten cuidado de no usar demasiado o podrían detectarnos.

Él asintió y se puso en pie para imitar los movimientos de su amigo. Al principio la sensación de hormigueo por todo el cuerpo resultaba tan desagradable como cientos de aguijonazos, pero no tardó en desvanecerse y Naruto testeó algunas patadas y puñetazos. Era tan raro eso de volver a tener diecisiete años, su centro de gravedad se sentía mal y descompensado.

—Creo que es todo lo listo que voy a poder estar.

—Yo también —dijo Sasuke, revisando las armas que le quedaban—. Si fuera posible deberíamos intentar acercarnos a escondidas a Kaguya y entonces atacar para sellarla. Evitar la confrontación directa es nuestra mejor opción, ¿podrás hacerlo?

—La duda ofende, teme.

Sasuke avanzó en vanguardia mientras se escabullían entre los gigantescas raíces, hojas y vainas, usando la ventaja que le proporcionaban sus ojos a la hora de divisar zetsus blancos. El gran árbol parecía el epicentro de toda la vegetación y posiblemente es donde estaría Kaguya. No les costó mucho localizarla en su trono vegetal, reina de un mundo sin presencia humana.

Naruto retuvo a Sasuke tomándolo del brazo y le deseó buena suerte en silencio. El Uchiha asintió y le apretó el hombro como respuesta.

No podían perder una segunda vez, se repetía Naruto mientras avanzaban medio a rastras, porque ellos eran los últimos con poder suficiente como para hacer frente a Kaguya y los únicos que podían romper el Tsukiyomi. Contemplar la espalda de Sasuke le reconfortaba, no estaba solo en esa misión absurda y sabía que juntos eran capaces de cualquier cosa, incluso liberarse del genjutsu definitivo.

El subterfugio no sirvió, no con el zetsu negro como perro guardián al acecho. Se vieron arrastrados a otra dimensión por Kaguya, un lugar abierto sin posibilidad de escondite o cobertura frente a la diosa. A pesar de la sensación de deja vú, Naruto no cedió al miedo y se sumergió en una alegría desbordante con cada movimiento que Sasuke y él combinaban para alcanzar a su enemigo. Pelear junto a Sasuke siempre se había sentido diferente a cuando lo hacía en compañía de sus otros amigos; no necesitaban palabras para iniciar o coordinar los ataques, sabían en todo momento dónde estaba el otro y cuál sería su siguiente acción, hasta el punto de que pareciera que se leían la mente. No era un combate, lo que hacían se asemejaba más a una danza ensayada hasta alcanzar una perfección absurda.

Estuvieron muy cerca de volver a perder contra el enorme poder de Kaguya. Cuando casi no les quedaba chakra, Sasuke le ofreció a Naruto un shuriken sombra mientras sostenía otro con su mano izquierda. Naruto respondió con una de sus deslumbrantes sonrisas, convocó el Kage Bunshin con sus últimas reservas de chakra y lanzó sus clones contra la diosa. Aprovechando la humareda que crearon los clones al desaparecer, Sasuke y Naruto arrojaron los shurikens. Ella se limitó a retroceder en el aire, dejando que los shurikens se cruzaran sin tocarla y siguieran su camino mientras concentraba su atención en los dos ninjas, por eso no tuvo margen de reacción cuando los shurikens se transformaron en los verdaderos Naruto y Sasuke, que solo tuvieron que extender sus manos para sellarla. El zetsu negro no corrió mejor suerte cuando Naruto lo pateó de vuelta a la masa de roca del Chibaku Tensei que estaba encerrando a Kaguya.

La dimensión empezó a resquebrajarse a la misma velocidad que se cerraba la prisión de Kaguya, creando vientos sobrenaturales y haciendo saltar fragmentos de roca en todas direcciones. Sasuke intentó reunir suficiente chakra para usar el Rinnengan y salir de allí, pero había dado todo lo que tenía durante el combate. Naruto sujetó la mano de Sasuke e intentó forzar su propio chakra y el de Kurama, negándose a que aquello fuera el final de ambos y del resto de ninjas que esperaban su liberación del Tsukiyomi. La planicie estalló en pedazos, Naruto sintió un tirón a la altura del estómago y en un parpadeo se encontraron a los pies del Gran Árbol, la llanura plagada de raíces y vainas extendiéndose a su alrededor.

—¡Ganamos! —exclamó Naruto, dejándose caer al suelo cuan largo era sin soltar la mano de su compañero.

Sasuke se dejó arrastrar, tumbándose a su lado con el aspecto de quién piensa dormir una semana, quizá por eso ni se molestó en zafarse del agarre del rubio.

—Ha sido genial derrotarla de esa manera, igual que la primera vez contra Zabuza. ¡No nos ha hecho falta ni hablar para tener un plan! —rió Naruto—. ¡Echaba taaanto de menos esto!

—¿Estar a punto de morir a manos de una divinidad? —cuestionó Sasuke con los ojos cerrados.

—No, teme, pelear juntos en el mismo equipo y ganar cuando parece imposible.

—Técnicamente nosotros no derrotamos a Zabuza, dobe.

—Pero le forzamos a moverse y a liberar a Kakashi-sensei y éramos una patata de genins que no podía ni subir a los árboles. —Naruto soltó un grito de júbilo—. ¿No sientes lo mismo? ¿Ese subidón de energía cuando sobrepasas a alguien que es mucho más fuerte que tú?

—Sé a lo que te refieres, se llama euforia —dijo Sasuke.

—Buen trabajo.

Naruto y Sasuke se levantaron despacio y achacosos cuando repararon en la presencia del Sabio de los Seis Caminos, en los Kages y los Nueve Bijuu. Así que había sido él quién les sacó de la otra dimensión y les trajo de vuelta.

—¡Otro Kurama! —Naruto se lanzó a abrazar al gigantesco zorro—. Te he echado un montón de menos.

—Hubo un momento que llegué a pensar que no despertaríais —dijo el Sabio—. Quince años son muchos para una psique humana y después de tres meses quizá habíais perdido demasiado chakra.

—Nos las apañamos —dijo Sasuke, demasiado cansado como para molestarse en esconder la sonrisa que le provocaba ver a Naruto haciendo el idiota con su bijuu.

—Parece que tu respuesta a mi pregunta ha cambiado —dijo el Sabio, con la sonrisa de un padre orgulloso.

—Quince años son tiempo de sobra para cambiar. Además, ese dobe se encargó de meterme el sentido común en la cabeza a golpes y me trajo de vuelta a riesgo de perder su vida —dijo Sasuke, sin perder de vista a dicho dobe achuchando a un Kyuubi que fingía muy mal su exasperación.

—Es hora de que nos marchemos —anunció el Sabio—. Los antiguos Kages se han ganado su descanso. En cuanto a los bijuu, a partir de ahora estáis vinculados al joven Uzumaki y podréis reuniros siempre que así lo deseéis. Kurama me gustaría pedirte como favor que permanecieras con él para ayudarle y protegerle.

—Si el Sabio de los Seis Caminos es quién lo pide, no puedo negarme —refunfuñó el enorme zorro.

Los Kages les encargaron el futuro, de una manera tan semejante al discurso que presenciaron dentro del Tsukiyomi que Naruto no pudo evitar removerse inquieto. Despedirse de su padre no fue menos doloroso que la primera vez, pero volvió a gritar todas y cada una de las cosas que tanto le hubiera gustado decirle a su madre mientras se ahogaba en lágrimas mal contenidas. Sin embargo, la mano de Sasuke en su espalda hizo que todo fuera diferente, un apoyo silencioso tan atípico del Uchiha que Naruto le escrutó cuando los últimos destellos de luz dorada aún estaban disolviéndose en el aire. Percibía la serenidad del Sasuke adulto en el joven, resultado de haber hecho las paces con su pasado, pero había una determinación y vitalidad nuevas que no sabía cómo interpretar.

—Es hora de que yo también parta —dijo el Sabio, sacando a Naruto de sus elucubraciones—. El futuro os pertenece y espero que conduzcáis al mundo ninja a una nueva Era. Os deseo la felicidad y la paz que habéis traído a este viejo corazón.

Se desvaneció en el aire, dejando solos a los dos ninjas.

—Deberíamos cancelar el Tsukiyomi —dijo Sasuke.

Naruto le tendió la mano derecha, en la que ya no brillaba el emblema del sol. La mano izquierda de Sasuke abandonó por fin la espalda del rubio y entrelazó sus dedos con él formando el sello de liberación. Desde la colina donde crecía el gran árbol, observaron como las vainas liberaban a sus cautivos, la gente poco a poco reencontrándose con sus camaradas y las voces que pronto colmaron el lugar.

—Esta vez voy a hacer las cosas de forma diferente —dijo Naruto, las manos en sus caderas y la vista al frente.

—¿A qué te refieres? —preguntó Sasuke.

—Para empezar no voy a permitir que te encierren y luego te marches por ahí de peregrinación a solucionar tú solo los problemas del mundo ninja… y que me dejes a mí todo el papeleo mientras tú te diviertes pateando culos —dijo Naruto, señalando al Uchiha de forma amenazadora.

—Interesante propuesta, Hokage-sama —el tonó de burla de Sasuke arrancó una mueca enfurruñada a su amigo.

—Va en serio. Además, no voy a dejar que los señores feudales y los consejeros se salgan con la suya después de todos los problemas que han causado a las Aldeas —afirmó el rubio.

—Yo sigo siendo partidario de ejecutarlos, ¿cuál es tu plan? —dijo Sasuke, no del todo en broma.

—Ya lo verás —Naruto esbozó una de sus sonrisas zorrunas—, es una sorpresa.

—No me gustan las sorpresas.

—Quizás por eso lo hago —rió él, satisfecho de sacar un poco de quicio a Sasuke.

Cuando Sakura y Kakashi los encontraron aún seguían discutiendo sobre lo que iban a hacer para eliminar toda la oscuridad del mundo ninja. Sakura se lanzó sobre ambos para estrujarles en un abrazo, pero Kakashi se detuvo a unos pasos observando el reencuentro de sus estudiantes. Había algo diferente en Sasuke, ya no percibía ese aura de agresión que le había rodeado cuando se enzarzaron en el combate contra Kaguya, ahora se parecía más al Sasuke de antes de cruzarse con Orochimaru en el examen de Chuunin.

Sasuke se apartó del abrazo grupal con el ceño fruncido. Naruto no tuvo oportunidad de preguntar qué le pasaba, varias manos separaron con violencia a los tres miembros del Equipo 7. Inmovilizado contra el suelo e intentando procesar qué ocurría, Naruto vio como varios anbus ataban a Sasuke y le ceñían vendas con símbolos de sellado sobre los ojos, la boca y las ataduras de sus brazos, todo con una brutalidad innecesaria cuando Sasuke ni siquiera había hecho por resistirse.

—¡¿Qué hacéis?! ¡Soltadle! —gritó Naruto debatiéndose, aunque el combate le había dejado tan drenado que hasta un genin hubiera podido contra él.

—Órdenes de los kages —fue la seca respuesta que obtuvo Kakashi al intervenir.

Naruto recordó el año que Sasuke estuvo encerrado e incomunicado con el exterior hasta que se decidió su liberación, el vacío de sus ojos al salir y como se marchó de peregrinaje apenas unas semanas después. La frustración que sintió al verse incapaz de cruzar la barrera que Sasuke había levantado y abrazarle después de devolverle su vieja bandana. Kurama rugió en su interior en respuesta a sus emociones y el manto de fuego dorado le cubrió, otorgándole la fuerza que necesitaba para luchar y proteger. Noqueó a los que le inmovilizaban y fue a por los de Sasuke, un parpadeó en el que veinte anbus acabaron por los suelos sin saber muy bien qué les había arrollado.

Usó la energía de Kurama y rompió los sellos, enfrentando a un Sasuke confuso y, una vez ubicado, a su expresión exasperada acompañada de una colleja.

—Usuratonkachi, ¿cómo se te ocurre atacar a los enviados de los Kages?

—No voy a dejar que te hagan lo mismo una segunda vez.

Sasuke pareció ir a replicar, pero terminó por soltar un suspiro cansado. Sakura le confirmó a Kakashi que todos los ninjas estaban bien, sólo conmocionados, y dirigió a Naruto la misma mirada de reproche que Sasuke.

—Pensé que habías aprendido a pensar antes de actuar, baka —dijo Sakura.

—Deberíamos bajar al campamento y hablar con los Kages, Naruto —recomendó Kakashi—. No es bueno empezar a generar conflictos recién anulado el Tsukiyomi Infinito.

Naruto agradeció mentalmente a Kurama y permitió que sus poderes se replegaran, dejando a un muchacho agotado y cubierto de suciedad que tenía que sujetarse a su maestro para bajar la colina. Por si acaso, empezó a reunir energía natural, porque si había que pelear con los cinco Kages para que dejaran en paz a Sasuke, él estaba más que dispuesto a hacerlo.

Caos es la palabra que mejor describía la situación del campamento de la Alianza Shinobi. Se oían llantos y gritos y muchos ninjas permanecían sentados o tumbados mirando a la nada, mientras otros ninjas en no mucho mejor estado intentaban atenderlos.

—Las consecuencias del Tsukiyomi —explicó Sakura—. Tsunade-sama ya ha implementado una atención de urgencia a nivel psicológico, pero va a llevar tiempo, hay gente que cree haber vivido una vida entera… muchos han perdido a sus hijos y nietos.

Posiblemente Sakura se encontraba entre esas personas que habían perdido un futuro perfecto, lo que explicaría las ojeras y el aura derrotada que flotaba a su alrededor. Naruto le dio un breve achuchón, lo que le valió una sonrisa.

Dentro de una tienda de lona bastante precaria, los líderes de las Aldeas ya habían iniciado las primeras conversaciones sobre cómo preservar la Alianza y afrontar las necesidades inmediatas de los ninjas. Tsunade les esperaba fuera, con los brazos cruzados y un gesto que prometía agresión inminente.

—Has atacado a los Anbus.

—Los Anbus nos han atacado a nosotros primero —replicó Naruto, imitando la postura de la Hokage—. ¿Así se nos premia por ganar y liberar a los demás?

—Lo último que sabemos es lo que nos ha contado Gaara, que sanaste a Gai y que os fuisteis a pelear con Madara, entonces el cielo se oscureció y las plantas atacaron a todos —dijo Tsunade—. Tenéis mucho que explicar.

—Va a ser largo de contar, deberíamos entrar y compartir la historia con todos, Hokage-sama —sugirió Kakashi.

—Buena idea, pero antes —Tsunade le ofreció a Sasuke una cinta con inscripciones—, tápate los ojos muchacho.

Sasuke posó una mano en el hombro de Naruto, cortando cualquier acción precipitada, y con la otra tomó la tela para obedecer. Una vez bien cubiertos los ojos, Sasuke volvió a apoyarse en Naruto en busca de guía.

—¿Estás seguro? No tienes por qué hacerlo si no quieres —preguntó Naruto.

—Me odian y temen mis poderes —dijo Sasuke—. Llevaré la venda, es lo más lógico.

—Chico inteligente. —Tsunade les hizo un gesto, invitándoles al interior de la tienda.

Kakashi, Sakura, Sasuke y Naruto habían sido convocados para aclarar lo sucedido durante el combate contra Madara, que era lo último de lo que tenía noticia el resto de la Alianza. Kakashi les habló de Obito. Naruto del origen de los bijuus, del Sabio de los Seis Caminos, de la muerte de sus padres, de la manipulación sufrida por los Uchiha y del mundo ninja a manos de Zetsu, y sobre Kaguya y cómo habían hecho para derrotarla cuando todos acabaron encerrados en el Tsukiyomi. Percibiendo el odio y desconfianza que atraía, en especial del Raikage, Sasuke sólo abrió la boca para matizar algunas partes importantes de la narración de Naruto, en particular sobre Itachi.

—Estoy muy mayor para esto —gruñó Oonoki.

—Es mucha información a digerir —reconoció la Mizukage—, y más tras despertar de nuestras vidas falsas. ¿Joven Uchiha?

Sasuke ladeó la cabeza en su dirección.

—¿Podrías dar tu opinión sobre la situación de nuestras mentes y cómo van a evolucionar después del Tsukiyomi Infinito? —prosiguió ella.

—El Tsukiyomi no deja de ser un genjutsu del más alto nivel, una vez lo rompes sus efectos se van diluyendo con el tiempo —explicó Sasuke—. Poco a poco nuestras mentes purgarán los recuerdos de nuestras vidas falsas, dentro de un año serán como sueños y dentro de dos todo el mundo habrá olvidado que vivió otra vida diferente a la real.

—Hasta entonces habrá que cuidar de aquellos que han sufrido más daño emocional al despertar —dijo Sakura—. El nivel de resistencia al genjutsu varía de una persona a otra, por lo que podemos asumir que habrá casos de todo tipo.

—El Clan Yamanaka de Konoha… los que no estaban en el Centro de Inteligencia, pueden ayudar con un primer tratamiento de choque en los casos más graves —dijo Tsunade, sin molestarse en esconder su tristeza—. ¿Tenéis ninjas de tipo mental en vuestras aldeas?

—Algunos, pero no tan aterradores como tus Yamanakas —ofreció el Tsuchikage. Los otros Kages asintieron.

—De acuerdo. Sakura, encárgate de crear una unidad especializada de tratamiento mental, que Ino te ayude; Shizune ya está a cargo de la primera terapia de emergencia —ordenó Tsunade.

—Yo también puedo colaborar —intervino Sasuke.

—Como que vamos a fiarnos de un miembro de Akatsuki que intentó matar a mi hermano, asaltó la reunión de Kages y siguió asesinando sin escrúpulos —espetó el Raikage—. Deberías estar encerrado y no en esta reunión.

—Todos estáis en esta reunión porque Sasuke y yo derrotamos a Kaguya y rompimos el Tsukiyomi, creo que se ha ganado un voto de confianza —replicó Naruto, esta vez ignorando el apretón de advertencia que sintió en el brazo.

—Merece un castigo por sus crímenes.

—¿Un año de confinamiento en prisión y casi quince de exilio sería suficiente? —Naruto retó a todos los presentes con la mirada—. Porque no todos tuvimos sueños felices.

—Naruto… intenté matar a mucha gente —insistió Sasuke con voz átona.

—Y fallaste —le cortó el rubio—. Nadie va a echar de menos a Danzo. Ya tuvimos esta conversación en el Tsukiyomi y te dije que, incluso en tu momento de mayor locura, una parte de ti mismo siguió conteniéndose para no matar, lo sé porque conozco el poder que posees.

—Los samuráis durante la reunión de Kages —le recordó Sasuke.

—Estabas bajo el control de Obito y Zetsu, ni siquiera pensabas de manera lógica cuando te metiste allí de cabeza sin planificar, tú que eras el primero en echarme en cara lo de actuar sin pensar —replicó Naruto—. Además, seguro que haces lo mismo que en el Tsukiyomi —y se dirigió al resto de los presentes—. Repartió la herencia del Clan Uchiha entre las familias de las víctimas y se puso a su disposición de por vida.

—Todo eso no tiene verdadero valor en el mundo real, muchacho. —El Raikage parecía a punto de saltar de su sitio y encargarse personalmente de Sasuke.

—Técnicamente soy el héroe del momento, ¿verdad? —Naruto sonrió de medio lado y tomó una pose con los brazos cruzados que pretendía ser decidida.

Varias miradas de curiosidad y algún arquear de cejas ante el inesperado contraataque del rubio.

—¿Qué pasa, mocoso? ¿Quieres un premio por tus servicios? —preguntó Tsunade, con una sonrisa cómplice.

—No estaría mal, ¿puedo pedir algo?

—Por mí no hay ningún problema, Naruto —dijo Gaara, mirando un instante a Sasuke—. Pero algunos puede que se opongan.

—Oooh, ¿sabes lo que quiere Naruto, Kazekage? —inquirió la Mizukage.

—Si lo piensas, es bastante obvio —dijo Tsunade, rodando los ojos.

—¿Qué es lo que quieres, chico? Sácanos de dudas —gruñó Oonoki.

—Quiero la vida de Uchiha Sasuke.

El interpelado se llevó una mano a la cara, aunque con la venda cubriendo los ojos era difícil decir si era por bochorno o por exasperación, Kakashi se echó a reír y Sakura le dio un galletazo a Naruto, aunque se contuvo para no mandarlo a volar como la mayoría de veces. La petición podría haber dado lugar a un silencio incómodo o airado, pero arrancó alguna sonrisa más.

—Suna renuncia a su derecho de reclamar al criminal de rango S, Uchiha Sasuke, por sus servicios prestados en la guerra contra Madara y Kaguya —dijo Gaara exprimiendo cada gota de dignidad que poseía.

—Konoha también, aunque me reservo el derecho personal de patear su culo si vuelve a las andadas —sonrió Tsunade.

—La Aldea de la Niebla te cede su derecho sobre Uchiha Sasuke, joven Uzumaki —dijo la Mizukage con un guiño pícaro—. Total, estuve a punto de matarle cuando nos ataco; pobrecito, hubiera sido un desperdicio derretirle.

—¡¿No podéis hablar en serio?! ¡Es un criminal de rango S! —bramó el Raikage, golpeando el suelo con el puño; si hubieran estado sentados a una mesa seguro la habría partido por la mitad—. ¡Oonoki! ¿Tú estás de acuerdo?

—Creo que la información aportada por el Sabio de los Seis Caminos y por el Zetsu Negro ha esclarecido muchas cosas, sobre todo ha dejado claro que las Aldeas fueron manipuladas para crear disensiones internas y externas que llevaron a la guerra y a miles de muertos. Todos hemos cometido delitos atroces, incluido tú. Yo mismo no supe ver más allá y contraté los servicios de Akatsuki más de una vez cuando no quería mancharme las manos —dijo el viejo Tsuchikage—. La Roca tampoco exigirá castigo alguno contra Uchiha Sasuke.

El Raikage parecía a punto de explotar cuando una mano se posó en su hombro. Bee sonrió y le hizo el gesto de O.K. con la mano libre.

—Después de todo lo que ha pasado… —rugió el Raikage.

—Precisamente por eso, hermano —dijo Bee—. Si yo puedo perdonar al Uchiha, tú también.

El enorme guerrero todavía gruñó y maldijo un poco más, pero acabó cediendo al verse superado en número.

—¡Demonios, dejad de mirarme todos así, que se quede al maldito Uchiha! —gritó y señaló la entrada a la tienda—. ¡Y ahora, largaos de mi vista!

Naruto acompañó su agradecimiento con una reverencia y abandonó la tienda tirando de la manga de Sasuke, aunque éste se zafó enseguida de su agarre y de la tela que cubría sus ojos. Estaba enfadado, pero Naruto no sabía muy bien si achacarlo al hecho de defenderlo ante los Kages o por el riesgo que había corrido al hacerlo, y Sasuke tampoco se lo aclaró.

Esa noche la llanura que había sido testigo de la Guerra Ninja se llenó de hogueras y de ninjas congregados en torno a ellas, buscando apoyo en la familiar camaradería. El Equipo 7 se reunió para cenar y recobrar el vínculo fracturado cuando Sasuke dejó la aldea. No dejaron de pasar personas a saludar, felicitar a los héroes o quedarse un rato charlando. La mayoría de los ninjas evitaban a Sasuke y preferían centrarse en Naruto y su alegría contagiosa, no querían tratar con uno de los mayores criminales del mundo ninja incluso tras su absolución.

La llegada del Equipo 8 puso en tensión a Naruto. Hinata cargaba con una prominente palidez y ojos enrojecidos, su mirada perdida en otro lugar que ya no existía.

—Enhorabuena al héroe del momento —dijo Kiba, dándole una palmada en la espalda a Naruto.

—Ey, que no lo hice yo solo.

—Ya, pero a los demás les da mal rollo el Uchiha —rió Kiba—. ¿Qué, Sasuke? ¿Al final el descerebrado de Naruto consiguió cazarte?

—Dicho así suena un poco… —musitó Kakashi, parapetado tras su libro.

—¡Oi Kiba! —Naruto le arreó una colleja—. ¡Deja de decir chorradas!

Sakura puso los ojos en blanco e invitó a Hinata a sentarse mientras le preguntaba cómo se encontraba. La Hyuuga hizo un intento de sonreír que no salió muy bien parado.

—Sospecho que su estado no es por Neji —le dijo en voz baja Sasuke a Naruto, mientras Shino regañaba a Kiba.

—¿Piensas que la Hinata con la que me casé en el Tsukiyomi era la real? —La sola idea bastaba para crisparle.

—Sakura era la auténtica, lo sé porque me habló de Sarada cuando ayudaba con la cena, aunque no mencionó mi participación en el asunto —musitó Sasuke, poniendo buen cuidado en no ser escuchado.

—No sé qué decirle —reconoció Naruto.

—Pensé que estarías deseando pedirle salir o alguna de esas tonterías que tanto parecían gustarte —dijo Sasuke.

—Pensaste mal.

Naruto se levantó del tronco en el que estaba sentado y, desoyendo las voces de Sakura y Kiba, se perdió entre las fogatas. Agradeció la oscuridad y el alcohol consumido por los ninjas a la hora de pasar desapercibido. Fue a la zona de abastecimiento, se hizo con un saco y buscó un rincón tranquilo donde echarse, aunque no a dormir. Sasuke no tenía ni idea. ¿Quería a Hinata? Sí ¿Seguía enamorado? No. Y la sola perspectiva de volver a pasar por toda la experiencia le producía nauseas, aunque no tan malas como el sentimiento de culpabilidad que le carcomía cuando recordaba a Boruto y Himawari. ¿Hasta qué punto su existencia fue real? Eso es lo que debía estar pasando factura a Hinata, la pérdida de sus hijos, pero lo disfrazaba de pena por la muerte de Neji. Sakura también debía estar triste, pero era una mujer pragmática y sabía cómo funcionaban los genjutsus, así que habría descartado la existencia de Sarada igual que se olvidan los sueños al despertar. No, seguro que Sakura andaría pensando en la mejor forma de convencer a Sasuke y tener lo que el Tsukiyomi le había mostrado. No debería costarle mucho, sin la motivación de la venganza el mayor deseo de Sasuke era volver a tener una familia.

—Así que aquí estabas, dobe.

Naruto se sentó de un salto y casi se abre la cabeza contra los tallos gigantes bajo los que se había metido. Se agarró la cabeza y dio vueltas a un lado y otro sumido en el dolor.

—Usuratonkachi.

—Vete a la mierda, bastardo.

Sasuke se arrastró bajo la vegetación y se sentó al lado de Naruto.

—¿Por qué te has marchado de esa manera? —preguntó, intentando encontrar una postura cómoda donde no se le clavasen todas la piedras y ramas.

—No quiero estar en el mismo lugar que Hinata —dijo Naruto, dándole la espalda a su amigo.

—¿Por qué?

Naruto no contestó. ¿Cómo podría hacerlo? ¿Cómo decir en voz alta que detestaba su matrimonio y odiaba el tipo de Hokage en el que se había convertido?

—Estar con Sakura es difícil —dijo Sasuke.

—¿Por qué?

—Expectativas —suspiró el Uchiha—. El Tsukiyomi le mostró un futuro en el que tenía al hombre que amaba, una hija prometedora y era respetada como ninja médico.

—¿No fue lo mismo para ti? —Naruto se sentó con cuidado y encaró a su compañero.

—Al principio quizás… pero cuando mi mente empezó a aceptar la realidad, que todo era una ilusión, fue… no sé explicarlo…

Naruto entendía y pronunció en voz alta lo que le hacía sentir asco de sí mismo.

—Detestaba volver a casa y verlos. Llegó un punto que no soportaba a mi familia ni mi vida, y ahora doy gracias que no fuera real.

—No deberías agobiarte, era la forma en que nuestras mentes luchaban contra el Tsukiyomi, ahora podrías tener lo mismo sin la parte negativa —razonó Sasuke.

—¡No quiero estar con Hinata! ¡No quiero tener hijos! ¡Y no quiero ser un Hokage que deja que el sistema le controle! ¡¿Cómo tengo que decirlo para que lo entiendas?!

Sasuke le miró sobresaltado por un momento tras semejante explosión de emociones.

—¿Qué es lo que quieres entonces?

—Volver a casa. Comer en el Ichiraku. Ayudar con la reconstrucción, pero no sólo de Konoha, sino también de las zonas que hayan sufrido daños y que no pertenecen a ninguna Aldea Oculta. —Naruto se recostó contra el tallo a su espalda e intentó recordar todo aquello a lo que le había dado vueltas en la cabeza pero nunca hizo—. Purgar Raíz es una necesidad, pero eso más o menos lo hice bien gracias a Sai. Encontrar una forma de reducir el papeleo innecesario, eso es cuestión de vida o muerte si voy a volver a ser Hokage. Y, por supuesto, quiero que te quedes en Konoha para ayudarme.

—Naruto, no le tengo especial apego a la Aldea, ni sus habitantes a mí, deberías saberlo —dijo Sasuke.

—Dame tiempo para demostrarte que puedes volver y encontrarte a gusto, sólo te pido eso, una oportunidad para cambiar las cosas —replicó Naruto. Esta vez no iba a permitir que su mejor amigo se autoexiliara.

—De acuerdo, me quedaré un tiempo en Konoha —cedió Sasuke con desgana—. De todas formas tengo que esperar a que se hagan efectivas las órdenes de sacarme de la lista de criminales más buscados, y con el caos actual no creo que se apresuren, mucho menos el Raikage.

—Reconoce que intentar matar a Bee y asaltar la reunión de Kages no fue tu mejor momento. —Naruto torció el gesto—. ¿En serio la Mizukage casi te mata?

—Si Zetsu no hubiera intervenido, sí, creo que me habría matado. —Sasuke sacó una piedra de bajo su pierna y la tiró a otro lado—. Domina tres elementos y tiene dos ataques de Línea Sucesoria. E s un monstruo.

—Hay mujeres aterradoras en el mundo ninja —rió Naruto.

—Ahora vuelvo —dijo Sasuke antes de arrastrarse fuera del escondite. No tardó mucho en volver con un saco bajo el brazo y una botellita en la otra mano—. He pensado que si vamos a seguir hablando, prefería hacerlo un poco más cómodo.

—¿Y eso? —Naruto señaló la botella.

—Sake.

—¡¿Qué?! Se supone que no deberíamos beber, no tenemos edad.

Sasuke le dio un trago y se la ofreció a Naruto.

—Hemos derrotado al enemigo más poderoso que ha conocido el mundo ninja y te has salido con la tuya de traerme de vuelta, creo que hoy podemos considerarlo una excepción y festejar… por cierto, feliz cumpleaños atrasado.

Naruto no ocultó su sorpresa, sólo Kurama parecía haber recordado su decimoséptimo cumpleaños. Miró la botellita y acabó por aceptarla. Le dio un sorbito, inseguro de si su poco aguante frente al alcohol dentro del Tsukiyomi también sería un problema en el mundo real.

No hablaron mucho más. Se dedicaron a pasarse el sake del uno al otro y hacer ocasionales brindis por las cosas buenas, por los caídos, por el futuro. Naruto no recordaba haber cerrado los ojos, pero despertó con el sol filtrándose entre los tallos secos. Parpadeó desorientado, su cerebro esperando encontrar el despacho del Hokage o su cuarto en casa, y fue cuando reparó en el cuerpo tumbado boca arriba al que estaba abrazado. Alzó la cabeza y se topó con la expresión de burlona superioridad de Sasuke.

—Se me había olvidado esa estúpida manía tuya de abrazarte a todo lo que tengas a mano mientras duermes.

—Haberme apartado —gruñó Naruto, soltándole mientras intentaba esconder el bochorno.

—Eres una maldita lapa y no me apetecía recurrir al Susanoo y que se presentase medio ejército al rescate —dijo Sasuke, estirándose—. Además, no llevo mucho despierto.

—Supongo que deberíamos volver al campamento, desayunar algo y echar una mano a recoger. Agh, mataría por un baño. —Se revisó el cuerpo y comprobó que Kurama había hecho su trabajo durante la noche—. ¿Qué tal tus heridas?

—Curadas —dijo Sasuke, recogiendo el saco—. Creo que tu inquilino ha trabajado por dos aprovechando tu transformación en lapa. Agradéceselo de mi parte.

Devolvieron los sacos y buscaron a su grupo. Hacía frío y Naruto se encogió dentro de su gruesa sudadera. Nadie se había movilizado todavía, la mayor parte de los ninjas estaban resacosos, dormidos o en estado de bloqueo mental, así que llegaron incluso a tiempo para ayudar a preparar el desayuno. Naruto agradeció que Sakura no cuestionase su huída la noche anterior, quizás en un futuro pudiera explicarle todo.

Los Kages mantuvieron una última reunión para cerrar acuerdos y la Alianza se dispersó, cada bloque de camino a su Aldea Oculta. Naruto tuvo que despedirse de un montón de nuevos y viejos amigos, era una sensación agridulce incluso a sabiendas que los volvería ver.

OooO