Nueva vida, nuevos objetivos

Nada más regresar de la guerra, el pobre Yamato se vio explotado vilmente por Tsunade a la hora de reconstruir Konoha. El resto de ninjas y aldeanos también trabajaron duro para devolver la normalidad a su hogar, incluidos Naruto y Sasuke; daba igual que fueran héroes de guerra, compartirían barracón con sus compañeros de academia. Sin embargo, lo que para Naruto se presentaba casi como unas vacaciones con sus amigos, a Sasuke le hacía sentirse acorralado.

Fue separado de sus compañeros y escoltado por Kakashi hasta el cuartel general provisional. Tsunade estaba envuelta en la misma gruesa capa que el resto de ninjas, aún cuando un brasero ardía en un rincón. Las llamas arrojaban sombras danzantes sobre el caos de pergaminos, cajas y demás objetos acumulados en la estancia.

—No considero necesario enumerar todo lo que te juegas si cometes la más mínima infracción —dijo ella, levantando la vista del escritorio.

—Soy consciente —asintió Sasuke.

—Yo no soy tan altruista como nuestro alocado rubio. —Tsunade le indicó con un gesto que se acercase—. Arremángate. Voy a tomar precauciones extra.

Sasuke obedeció y permitió, sin una sola protesta o pregunta, que la Hokage y Kakashi escribieran unos complicados símbolos en sus antebrazos y activasen algún tipo de jutsu.

—Sirve para limitar tu uso de chakra y tenerte localizado —explicó Kakashi.

Grilletes invisibles. Prefería mil veces este castigo al de meterle en una celda y tirar la llave durante un año.

—Gracias. —Sasuke aún pudo percibir las expresiones entre sorprendidas y aliviadas de los adultos cuando terminó su reverencia. —¿Necesita algo más, Hokage-sama?

—No, de momento. Vuelve con tus compañeros.

Volvió a repetir la reverencia y abandonó el cuartel general improvisado. Nunca le había gustado doblegarse ante otros u obedecer órdenes, le hacía sentirse impotente, pero todavía le agradaba menos la perspectiva de la cárcel o el exilio. Además, una parte de sí mismo a la que prefería no prestar mucha atención, temía defraudar a Naruto.

Aprovechando la excusa del frío invernal, Sasuke mantuvo la capucha de su capa puesta y evitó ser reconocido mientras cruzaba el laberinto de ruinas y obras que era la aldea. Pasó como todos los ninjas por la sección de abastos, dónde le dieron el paquete básico de ropa, mantas y utensilios, y le comunicaron el número de barracón que le correspondía.

Se detuvo delante de la puerta y miró un momento las marcas de sellado en sus muñecas. Respiró hondo y entró, notando el peso repentino de varias miradas sobre su persona.

—¡Sasukeee!

El impacto del cuerpo de Naruto contra el suyo hizo caer la capucha y Sasuke tuvo un claro panorama de la estancia: un hogar, cuatro literas dobles y una mesa larga para comer.

—Relaja. —Sasuke propinó una colleja a Naruto y esquivó su patada de réplica antes de buscar un hueco libre.

—La del fondo es nuestra litera, te he dejado la de abajo —informó Naruto.

Sasuke asintió e intentó ir directo evitando las miradas de los demás, plan que falló estrepitosamente cuando Kiba se plantó en su camino y los otros lo tomaron como la señal para acercarse.

—Todavía te crees tan superior como para no saludar, Uchiha.

—No quiero problemas, Kiba —dijo Sasuke, negándose siquiera a pensar en responder con una mala mirada. Había demasiada gente con ganas de encerrarle y tirar la llave muy lejos, no podía permitirse el lujo de ceder a las provocaciones, no tanto por sí mismo sino por cómo podría afectar a Naruto.

—No seas borde. —Chouji dio le dio de lleno una palmada en la espalda a Kiba, que lo dejó sin aire.

—Sólo quiere que le hagan caso —apuntó Shino, ganándose entre toses una mirada homicida por parte de su compañero de equipo.

—Sasuke, has llegado más tarde de lo esperado y Naruto estaba poniéndonos de los nervios, Kiba es una víctima —informó Sai, tumbado en una de las literas superiores.

—¡Sai! —le chilló el rubio.

—Naruto, no deberías avergonzarte, la preocupación por tu compañero de equipo es encomiable y digna de…

Aprovechando el caos generado por Sai, Naruto y el discurso épico de Lee, Shikamaru bajó de su litera e indicó a Sasuke dónde podía dejar su mochila.

—¿Problemas al venir hacia aquí? —cuestionó el Nara, mientras Sasuke colocaba su ropa en el pequeño mueble que compartiría con Naruto, apenas un par de baldas de madera al aire.

—No… debía visitar a la Hokage. —Sasuke se arremangó y le mostró las marcas negras que subían brazo arriba desde las muñecas—. Una correa para el criminal en pruebas.

—¿Nada de jutsus?

—Puedo usar los básicos, si me paso con el flujo de chakra esto se encarga de bloquearme y da aviso directo a la Hokage.

Shikamaru asintió y se marchó a poner orden entre sus compañeros y anunciar los turnos de limpieza y preparación de comida. Pegó el cuadrante en la pared e insistió en que si alguno no respetaba los horarios le haría dormir a la intemperie, nevase o no. Sasuke fue el último en revisar los turnos, tenía el doble de trabajo que sus compañeros. No podía ser tan fácil, ¿verdad? Vio a Naruto discutir en voz baja con Shikamaru junto al hogar, luego tendría que dejarle claro que debía estarse quieto y permitir a las penitencias que le impusieran seguir su curso.

Después de cenar, Sasuke se encargó de recoger y fregar mientras sus compañeros jugaban a las cartas. En el fondo agradecía estar a cargo de las tareas, así tenía la escusa perfecta para no relacionarse con los demás. No sabía cómo reconectar con un grupo de personas que nunca habían sido sus amigos y que casi mueren por su culpa, directa o indirectamente.

Recordó la amenaza de Kiba y dio las buenas noches en voz alta antes de sumergirse en la cama. Se sintió un poco raro cuando el grupo también le deseó buenas noches, incluso el propio Kiba, que parecía satisfecho de haberle enseñado modales o algo así.

Amanecer fue algo complicado. Sasuke sabía que no era una persona madrugadora y su carácter no era el más sociable recién levantado, lo que no sabía es que su autocontrol era igual de malo en esas circunstancias y que desataría una trifulca antes de llegar al desayuno. No esperaba la ducha de agua helada que le golpeó de lleno a él y todos lo que no eran ni Shino ni Shikamaru, éste último armado con un cubo y gesto de hartazgo. Desde ese primer día, todos aprendieron a dejar al Uchiha a su aire y que Naruto se encargara de la peligrosa tarea de sacarle de la cama. Pronto también descubrieron que Sasuke no era mal cocinero y le cedieron el dudoso honor de encargarse de las comidas de su barracón. Chouji era bueno, pero si no se le vigilaba tendía a comer de más en perjuicio de las raciones de sus compañeros.

El paso de los días creó una rutina. Sasuke sintió disolverse la sensación de ser juzgado a cada segundo, al menos en su grupo. Había muchos ninjas y aldeanos que le observaban con desconfianza o abierta hostilidad mientras trabajaba en la reconstrucción. Una tensión que se fue acumulando hasta el incidente.

Uno de los días percibió una bola de barro y nieve que volaba directa hacia su nuca, cerró los ojos y se preparó para el impacto, esquivarla solo irritaría al agresor y podría decidir hacer algo más peligroso. Escuchó el choque, un ruidoso tud, pero no sintió el golpe. Miró por encima de su hombro y se encontró a Lee, sonriente y elogiando la potencia de lanzamiento del culpable al tiempo que se limpiaba el mono verde de barro. El hombre dio media vuelta y se marchó en cuanto vio que alguien protegía a su objetivo.

—No tenías por qué hacerlo —dijo Sasuke, una vez solos.

—Claro que sí, los amigos se apoyan unos a otros —replicó Lee, con su pose de OK.

—¿Somos amigos? —Las palabras se le escaparon a Sasuke, transportadas por la sorpresa, y Lee debió percibirlo porque soltó una carcajada.

—Vamos, hay un montón de vigas que mover para demostrar la fuerza de la primavera de nuestra juventud.

Y Sasuke se vio arrastrado por Lee de un lado a otro el resto de la semana. Era enervante y le sacaba un poco de quicio a veces, pero Sasuke reparó en que trabajar junto a su excéntrico compañero le protegía de nuevos ataques y había quién parecía conmovido por la situación. Naruto y Kiba se lo pasaron genial a su costa esos días y en venganza les puso una cantidad infame de especias picantes a una de sus cenas. Fue divertido verles lanzarse a la nieve del exterior en busca de alivio.

Una noche Shikamaru se ofreció a echarle una mano con los platos. Sasuke se lo agradeció, aunque imaginaba el por qué de tan generosa oferta.

—Quería hablar contigo pero nunca parece buen momento.

—Somos muchos y hay demasiado que hacer —asintió Sasuke, concentrado en la limpieza de cada plato que pasaba por sus manos.

—Pareces diferente a como eras antes de marcharte de la aldea.

Sasuke agradeció que Shikamaru no fuera de esas personas que gustaban de dar rodeos antes de atacar el centro del problema.

—Es por el Tsukiyomi Infinito, para mí fue un tiempo para cambiar y reconciliarme con ciertos aspectos de mi pasado.

—Naruto nos explicó todo sobre tu clan e Itachi, y nos pidió que fuéramos amables porque ya no eras el traidor en busca de venganza de estos últimos años —prosiguió Shikamaru—. Después de observarte estas semanas, creo que puedo darle la razón.

—No deberíais hacer caso al dobe y lo sabes —dijo Sasuke, sosteniendo la mirada del Nara—. Soy muy consciente que casi os cuesto la vida a todos los de este barracón.

—¿Te arrepientes? —cuestionó Shikamaru.

—Lamento que mis estúpidas acciones hicieran daño a tanta gente, pero no puedo arrepentirme del caminó que tomé… no del todo, de lo contrario no habría tenido poder suficiente como para ayudar a sellar a Kaguya y seguiríamos atrapados en vidas falsas. —Sasuke colocó en su sitio el último plato y se quedó mirándolo—. Creo que lo que más odio es haber intentado matar a Naruto.

—Nadie te va a perdonar de la noche a la mañana, especialmente por el daño que causaste a nuestro futuro Hokage… bueno, quizás Lee. —Shikamaru miraba al grupo de amigos jugar a las cartas, con el susodicho subido al banco víctima de su entusiasmo—. Tendrás que trabajar duro para volver a ganarte un sitio en esta aldea.

—Lo sé y es justo —dijo Sasuke.

—Si vuelves a marcharte de la aldea, me encargaré personalmente del problema. —El tono informativo de Shikamaru no escondió para nada la amenaza subyacente—. Naruto es un idiota, pero es nuestro idiota, y romperle el corazón una quinta vez no es una opción.

—¿Quinta vez?

Shikamaru no parecía afectado por la confusión que destilaba Sasuke. Alzó la mano derecha en vertical y empezó a cerrar dedos al tiempo que enumeraba en voz baja.

—El Valle del Fin, reencuentro en la guarida de Orochimaru, cuando te declararon criminal rango S tras tu asalto al Hachibi y cuando se enteró de nuestra decisión de matarte tras lo ocurrido en la cumbre de Kages.

Sasuke recordaba al Shikamaru dentro del Tsukiyomi, siempre junto a Naruto como su consejero y uno de sus mejores amigos. No sabía en qué momento el Nara miró a Naruto y decidió adoptarlo, pero nadie desdeñaría la intensidad con la que cumplía su deber alguien que normalmente pasaba de tomarse nada en serio.

—Ver a Naruto debatirse entre su lealtad a la aldea y su deseo de salvarte ha sido una de las cosas más dolorosas de presenciar. —Shikamaru bajó la mano y se cruzó de brazos—. Insisto, ¿piensas marcharte de Konoha?

—No… le prometí que me quedaría, que le ayudaría a ser un buen Hokage —respondió Sasuke, sincero. Si había alguien al que no se le podían esconder las cosas, ese era Shikamaru y su prodigiosa inteligencia—. ¿En serio le dijisteis que me daríais caza?

—Las cinco aldeas iban a crear una alianza, no podíamos dejar que un ninja renegado de Konoha se dedicara a ejecutar ataques y minara la frágil confianza que nos unía en ese momento de crisis —explicó Shikamaru—. Quisimos que Naruto se quedara al margen, protegerle de las maquinaciones de Akatsuki, pero escapó con Kakashi y Yamato a suplicar por tu vida al Raikage. No funcionó y encima atacaste a los cinco Kages.

—No voy a marcharme —fue lo único que Sasuke pudo conjurar a modo de respuesta antes de retirarse a su cama.

No llevaba mucho rato allí tumbado, escuchando las carcajadas y gritos de sus compañeros, cuando una cabeza rubia irrumpió en su línea de visión.

—¿Quieres venir a jugar con nosotros?

—No.

—¿Por qué? —Naruto frunció el ceño.

—Cansancio. —Sasuke se dio media vuelta hacia la pared, pero notó el peso de Naruto al sentarse en la cama.

—Los demás también quieren que juegues… si ves que no te gusta puedes volverte a dormir como el tipo rancio que eres.

—¿A qué estáis jugando? —gruñó Sasuke, aceptando que su amigo no iba a dejarle en paz hasta salirse con la suya.

—Ninja infiltrado.

—¿Quién pierde, Lee o tú? —Las dotes de Naruto para mentir y marcarse faroles nunca habían sido destacables, y eso era ser amable.

Naruto farfulló algo mientras su cara se ponía roja y Sasuke sintió como se alzaban las comisuras de su boca contra su voluntad, acentuando el enfado del rubio. Derrotado, Sasuke salió de la cama y fue hacia la mesa en compañía de Naruto. Sus compañeros se reordenaron para hacerles hueco e iniciaron una nueva partida.

Un rato después, Sasuke hubo de reconocer que el juego era entretenido y exigía su buena dosis de estrategia, aunque significara que los únicos buenos adversarios eran Shikamaru y Sai, seguidos por Shino. Aprovechó para examinar a sus viejos camaradas y entender mejor a su versión real, no aquellas que él recordaba del Tsukiyomi o de cuando eran unos niños. Notaba la inseguridad de todos a la hora de relacionarse con él, lógico tras los años de separación y sus delitos, pero no esperaba el nivel de animadversión que emanaba Sai. Sabía que al anbu le costaba procesar las emociones de una manera normal y no parecía ser consciente de las amenazas apenas disimuladas. Después de una réplica especialmente abrasiva, Naruto se levantó y arrastró a Sai lejos del oído de los demás.

—Sai es tan visceral como un niño —explicó Shikamaru, mezclando las cartas con parsimonia antes de ponerse a repartir en preparación de la siguiente partida—. Es el que sigue más enfadado después del daño que causaste al Equipo 7 y estará encantado de hacer desaparecer tu cadáver de manera conveniente si vuelves a las andadas.

—Y nosotros le ayudaremos. —La sonrisa de Kiba era toda dientes y fue apoyada con distintos gestos por parte de sus compañeros, incluso Lee asintió severo.

—Mensaje recibido alto y claro —replicó Sasuke con una sonrisa nada amable.

OooO

El mar de refugios improvisados y tiendas de campaña fue transformándose a una velocidad asombrosa. Primero los edificios clave, como el Hospital, luego toda la zona de viviendas y comercios desde el corazón de Konoha, pasando por los barrios de los clanes principales y hacia la periferia, recreando el familiar caos de calles y callejones. Los amigos de Naruto se fueron mudando poco a poco a las residencias de sus familias, hasta que sólo quedaron él y Sasuke en el barracón que pronto demolerían.

Aquella mañana, Naruto fue convocado al despacho de la Hokage y recibió las llaves de lo que sería su nueva casa. Después de pasar el invierno en compañía de sus amigos, la perspectiva de volver a vivir solo le ponía un poco los pelos de punta.

—¿Has pensado dónde vivir? —le preguntó Naruto a Sasuke mientras desayunaban.

—En los cuarteles hay habitaciones para mensajeros y ninjas que están de paso, puedo solicitar una para quedarme de momento —respondió Sasuke y señaló hacia su mochila con un movimiento de cabeza—. Tampoco es que me haga falta mucho espacio.

—¿Qué te parece la idea de compartir casa conmigo? —Naruto le mostró el juego de llaves nuevo y reluciente—. Me han asignado una casa entera, así que a mí sí que me va a sobrar espacio.

—¿Estás seguro? —Sasuke se centró en acabar los restos de arroz, evitando así mirar a Naruto a la cara.

—No habría preguntado si no quisiera —sonrió Naruto—. Aquí ya hemos terminado, ¿qué tal si vamos a instalarnos?

Recogieron sus mochilas y se dirigieron hacia el interior de la aldea, camino del otro lado de la periferia. Naruto reconocía que podía ser un poco torpe a la hora de darse cuenta de ciertas cosas, pero ni siquiera él podría ignorar la hostilidad que rebosaban las miradas de los aldeanos cuando reparaban en la presencia del Uchiha, un eco desagradable de aquellas que disfrutó de niño. Optó por darle conversación a Sasuke, aunque fuera algo tan tonto como planificar una visita al Ichiraku.

Llegaron a la dirección indicada y Naruto se quedó de piedra ante la casa, era demasiado parecida a la que compartió con Hinata como para no sentir algo desagradable a la altura del estómago. Sasuke le quitó las llaves de la mano y se adentró en la vivienda, forzando a Naruto a salir de su estupor.

—No está mal —juzgó Sasuke, tras haber curioseado cada rincón—. Pero necesitamos comprar muebles. Ni siquiera hay camas.

—Podemos ir ahora —dijo Naruto, su mente perdida en las posibilidades que ofrecía el jardincito trasero.

Pronto descubrieron que los muebles tardarían unos cuantos días en llegar, los comercios seguían sin estar a pleno funcionamiento y carecían de reservas para toda la demanda que se había desatado tras la reconstrucción de Konoha. Consiguieron un kotatsu para tener un lugar donde comer, conformándose con los sacos de acampada hasta la llegada de las camas. Naruto se encontró disfrutando de la experiencia de comprar cosas para su propia casa, peleando con Sasuke por el color del sofá o el tamaño de la mesa, y eso que el Uchiha se salió con la suya cada una de las veces bajo la amenaza de largarse si adquirían cualquier cosa color naranja.

Mientras Sasuke llevaba el kotatsu a la casa, Naruto decidió acercarse a la Torre del Hokage y agradecerle a Tsunade por la vivienda y los recursos para amueblarla. Sabía que se lo daban como premio a sus servicios durante la guerra y por eso de ser el héroe y demás, pero quería que supiera cuanto significaba para él.

Escuchó las voces incluso antes de llegar al despacho principal y frunció el ceño. Shizune estaba parada ante la doble puerta con expresión ansiosa, que no desapareció incluso tras verle aparecer por la curva del pasillo.

—¿Qué ocurre? —preguntó Naruto.

—Los consejeros creen que se están destinando demasiados recursos para ayudar a los aldeanos y poco en el fortalecimiento de nuestras defensas y… ¿Naruto? ¿Dónde vas…? No puedes…

Oh, claro que podía e iba a hacerlo. Naruto abrió la puerta de golpe con una sensación de euforia indescriptible, encontrando un círculo de caras sorprendidas.

—¿Qué significa está interrupción? —increpó uno de los consejeros.

El Hokage que todavía residía en Naruto, el hombre que había sufrido y aprendido dentro del Tsukiyomi, se alzó y tomó control de la situación. Mandó callar al idiota de turno y desgranó con perfecto lujo de detalles todas y cada una de las aberraciones en las que los consejeros habían participado, incluyendo la masacre Uchiha y las repetidas traiciones de Danzo. Se regodeó en destrozarles poco a poco hasta reventar hasta la última de sus justificaciones, ese «todo por la aldea, pero sin la aldea». Entonces les dejó dos opciones, cárcel o marcharse a trabajar lo que les quedaba de vida al orfanato que seguramente Kabuto estaría construyendo, así al menos servirían a las principales víctimas de sus tejemanejes.

Los consejeros se indignaron, patalearon y suplicaron, pero Tsunade se limitó a un «lo que ha dicho el mocoso». Derrotados, aceptaron las condiciones impuestas y se retiraron. Sin Danzo para respaldarlos con sus ninjas, sólo eran unos viejos retrógrados muy ruidosos.

—Tsunade-baachan, deberías crear un Consejo con los líderes de los clanes de Konoha y los representantes de los gremios de aldeanos —dijo Naruto con una gran sonrisa—. Por cierto, gracias por la casa, es perfecta.

Tsunade arqueó una ceja y se echó a reír, mientras que Shizune se agarraba al marco de la puerta, a punto de darle un soponcio tras el reciente espectáculo.

Finalizados los trabajos de reconstrucción y las mentes de los habitantes de Konoha más o menos estables, Tsunade decidió que su labor como Hokage había terminado y que le pasaba el marrón a Kakashi; ella se iba por ahí a apostar, a vivir la vida y a ayudar con el desajuste del Tsukiyomi a las personas que no tenían la suerte de pertenecer a una aldea de ninjas. Naruto se ofreció enseguida a formar parte de la escolta que acompañaría a Kakashi el día que iba a ser nombrado formalmente por el Señor Feudal del Fuego.

—¿Estás seguro? ¿Es un trámite tonto y puede que te aburras? —insistió Kakashi cuando ya salían de la Aldea.

—Tengo que empezar a familiarizarme con estas cosas si quiero ser quién te tome el relevo, Kakashi-sensei —replicó Naruto con actitud decidida.

—¿No tenías pendiente la reparación del salón?

—Tampoco es que haya que hacer demasiado, he dejado a Sasuke para que se ocupe de los detalles —dijo Naruto con paso alegre—. Fue él quien reventó media pared con un Chidori, así que lo justo es que lo arregle.

—¿Después de tres semanas todavía vive contigo? —se sorprendió Kakashi—. Pensé que era temporal.

—Tras la destrucción nadie se ha molestado en recordar que aún hay un Uchiha vivo y que él es heredero del antiguo barrio Uchiha, pero cuando se lo dije a Sasuke dijo que no me molestara, que prefería hacer borrón y cuenta nueva. —Naruto se encogió de hombros—. Entonces le propuse quedarse conmigo por tiempo indefinido. Con una casa entera para mí tengo la sensación de que me sobra espacio por todas partes y Sasuke aceptó quedarse a hacer bulto.

Kakashi sonrió bajo la máscara, de esa manera tan suya donde podías decir lo feliz que era incluso con media cara tapada.

—Me alegra que todo saliera bien.

—No ha sido fácil —suspiró Naruto.

—Estuvisteis en el Tsukiyomi.

Naruto asintió. Si podía confiar en alguien a la hora de hablar de su experiencia dentro del Tsukiyomi, esos eran Iruka y Kakashi; al primero ya le había contado todo por recomendación de Tsunade, una manera de procesar la pérdida y las esperanzas que peleaban en su interior.

—No sé si en el mismo sueño que tú. ¿Qué pasó después de derrotar a Kaguya? —le preguntó a su antiguo maestro.

—Nada, en mi sueño Kaguya nunca revivió, ni hubo ataque del Kyuubi, ni masacre de los Uchiha, porque Obito se quedó en Konoha y fue Hokage después de tu padre —respondió él.

—Oh, ese hubiera sido un buen sueño —sonrió Naruto y procedió a contarle el suyo, incluyendo su deseo de no seguir los mismos pasos.

—Puedo entender un poco a qué te refieres y lo duro que puede ser si la Hinata real fue quién estuvo contigo —dijo Kakashi.

—Prefiero no saberlo y, si fuera cierto, es mejor que ella piense que yo no era el Naruto real… creo que sólo acabaríamos haciéndonos daño —afirmó él.

Fue entonces cuando Kakashi cayó en la cuenta de algo.

—Naruto.

—¿Sí?

—Eso de cambiar las cosas… ¿no habrás tenido algo que ver con la súbita disolución del consejo de ancianos el mes pasado? —preguntó el antiguo jounin, notando el peso de la certeza.

—¿Yo? ¿Qué te hace pensar eso, Kakashi-sensei? —La sonrisa satisfecha de Naruto hablaba por sí sola.

—Naruto…

—Sólo les planté delante todas las pruebas que había recopilado de su conspiración con Danzo y decidieron seguir mi consejo de irse a trabajar al orfanato que supervisa Kabuto, cuidando de los niños a los que dejaron sin familia sus maquinaciones —explicó Naruto—. Me parece justo y un poco menos violento que la solución de Sasuke.

—Y estás pensando en hacer lo mismo con el señor feudal —dedujo Kakashi, llevándose una mano a la cara.

—Voy a invitarle a que se jubile y dé paso a las nuevas generaciones —confirmó Naruto—. He estado hablando con los herederos, no sólo de nuestro señor feudal, también con los de las otras naciones... No me mires así, he pedido permiso a los Kages antes de inmiscuirme en sus asuntos.

—¿Quién eres y qué has hecho con mi alumno?

Naruto se llevó las manos tras la cabeza y se echó a reír a costa de su maestro.

—Sigo aquí, pero con unos cuantos años más de experiencia encima —dijo sin perder su expresión risueña.

—Sólo intenta no empezar otra guerra por accidente mientras yo sea el Hokage.

OooO