Sasuke firmó el albarán del servicio de reparaciones tras asegurarse una última vez que todo estaba en su sitio; pared impecable y muebles de nuevo en su estado original. Acababa de empezar a colocar la ropa recién doblada en su armario, cuando llamaron a la puerta. Bajó a abrir, intrigado por la inesperada visita estando Naruto de misión.
—Sakura.
Ella le sonrió y alzó la maceta que traía, una planta de largas hojas verdes y pequeñas flores blancas.
—Un regalo —dijo ella al entregársela—. Naruto tenía muchas plantas en su casa, pensé que le haría ilusión empezar una nueva colección.
—Se la daré de tu parte cuando vuelva de su misión —dijo Sasuke, examinando la planta con curiosidad.
—¿Has estado ayudando a Naruto con la casa? —preguntó Sakura, ladeando la cabeza para echar un ojo al interior.
—Si quieres, puedes pasar —fue la respuesta de Sasuke antes de dar media vuelta para llevar la planta al patio trasero. Escuchó a Sakura entrar y cerrar la puerta.
—Entre el hospital y mis padres, no he tenido tiempo de pasarme antes. Es muy bonita y amplia, no imaginé que Naruto tendría buen gusto con los muebles —comentó ella, quitándose el abrigo.
—Los elegí yo —dijo Sasuke, dudando entre la zona de más sol o más sombra para dejar la maceta—. Te ofrecería té, pero no he tenido la oportunidad de ir a hacer la compra.
Cuando cerró la terraza y se giró hacia Sakura se la encontró plantada con la boca abierta en medio del salón.
—¿Vivís juntos?
—Es un arreglo temporal... o al menos lo era. Naruto dijo que me podía quedar aquí hasta encontrar un sitio propio, pero luego empezó a decir que la casa era demasiado grande, y me ha hecho ir posponiendo todo… ya le conoces —dijo Sasuke, víctima de la extraña necesidad de excusar su presencia en la casa.
—Supongo que es lógico… incluso puede que ayude a Naruto a estar más tranquilo —comentó Sakura.
—¿Tranquilo? —Sasuke frunció el ceño.
—No lo demuestra pero, ahora que la reconstrucción de la aldea casi ha finalizado, Naruto tiene pánico a que decidas irte por tu cuenta —ella le miró fijamente—, y no es el único.
—Sakura…
Ella alzó la mano, silenciando al Uchiha.
—Ya no tengo doce años y creo que debo cerrar etapas de mi vida y cambiar, así que espero me permitas hacer una pregunta y que me contestes con sinceridad.
Sasuke sabía sobre qué trataba la pregunta y no tenía ninguna gana de escucharla, pero asintió y la dejó hablar. Después de todo el dolor que había ocasionado a su amiga, era lo menos que podía hacer para compensarla.
—Sasuke, te he querido desde que éramos unos niños y aún lo sigo haciendo, ¿crees que algún día podrás corresponder a mis sentimientos?
La voz de Sakura fue firme y no evadió la mirada, pero él podía percibir el ligero temblor de las manos cruzadas ante ella en lo que pretendía ser una pose relajada. Admiraba su persistencia y su coraje, por eso dentro del Tsukiyomi le dio esperanzas y acabó aceptando estar con ella tras enterarse del compromiso de Naruto. Fue un error, uno que no tenía intención de volver a cometer aunque Naruto acabase perteneciendo a Hinata o a otra mujer, incluso si eso significaba perder la única posibilidad de volver a tener a Sarada, ser olvidado por su mejor amigo y volver al exilio.
—Sakura… creo que nunca seré capaz de corresponder a tus sentimientos. —Tomó aire y se obligó a continuar. —Eres importante para mí, pero no de la forma que tú buscas. Kakashi, Naruto y tú sois lo más cercano a una familia que he conocido desde que perdí a mi clan, y me gustaría que siguiese así.
La vio palidecer y las lágrimas que empezaron a caer por su cara en un contraste agridulce con la sonrisa y el abrazo que surgieron a continuación. Él se quedó inmóvil sin saber muy bien cómo reaccionar, incómodo por la proximidad repentina.
—Gracias —dijo Sakura contra su hombro.
—Lo siento…
—Entonces, invítame a comer —resolvió Sakura, apartándose del abrazo de un salto—. Voy a lavarme la cara y nos vamos.
—De acuerdo… —aceptó Sasuke, un poco confuso por los rápidos cambios de humor de Sakura, pero contento de no tener que afrontar una crisis emocional por más tiempo.
Sakura eligió uno de los nuevos locales que habían abierto en Konoha y, Sasuke no supo muy bien cómo, acabaron compartiendo mesa con algunos de sus otros amigos que les localizaron a través del cristal. Ino, Sai y Chouji, y Shikamaru que se unió a los postres. Todos estaban ayudando con la última fase de la reconstrucción de una u otra manera.
—Todavía hay camino por delante, pero hemos cazado a los principales miembros de Raíz —explicó Sai—. Ibiki-san y su gente van a llevar a cabo los interrogatorios, sólo espero que puedan delimitar hasta dónde se extendía la influencia de Danzo.
—A Ibiki le encanta su trabajo, descuida —dijo Ino, fingiendo un escalofrío.
—Estaría bien contar con tu ayuda, Sasuke —soltó Sai.
La animadversión del ex anbu no parecía haberse reducido siquiera un ápice desde el final de la guerra hacía casi seis meses.
—Sai, Sasuke se ofreció desde el primer momento—fue Shikamaru el que se apresuró a intervenir—; sin embargo, hay personas importantes que no confían en él, meterle en el asunto podría ser peligroso para Sasuke y la credibilidad de la propia investigación se vería en entredicho. Son cortos de miras, pero el Hokage no puede hacer movimientos demasiado radicales en estos momentos.
—Después de algunas de las cosas que hice, no les culpo por dudar de mis intenciones —dijo Sasuke—. Acabo de empezar con las misiones de rango D, con mucha suerte podré empezar a con las de tipo B pasados los meses de prueba, pero será un poco tarde para ayudar con la trama de Danzo.
—Le hiciste un favor al mundo matándolo.
—¡Sai! —le reprendieron varias voces.
—Deberías trabajar un poco más en lo que sale de tu boca —rió Chouji, plantándole una brocheta de pollo a modo de tapón.
—Es una de las pocas cosas de las que no me arrepiento —concedió Sasuke con una media sonrisa poco amistosa.
—Ese filtro suyo… Discúlpale, Sasuke-kun —suspiró Ino—. Por cierto, ¿dónde está Naruto?
—El Hokage tenía que ir a que el señor feudal confirmara su nombramiento, así que Naruto se apuntó a ir como su escolta y a mí me han dejado con el papeleo—explicó Shikamaru, que se quedó a medio servirse agua al ver la cara congestionada del Uchiha—. ¿Pasa algo?
—Creo que me hago una idea de por qué ha ido Naruto a algo que considera mortalmente aburrido —Sasuke se pinzó el puente de la nariz—, y sólo espero que no desencadene algún conflicto diplomático a gran escala.
—Oh, dioses, ¿crees que va a montar el mismo numerito que con los Kages y el Consejo? —exclamó Sakura y, cuando vio a Sasuke asentir, añadió—. Voy a matarle en cuanto pise la aldea.
—Ya es bastante idiota, si le golpeas más no vas a dejar un Hokage funcional —dijo Sasuke.
—Sakura, por favor, no empeores mis futuras condiciones laborales —añadió Shikamaru.
Las risas a su alrededor se sentían bien, es lo que pensó Sasuke, y que debía mantener una seria conversación con un rubio hiperactivo sobre cómo manejar problemas políticos sin crear otros nuevos. Cuando se levantaron a pagar la comida, Shikamaru aprovechó para retener a Sasuke y hablarle en privado. Su relación había mejorado desde el día que el Nara le echó en cara todos los errores que había cometido y Sasuke había pedido perdón por cada uno de ellos, en especial aquellos que casi le cuestan la vida a sus compañeros de aldea.
—Sasuke, ¿tú sabes qué le pasa a Naruto?
—¿A qué te refieres?
Shikamaru pareció buscar las palabras adecuadas antes de responder.
—Siempre ha sido muy lanzado y tenía las ideas muy claras sobre el camino que le llevaría a ser Hokage, pero ahora es como si hubiera algo diferente en su cabeza… —Shikamaru frunció el ceño—. Parece desesperado por arreglar todos los problemas del mundo ninja en una noche, incluso si eso le convierte en alguien no apto para ostentar el cargo.
—Sé lo que quieres decir —dijo Sasuke, consciente de la alegría que había sentido Naruto al saber que tenía una segunda oportunidad de hacer las cosas bien y no dejarse llevar por las circunstancias. Pero eso no podía decírselo a Shikamaru—. Tengo pensado hablar con él cuando regrese y bajarle un poco sus aires de héroe.
—Gracias Sasuke —sonrió Shikamaru.
OooO
Dos semanas después, Sasuke había terminado todas las tareas pendientes dentro de la casa. Lo único que tendría que hacer Naruto al llegar sería colocar sus pertenencias en la habitación y las decenas de plantas que habían traído sus amigos como regalo, eso si Sasuke no le mataba antes.
Estaba a punto de irse a dormir cuando escuchó la puerta de la calle. Bajó al piso de abajo y se encontró al rubio descalzándose en el zaguán.
—Ey, Sasuke, pensé que ya estarías durmiendo, es tardísimo —saludó Naruto, con una sonrisa cansada.
—¿Has cenado?
—¿Eh?... No, estábamos cerca de Konoha y no hemos parado desde mediodía —contestó Naruto, colgando su chaqueta de una de las sillas del salón—. Amenazaba lluvia y no queríamos que nos pillara.
—Sube arriba tus cosas y cámbiate, si quieres que viva en esta casa no vas a empezar a dejar todo tirado por en medio —ordenó Sasuke, entrando a la cocina.
—Vale, mira que eres quisquilloso, enseguida vuelvo.
Sasuke escuchó los pasos apresurados subiendo la escalera, mientras él sacaba los restos de pollo y arroz. No había terminado el tercer onigiri cuando Naruto ya estaba otra vez bajando los escalones.
—¿Eso es para mí? —dijo él con cara alucinada.
—Siéntate en la mesa a comerlos. Voy a preparar algo de té —fue la respuesta de Sasuke.
Naruto esbozó una de sus sonrisillas y cogió el plato para llevarlo a la mesa. No empezó a comer hasta que Sasuke se sentó frente a él y sirvió dos tazas de té.
—¿Cómo se ha desarrollado la misión?
Sasuke sabía cuan tensa había sonado la pregunta, incluso para alguien como él, y Naruto también parecía haberse dado cuenta por la expresión cautelosa que puso entre bocado y bocado.
—Sin problemas.
—Naruto… —Y en el nombre cabía todo un mundo de amenazas y reprimendas.
—Todo ha salido bien, no te preocupes —insistió él.
—Hacer abdicar a todos los señores feudales con ayuda de sus hijos e iniciar una revolución institucional en sus relaciones con las Aldeas Ocultas, una jugada digna de un idiota como tú —le reprendió Sasuke—. No me pongas esa cara de «mí no entender», Shikamaru me ha mantenido informado de tus… no sé ni cómo llamarlos.
—No sé por qué estás tan enfadado, teme —refunfuñó Naruto—. Había que cambiar las cosas para que las Aldeas y los Señores Feudales funcionaran de una manera más equilibrada, así evitamos corrupción por dejadez y que vuelvan a aparecer grupos como Akatsuki.
—Entiendo que tus intenciones son buenas, dobe, pero no puedes forzar cambios tan bruscos a tu parecer, podría generar tensiones y afectar de manera negativa a tu reputación y a tu sueño de ser Hokage —dijo Sasuke, dándole un papirotazo en la frente—. ¿Por qué tanta prisa en poner todo patas arriba?
Naruto se sujetó la frente con ambas manos y le dirigió una mirada furibunda, cogió el último onigiri y empezó a devorarlo con más mal humor que hambre.
—Tienes a Shikamaru y a Kakashi preocupados. —Sasuke jugueteó con la taza casi vacía.
—Lo sé… Kakashi-sensei me echó una de las broncas más épicas que le he visto justo después de la reunión, de esas que acojonan de verdad —suspiró Naruto—. Es sólo que… ellos no lo entienden.
—¿El qué?
—Que he sido Hokage más de diez años y que sé lo que hay que arreglar mejor que nadie.
—Nadie está enfadado porque tus acciones sean equivocadas, sino por la precipitación —explicó Sasuke—. El mundo ninja acaba de pasar por una guerra que casi ha significado su fin. La gente quiere estabilidad y tranquilidad, no que su héroe inicie una revolución cuando no han terminado de asentarse las cosas.
—Pero si espero podría acabar pasando lo mismo —dijo Naruto y fue cuando Sasuke reparó en algo más: la palidez y las ojeras.
—Naruto, ¿qué no me estás contando? —inquirió el Uchiha con un mal presentimiento bailándole en el estómago.
—¡He empezado a olvidar! —El impacto de las manos sobre la mesa hizo temblar la vajilla.
Sasuke no necesitaba aclaración, a todos les estaba sucediendo lo mismo. Cada día que pasaba los recuerdos del Tsukiyomi se difuminaban más y más, el sistema de defensa que poseían sus cerebros para evitar el choque entre su vida falsa y la actual.
—Quieres solucionar todos los problemas antes de volver a ser un dobe de diecisiete años que no sabe nada sobre política.
—Se lo prometí al Ero-sensei y también a Nagato, y yo siempre cumplo mis promesas.
¿Cómo seguir enfadado con alguien así? Alguien capaz de entregarse por entero a la felicidad de los demás sin pensárselo dos veces y aceptar las más pesadas cargas imaginables sin compartirlas con nadie.
—Usuratonkachi —gruñó Sasuke.
—¡Oi! No hace falta insultar.
—Deja de intentar hacerlo todo tú solo. Habla con Kakashi y con Shikamaru, incluso con Sai, cuéntales tus ideas sobre cómo mejorar la situación de la aldea y del mundo ninja, así no tendrás que preocuparte por olvidar —dijo Sasuke, mientras se ponía en pie y colocaba todos los cacharros en la bandeja para llevarlos a la cocina y así no mirar a Naruto—. También yo puedo ayudar, si me dejas.
Una mano le impidió coger la bandeja. Notó como Naruto daba la vuelta a la mesa y le atrapaba en un abrazo. Sasuke se quedó inmóvil, ordenando a su cuerpo que se relajase ante la acción inesperada. Ellos no se abrazaban ni nada por el estilo, demostraban su amistad con insultos tontos y peleándose.
—Necesitas dormir, dobe —se limitó a decir Sasuke, dándole unas palmaditas torpes en la cabeza.
—Gracias por quedarte en Konoha —musitó Naruto contra su hombro y eso le hizo recordar las palabras de Sakura.
—Juré quedarme y ayudarte una vez te conviertas en Hokage, ¿no? Yo también cumplo mis promesas.
Naruto alzó la cabeza y rió alegre, suavizando su palidez y las ojeras.
—Vete a dormir, ya recojo yo esto.
—Vale, gracias Sasuke, hasta mañana.
Sasuke le hizo un gesto con la mano para insistir en que se largara de una maldita vez.
OooO
No quería levantarse. La cama era blandita y hacía un calorcito agradable bajo la colcha. Entreabrió un ojo. La luz se filtraba por los lados de las cortinas, lo que significaba que había amanecido hacía un rato. Estaba a punto de arrebujarse y volver a dormir cuando notó el olor, algo delicioso se cocinaba en las inmediaciones y así se lo hizo saber su estómago. Punto negativo de ser un jinchuriki, siempre tienes hambre.
Bajó las escaleras rascándose los ojos y bostezando, incluso después de pasar por el baño y lavarse la cara con agua fría. Al asomarse a la cocina, encontró a Sasuke atareado con los fogones.
—Al fin te levantas, dobe, pensé que tendría que ir a sacarte a patadas de la cama.
Naruto observó fascinado el despliegue culinario.
—Lleva los platos a la mesa, ¿o tengo que meterte la cabeza bajo el grifo para que espabiles?
Arroz, sopa de miso y una tortilla acompañada de verduras. No había desayunado nada tan sano en su vida, pero lo cierto es que el olor le hizo salivar. Sabía que Sasuke cocinaba bien gracias al tiempo pasado en los barracones, pero allí sólo disponían de las típicas raciones ninja, nada comparable a lo que ahora contemplaba.
—Hay también un par de bollos de carne terminando de hacerse, sé que por las mañanas te comes hasta las puertas —dijo Sasuke, sentándose a la mesa.
Naruto le imitó y empezó a atacar los alimentos. Sabía tan bien como olía, en especial le gustó la combinación de lo esponjoso de la tortilla con el crujir de los vegetales.
—Está buenísimo —farfulló Naruto entre bocado y bocado.
—No hables con la boca llena —gruñó Sasuke—. Escucha, si vamos a compartir casa creo que deberíamos establecer algunas normas y reparto de tareas.
—¿En qué habías pensado? —preguntó Naruto, después de tragar.
—Yo me ocupo de cocinar, me niego a que me mates a base de ramen. —Sasuke agrió el rostro.
—Argh, vale, siempre me puedo escapar al Ichiraku cuando me apetezca —dijo Naruto, sacándole la lengua.
—Lo que implica que también haré la compra, así que a cambio espero que friegues los platos y limpies la casa.
—Me parece justo —asintió Naruto—. Si tú haces la compra, yo pagaré las facturas.
—Sería mejor hacer un fondo común para los gastos, sino vas a pagar de más —protestó Sasuke.
—No me importa pagar un poco más hasta que empieces a tener misiones de alto rango, con las de clase D no dan ni calderilla.
Ver la sorpresa en la cara de Sasuke había merecido la pena. Era inevitable sentir una pequeña satisfacción ante la idea de que Sasuke dependiera de él durante un tiempo.
—¿Qué vas a hacer hoy? —preguntó Naruto.
—Pensaba acercarme al cuartel y comprobar qué misiones tienen disponibles —contestó Sasuke con el gesto torcido—. Si tengo suerte será una de rango C.
—Si esperas a que recoja y me dé una ducha rápida, podemos ir juntos —dijo Naruto, que no esperó a oír la respuesta para empezar a llevar cosas a la cocina—. Como héroe de Konoha tengo el privilegio de elegir mis compañeros de misión. ¿Te apetece ir a una de rango A? Podríamos invitar a Sakura-chan y rememorar viejos tiempos.
—No creo que Sakura comparta tu entusiasmo —comentó Sasuke, dejando los últimos platos en la encimera de la cocina y apoyándose en ella.
—¿Por?
—Tuvimos una conversación el otro día… se me declaró de manera formal y yo la rechacé de manera definitiva.
Naruto pescó al vuelo el vaso que se le había escurrido de la mano tras escuchar las palabras de Sasuke. No terminaba de saber cómo reaccionar a la notica; por un lado le entristecía la situación de Sakura, pero por otro se alegraba de saber que Sasuke no se marcharía de su lado a corto plazo. Algo en él se rebelaba cada vez que pensaba siquiera en la posibilidad de alejarse del Uchiha, sabía que era una actitud egoísta y que posiblemente fuera resultado de los tres años buscándole junto con lo experimentado en el Tsukiyomi.
—¿Cómo se lo tomó ella? —acabó preguntando.
—Sakura esperaba mi rechazo, pero fue tan valiente como para ir de frente y cerrar el asunto de una vez —dijo Sasuke, pensativo—. Me obligó a invitarla a comer en compensación.
—Eso es buena señal —rió Naruto—. Entonces ¿qué? ¿Te apuntas a una misión para adultos?
—Cualquier cosa con tal de no salir a buscar mascotas otra vez.
OooO
Naruto invocó dos bunshins y los dejó fregando mientras se subía a duchar. Ese era uno de los motivos por los que Sasuke había dejado la limpieza en manos del rubio, le bastaba con invocar una escuadra de clones para terminar la tarea casi antes de empezar. Se sirvió otra taza de té y se sentó junto a la cristalera que daba al patio trasero; la espalda apoyada contra la pared, ojos cerrados y disfrutando del sol primaveral. Odiaba depender tanto de Naruto, pero no le quedaba otra opción hasta que la gente de Konoha volviera a identificarle como un aliado y no como el desertor psicópata. Su tiempo fuera de la Aldea buscando venganza parecía haber sucedido hacía toda una vida, y en parte así era debido al Tsukiyomi, pero le dificultaba aceptar el camino que aún tenía por delante. Nadie dijo que redimirse fuera fácil.
—Listo —escuchó decir a Naruto.
Sasuke giró la cabeza y lo encontró plantado en mitad del salón con los brazos en jarras y una enorme sonrisa. Siempre llamativo, esta vez había escogido una camiseta larga color naranja con una espiral negra que ocupaba todo el frontal, el mismo color del pantalón. Sasuke dejó el vaso de té a medio beber en la cocina antes de ir a calzarse.
—Me he dado cuenta de una cosa —dijo Naruto, sentándose a su lado para abrocharse las sandalias—. No llevas tu emblema en la ropa.
—Ostentar el símbolo de los Uchiha sólo complicaría más las cosas. —Sasuke no tenía ganas de atraer más miradas de las necesarias.
—Deberías llevarlo, forma parte de quién eres y de lo que te ha traído hasta aquí.
—En Konoha los Uchiha son un grupo de traidores —replicó Sasuke.
—Y yo era un niño detestable con un monstruo en su interior al que todo el mundo quería ver muerto.
En momentos como ése era cuando Sasuke se daba cuenta de que todavía podía subestimar a Naruto. ¿Cómo decir que no ante la absoluta determinación que brillaba en esos ojos azules? Se pasó una mano por la cara y subió al piso de arriba sin decir nada. La sobria camiseta negra acabó tirada en la cama y sacó del armario una gris con el emblema rojo y blanco a la espalda; la contempló con una sensación de vértigo en el estómago, que no sabía muy bien si era ansiedad o simple y puro miedo. Regresó con Naruto, que le recibió con su sempiterna sonrisa, y salieron juntos a la calle.
Naruto se dedicó a explicarle los detalles del lío que había montado con los Señores Feudales, cómo había estudiado las leyes y dialogado con los herederos para llegar a un acuerdo satisfactorio que ayudase a todas las partes, aunque no paraban de interrumpirle ninjas y aldeanos que saludaban o querían hablar con el héroe de Konoha.
—¿No te cansas de ser asediado? —preguntó Sasuke, después del grupo de niños camino de la Academia.
—No, y eso que hoy no son ni la mitad gracias a esa cara de cabreo perpetuo que tienes, teme —replicó Naruto—. Voy a contratarte de guardaespaldas.
—No es mala oferta, seguro que gano más que cazando gatos perdidos —dijo él.
—Piensa en tu situación actual como unas vacaciones. —Naruto le dio una palmada en la espalda—. Cuando sea Hokage pienso explotarte laboralmente y entonces desearás volver a estos días maravillosos en los que perseguías mascotas.
A Sasuke le costó reprimir la carcajada, así que fue imposible evitar que se le escapara una sonrisa. Era reconfortante escuchar a Naruto repetir de manera incansable que pensaba tenerle a su lado en el futuro, y que confiaba en él para proteger y dirigir Konoha.
—Naruto-nichan.
Se giraron a la vez. Konohamaru corría hacia ellos esquivando transeúntes, bufanda al viento. Sasuke todavía encontraba desconcertante su apariencia juvenil después de verle crecer y convertirse en jounin, y lo mismo le ocurría con otros tantos de los ninjas más jóvenes.
—¿Qué ocurre, Konohamaru? —preguntó Naruto cuando llegó a su altura.
—Iruka-sensei me ha dicho que te diga que te pases a comer por el Ichiraku, que te espera allí para charlar, y que traigas a Uchiha-san contigo si quieres.
—Puedes llamarle Sasuke —dijo el rubio y miró al interpelado con expresión traviesa—. No muerde, aunque tenga esa cara de ir arrancando brazos si le hablas.
Sasuke le arreó un mamporro en la cabeza y sonrió malicioso cuando escuchó las carcajadas de Konohamaru.
—Dile a Iruka que allí estaremos —dijo Sasuke.
El muchacho se despidió y salió corriendo de nuevo a cumplir el encargo.
—Sakura-chan te está contagiando su manía de atizarme —gruñó Naruto, sobándose el chichón.
—No nos des razones para hacerlo.
Naruto refunfuñó un poco más, pero luego retomó el tema de los Señores Feudales hasta que llegaron a los Cuarteles Generales. Allí siempre había mucho movimiento de entradas y salidas, Naruto siguió saludando y sonriendo hasta que alcanzaron el mostrador de la asignación de misiones.
—¿Tenéis algo interesante para nosotros?
La mirada fugaz e inquieta que recibió Sasuke de la joven chuunin era de esperarse, así que no hizo comentario alguno y dejó que Naruto manejase la situación. Confiaba en él pero, si se negaban a darles una misión conjunta, Sasuke sospechaba que el rubio iría y echaría abajo la puerta del Hokage para protestar. Compadeció mentalmente a Kakashi.
—Iré a consultar con mi supervisor, un momento Naruto-sama —dijo la chuunin, desapareciendo en los despachos de la parte de atrás.
—No sé cuantas veces les he dicho que dejen lo de «sama» —resopló Naruto—. Ni siquiera soy Hokage todavía.
Alguien apareció de repente y se colgó del brazo de Sasuke, que tuvo que recurrir a toda su fuerza de voluntad para frenar el instinto homicida de contraatacar.
—Ino, no hagas eso —dijo Sasuke, consciente de lo forzada que sonaba su voz—. Podría hacerte daño.
—Perdona, es fácil olvidarse —sonrió ella, alzando las manos. Fue cuando Sasuke notó que el agarre de Ino no era el único en retirarse, también lo hizo la mano de Naruto que había inmovilizado su otro brazo a la altura de la muñeca. Sus miradas se cruzaron por un instante y vio un ligero asentimiento por parte del rubio. Una ola de agradecimiento calmó sus nervios junto a la distracción que supuso la llegada de más gente.
—Ino, no te largues de esa forma… ah, hola Naruto, Sasuke —saludó Chouji.
—¿Sai? ¿Vas con ellos? —cuestionó Naruto al ver al anbu.
—Sí, necesitaban alguien con ataques de rango flexible para completar el grupo mientras Shikamaru trabaja con el Hokage —explicó él.
—Colaboró conmigo en otra misión y nuestras habilidades funcionan bien juntas —añadió Ino—. Y Chouji enseguida se ajusta a cualquiera de los grupos con los que va.
—Mis habilidades son sencillas y los demás saben qué esperar, así que es fácil crear estrategias —le restó importancia su compañero, abriendo una bolsa de patatas—. Aunque se echa de menos al equipo 10.
—Sé a lo que te refieres —dijo Naruto—. Sakura-chan está desbordada con el hospital después de la jubilación de Tsunade-bachan.
—Esa frentona no sabe delegar —replicó Ino—. Siempre tiene que controlarlo todo.
—Naruto-sama.
La joven chuunin había regresado. Sus amigos se despidieron y les dejaron que terminaran los trámites para la solicitud de misión, aunque Sasuke sintió el aguijonazo de la mirada de Sai en la nuca según se alejaban.
—Ahora mismo no contamos con ninguna de rango S —explicó la joven—. Pero llegó esta solicitud del Hokage. Parece que un grupo importante de desertores se ha concentrado en este punto de la frontera, vuestro objetivo es arrestarlos.
—Aceptamos el encargo —dijo Naruto, tomando el pergamino.
—De acuerdo. Se espera que salgáis mañana a primera hora, podréis recoger vuestros equipos en las oficinas de la muralla.
Sasuke esperó hasta que estuvieron fuera del edificio para hablar, pero el rubio no le dio la oportunidad.
—Vamos a comer, ¡Ichiraku!, ramen, ramen…
—Es pronto para ir.
—Nunca es pronto ni tarde para disfrutar del ramen —sonrió Naruto.
—En serio, no sé cómo has sobrevivido hasta ahora solo a base de ramen, la mitad de él instantáneo —suspiró Sasuke.
—Pero a partir de ahora no me tengo que preocupar, porque lo que cocinas está muy bueno y es sano… hablando de, ¿dónde aprendiste a cocinar?
—¿Me crees tan idiota como para comer lo que me servían en la guarida de Orochimaru? —cuestionó Sasuke. Naruto puso cara de circunstancia y sacó la lengua con asco—. Exacto.
—¿Sabes hacer ramen? Del casero, quiero decir —preguntó Naruto, consiguiendo que Sasuke se llevara la mano a la cara.
—No sé por qué, pero me imaginaba que acabarías haciendo esa pregunta. Sí, sé cocinarlo y puedo prepararlo cuando volvamos de la misión, si tanto te apetece probarlo.
—Claro que me apetece —aplaudió Naruto y le agarró del brazo—. Ahora vamos al Ichiraku, tanto hablar de comida me ha dado un montón de hambre.
—Supongo que no pasará nada por llegar antes de tiempo —cedió Sasuke y se dejó arrastrar hacia el restaurante bajo las miradas fisgonas de los aldeanos.
Iruka ya estaba sentado en la barra conversando con la hija del dueño cuando ellos llegaron al Ichiraku. Les recibió con una de sus mejores sonrisas. Naruto se pidió uno de los tazones especiales, mientras Sasuke se quedaba con uno sencillo de miso; reconocía que tenían el mejor ramen que había comido, pero jamás se lo diría a Naruto o se pasarían la vida allí metidos.
OooO
Naruto miró en derredor. Veintitrés desertores de diferentes aldeas atados y con los poderes sellados siendo introducidos en las carretas que les llevarían a Konoha. Allí se encargarían de procesarlos y enviarlos a sus aldeas de origen. Sasuke lanzó el halcón al vuelo, confirmando su pronta partida a la oficina del Hokage, y se sentó en el tronco junto a Naruto mientras los jounins se encargaban del trabajo.
—Ni siquiera he necesitado usar a Kurama —suspiró el rubio—. ¿Soy yo o ha sido demasiado fácil para un rango A?
—Supongo que después de derrotar a una diosa, todo lo demás es simple y aburrido —dijo Sasuke—. Aceptémoslo, somos los ninjas más poderosos en estos momentos, va a ser difícil encontrar una misión que represente un reto a nuestras habilidades.
—Siempre podemos enfrentarnos el uno al otro —sugirió Naruto, entusiasmado.
—No se te ocurra bromear con eso, usuratonkachi. —Sasuke le dio un empujón que le tiró al suelo y Naruto le hizo caer a su lado tirándole de la pierna.
—Naruto-sama —El interpelado se levantó para atender al líder del equipo de recogida—, hemos terminado. Para el regreso pueden ir en alguna de las carretas.
—Nah, caminaremos con los demás. ¿Os habéis asegurado que los sellos estén en su sitio?
El hombre dirigió una mirada fugaz a Sasuke antes de seguir hablando. No era el primero ni sería el último en hacer algo parecido, pensó Naruto, como si la gente creyera que por hablar directamente con Sasuke les iba a caer una maldición. No que a él parecieran afectarle mucho las reacciones raras de otras personas.
—Todo correcto… además Uchiha-san ha prometido que ninguno despertará hasta que él lo decida.
—Si él lo dice, es que así es —sonrió Naruto—. Volvamos a casa.
El regreso sería un poco más lento, tres días a buen ritmo parando para pernoctar. Naruto procuró hablar con todos los ninjas de la tropa, aunque sólo fuera por que dejaran a un lado su imagen de héroe de la guerra y le tratasen como a uno más. Sasuke eligió ir en vanguardia, según él para aprovechar sus habilidades en caso de posibles complicaciones.
La segunda noche Naruto reparó en que uno de los jounins más jóvenes miraba a Sasuke. El chico no parecía mucho mayor que él o Sasuke, además mostraba una curiosidad refrescante en lugar de la familiar antipatía, así que se acercó a llevarle la ración de la cena y una recomendación.
—Habla con él, no muerde.
Naruto volvió a su tarea de repartir comida, pero sin perder ojo de lo que pasaba al otro lado de la hoguera. El jounin se levantó y fue junto a Sasuke, que comía un poco retirado de los demás.
—Hola, ¿puedo sentarme por aquí?
Sasuke se encogió de hombros y siguió cenando. El joven ninja miró alrededor, dudando sobre el lugar más apropiado, y acabó sentándose más cerca de Sasuke de lo que Naruto creía posible, menos de un brazo extendido de distancia. El jounin era valiente.
—He visto que portas una katana, no es un arma habitual fuera de Anbu.
—Es cuestión de estilo de combate —replicó Sasuke.
—¿Puedo?
Sasuke soltó la katana y se la ofreció con el mango por delante. El otro se levantó y tanteó el peso y movimiento del arma.
—¿No es más rápido y práctico un kunai?
Dejando a un lado el cuenco vacío, Sasuke tomó de vuelta la katana y le hizo un gesto al jounin para que le acompañara a un lugar despejado dentro del campamento. Varios ninjas les observaron con curiosidad.
—Ese árbol, intenta alcanzarlo con un kunai —señaló Sasuke—. Yo haré lo mismo, pero con la katana.
—Alguien debería darnos la señal.
—Tú lanza el kunai.
El ninja desenvainó y lanzó en un movimiento fluido. El kunai nunca alcanzó su objetivo, porque la katana voló en un relámpago y volatilizó el árbol en un estruendo.
—Como dije, es cuestión de estilo de combate —dijo Sasuke, yendo a recuperar su arma con parsimonia.
Por la expresión en la cara del jounin, Naruto estaba seguro que Sasuke acababa de ganar un fan, alguno más a juzgar por aquellos ninjas intentando disimular que se habían quedado boquiabiertos.
—¡Ha sido alucinante!
—Busca estrategias que se adapten a tu elemento y forma de combatir, lo demás es practicar hasta que no puedas tenerte en pie —prosiguió Sasuke—. Cada elemento tiene sus ventajas y debilidades, debes buscar como potenciar las primeras minimizando las segundas.
—Gracias por el consejo, Sasuke-san.
Por fin alguien que no temía usar su nombre. Naruto estaba contento de haber aceptado la misión, aunque sólo fuera por ver a Sasuke dando otro paso fuera de su burbuja. Se sentó con su cena y observó divertido desde la distancia como dos amigos del primer ninja se acercaban y se unían a la conversación. Sasuke podría ser un buen profesor si se lo proponía, aunque estricto.
Un rato después, Sasuke apareció para tender el saco de dormir junto a Naruto.
—Buen trabajo, Sasuke-senpai —entonó Naruto con retintín y risa mal contenida.
Él se limitó a darle una patada como toda respuesta y se metió en el saco.
