El deshielo en el corazón

La cueva no ofrecía demasiado abrigo frente a la tormenta, incluso después de haber tapado parte del acceso con nieve y encendido un pequeño fuego. Sasuke se quitó la capa y la secó usando con precisión el Gokakyu no jutsu, mientras maldecía el asco de misión que le había tocado. En Konoha empezaba el verano y aquí estaba él, en el País de la Nieve atrapado en una tormenta que ya duraba tres días, sin nada más que hacer que contestar las ocasionales preguntas de su protegida y darle vueltas a la cabeza.

—Quítate la ropa y ponte esto antes que la hipotermia empeore —le ordenó a la muchacha encogida junto al fuego, antes de voltearse para darle privacidad.

Ella obedeció y Sasuke pudo dedicarse a secar las prendas. Aquello había sido un simple encargo de escolta, una tonta misión de rango C que ocultaba una de tipo A: mantener con vida a esa joven si no quería ser el culpable de desatar una guerra civil. Usar la fuerza bruta no le llevaría a ninguna parte cuando los asesinos habían sido sus propios escoltas, sólo ocasionaría problemas diplomáticos a Konoha si eliminaba a la persona equivocada. Estornudó. Ya era triste que tuviera tanto frío como para aceptar el maldito ramen instantáneo del dobe de haber sido posible.

—Gracias por salvarme la vida —musitó la chica cuando los dientes dejaron de castañearle—. No imaginaba que mi propia comitiva intentaría matarme.

—Dale las gracias a tu prometido, él es quién me contrató —dijo Sasuke, sentándose a su lado para conservar el calor—. Descansaremos aquí hasta que amaine la tormenta y entonces te llevaré con él.

—Eres de Konoha —dijo ella al cabo de un rato, con el rugido de la tormenta y el crepitar del fuego como único ruido de fondo.

—Sí.

—Entonces conoces a los héroes de la Guerra, ¿cómo son? —preguntó la joven, sin dejarse amilanar por la sequedad de su guardián.

Sasuke suspiró. Lo de ser una leyenda viva era una auténtico fastidio. No sabía cómo Naruto disfrutaba tanto ser el continuo centro de atención, cuando él lo único que pedía es que le dejaran seguir en paz con su vida.

—Son ninjas que simplemente estaban en el lugar adecuado con las habilidades necesarias.

—No parecen caerte bien —dijo la chica con el ceño fruncido.

—Mi mejor amigo es uno de ellos… yo soy el otro —espetó Sasuke, esperando que así se callase.

—¡¿En serio?!

Falsa esperanza.

—Pero… si eres uno de los héroes, ¿qué haces en una misión como ésta?

—Como dije, somos personas y las facturas no se pagan solas. —Sasuke añadió otro poco de combustible al fuego. Incluso racionando el poco que quedaba en la mochila, se quedarían sin fuente de calor antes de amanecer.

—Le quitas todo el romanticismo a eso de ser un héroe —rió bajito ella.

—No me considero uno —dijo Sasuke—. Mi amigo se parece más a esa imagen que tienes en la cabeza, un idiota idealista que siempre quiere proteger a todo el mundo con una sonrisa en la cara.

—Cuéntame más sobre ese auténtico héroe —dijo la joven, arrebujándose en la capa.

—Es obstinado hasta rayar la estupidez, pero siempre ha conseguido lo que se ha propuesto así que no hay manera de ir contra su optimismo. —Sasuke pensó en cuantas veces había gritado Naruto que le llevaría de vuelta a Konoha—. Es un obseso del ramen. Despistado crónico, pero muestra una especie de rara inteligencia cuando se trata de momentos críticos. —La imagen de un Naruto derrotado y sangrando, que se negaba a dejarle solo—. Siempre afecta de algún modo aquellos a los que conoce y ha salvado a más de una persona de su propia oscuridad, empezando por el actual Kazekage.

—Me gustaría conocerle. Alguien que inspira tanta devoción y cariño debe ser muy especial.

—¿Devoción? ¿Cariño? —Prácticamente había vomitado las palabras, pero su protegida lo único que hizo fue reír alegre.

—Cuando te escucho hablar sobre tu amigo, puedo sentir lo mucho que significa para ti aunque no quieras reconocerlo abiertamente —dijo ella, apoyando una mano contra el pecho de Sasuke—. Espero que salgamos de esta y puedas volver a su lado.

Sasuke volvió a estornudar y no pudo reprimir del todo un escalofrío.

La noche se les hizo eterna, sobre todo después de tres días en la tormenta y con descanso insuficiente; pero al final el sol empezó a emerger de entre las nubes, aunque no sirviera para calentar lo más mínimo. Sasuke examinó el entorno, una serie de colinas cubiertas de nieve sin puntos de referencia, al tiempo que intentaba contener la tos. Sabía que el frío de los últimos días se había agarrado a él y le dejaba con pocas opciones, sólo esperaba que su chakra aguantara y no le jugase una mala pasada debido a la enfermedad y a los sellos de contención que todavía portaba. Invocó el Susanoo en torno a él y su protegida, una versión incompleta e inestable, que desplegó las alas y se alzó por encima de ese infierno helado.

—Allí es donde tenemos que ir. —La joven señaló una acumulación importante de casas al cobijo del pie de las montañas.

Sasuke asintió y ordenó al Susanoo avanzar hacia su objetivo. Lo que andando les habría llevado días, volando apenas fue una hora. Su aterrizaje junto al centro de gobierno, un edificio de piedra y madera roja hecho para durar, atrajo la atención de buen número de habitantes y de la guardia. Sasuke dejó que el Susanoo se disolviera junto con gran parte de sus fuerzas, aunque obligó a su cuerpo a mantenerse alerta ante la presencia de hombres armados y lo que parecía un grupo de dignatarios a juzgar por sus ropajes.

—¡Soy Nora! —gritó la joven, para hacerse notar en lugar de un Sasuke que se mantenía en pie por pura cabezonería.

—Llamad al amo, decidle que han llegado a salvo.

Uno de los guardias obedeció la orden de su superior y salió corriendo al interior del palacete de piedra, los demás bajaron las armas e intentaron ayudar a los recién aterrizados.

—Prefiero que os mantengáis apartados, mi misión no ha concluido.

Sasuke se relajó un poco al confirmar que su tono de amenaza todavía surtía efecto, a pesar de lo débil que se sentía. Sus atacantes originales habían sido los acompañantes de la joven, unos traidores que Sasuke todavía no sabía si tendrían aliados infiltrados en el lugar de destino. Inspiró y apoyó una mano en el hombro de Nora en busca de estabilidad, esperaba que los demás lo tomaran como un gesto de protección y no como lo que en verdad era.

Un revuelo atrajo su atención, el soldado regresaba acompañando a la carrera a un hombre joven con los símbolos de la aldea en sus ropajes; el líder y futuro marido, al fin. Nora salió corriendo hacia él y se abrazaron al tiempo que ella empezaba a explicar lo que debía ser su aventura. A Sasuke no le importaba mucho, sus piernas cedieron y se preparó para un impacto contra el suelo que nunca llegó, porque alguien le atrapó en un abrazo y le ayudó a sentarse.

—¿Naruto? —No pensaba estar tan mal como para sufrir alucinaciones.

—¡Sakura-chan, por aquí!

—¿Qué hacéis los dos aquí? —gruñó Sasuke entre toses, al ver también a su compañera.

—Eso pregúntaselo al tonto de Naruto —dijo Sakura, revisándole—. ¿Estás herido?

—No, creo que he enfermado por el frío —explicó él e intentó enfocar al rubio que no le había soltado—. ¿Por qué has venido?

—¿Tres días sin noticias tuyas por una misión de escolta rango C?, sabía que algo no iba bien.

—Se llama tormenta de nieve. —Sasuke le dio un papirotazo en la frente—. Haz algo útil e informa al novio que los atacantes pertenecían a la escolta original de Nora, puede que también haya infiltrados en esta aldea para evitar la boda.

Refunfuñando, Naruto le traspasó a los brazos de Sakura y se fue a cumplir la orden.

—Me temo que tienes una buena gripe como mínimo, quizás incluso una neumonía —dijo Sakura, sacando un termómetro de su bolso—. Por situaciones como ésta es por lo que me alegra que Naruto sea un bobo sobreprotector.

—No teníais por qué venir —insistió Sasuke.

—Para eso están los amigos, hacen cosas innecesarias por las personas que quieren, y ahora quédate quieto para que el termómetro haga su trabajo —replicó Sakura, dándole un papirotazo como el que recibiera Naruto.

Sasuke obedeció sin protestar, ni siquiera se atrevió a poner mala cara, no estando a merced de la ira de la ninja médico. Naruto regresó en compañía de Nora y su prometido, que se presentó como Orui.

—¿Cómo se encuentra Sasuke-san? —preguntó ella.

—Tiene mucha fiebre, necesitaremos una habitación donde tratarle —informó Sakura.

—Están preparando aposentos para todos —dijo Orui—. Sois mis huéspedes de honor, si necesitáis algo sólo tenéis que pedirlo.

—Es culpa mía, siempre que parábamos a descansar primero se encargaba de secar mis ropas y luego las suyas. —Sasuke vio agacharse a Nora y sintió una mano fría sobre la suya. Agradecía la preocupación, pero no que una casi desconocida se tomara la libertad de tocarle.

—No te preocupes, el trabajo de Sasuke era protegerte y lo hizo de la mejor manera posible —intervino Naruto con una sonrisa, ayudando a Nora a incorporarse—. ¿Verdad, teme? Y luego me dices a mí que tengo complejo de héroe.

Nora se quedó mirando a Naruto como cuestionándose algo. Fue cuando Sasuke se acordó de todas las tonterías que le había contado a la joven mientras estuvieron en la cueva, porque se suponía que no volvería a verla y mucho menos que se iban a cruzar con el rubio. Nora miró a Sasuke y arqueó una ceja en dirección a Naruto. Sasuke rodó los ojos y asintió para satisfacción de la joven. Ya no sabía si era la fiebre o la vergüenza por lo que su cara se sentía ardiendo.

—La habitación está lista, os guiaré —anunció Orui.

Sasuke se preparó para levantarse y no pudo hacer ni un intento antes que Naruto le cargará a su espalda con la ayuda de Sakura.

—¿Estará bien así? Puedo llevarle en brazos si hace falta —le sugirió el rubio a Sakura.

—Por encima de mi cadáver —gruñó Sasuke, aunque sabía que no podría hacer mucho por evitarlo.

—Tu amigo sólo intenta ayudarte, Sasuke-san —fue el comentario de Nora.

Naruto rió y empezó a caminar con soltura tras Orui. Sasuke cerró los ojos y procuró relajarse. Hacía años que alguien no le cargaba así… recordó un ninja que atacaba con hielo, el dolor de aquellas agujas atravesando su cuerpo y de saberse muerto, la alegría de despertar y el confort de ser llevado a caballito por la misma persona a la que había salvado la vida. Giró un poco la cabeza y notó el pelo rubio haciéndole cosquillas en la cara. Percibió el olor del champú que compartían casi devorado por el tan característico del propio Naruto, una mezcla que su cerebro empezaba a asociar con la palabra hogar.

Medio inconsciente, Sasuke sintió que le sentaban en una cama y mudaban su ropa antes de tumbarle. Se dejó hacer porque percibía la presencia de Naruto y Sakura a su alrededor y eso bastaba para calmarle. Ellos nunca dejarían que nadie le hiciera daño. Tragó las medicinas por pura inercia cuando le acercaron el cuenco con líquido, y se estremeció al notar paños de agua fría en la frente y el torso. Entreabrió los ojos y localizó a Naruto a la luz del brasero, ocupado con la palangana y las telas. Los juegos de luces y sombras marcaban sus rasgos de manera curiosa, haciéndole parecer mayor que sus diecisiete años.

—Ey, sé que es desagradable, pero tenemos que bajarte la fiebre o podría ser peligroso —dijo Naruto en voz baja, recolocando el trapo que Sasuke había movido—. Sakura-chan dormirá con Nora para protegerla, así que no te preocupes.

—Gracias. —Sasuke volvió a cerrar los ojos—. Nunca… misión… nieve.

—Estoy de acuerdo.

El paño de su frente cambió a otro frío. Una mano se entretuvo colocándolo y Sasuke se permitió sonreír con debilidad ante la dedicación que mostraba Naruto, alentado por las amenazas de Sakura con toda seguridad. Era agradable dejarse cuidar.

Sasuke no recordaba haberse dormido. Se arrebujó huyendo de la claridad y de su cerebro a medio despertar, que no paraba de enviarle señales de que había algo raro. Abrió los ojos vencido por la inquietud y se topó con la línea de un cuello, hombro y pectoral. Alzó la mirada y fue cuando confirmó su situación, en brazos de un Naruto descamisado y muy dormido. No era la primera vez que compartían cama, tampoco la primera vez que Naruto hacía gala de su inconsciente complejo de lapa, pero por alguna extraña razón se sentía distinto. Quizás era el hecho de estar casi cara a cara, o el brazo de Naruto que le rodeaba por debajo del cuello y cuya mano se apoyaba relajada contra su cabeza de manera protectora. Tal vez era culpa suya por permitir a su propio brazo envolver el cuerpo de Naruto, por no apartar las piernas ahora que era consciente de cómo se enlazaban con las de él. Cerró los ojos de nuevo y dejó que la sensación le colmara en un intento desesperado por discernir qué le estaba pasando. Le recordaba a ese impulso gravitacional que parecía atraerle hacia Naruto desde que eran unos críos, pero multiplicado mil veces hasta volverlo irreconocible. Naruto se removió un poco y Sasuke barajó la posibilidad de hacerse el dormido para tener algo más de tiempo para pensar.

—¿Sasuke? —¿Desde cuándo la voz de Naruto sonaba así? Un ronroneo profundo que vibró por todo su cuerpo.

Abrir los ojos fue el siguiente error, porque su cerebro decidió ir por libre y empezar a descubrir cosas inexplicables, como que Naruto resultara tan interesante nada más despertar con su pelo rubio alborotado, su sonrisa amodorrada y los ojos azules brillantes por el sueño. Oh, Hokages, esto era malo, muy malo.

—¿Cómo te encuentras? Ya no tienes fiebre, ¿verdad? —preguntó Naruto, apoyando su frente contra la de Sasuke.

Sasuke se ahogaba. Nunca en toda su vida había experimentado algo así, la venganza había devorado cualquier otro sentimiento durante años y su habilidad a la hora de gestionar emociones, más que oxidada, era nula. ¿Qué haces cuando tu cuerpo lo único que quiere es seguir pegado al de la otra persona pero, al mismo tiempo, necesitas salir corriendo porque temes hacer una estupidez que te deje en evidencia?

—Kurama dice que deberíamos quedarnos así un poco más —dijo Naruto y se acomodó atrayendo de nuevo a Sasuke a su posición original al despertar.

—¿Por qué? —fue lo único coherente que se le paso por la cabeza al Uchiha.

—Porque Kurama ha estado usando su chakra para curarte durante toda la noche. —Sasuke percibía el resonar de la voz de Naruto al estar pegado a él, calmándole y alterándole por igual—. Estabas tan débil que no podíamos transferirte demasiado chakra de golpe o hubiéramos empeorado tu estado, pero en pequeñas cantidades tu cuerpo tiene tiempo de asimilarlo y ayuda a pelear contra la enfermedad.

Sasuke se concentró y pudo percibir el sutil movimiento de energía, un goteo incesante de fuego distribuyéndose por los canales de chakra, en especial en torno a sus pulmones.

—Sí… puedo notarlo… dale las gracias de mi parte. —Concentrarse en el fluir del chakra le ayudó a relajarse.

—Dice que no son necesarias…

—¿Ocurre algo? —preguntó Sasuke cuando Naruto se quedó callado de golpe y todo su cuerpo se tensó por un instante.

—Nada… a veces el zorro puede ser un bastardo.

—¿Qué ha dicho para molestarte?

—Olvídalo. Duerme un poco más —refunfuñó Naruto, acomodando su cabeza junto a la de Sasuke.

Él decidió no insistir y aceptar la sugerencia de Naruto, una maravillosa manera de huir del caos interno de emociones.

OooO

El Kyuubi era un bastardo. Mira que decir que no necesitaba la gratitud de Sasuke, porque sólo estaba cuidando de la pareja potencial de su jinchuuriki.

Sabía que su reacción a la falta de noticias por parte del Uchiha había sido un poco desproporcionada, pero el pánico a perderle seguía presente incluso pasado más de medio año desde que eliminaron a Kaguya y que Sasuke regresara a Konoha. Era el principal motivo por el que Kurama se metía con él e insistía en emparejarles, que si le hacía suyo desaparecería el miedo. No era tan sencillo. Aceptaba que su relación con Sasuke no era normal si se la comparaba con el resto de sus amistades, hasta Sakura-chan se lo había comentado durante el viaje sugiriendo algún tipo de estrés postraumático; sí, el de casi haberse matado el uno al otro y que luego Sasuke se largara de expedición durante doce años dentro del Tsukiyomi Infinito.

Alguien llamó a la puerta, que se abrió dejando pasar a Sakura. El arquear de cejas y la forma en que les miró hizo que Naruto recordara que estaba achuchando a Sasuke de una manera más que amistosa.

—No es lo que piensas.

—¿Y qué es lo que estoy pensando, Naruto? —cuestionó ella, poniendo el termómetro a Sasuke y tomándole el pulso.

—No lo sé, pero seguro que no es lo que piensas —dijo Naruto—. Kurama y yo hemos estado usando chakra para mejorar su condición.

—Una buena idea a juzgar por la ausencia de fiebre, la respiración estable y la falta de signos de estrés físico —confirmó Sakura—. Nora me ha dicho que cree que Sasuke no durmió en los tres días que estuvieron atrapados en la tormenta. A veces puede ser tan idiota como tú cuando se trata de misiones.

—Misión C convertida por sorpresa en rango A, normal que se excediera un poco —sonrió Naruto.

—Haré que os traigan el desayuno.

—Eso sería genial, gracias Sakura-chan.

Ella no se movió. Siguió contemplando a sus compañeros de equipo de tal manera que empezó a poner un poco de los nervios a Naruto.

—¿Sakura-chan?

—Tranquilo o le despertarás —murmuró ella con una sonrisa tierna—. Me alegra veros así… en lugar de intentando mataros el uno al otro.

—Yo nunca quise matarle y, en el fondo, creo que Sasuke tampoco quería matarme a mí —replicó Naruto—. Tuvo muchas oportunidades y no lo hizo.

—Es posible que tengas razón —asintió Sakura—. Vuestra relación siempre ha sido complicada, al menos para mí lo parecía; no parabais de discutir, pero luego era como si estuvierais conectados de una forma especial. Os entendéis el uno al otro mejor que nadie. Creo que por eso pudiste traerle de vuelta cuando todos los demás le dimos por perdido.

—Te prometí que le salvaría y a él le prometí salvarlo o morir con él, ya sabes que siempre cumplo mis promesas —sonrió Naruto, orgulloso de la parte de sí mismo que iba más allá de la obstinación.

—Sí, siempre las cumples —asintió Sakura—, por eso quiero que me prometas que vas a cuidar de Sasuke-kun.

—¿Acaso no lo estoy haciendo? —Naruto intentó pensar qué podía estar haciendo mal, porque no quería a Sakura enfadada por no ser capaz de ocuparse de un enfermo.

—No me refiero a este momento, sino en el futuro —explicó Sakura.

—Es mi mejor amigo, no he estado buscándole durante tres años para dejarle tirado —protestó Naruto.

—Eso espero —dijo Sakura y abandonó la habitación, dejando a Naruto confundido.

Apenas unos minutos después, la puerta volvía a abrirse y todo el cuerpo de Naruto reaccionó de manera automática ante el peligro, posicionándose de rodillas sobre la cama y las manos enlazadas en un sello nada más ver entrar al grupo de soldados. No tuvieron oportunidad. El chakra del Kyuubi rodeó a Naruto y se desplegó a su alrededor en la forma de garras noqueando a cada uno de los asaltantes, excepto a uno al que enganchó por el cuello.

—¿Cuál es el plan? —Naruto sabía que su voz había sido poco más que un gruñido, pero el terror siempre soltaba las lenguas.

—El primer ministro Satou nos ordenó acabar con vosotros y la ninja médico, él dirá que fuisteis vosotros los que asesinasteis a la dama Nora y que os matamos en represalia —dijo a toda velocidad el soldado.

—Hay que buscar a Sakura y a Nora.

Naruto giró la cabeza y se encontró con Sasuke saliendo de la cama y calzándose. Lanzó al soldado contra una pared y saltó de la cama para bloquearle el paso.

—Vamos juntos, pero ni se te ocurra pelear. —Naruto no iba a dejar que el cabezota del Uchiha sufriera una recaída.

—Eso no lo decides tú, usuratonkachi —dijo Sasuke, katana en mano.

—No tenemos tiempo para discutir —replicó Naruto, envolviéndole a conciencia en una manta de la cama—. Intenta no excederte, ¿vale?

Salieron a los pasillos con Naruto en vanguardia buscando el resonar del chakra de Sakura. No hizo falta cuando una de las paredes saltó por los aires y a través del agujero vio a varios soldados noqueados ante el puño extendido de su compañera. Nora estaba tras ella cubriéndose la boca con las manos, los ojos desorbitados.

—El traidor es el primer ministro —les informó la ninja médico.

—Sí, otro soldado nos contó de qué iba el asunto —dijo Naruto, impresionado ante la capacidad destructiva de Sakura aún después de haberla visto en acción otras veces.

—Deberíamos buscar a Orui y sacarle del palacio junto con Nora, este lugar ya no es seguro para ninguno de los dos —dijo Sasuke.

—Yo os guío, sé donde está su cuarto —se ofreció Nora.

Los tres ninjas avanzaron protegiendo a la joven, incapacitando a todo aquel que les atacase o mostrara cualquier signo de hostilidad. Alcanzaron los aposentos del señor feudal cuando un grupo de soldados echaba la puerta abajo; Sasuke retuvo a Nora mientras Sakura y Naruto se lanzaban contra los enemigos. El rubio dejó a su amiga reventando cabezas y entró en la habitación a buscar a Orui, no le sorprendió encontrarlo hecho un ovillo bajo el escritorio.

—Ven conmigo, vamos a sacaros a Nora y a ti de aquí —le dijo Naruto, extendiendo la mano.

—¿Ella está bien? —Orui aceptó la ayuda y salió tras Naruto, mirando horrorizado al suelo alfombrado de cuerpos inconscientes.

—Ahí la tienes.

La joven pareja se reunió en un abrazo en medio del pasillo y se deshicieron en agradecimientos hacia sus salvadores.

—¿Sabéis de algún lugar al que podamos llevaros y que no haya traidores potenciales? —preguntó Sakura, arreglándose la ropa tras el combate.

—La casa de mi madre —dijo Orui—. Como viuda del anterior señor feudal, conserva su propio estatus y su palacio en una ciudad vecina. Su Corte está formada por gente que le ha sido leal por décadas, no debería haber infiltrados.

—Yo me encargo del transporte —dijo Sasuke, para disgusto de Naruto.

—Usar el Susanoo puede ser todavía un poco arriesgado —opinó Sakura—. No sólo por la enfermedad, los sellos que atan tu chakra desestabilizan su uso.

—Estoy perfectamente —gruñó el Uchiha—. La otra opción es abrirse paso por la nieve mientras nos dan caza, lo que es mucho peor para todos y no sólo para mí.

—Argh, vale, lo haremos a tu manera teme —aceptó Naruto—. Vamos.

El grupo se abrió paso hasta la salida a golpes, haciendo volar soldados en todas direcciones y atravesando más de una pared. Naruto no pudo evitar pensar que Sakura estaba aprovechando a sus enemigos para liberar estrés. En cuanto pisaron el exterior, todos se reunieron en torno a Sasuke y el Susanoo les envolvió a la vez que se alzaba en todo su esplendor. Las dos alas no tardaron en materializarse a su espalda y en un par de movimientos ya estaban volando, dejando atrás a sus atacantes. Orui se arrodilló junto a Sasuke y le dio instrucciones sobre cómo llegar a su destino, intercaladas con agradecimientos entusiastas.

Naruto no perdió ojo del estado de Sasuke durante el viaje, por eso no le fue difícil sostenerle cuando el Susanoo se disolvió al aterrizar y con él desaparecieron todas las fuerzas del Uchiha.

—Sakura-chan dijo que no estabas bien —gruñó Naruto y Sasuke fue incapaz de replicarle por la tos que sacudió su cuerpo—. Maldito bastardo cabezota.

Una escuadra de guardias emergió del palacio junto al que habían aterrizado, pero bajaron las armas en cuanto reconocieron al hijo de su señora. Orui resumió lo sucedido al capitán y enseguida les hicieron pasar al interior, alejándolos del frío. Esa vez no preguntó, Naruto pasó el brazo bajo las piernas de Sasuke y echó a andar tras los demás con él en brazos. Ignoró las protestas sin fuerza del enfermo y no le dejó estar de pie hasta que llegaron ante la dueña del palacio, una imponente dama envuelta en costosos ropajes. Mientras Orui y Nora le explicaban lo sucedido, Sakura fue junto a sus compañeros a un rincón discreto y empezó a utilizar su ninjutsu médico sobre el pecho del enfermo. El ceño fruncido de la ninja médico se le contagió a Naruto.

—¿Qué ocurre, Sakura-chan?

—Encontré hace poco los informes médicos del clan Uchiha y los estuve revisando, ya sabes, interés personal —contestó ella—. Al parecer tienden a sufrir enfermedades graves del tracto respiratorio que se vuelven crónicas con bastante facilidad.

—Eso no suena bien —dijo Naruto, confuso.

—Si no le curamos pronto, la enfermedad se puede quedar en sus pulmones para siempre —explicó Sakura.

Naruto miró de manera homicida al joven entre sus brazos, que se la devolvió débil y desenfocada. No iba a dejar que un resfriado le matase a Sasuke después de todo por lo que habían pasado.

—Sakura-chan, escucha —Naruto la sujetó del brazo—, voy a pasarte chakra de Kurama, úsalo para curar a Sasuke.

—¿Del Kyuubi? —cuestionó ella, sobresaltada.

—Sí, ¿crees que podrás controlarlo?

—No lo sabré hasta que no lo intentemos, aunque si se parece a lo que hiciste en el campo de batalla, creo que no habrá problemas —afirmó Sakura—. Hagámoslo.

Naruto tumbó a Sasuke sobre el tatami, puso sus manos sobre la espalda de Sakura y ella colocó las manos sobre el pecho del Uchiha. Tomando aire, Naruto empezó despacio a filtrar chakra en los meridianos de Sakura, la notó dar un respingo y como la energía que rodeaba sus manos se tornaba dorada.

—Necesito más chakra —dijo ella y Naruto aumentó el flujo, pensando en lo impresionante que era Sakura al dominar una cantidad de energía salvaje a la que no estaba acostumbrada. Seguía siendo la mejor a la hora de controlar el chakra sin ninguna duda.

Naruto no supo cuanto tiempo se quedaron así; él canalizando chakra, Sakura curando y Sasuke recibiendo el tratamiento. Después de tantos años y problemas, pertenecer al Equipo 7 era como formar parte de una familia en la que cuidaban los unos de los otros, incluso con las ocasionales discusiones. Le hacía sentir que había merecido la pena todo el sufrimiento y los sacrificios hechos a lo largo del camino, aunque no podía evitar la tristeza por Jiraiya y lo mucho que le habría gustado que presenciara su triunfo a la hora de rescatar a Sasuke.

Sakura se echó hacia atrás y Naruto la sostuvo, saliendo de sus cavilaciones.

—No puedo hacer más con el chakra —explicó ella, exhausta—. Necesito preparar medicina. Llevo los ingredientes más raros conmigo, pero necesito pedir otros a nuestros anfitriones.

Naruto miró alrededor y fue cuando se dio cuenta que estaban solos en aquella especie de sala del trono y que fuera había empezado a oscurecer. Normal que Sakura estuviera agotada.

—Espera aquí, iré a buscar ayuda —le dijo Naruto—. ¿Qué cosas necesitas?

Sakura escribió unos pocos nombres en un pedazo de pergamino y se lo dio a su amigo. En el pasillo, Naruto encontró un guardia esperando por ellos y le explicó el tema de las medicinas y pidió si podían trasladar al enfermo a un lugar más confortable.

OooO

Sasuke despertó hecho un sándwich entre Naruto y Sakura. Los futones eran confortables, más con el calor añadido de sus dos amigos, y su cuerpo parecía haber superado la peor parte de la enfermedad. La respiración de Naruto le hacía cosquillas en la frente y la de Sakura en el cuello; podía notar cuan bajas tenían las reservas de chakra, gastado en sanarle con toda probabilidad. Hacía años que nadie le cuidaba y se preocupaba por él de esa manera. Desde antes de la aniquilación del Clan. La abuela siempre preparaba una sopa que le encantaba… Su madre atendía sus heridas con diligencia y sonrisas dulces… Su hermano cargándole a caballito… Volvió a cerrar los ojos. Era ridículo llorar ahora por los muertos, se repetía mientras notaba las lágrimas que escapaban a su control. El odio y la venganza parecían haber sido algún tipo de compuerta, bloqueando cualquier otro tipo de emoción, y cuando desaparecieron fue como abrir una presa a punto de desbordarse, el agua había tardado un poco en llegar al fondo del valle pero ahora arrasaba todo a su paso. Tristeza y felicidad. Arrepentimiento y esperanza. Tormenta y calma. Tomó una bocanada de aire, su cuerpo tembló y cerró los ojos con más fuerza, intentando no sentir con cada ápice de su voluntad. Notó a Sakura moverse a su espalda, su mano acariciándole el pelo tras tomarle la temperatura, y el brazo de Naruto, que parecía querer abarcar no sólo a Sasuke sino también a Sakura.

Sasuke abrió los ojos, dejando escapar las lágrimas que tanto se había esforzado por contener. Naruto tenía la misma expresión que en el Valle del Fin, de incredulidad y como si él mismo estuviera a punto de echarse a llorar, aunque Sakura se le adelantó a juzgar por la humedad que notaba contra su hombro. Éste no era él. Él no era débil, ni lloraba. Tampoco pedía perdón, pero su boca no cesaba de repetir lo siento como si fuera algún tipo de mantra interminable.

Siento haberme marchado. Siento haberos hecho sufrir. Siento haber intentado mataros. Siento arrebatarte a Sarada.

¿Por qué le pasaba esto ahora? ¿Por qué venirse abajo casi un año después de liberar el Tsukiyomi? Odiaba la falta de control y la ansiedad. Se sentía ridículo, frustrado y frágil, quebradizo como la capa de hielo de un lago en primavera. Todo eran emociones que evocaban su infancia y la sombra que Itachi había proyectado sobre su existencia, pero su hermano estaba muerto y el dolor no era uno que le atara a la oscuridad, sino que le liberaba de los últimos ecos de su presencia.

Los sentimientos no iban a desaparecer, así que tendría que aprender a lidiar con ellos igual que hacían el resto de mortales. La mano de Sakura seguía sobre su cabeza y la frente de Naruto se había apoyado contra la suya hacía un rato. Respiró hondo, notando la calma agotadora que llega tras el llanto. La vergüenza sugería patear a sus dos compañeros muy lejos, tener tiempo para recomponerse y volver a ser él mismo con sus emociones bajo control, pero seguía débil y hubiera sido ridículo reaccionar como si fuera un crío enrabietado. Así que escogió no hacer nada, dejando en manos de sus amigos el tomar la iniciativa.

Por suerte ninguno de los dos hizo comentario alguno sobre lo sucedido, ni siquiera cuando se levantaron para compartir la comida con sus anfitriones o al partir a la mañana siguiente de regreso a Konoha. Sasuke agradeció el acuerdo tácito de no volver sobre su explosión emocional, aunque Naruto no dejó de lanzarle ocasionales miradas que se sentían como una pregunta. Aún así el viaje fue divertido gracias a Naruto y Sakura, y le ayudó a terminar de centrarse mucho antes de ver la muralla de Konoha.