Después de la misión de captura de los desertores, Sasuke percibió un cambio en la actitud de los otros ninjas. Fue sutil, pero cuando todo el mundo te mira con odio y de repente lo ves rebajarse a antipatía, significa un mundo. Saludó a la chuunin del mostrador y preguntó por nuevas misiones. Cuando ella le sonrió insegura mientras rebuscaba entre algunos pergaminos, Sasuke no pudo evitar sentirse un poco paranoico.

—Tengo una de rango B que podría hacer, Uchiha-san.

—¿B? —La sorpresa debió filtrarse a su expresión porque la joven soltó una risa tímida.

—Se trata de ayudar con la reconstrucción en una aldea fronteriza. —La chuunin desplegó un mapa de la zona—. Una de las bijuudamas lanzadas por el Jyuubi impactó cerca y volvió inestable una parte de la montaña, con el deshielo de primavera temen que se venga abajo y arrase con todo. El Susanoo debería permitirle arreglar los desperfectos y el Rinnengan anular cualquier tipo de derrumbe.

Sasuke asintió. Comprendía por qué la misión era de rango B, debido a la peligrosidad y que había vidas de civiles en juego, y por qué era perfecta para él, al no entrañar ningún factor que afectara la seguridad de Konoha si era llevada a cabo por un posible traidor. Parecía que el idiota de Naruto tenía razón y si seguía esforzándose la gente acabaría por olvidar el pasado y aceptarle como uno más.

—Acepto la misión —dijo Sasuke—. Y gracias…

—Kanae —se apresuró a decir la joven.

—Gracias Kanae —dijo él, intentando ser amable en respuesta a la cortesía de la joven.

Vio a la chuunin quedarse inmóvil y como un rojo encendido invadía su rostro. Sasuke recordaba ese tipo de reacción en las chicas de sus tiempos como gennin, no era algo que le apeteciese repetir. Guardó el pergamino y salió lo más rápido que pudo de los cuarteles.

Su mente enseguida empezó a planificar. Sin contar posibles contratiempos, la misión le llevaría mínimo un par de semanas incluyendo el viaje. Primero pasaría por el despacho de Kakashi. Necesitaba que el Hokage aflojase un poco los sellos de control de chakra y así evitar sorpresas desagradables en la misión.

También debía informar a Naruto y dejar el congelador aprovisionado si no quería que el dobe se diera al ramen durante su ausencia. Todavía se sentía extraño eso de organizar su vida alrededor de las necesidades de otra persona, nunca lo había hecho y la dejadez de Naruto a veces acababa con sus reservas de paciencia y terminaban peleándose. Aún así era agradable eso de volver de misión y encontrar la casa caliente y a un dobe haciendo un intento de cena.

Sasuke pasó por el mercado y se aprovisionó bien antes de volver a casa. Preparó la mochila con todo lo necesario para un par de semanas fuera y bajó a ponerse a cocinar. Desde que vivía con Naruto, Sasuke había empezado a probar nuevas recetas y descubrió que le relajaba concentrarse en la cocina, alejando su mente de preocupaciones o aburrimiento. Naruto no había protestado en absoluto ante la perspectiva de tener su propio cocinero, sino todo lo contrario.

—¡Estoy en casa! ¡Y eso huele genial! —Escuchó a Naruto vocear desde la entrada.

—¿Qué tal en la Academia? —preguntó Sasuke, atizando al rubio en la mano cuando intentó robar un trozo de patata—. Espera a la cena.

—Tacaño. —Naruto cogió una manzana de la nevera y fue a sentarse a la mesa del salón—. La Academia, horrible. Cuando Iruka me enseña sobre las relaciones entre aldeas y las batallas del pasado todavía puedo sobrevivir, pero los temas de leyes me matan.

—Necesitas comprenderlo si quieres cambiar el mundo ninja, dobe —replicó Sasuke, guardando el último paquete en el congelador y encendiendo la arrocera para la cena.

—Lo sé, créeme que lo sé, y por eso no he salido corriendo y me he ido a vivir al monte como hizo el Ero-sennin. —Naruto olfateó el aire—. Hum, huele como si estuvieras haciendo mogollón de comida diferente.

—Me han dado una misión de rango B y estaré ausente un par de semanas —explicó Sasuke.

—¿Rango B? ¿En serio? ¡Eso es genial! —aplaudió Naruto—. ¿Qué tienes que hacer?

—Pon la mesa y te lo cuento.

Sasuke desgranó los detalles de la misión y luego le detalló a Naruto la organización de la comida del congelador durante su ausencia. El rubio lo miraba todo alucinado.

—No sé si estar agradecido por lo bien que me alimentas o mosqueado porque pienses que voy a morir de hambre en dos semanas —bromeó Naruto.

—Más bien pienso que volverías a abusar del ramen, por eso eras un canijo en nuestra época como genins —gruñó Sasuke.

—Tú también comías comida preparada —protestó Naruto.

—Pero al menos añadía verduras. —Afirmación ante la que Naruto le sacó la lengua.

Naruto siguió hablando sobre cosas tontas, a quién había visto ese día en la aldea, algún cotilleo o anécdota divertida. Sasuke decidió contarle su interacción con la chuunin del mostrador de misiones y Naruto casi muere atragantado por culpa del ataque de risa.

—Medio año y ya estás rompiendo corazones en la aldea, dentro de un año la gente se habrá olvidado incluso de que te fuiste —rió Naruto.

—Yo preferiría ahorrarme esa parte, nunca me gustó que las chicas estuvieran detrás de mí todo el maldito día y tener que esconderme para evitarlas —gruñó Sasuke.

—Por eso desaparecías en cuanto acabábamos las misiones, ahora lo entiendo. —Naruto asintió con aire pensativo—. ¿Tan terrible era?

—Odio a las personas superficiales.

Odiaba que su valor ante los demás sólo fuera ser el último Uchiha y el chico guapo habilidoso, nadie miraba más allá. Sasuke recordó a un niño rubio que nunca aceptó eso, que siempre le retaba hasta sacarle de su estado de desidia y que creció para convertirse en su compañero, su rival, su amigo y en la única persona capaz de rescatarle de la oscuridad a la que fue desterrado por el mundo ninja. El mismo que ahora le sonreía con alegría desde el otro lado de la mesa.

—Me alegro de no ser superficial entonces. —Naruto se levantó y empezó a recoger los platos—. ¿Tienes que preparar algo para el viaje?

—He hecho el equipaje esta tarde, el resto me lo dan mañana en las oficinas de la muralla como siempre —dijo Sasuke.

—Tan eficiente como de costumbre.

Sasuke observó a Naruto con la sensación de que algo no cuadraba. Mientras el rubio fregaba, se sentó en uno de los taburetes de la parte exterior del mostrador de la cocina, intentando dilucidar qué le pasaba.

—¿Te preocupa algo? —terminó por preguntar, cuando Naruto ya se secaba las manos.

—¿Por qué lo dices?

Sasuke entrecerró los ojos ante la actitud evasiva del rubio.

—No lo has negado.

—Es una tontería, ¿vale?, te vas a reír de mí. —Naruto frunció el ceño.

—No lo sabremos hasta que me lo digas —insistió el Uchiha.

—Agh, vale… —Naruto se llevó una mano detrás de la cabeza—. Es la primera vez que vas a estar fuera de casa más de una noche, creo que me resulta raro pensar que no te voy a ver en dos semanas.

Otra vez el miedo a que no regresara a la aldea. Por un lado era molesto que Naruto no confiara en él, pero por otro le hacía sentirse apreciado y ayudaba con su propia inseguridad.

—¿Qué tal si envío un halcón de vez en cuando? —sugirió Sasuke—. La misión no es confidencial, así que puedo informarte sobre cómo se desarrolla el proceso.

—¿No te importa? —preguntó Naruto, saliendo de la cocina y parándose frente a Sasuke.

—No mucho, si eso sirve para que te quedes tranquilo y no incordies a Shikamaru —dijo el Uchiha, encogiéndose de hombros.

—¡Gracias!

Otro abrazo. Sasuke contabilizó los que llevaba recibidos y reparó en que habían aumentado, al menos la sobreexposición estaba ayudándole a no tensarse cada vez que a Naruto le daba por achucharle. Era un gesto extraño para él, porque tampoco lo había experimentado mucho en su infancia; su familia no era precisamente generosa con las muestras de afecto, ni siquiera las verbales.

Cuando Naruto le soltó, todavía se quedaron un rato más charlando antes de ir a dormir. A la mañana siguiente el hiperactivo rubio le acompañó hasta la muralla para despedirse y desearle buena suerte con la misión. Era excesivo y una molestia, pero una parte de Sasuke pensó que podría llegar a acostumbrarse.

OooO

Naruto saltó del pupitre y fue a la ventana, ignorando la regañina de Iruka. El halcón se dejó quitar el pergamino de la pata y aceptó la chuchería que le dio Naruto antes de salir volando. Los mensajes de Sasuke nunca eran largos y mucho menos transmitían emociones, se parecían a los informes viejos que Iruka le hacía leer para practicar, pero Naruto se tranquilizaba cada vez que tenía uno entre las manos.

—¿Algo importante? —cuestionó Iruka, parándose junto a su alumno.

—Sasuke está de misión, su primera de rango B —explicó Naruto, releyendo el mensaje por tercera vez.

—¿Cuánto tiempo va a estar fuera? —preguntó Iruka con tono amable.

—Dos semanas mínimo, aunque quizá más si no consigue estabilizar la ladera y le toca arrasarla para asegurar la aldea y a sus habitantes. —Naruto se apoyó en el alfeizar de la ventana con los brazos cruzados—. Me habría gustado acompañarle, pero seguro que se hubiera enfadado de sólo sugerirlo.

—Naruto, sé que es difícil después de los últimos años y de lo ocurrido en el Tsukiyomi, pero debes confiar en Sasuke y darle su espacio —dijo Iruka—. Necesita sentir que forma parte de Konoha por sí mismo y no sólo a través de ti.

—Lo sé, por eso estoy aquí y no persiguiéndole hasta la frontera —rezongó Naruto.

—Eso demuestra que estás madurando. —Iruka revolvió el pelo rubio con un profundo sentimiento de orgullo.

—Quizás acepte una misión yo mismo para distraerme… Iruka-sensei, ¿cuándo querías que hiciera el examen sobre legislación?

—Pronto, pero lo pospondremos a cuando Sasuke regrese y seas capaz de concentrarte —sonrió Iruka—. Ve a los cuarteles a ver si tienen algo interesante.

—¡Gracias, Iruka-sensei!

Naruto no necesitaba que se lo dijeran dos veces. Colocó los libros en la estantería del aula y salió de un salto por la ventana. No bajó a nivel de calle, le apetecía disfrutar de la libertad de correr por los tejados y del aire que ya olía a verano. En los cuarteles no tenían nada prometedor que pudiera distraerle, así que aceptó completar pequeñas tareas para ayudar a los aldeanos, como hacer la compra a los abuelos o cuidar de unos niños mientras sus padres iban al médico. Era divertido ver la cara de sorpresa que ponía la gente cuando se encontraban al héroe de Konoha en la puerta, listo para ayudarles. De niño no le gustaban ese tipo de misiones, las consideraba indignas, pero ahora se sentía bien eso de colaborar aunque fuera a pequeña escala y ver que significaba un mundo para la otra persona.

Regresó a casa cargado de regalos de los aldeanos, dulces y comida casera en su mayoría, aunque su actitud jovial se vino un poco abajo cuando recordó que estaba solo. Sacó uno de los congelados que dejó Sasuke para cenar, incluso con las provisiones recibidas ese día, y se fue a dar un buen baño para relajarse. La última semana estaba durmiendo mal, o bien no conseguía conciliar el sueño o se despertaba por culpa de las pesadillas, y nada parecía solucionarlo. Si esa noche tampoco pegaba ojo, pensaba pasarse a visitar a Sakura al día siguiente y que ella le dijera cual era el problema.

Nada. Ni el haber estado todo el día estudiando y trabajando hasta la extenuación sirvieron para dejarle inconsciente, así que a primera hora ya estaba por el hospital. Sakura terminaba de revisar los turnos del día con los otros médicos y estudiantes, cuando localizó a Naruto saludando desde la puerta.

—¿Qué haces por aquí tan temprano, Naruto? —preguntó ella, tras aceptar un abrazo de su amigo.

—Insomnio —fue la respuesta en tono cansado.

Sakura le llevó a una de las consultas y allí le hizo más preguntas sobre su problema, anotando todo de manera sistemática con la expresión de quién ha visto lo mismo cientos de veces.

—No deberías estar solo en casa, ¿puedes quedarte con alguien? —dijo Sakura al final.

—¿Crees que es porque estoy solo en casa? —Naruto no había pensado que la respuesta pudiera ser tan simple.

—Los primeros meses dormiste en los barracones con los otros chicos y luego has compartido casa con Sasuke, es la primera vez que te quedas a solas desde la guerra —le recordó Sakura—. No sería extraño que justo ahora fuera cuando haya decidido golpearte el estrés postraumático. Hemos tenido otros ingresos por el mismo problema, aunque su situación es más grave que la tuya porque intentaron aguantar sin buscar ayuda. Me alegra que tú no hayas esperado para hablar conmigo.

—¿Cómo no hacerlo cuando siempre tienes respuesta para cualquier problema? —sonrió Naruto—. Sasuke vuelve en unos días, veré si alguien puede adoptarme alguna noche.

—Si los síntomas persisten incluso cuando haya regresado Sasuke, vuelve a verme y buscaremos una solución.

—Cuenta con ello. —Naruto se levantó y le dio otro abrazo a su amiga—. Te queda bien la bata de médico, Sakura-chan.

—Gracias —sonrió ella, pasando la mano por encima de la tela blanca—. Recuerda, no hagas sobreesfuerzos hasta que no hayas dormido toda una noche del tirón.

—Tendré cuidado.

Cuando dejó el hospital, Naruto se sentía un poco mejor. Por lo menos ahora conocía el origen de sus problemas a la hora de dormir y no se estresaría tanto dando vueltas en la cama pensando en ello. No le apetecía nada ir a dar la brasa a sus amigos en busca de refugio, todos estaban ocupados y no le parecía bien imponerse por algo tan tonto como la falta de sueño, aunque Sakura pensara que era algo serio.

Deseando recargar baterías, Naruto hizo un segundo desayuno a base de ramen en el Ichiraku y buscó un lugar tranquilo en la arboleda donde echarse una siesta al sol. Fue cuando se cruzó con Shikamaru, que regresaba de los campos de entrenamiento después de su práctica matutina, y que no tardó mucho en percatarse de las ojeras.

—¿Quieres quedarte esta noche en mi casa? —ofreció Shikamaru, tras conocer sus problemas de insomnio—. Así sabrás si la teoría de Sakura es acertada.

—¿No te importa?

—Sólo es dormir, así que no debería ser demasiado problemático —sonrió Shikamaru y le hizo un gesto a Naruto para que le acompañase—. Además, mañana me gustaría que asistieras a la reunión en la torre del Hokage, vienen representantes de las principales regiones del País del Fuego y de los otros países; se trata de analizar la situación después de medio año tras la guerra y coordinar los esfuerzos de reconstrucción.

—Me alegra saber que me habéis hecho caso —dijo Naruto—. Cuenta conmigo para mañana, tengo ganas de saber qué tal van las cosas fuera de la Aldea.

—Mejorando día a día, pero queda un montón de trabajo por hacer —resopló Shikamaru—. Las zonas más dañadas por los combates, como el País del Rayo, tardarán unos años en volver a la normalidad incluso con ayuda de los otros países.

—Me preocupa más el País de las Aguas Termales, su forma de vida es el turismo y muchas de sus mejores zonas quedaron destruidas. —Naruto hizo un esfuerzo por recordar la distribución de los países y aldeas sobre el mapa, maldito insomnio y maldita pérdida de memoria—. ¿Kakashi-sensei ha decidido qué hacer con el Sonido?

—Nadie sabe qué hacer con Orochimaru, se admiten sugerencias —dijo Shikamaru—. De momento mantenemos un bloqueo total de sus fronteras, controlando qué entra y qué sale, pero no podemos seguir así de manera indefinida.

—¿Quién está al mando del bloqueo? —preguntó Naruto, saludando a los primeros aldeanos que se encontraron nada más pasar de la arboleda a las calles.

—Yamato con la asistencia de Anko para controlar la guarida de Orochimaru, aunque el trabajo de vigilancia de frontera está a cargo de un grupo de Hyuugas. —Shikamaru le dio una palmada amistosa en la espalda a Naruto—. Si ya fueras Hokage, ¿tú qué harías?

—Encarcelar a Orochimaru y entregarle el País del Sonido a su gente —dijo Naruto, ganándose un gesto sorprendido por parte de su amigo—. Las cosas que ha hecho son demasiado graves. Experimentos con seres humanos, su pertenencia a Akatsuki, ayudar a Danzo contra los Uchiha, el asalto a Konoha, el asesinato del Tercero, casi mata a Tsunade-baachan, Sasuke, y mucho más que seguro no sabemos.

—¿Sabes que muchos dirían que entonces Sasuke también debe ser encerrado? —dijo Shikamaru.

—Tú y yo sabemos que son casos distintos. —Naruto sabía que su réplica se había parecido demasiado a la dentellada de un animal, pero no se disculpó.

—Exacto, tú y yo y nuestros amigos, pero no el resto del mundo ninja, ¿entiendes ahora el dilema y por qué no encontramos solución?

Naruto se quedó callado. ¿Qué decir cuando tu amigo es un genio y te derrota con una lógica aplastante?

—Sé que es problemático, Naruto, pero necesitas empezar a ver qué tipo de consecuencias tienen ciertas acciones cuando eres el Hokage —suspiró Shikamaru.

—Las conozco, créeme, pero voy a intentar estar atado a ellas lo menos posible —dijo Naruto, con el Tsukiyomi en mente—. ¿Qué tal si buscamos una técnica de sellado que impida a Orochimaru seguir saltando de cuerpo en cuerpo? Convertirle en un ser mortal debería ser suficiente castigo para alguien como él. Seguro que Kabuto puede facilitarnos las cosas si aumentáis los recursos de su orfanato.

—No es mala idea, aunque dar con una técnica de sellado de ese nivel va a ser un dolor de cabeza —dijo Shikamaru.

—Cuento contigo, consejero del Hokage —rió Naruto, devolviéndole la palmada en la espalda con tal fuerza que casi le estampa contra la puerta de entrada a la torre.

Shikamaru resopló una vez más antes de despedirse y entrar a trabajar. Naruto agradecía que su amigo discutiera con él este tipo de asuntos, formaban parte de su preparación como Hokage tanto como las lecciones de Iruka. Odiaba como la política le obligaba a andar de puntillas en demasiadas ocasiones, pero no estaba dispuesto a bajar la cabeza y respetar las formas como en el Tsukiyomi Infinito, si la situación lo requería estaba dispuesto a hacer todo el ruido que fuese necesario, incluyendo sacar a pasear al Kyuubi.

OooO

Sasuke vio emerger las murallas de Konoha más allá de la linde del bosque, iluminadas por la luz de la luna y el propio resplandor interno de la aldea. Podía haber acampado y llegar a la mañana siguiente, pero había dormido raro las dos últimas semanas y la sensación se parecía demasiado a aquellas pesadillas dentro del Tsukiyomi, cuando su cuerpo intentaba despertar del genjutsu. Intuía que tenía algo que ver con encontrarse lejos de lo que empezaba a ser su hogar, quizás porque había sido la primera misión de larga duración desde que regresara a Konoha tras la guerra.

Saludó a los guardias de la muralla y entró en la aldea. No dejaba de sorprenderle la rapidez con la que se desarrollaba Konoha y la vida que irradiaba incluso a altas horas de la noche, con restaurantes abiertos y abundante gente todavía por las calles, pronto deberían empezar a pensar en ella como una ciudad. Agradeció mentalmente que la casa de Naruto estuviera en uno de los barrios de la periferia, lejos del bullicio.

Las luces estaban apagadas cuando Sasuke entró en casa. Era tarde y seguro que el dobe se encontraba en el sépimo sueño. Soltó el equipaje, la capa y parte del uniforme en la entrada, porque no quería poner perdido todo de tierra. Una ducha rápida y a dormir, eso es lo que pensaba Sasuke cuando abrió la puerta del baño de arriba, encendió la luz y casi se muere del susto. Agarrándose todavía el pecho y al marco de la puerta, confirmó que la figura despatarrada sobre el váter era Naruto; sólo él podría levantarse en medio de la noche y quedarse inconsciente en el baño. Frunció el ceño cuando reparó en que el rubio todavía llevaba uno de sus chandals y en el olor a alcohol que emanaba. ¿En qué demonios estaba pensando el dobe si todavía no tenían edad para beber? No sabía si matarlo por ser un idiota o ceder a la preocupación de encontrárselo allí tirado. Cansado de la misión y el viaje, Sasuke optó por lo más efectivo, meter al despojo de su compañero en la ducha y abrir el grifo del agua fría. Naruto no gritó, fue más una inspiración ahogada que acabó en un ataque de toses, mientras abría los ojos y trataba de ubicarse bajo el chorro de agua.

—¿Sasuke? —cuestionó Naruto, encogido en el suelo de la ducha. El Uchiha no pudo evitar pensar en un cachorro abandonado en mitad de la lluvia y giró la llave para temperar el agua.

—Voy a buscarte un pijama —fue lo único que dijo Sasuke antes de salir del baño.

Cuando regresó, encontró a Naruto sentado en el váter envuelto en una toalla y su ropa empapada amontonada en el lavabo. Era un espectáculo lamentable, pálido y con unas pronunciadas ojeras que no podían deberse sólo a la bebida. La preocupación ganó la batalla y Sasuke se vio ayudando a Naruto a secarse y vestirse, la bronca podía esperar al día siguiente.

—No podía dormir —musitó Naruto, cuando Sasuke le terminaba de arropar en la cama—. Fui a casa de Shikamaru y también de Iruka-sensei, no sirvió de nada. Entonces recordé que Ero-sennin siempre se quedaba frito después de beber, así que hice la prueba.

—¿Me estás diciendo que te has dado a la bebida por un par de noches de insomnio? —gruñó Sasuke.

—No he dormido una sola noche entera en dos semanas —replicó Naruto con los ojos cerrados.

Dos semanas. El mismo tiempo que él llevaba fuera de misión. No había que ser un genio para sumar dos más dos, pero las implicaciones eran preocupantes.

—¿Has hablado con Sakura? —preguntó Sasuke en tono más suave.

—Dice que es estrés postraumático.

Seguro que Sakura dijo muchas más cosas, pero Naruto no estaba en condiciones de mantener una conversación coherente. Sasuke fue a tomar la ducha que tanta falta le hacía y regresó al cuarto de Naruto, apagó la luz y se metió bajo las mantas. Descubrió que el rubio seguía medio consciente cuando notó que invadían su lado de la cama, el cuerpo que se pegó al suyo y el brazo que le rodeó por la cintura. Naruto emitió un gruñido satisfecho, casi un ronroneo, y Sasuke se resignó a hacer las funciones de oso de peluche. Su mente comparó las noches durante su misión, maldurmiendo a solas en un cobertizo, con la calidez que ahora le arrastraba hacia una inconsciencia plácida y decidió que no merecía la pena hacer misiones de larga duración.

OooO

Naruto se despertó con más flojera que Shikamaru en uno de sus días de vacaciones, su cerebro en abierta rebeldía por abandonar el mundo de los sueños que tanto había echado de menos. Primero fue el calor, luego la sensación de no estar solo. Respiró hondo, había un olor familiar mezclado con el suyo. Estaba achuchando algo y no era la almohada. Naruto abrió los ojos y sonrió al ver que su manía de abrazar a Sasuke durmiendo seguía arraigada, en parte gracias a que el Uchiha era una de esas personas de sueño profundo. Naruto se acurrucó, cediendo a la pereza. Debía visitar a Sakura en el hospital y confirmarle sus sospechas, que la ausencia de Sasuke era lo que desencadenaba su insomnio, pero no podía obligar a Sasuke a que renunciara a las misiones por su propia comodidad, así que habría que buscar otra solución.

Naruto creó un par de bunshins y los mandó a recoger el desastre del baño y a preparar desayuno, mientras él se consentía remolonear un poco más. Cuando no quedó más remedio, empezó a despertar a Sasuke con la cautela que tendría al enfrentar un oso que sale de hibernación. El Rinnengan y un ojo más oscuro de lo normal le miraron nublados por el sueño.

—¿Desayuno? —preguntó Naruto con una gran sonrisa.

Sasuke asintió y procedió a salir de la cama con movimientos mecánicos, dando inicio a su rutina diaria. A Naruto le gustaba seguir esos pequeños rituales, testimonio de su convivencia con Sasuke y de que nunca más iba a estar solo o, al menos, no a corto plazo. Sonrió al servir un segundo té a Sasuke y confirmar que ya estaba más alerta.

—Gracias por enviar el halcón —dijo Naruto—. Fue divertido saber cómo te iban las cosas, aunque escribas cartas como si se tratasen de informes.

—Parece que no fue suficiente —replicó Sasuke, tomando un sorbo meditativo de su taza—. ¿Cuándo empezó el insomnio?

—Creo que al quinto o sexto día ya no conseguía pegar ojo más de un par de horas, supongo que la cosa mejorará según me vaya acostumbrando. —Naruto sonrió, luchando por aligerar el tema.

—Pediré que no me asignen misiones de más de una semana. —Sasuke no le miraba, había seguido untando mermelada en sus tostadas como si su conversación fuera de lo más trivial.

—No tienes por qué ha…

—Lo sé.

Naruto sonrió, apenas capaz de permanecer inmóvil en su silla por la ola de gratitud y afecto. Así mostraba Sasuke su aprecio por otras personas, haciendo cosas por ellas, aunque fueran tan tontas como dar parte de su almuerzo al idiota de la clase.

—Si vuelves a tocar una gota de alcohol, se lo diré a Iruka.

Ahí estaba el colofón borde y amenazante. Naruto no entendía cómo alguien podía tener rasgos tan opuestos, pero era algo que Sasuke dominaba a la perfección, esa amabilidad afilada como un kunai.

—Me voy a estudiar a la Academia, ¿tú qué vas a hacer? —preguntó Naruto.

—Tengo que redactar el informe de misión y presentarlo. —Sasuke repasó mentalmente sus tareas—. Limpiar el equipo y hacer la compra.

—Puedo ayudarte con la compra esta tarde —se ofreció Naruto—. ¿Quieres que comamos juntos? Seguro que Sakura-chan se apunta.

—Os espero en el Ichiraku entonces.

Sasuke se levantó a llevar los platos a la cocina en apariencia indiferente a la sonrisa categoría explosión bijuudama de Naruto.