Disclaimer: Naruto y compañía no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.
Rumors
Por Lizy Ann
Hinata nunca había sido una persona realmente interesada en los cotilleos o rumores que podían oírse en la aldea. En primer lugar, era raro que tuviera tiempo libre como para pasearse por las calles y escuchar lo que decía la gente. En segundo lugar, no le parecía relevante perder el tiempo en esas cosas, porque estaba segura que la mayoría de esos rumores probablemente sólo eran eso, rumores.
Lo mejor era mantenerse en la ignorancia y no meterse en asuntos ajenos.
Realmente no le importaba… hasta que escuchó un rumor que trataba sobre ella.
Bueno, no lo había escuchado directamente, si no que Hanabi había corrido a decirle lo que se decía en la aldea.
—Todo mundo piensa que tu compromiso es arreglado —dijo su hermana, notablemente molesta— y un montón de cosas muy horribles.
Hinata se quedó en silencio, observando fijamente el humo de su taza de té.
—¿D-De verdad? —murmuró.
—Sí, incluso están diciendo que… —se calló abruptamente—. Olvídalo, no es relevante.
Conocía a su hermana menor lo suficiente como para saber que se moría por abrir la boca. Hinata la miró con diversión.
—Puedes decírmelo.
Hanabi la miró incrédula.
—¿Sí? ¿Prometes que no te lo tomarás personal?
Asintió. Esas cosas no le importaban realmente. Las personas siempre tendían a hablar cuando algo se salía fuera de su control.
Su compromiso y próxima boda era un evento bastante importante para la aldea, era claro que todos iban a tener su opinión al respecto, después de todo, el evento principal giraba entorno a Naruto, a quien todos adoraban.
Además, tenían el apoyo de su familia, amigos y compañeros. Eso era lo más importante.
Por eso le sonrió a Hanabi, convenciéndola.
—Bueno, si insistes… —su hermana se acercó a ella, como si fuera a contarle un íntimo secreto—. A todos les parece increíble que, de un día para otro, Naruto-san decidiera casarse contigo, cuando… —tragó saliva—, hace un año aún estaba obsesionado con Sakura-san, por eso creen que es un matrimonio arreglado, porque, ya sabes, piensan que nuestro clan es una especie de familia esclavizante con ideas antiguas, aunque bueno, no es como si…
Hinata dejó de prestar atención y su corazón se estrujó con fuerza.
¿Por qué la gente diría algo tan horrible?
Sabía que su compromiso y relación con Naruto había tomado a muchos por sorpresa, pero en su mayoría, todo había sido aceptación y felicitaciones.
Ella era la más feliz de todos, porque después de tantos años de esperar, finalmente pasaría el resto de su vida con la persona que más amaba sobre la tierra. Estaba tan segura del amor que sentía, que jamás se había detenido a pensar sobre cómo se habían dado las cosas.
Sin embargo, después de escuchar las palabras de Hanabi, algo parecido a la duda se instaló en su corazón.
Trató de recordar todo lo que había vivido en los últimos meses; desde los eventos en la luna y Toneri, hasta su regreso y el desarrollo de su relación con Naruto.
Todo se había dado de forma natural, como si de alguna manera estuvieran hechos el uno para el otro. Naruto siempre la hacía sentir especial y Hinata trataba de que aquel trato fuera recíproco.
No había discusiones, peleas o mal entendidos. Simplemente un cariño sincero e inocente que los complementaba de la mejor manera posible. Por eso, el compromiso se dio por sí mismo, porque el matrimonio simplemente parecía una etapa más en la relación que ambos estaban construyendo.
Él mismo se lo había dicho, que no se miraba con nadie más en un futuro.
Entonces… ¿por qué tenía ganas de llorar?
Se recordó a sí misma a los doce años, observando con recelo la relación tan maravillosa que Naruto llevaba con sus compañeros de equipo. Se vio mayor, esperando su regreso de aquel entrenamiento que duró años. Luego, en la guerra, con la incertidumbre del futuro. Siempre esperando, siempre anhelando.
—¿Hermana? —Hanabi terminó su relato y se giró hacia la mayor, quien estaba en un silencio sepulcral—, ¿estás llorando?
Hinata no respondió, simplemente se cubrió el rostro con las manos y trató de evitar las lágrimas con todas sus fuerzas.
A estas alturas no debería dudar y aun así lo estaba haciendo.
¿Cuándo iba a madurar?
Tres semanas
No se habían visto en tres semanas.
Hinata estaba acostumbrada a que se distanciaran por largos periodos de tiempo. Entre las misiones y las actividades propias, a veces, sin darse cuenta, podían pasar días sin que compartieran una palabra. Al final del día siempre terminaban reencontrándose y hablando sobre lo que hicieron en el tiempo que estuvieron separados.
Le gustaba cuando eso pasaba, porque todo eran abrazos, risas sinceras y horas interminables de conversar al lado de una comida cliente en el departamento de Naruto.
Por eso, cuando casualmente se encontró a Sakura en el mercado y ésta le compartió la noticia que el rubio estaba de regreso, no pudo esperar más.
Normalmente trataba de darle su espacio, sobre todo si venía de una misión tan larga. Estaba segura que el chico querría descansar y tener tiempo a solas, pero desde la conversación con Hanabi, se sentía ansiosa y desmotivada.
Sabía que las palabras de otras personas no deberían afectarle ni hacerla dudar de sus sentimientos, bueno, más bien, de los sentimientos de Naruto hacia ella, pero no podía evitarlo, era como si de repente se hubiera abierto una caja que contenía sus miedos más oscuros.
Sin darse cuenta, ya estaba frente al departamento del chico. Estaba muy nerviosa, algo que nunca iba a cambiar cuando se trataba de Naruto.
Con timidez tocó la puerta, tres veces. Lo suficientemente fuerte para que la escuchara.
Escuchó un montón de ruido detrás de la puerta. No pudo evitar soltar una risita, tan típico de él.
Finalmente, la puerta se abrió, Naruto se sorprendió al principio, pero casi de inmediato sonrió como si acabara de ganar la lotería. Hinata le devolvió la sonrisa.
Se quedaron unos segundos ahí, sin decir nada, envueltos por esa aura mágica de la cual sus amigos siempre hacían comentarios sarcásticos.
—H-Hola —dijo bajito, sin saber muy bien qué más hacer. Aún tenían momentos así en su relación, en las que las palabras faltaban y las acciones no parecían correctas. Al principio les resultaba muy incómodo, pero con el tiempo se fueron acostumbrados. Sabían que, por sus personalidades y la naturaleza de su relación, era casi inevitable que esas cosas pasaran.
—¡Hinata! —soltó Naruto lleno de entusiasmo, notablemente contento de verla de nuevo. Dudó un segundo, pero después sonrió de nuevo y la tomó del brazo con suavidad, para acercarla hacia él y abrazarla.
Esas pequeñas cosas siempre hacían que su corazón diera un vuelco. Hinata adoraba cuando la abrazaba, porque encajaban de manera perfecta y se sentía protegida.
Por inercia, lo rodeó por los costados y recostó la cabeza en su pecho. Podía escuchar claramente los latidos de su corazón.
—Te extrañé, Naruto-kun —murmuró e inconscientemente trató de acercarlo más a ella—, mucho, mucho.
—Yo también. Muchísimo —le respondió, con seguridad en su voz—. Justo antes de que llegaras, estaban a punto de salir a buscarte. Tres semanas es muchísimo tiempo, de veras.
Hinata se separó un poquito y lo miró a los ojos.
—¿E-En serio? —dijo, notablemente sorprendida.
—Sí. Si hubiera salido diez minutos antes, probablemente nos hubiéramos encontrado a medio camino —se rascó la mejilla—. ¿Quieres pasar? ¡Tengo mucho qué contarte!
Asintió tímidamente. Se separaron y Naruto la tomó de la mano, guiándola hacia dentro de su departamento.
Después de quitarse los zapatos, caminó rumbo hacia la cocina, como siempre lo hacía. Él la siguió, con pasos apresurados.
—No debes cocinar cada que vienes, ¿sabes? —dijo.
Hinata negó.
—No es bueno comer sólo ramen instantáneo —murmuró, observando las pilas de ramen empaquetado que tenía en una de las repisas de la pequeña cocina, se trataba de nada más y nada menos que las reservas—. Es decir, cuando no estoy, comes y cenas ramen —lo miró con seriedad—. Un día te vas a enfermar, Naruto-kun.
El aludido soltó una carcajada.
—¿Me estás reprendiendo, Hinata? —la miraba con diversión. Era claro que no se estaba tomando en serio lo que le estaba diciendo.
—Sí —trató de poner su mejor cara seria, pero él seguía mofándose de ella—, ¡no estoy bromeando!
Naruto sonrió y se acercó a ella. Le quitó los palillos que tenía en las manos y depositó un beso sobre su mejilla.
—Adorable —susurró—. Realmente te extrañé —depositó otro beso sobre su párpado derecho, sus labios fríos ante el contacto con su piel—. Aún no me acostumbro, antes no me importaba lo que duraran las misiones, pero ahora, sólo quiero que terminen y regresar a verte, de veras —otro beso, esta vez en su frente.
Sabía a lo que se refería, ella llevaba sintiéndose así desde que tenía memoria. Desde mucho antes que se diera cuenta de su existencia.
Antes.
Mucho antes.
Hinata no podía culparlo por no quererla antes. Nadie controlaba los sentimientos de nadie.
Poco después de que regresaron de la luna, Naruto se disculpó con ella por no darse cuenta de sus sentimientos y por no responderle a su confesión durante aquella batalla contra Pain. Hablaron mucho sobre eso, compartieron lágrimas y arrepentimientos. Fue la primera vez que la honestidad sobrepuso la vergüenza.
Creía que todos sus miedos se habían ido con esa conversación.
Pero no era así.
La culpa se instaló en su corazón y se separó de Naruto con rapidez, tomándolo por sorpresa.
—Yo… —tragó saliva para tratar de deshacer el nudo en la garganta, pero fue en vano—. L-Lo siento, debería… debería irme —murmuró rápidamente, incapaz de mirarlo a los ojos.
Si seguía ahí, iba a terminar llorando. No quería mostrarse así frente a él, como una persona insegura y torpe.
Naruto merecía más.
Mucho más.
Trató de irse, pero él, en su confusión, se había quedado estático y le impedía el paso hacia la puerta.
—No entiendo —dijo notablemente incómodo—, ¿hice algo mal?
Hinata se mordió el labio.
Las lágrimas, no podía retener más las lágrimas.
Enfocó su mirada borrosa en el suelo, evitando a toda costa ser descubierta. Sin embargo, fue en vano.
Naruto tomó su rostro por la barbilla con suavidad y la obligó a mirarlo.
—Hinata, ¿qué sucede? Si no me lo dices, no puedo entender, no soy bueno para estas cosas, ¿qué pasa? —insistió, notablemente preocupado.
Ella lo sabía mejor que nadie.
Naruto era una persona de palabras directas y acciones honestas. Nada de rodeos y mal entendidos.
Eso era algo que amaba de él.
Por eso, sin poder evitarlo, le dijo lo que había conversado con Hanabi:
—La gente de la aldea cree que nuestro compromiso es arreglado, que es imposible que de un día para otro decidieras casarte conmigo cuando hace poco todavía querías a S-Sakura-chan —no pudo evitar el sollozar—. S-Sé que es una tontería, yo… s-sólo… —quería decir más, pero el nudo en la garganta no se lo permitía—, no puedo evitar pensar en que… ¿y si tienen razón? —lo soltó, finalmente dijo lo que el atormentaba.
¿Y si tienen razón? ¿Y si lo que sentía por ella sólo era la necesidad de complacer a los demás? Tal vez se sentía comprometido de corresponderle a sus sentimientos.
A pesar de que no lo dijo, sus miedos estaban implícitos en sus palabras.
Naruto la miraba incrédulo, es más, por un momento pensó que se trataba de una broma, pero las lágrimas de Hinata y el temblor en su cuerpo no mentían.
Si fuera una persona lo suficientemente madura sabía que primero debía hablar con Hinata y asegurarle que sus miedos eran infundados.
Pero no lo era, por lo menos no en este aspecto. Las relaciones amorosas y todo lo que conllevan eran un área totalmente nueva para él. Por lo que, a pesar de que hasta el momento simplemente todo había fluido con naturalidad, era obvio que no siempre iba a ser así.
Por eso, hizo lo que mejor se le daba y fue dejarse llevar por sus sentimientos.
—¿No confías en mí? —las palabras sonaron un poco más toscas de lo que le hubiera gustado—. Nunca he mentido sobre cómo me siento, sobre… —tragó saliva—. Lo que siento por ti.
Sus palabras le dolieron.
Porque sí confiaba en él, ciegamente, siempre lo había hecho… ¿entonces?
Naruto dio un paso hacia atrás, poniendo un poco de distancia entre ellos, no sabía qué hacer o decir.
Nunca habían pasado por una situación similar. Por lo menos no así, donde Hinata estaba visiblemente afectada por algo que no podía entender.
¿Cómo luchas contra enemigos fuera de tu alcance y que no puedes tocar?
—Y-Yo soy quien no es confiable —susurró Hinata—. S-Soy insegura, torpe… y simplemente no puedo creer que quieras estar conmigo, n-no soy fuerte, valiente, n-no soy como tú —dijo en un hilo de voz—. Siempre pensé que estaba bien quererte a la distancia, nunca lloré porque no me querías, p-podía lidiar con eso, eran mis sentimientos… mi responsabilidad —confesó—. P-Pero esto —lo señaló a él y luego así misma—, es diferente. Tan diferente. Es como si todo lo de antes fuera un juego de niños, p-por eso no puedo evitar tener miedo… ¿y si no soy suficiente? ¿Si te vas? —negó con rapidez, el sólo imaginárselo hacía que su corazón se estrujara—. N-No podría m-manejarlo y cuando lo pienso, v-vuelvo a preguntarme "¿estará seguro de que quiere estar conmigo?" con esta persona tan… simple —las lágrimas se deslizaban por sus mejillas en silencio—. Soy un desastre, lo siento tanto.
Naruto la escuchó en silencio, tratando de digerir todo lo que le estaba diciendo.
No se trataba únicamente de los rumores que había en la aldea, eso sólo había sido la gota que derramó el vaso. Eran inseguridades que tenía desde muchísimo antes y simplemente dadas las circunstancias, salieron a flote.
No la culpaba. Él mismo tenía sus propios demonios.
Sin embargo… Hinata no era nada de eso que decía. Por supuesto que no. No lo decía únicamente porque la quería, si no porque antes de eso, fue su amiga y compañera.
No había ni una sola persona allá afuera que pensara que ella era una cobarde o debilucha.
Todo lo contrario.
La tomó de la mano con suavidad y la guío hacia la sala de estar. Hinata lo siguió en silencio, con la cabeza baja, avergonzada por el llanto y por sus palabras.
—Si tan sólo pudieras verte de la forma en que yo te veo —dijo Naruto, apretó su mano y ella levantó la mirada—. Si pudieras comprender lo maravillosa que eres, de veras —le sonrió y puso una mano en su mejilla, tratando de mantener el contacto visual—. Todos somos inseguros y tenemos miedo, quien te diga que no, es un mentiroso —volvió a tomarla de la mano—. Nunca, ni una sola vez, he pensado que eres una chica cobarde, todo lo contrario, ¿qué hay de cuando peleaste con Neji? Recuerdo que pensé "es rarita, pero valiente y no se da por vencida" —la voz se le entrecortó un poco a recordar a Neji—. ¿Y qué tal de cuando te lanzaste contra Pain? Aunque no me gusta pensar mucho en eso, porque… —miró hacia otro lado—, duele, pero admito que fue impresionante.
Hinata lo escuchaba atenta. Su corazón latiendo apresurado contra su pecho.
—P-Pero… —trató de hablar, pero él negó.
—Aún no termino —sonrió—. Literalmente salvaste mi trasero durante la guerra, me hiciste reaccionar y volver en mí mismo a pesar de estar consumida por tu propio dolor, eso… ¿cómo puedes pensar que eres una cobarde? No puedo entenderlo —frunció el ceño—. Eres maravillosa, leal, valiente, incondicional y sobre todo, estás dispuesta a dar todo por la gente que amas, me lo demostraste a mí y a los demás cuando decidiste irte por tu cuenta con Toneri para salvar a Hanabi, por eso… no dudes —suspiró—. ¿No has pensado que soy yo quien no te merece? De verdad, hay días en que aún no puedo creer que quieras estar conmigo después de todo el tiempo que te hice esperar. Me da miedo que un día te des cuenta que no soy la persona que crees y decidas dejarme, el sólo pensarlo que revuelve el estómago. ¿Por qué una chica tan genial, bonita e incondicional quisiera estar conmigo? No dejo de preguntármelo—. Soy un perdedor, ¿no lo crees?
Hinata trató de procesar todo lo que Naruto acababa de decirle y como se trataba de él, sabía que estaba siendo sincero.
Aquello sólo incrementó las lágrimas.
—N-No eres un perdedor, s-sólo eres tú —susurró—. Esperaría por ti otros mil años si fuera necesario. Ni una sola vez… ni una sola vez he pensado que quererte no valga la pena. Tú me salvaste, tantas veces, no te puedes ni imaginar. Si tú… si tú vieras lo que yo veo —repitió casi las mismas palabras que sólo hace unos momentos le había dicho.
Y fue ahí que todo pareció aclararse.
Era una tonta.
Una completa tonta.
Ninguno de los dos era perfecto. El ponerse a pensar en cómo se habían dado las cosas entre ellos, era como tratar de desenredar un hilo lleno de nudos.
Ella lo amaba, desde siempre, incondicionalmente. Incluso si no hubieran terminado juntos, estaba segura que el amor que sentía por él era tan grande e interminable, que probablemente lo hubiera seguido admirando a la distancia.
No necesitaba más.
Entonces, si aquella declaración era cierta, ¿por qué dudaba?
Negó para sí misma.
—¿Hinata? —Naruto le habló, preocupada al verla perdida en sus pensamientos.
Se limpió las lágrimas con rapidez.
—Lo siento —susurró, avergonzada. Naruto iba a hablar, pero ella lo tomó de la mano, interrumpiéndolo—; p-por darle importancia a lo que dicen los d-demás. Yo… —tragó saliva—, todo lo que dije es cierto, me da miedo que un día te vayas o te des cuenta que no soy suficiente… sí, me asusta, p-pero… lo que es más cierto aún que mis miedos, es que te amo —le sonrió con timidez y un leve rumor en las mejillas— y creo en ti. Siempre lo he hecho.
Naruto se quedó observándola durante unos segundos que se le hicieron eternos. Hinata no sabía si era su imaginación, pero por un leve momento, aquellos ojos azules parecieron humedecerse por un breve instante.
Sin saber qué hacer ante su silencio, siguió apretando su mano. Normalmente él era fácil de leer o dejaba muy en claro sus sentimientos, pero parecía bastante perdido en sí mismo.
Finalmente, pareció salir del trance.
—¿De veras? —murmuró.
—Sí, de veras —confirmó, aún algo avergonzada—. Te amo y creo en ti —reafirmó con seguridad, esta vez sin miedo o temblor en su voz.
Una sonrisa se plantó en los labios de Naruto.
—También te amo, Hinata. Realmente espero estar contigo para siempre, de veras —se acercó a abrazarla—. Siempre he sido honesto contigo y cuando te digo que nunca he sentido esto por nadie, es cierto —aseguró.
Y ella lo sabía.
Sabía que sería incapaz de mentirle con algo así.
Por eso sólo asintió y lo abrazó también.
Se quedaron así un rato, envueltos entre la melancolía, añoranza, pero, sobre todo, en el afecto que se tenían.
Hinata sabía que su relación no había nacido de lo común y ordinario, era el resultado de un montón de sucesos dolorosos, uno tras otro, así como años de espera de su parte, ¿pero valía la pena? ¿el quedarse preocupada en lo que hubiera pasado?
No.
Lo importante era la persona que estaba a su lado en ese momento, abrazándola con todo el cariño del mundo y que la miraba como si fuera el mejor regalo que el universo podía darle.
No necesitaba más.
No por ahora.
Se separaron levemente, Naruto le sonrió y después acunó su rostro entre sus manos, con tanta delicadeza que Hinata se estremeció.
Siempre la trataba con cuidado, como si temiera asustarla o pudiera lastimarla.
Y ella se lo agradecía. Porque todas esas sensaciones eran nuevas y tan embargantes, que a veces sentía que volvería desmayarse como cuando era una niña.
Pero en esta ocasión, ella no esperó y fue quien se impulsó sobre sus pies y le dio un beso rápido en los labios.
Naruto se separó de ella, mirándola confundido.
—¿Y eso? —preguntó.
Le sonrió de vuelta, el rubor cubriéndole las mejillas y el cuello.
—Yo… —sin embargo, no terminó la frase, porque la interrumpió con un beso.
Cada que se besaban era maravilloso. Su cuerpo se convertía en una caja de fuegos artificiales que estallaban a la par, desde sus manos, estómago, hasta los pies.
Y luego estaba la parte emocional, donde su corazón se llenaba de puro amor y todo su interior ebullía en sentimientos tan profundos hacia Naruto que siempre la hacían querer llorar.
Si pudiera, lo besaría por siempre.
Por eso, antes de perderse totalmente en aquel mar de sensaciones, no pudo evitar pensar en todas esas personas que esparcieron aquellos rumores sobre su noviazgo y futuro matrimonio.
Para todos ellos, les dedicaba las siguientes palabras:
"Ustedes no lo tienen, yo sí".
¡Hola!
¿Cómo están? Espero que muy bien.
Ha pasado un tiempo y pues regresé con este mini one-shot. Va dedicado a todos los haters del NaruHina.
Importa muy poco lo que piensen, somos canon, sí o sí.
A todos los demás, gracias por tomarse el tiempo de leer esta historia sin muchos pies ni cabeza, si les gustó, les agradecería si pudieran dejarme un review.
Sin más, un abrazo muy fuerte y espero regresar pronto.
Saludos.
Lizy.
26.11.22
