Capítulo III
"Conjeturas"
Humillación, humillación, humillación.
Por más que quisiera, no podía dejar de sentir como esa palabra le taladraba la cabeza sin cesar. Y es que los últimos acontecimientos no hacían más que restregarle en la cara sus propias limitaciones y su incapacidad de hacer algo al respecto.
Mewtwo, luego del término de la misión, cuando ya no había motivo para permanecer en la isla, decidió que lo mejor para él y su propia salud psíquica era abandonar el lugar de una vez por todas. Así que sin importarle la opinión de cualquier comandante, se teletransportó de regreso al cuartel general gracias al conocimiento de la ruta en el primer viaje a la isla. Ya no hacía falta volver volando.
Se materializó luego de un rato en lo que era su "habitación", un enorme domo ubicado en el sector sur de las instalaciones del Equipo Rocket. Estaba dividido en dos partes visibles, desde la mitad, creando dos hemisferios superficiales; uno de cristal, el cual era el techo de un hermoso invernadero, que cumplía con oxigenar el resto del lugar y como ducto de ventilación, al contar con una serie de pequeños agujeros en la parte inferior. La otra mitad era de concreto liso, sin ninguna clase de detalle, a excepción de la puerta, por la cual solo entraba el personal autorizado. Ambas partes estaban divididas por un cristal de cincuenta centímetros de espesor, de un color más oscuro, lo que impedía la visión a la sección oculta bajo el concreto desde el invernadero. Esta segunda parte, separada de la vegetación, era la habitación de Mewtwo, un lugar amplio y casi desprovisto de mobiliario, ya que una criatura como él solo necesitaba lo básico. Junto al cristal de división tenía su cama, un enorme colchón en la que él podía dormir en la posición que quisiera. A su lado se hallaba una pequeña mesa y sobre ésta, adosado a la pared, un aparato semejante a un teléfono, el que le permitía comunicación directa con Giovanni. Más allá, el refrigerador, una despensa, una silla y el grifo. Cerca de la cama se hallaba una extraña plataforma circular con grandes salientes como tubos y pinzas, lugar donde la criatura se quitaba la armadura gracias a esta maquinaria. Perpendicular a la pared divisora de cristal estaba la puerta de entrada y a unos cuantos metros de ésta, un ascensor, por donde el pokémon podía bajar a su gimnasio privado, provisto de toda clase de máquinas de ejercicios y armas de ataque que ningún otro agente podría ver jamás. También, en el subterráneo se encontraba el baño y la ducha de la criatura.
Ahora se encontraba allí, recostado mirando al techo, tratando de conservar la calma, aunque muchas veces, sus intentos solo lograran frustrarlo más.
Recordaba al androide, quien a pesar de no tener un rostro, parecía burlarse de él; la casi derrota y la necesidad de utilizar un arma humana para lograr sus objetivos. Y esa niña, oh, ¡cómo olvidar a esa niña! La chica no solo había destruido la poca paciencia que le quedaba, sino que además, plantó una serie de dudas en su cabeza, imposibles de quitar.
No comprendía por qué las palabras de esa chica le había afectado tanto, considerando que, por lógica, todo aquello había sido nada más que un conjunto de falacias. Obviamente la joven se había visto alterada por la situación y arremetió con lo primero que se le vino a la cabeza, sin importar la falta de sentido de sus dichos. Porque bien Mewtwo sabía su propia historia, sus propios orígenes y, definitivamente, la muchacha estaba viviendo en un mundo paralelo donde todo el planeta estaba de cabeza.
Mewtwo, el pokémon más poderoso del mundo, era el resultado de la manipulación genética de los restos fosilizados de un Mew, la criatura legendaria responsable de toda la vida no humana de la Tierra. El clon, entonces, se había desarrollado en un laboratorio, incubado en un tubo de ensayo enorme en cuál fue su cuna hasta que su cuerpo hubo alcanzado el crecimiento ideal. Ya adulto, recién vio la luz del día y fue entonces cuando hizo ingreso al Equipo Rocket.
De hecho, aún recordaba el momento en que abrió los ojos por primera vez, descubriendo frente a sí a unos cuantos hombres y al mismísimo Giovanni, quien le dio la bienvenida al mundo y a su tan afamada organización delictiva. Sí, lo recordaba bien. Había sido hace unos tres años, dedicándose a entrenar desde entonces muy a pesar de sus innatas e infinitamente superiores habilidades.
¿Cómo era posible que una muchacha apenas ingresada como cadete hubiese dicho algo tan absurdo? ¿Cómo se le ocurría que él, de niño, había sido víctima de la violencia de Giovanni, sin siquiera hacer tenido una infancia?
La lógica se burlaba en sus narices por poner en tela de juicio lo obvio, mas algo en su pecho, en el fondo de su ser no estaba del todo seguro de lo innegable.
Pero entonces...
Se llevó la mano al pecho y suspiró con hastío. Hace muchos años, antes de que siquiera tuviera conciencia de existir, Giovanni había hecho instalar un artefacto en su cuerpo, una suerte de detonador ubicado en la zona torácica, demasiado cerca de su corazón, con el fin de mantenerlo quieto en caso de insubordinación. Nunca había sido utilizado, pero sabía que el líder del Equipo Rocket poseía un activador, mismo aparato que vio en las manos del comandante Herrera.
Y ahora la chica Patton sabía esto. Una razón más para usarla en su contra y mofarse de él. Porque el aparato no estaba diseñado para matarlo, pero sí para causarle un agonizante padecimiento, y eso, para él, era peor que la muerte. Que los humanos lo vieran sufrir sin poder defenderse solo le hacía desear abandonar este mundo.
Suspiró por enésima vez, aburrido de la situación, de las preguntas y de toda la incertidumbre. Se incorporó en su lecho y miró con desdén la pared de fondo, como si en aquel lugar se encontrara el peor de sus enemigos.
Bufó con hastío y decidió que lo mejor era poner, de una vez por todas, las cartas sobre la mesa. Ya no le quedaba paciencia para continuar con esto.
Jennifer abrió los ojos de pronto, descubriéndose con la respiración agitada y el cuerpo bañado en sudor, como si estuviese siendo víctima de una terrible persecución de la cual no tenía salida. Mas al prestar un poco de atención a su alrededor, se dio cuenta de que tan solo había estado soñando; aunque esta pesadilla consistía en nada más que un par de ojos violáceos observándola en plena oscuridad. Suspiró al notar de que no era algo real y al mismo tiempo se regaño mentalmente por el simple hecho de verse afectada por la mirada silenciosa del pokémon. Porque ella era una joven con carácter que demostró poseer la convicción y el valor de un digno agente del Equipo Rocket y ahora, sin embargo, estaba aterrada por los ojos de Mewtwo.
—Maldito animal— dijo y luego notó que todo el lugar estaba demasiado silencioso a como recordaba antes de caer en el embrujo del sueño, cuando el ajetreo del helicóptero y de los agentes era una estruendosa orquesta tan desafinada y terrible, que terminaron mareándola. Así que se aventuró al alzar un poco su cuerpo para descubrirse no en el vehículo que la llevó a la isla, sino más bien, en una cama limpia y fresca, acompañada por muchas más, mayoritariamente ocupadas por varios agentes que dormían en paz.
Estaba en el hospital de Equipo Rocket.
Con resignación volvió a acostarse y miró al techo, comprendiendo a causa de la dificultad de sus movimientos, que había sido intervenida quirúrgicamente. La frustración de verse completamente inútil en un momento tan crucial como este no tardó en hacerse presente, lo que tan solo logró hacerla sentir peor. No podía creer que el instante de una de las victorias más importantes de la organización, ella no pudiese hacer más que quedarse en su cama viendo como todos sus sueños de gloria se desvanecían entre sus dedos. Porque después de todo, no tenía idea de cuánto tiempo necesitaría para curarse, si es que realmente su recuperación era una realidad. ¡Quién sabía si la joven recluta estrella de ese año, quedaba imposibilitada de actuar por una crónica lesión en las costillas!
Cerró los ojos y trató de mantener la calma, pero la rabia creció en su pecho de tal forma y con tal fuerza, que creyó que ésta terminaría destruyendo por completo la zona herida. Y es que el recuerdo de Mewtwo la enfurecía. La imagen del pokémon viniéndose encima para tratarla peor que un muñeco de felpa parecía estar tatuada en su mente para no desaparecer. Y lo peor de todo, a ojos de la joven, era que a pesar del odio que sentía por la criatura, en el fondo le aterraba su presencia.
Respiró profundo, o al menos, lo suficiente como para no sentir el dolor de sus lesiones y recordó los últimos acontecimientos. Había sido subida al helicóptero por los paramédicos junto a unos cuantos agentes heridos, a quienes acomodaron de la manera más óptima mientras se preparaban para el despegue. Recordó al comandante Herrera sentarse a su lado y conversar un poco sobre la misión, de cómo había terminado, sobre las bajas y algunas cuantas complicaciones durante su desarrollo, repitiendo el proceso entre los demás heridos, antes de que todos perdieran la conciencia a causa de los sedantes suministrados. De seguro, pensó, la mayoría de los que ahora dormían a su alrededor, eran aquellos que la acompañaron en el helicóptero.
Maldijo una y mil veces a Mewtwo por lo que había sucedido y su actual condición física, muy a pesar de que ella fue quien lo provocó. Aunque en realidad, lo único que había querido, era bajar al pokémon de su pedestal de arrogancia y estampar su cara contra el piso. Se lo merecía, porque ella entendía que el psíquico no siempre había sido el más fuerte, y que luego de tanto tiempo, se dedicaba a tratar a los demás como basura solo porque a él lo habían tratado igual o peor. No, no era justo, se merecía un poco de su propia medicina para atragantarse con su arrogancia y conocer, a la fuerza, el sabor de la humildad.
Pero la joven había errado y sus ímpetus de justicia se acabaron con la violencia desalmada de la criatura. ¿Qué tal si la muchacha no podía volver a ser un agente activo a causa de sus lesiones? ¿Y todo por hablar de más? Bueno, ahora era un poco tarde para arrepentirse y, aunque maldijera al pokémon por toda la eternidad, él estaba completamente sano y no con su futuro en ascuas.
Suspiró por enésima vez, pensando en que, de ahora en adelante, tendría que poner su voluntad al máximo para poder continuar en la organización como una brillante agente prodigio. Pero...¡si no fuera por él! ¡Si no fuera por ese maldito de crueles y fríos ojos violáceos!
—No es normal que un ser humano piense tanto en un pokémon—escuchó de repente, lo que la puso en estado de alerta inmediato. Alzó la cabeza para ver a su alrededor, al tiempo en que el temblor se hacía presente en el resto de su cuerpo. Buscó con la mirada la presencia que tanto temía, mientras que en el fondo, rogaba por haber oído mal el sueño entre dientes de algún paciente. O bien, pensar que se trataba de una alucinación provocada por los medicamentos utilizados en la operación a la que fue sometida. Sin embargo, cuando por fin posó la mirada en un bulto que se asomaba en un rincón, sintió que su corazón se detenía y se convertía en un cubo de hielo. Mewtwo le sonrió cuando sus miradas se cruzaron, provocando aún más terror en la joven. ¿Cuándo había entrado? Y no menos importante, ¿Por dónde?. La puerta estaba cerrada del mismo modo que las ventanas. La joven lo miró con los ojos desmesuradamente abiertos, sin poder creer que hubiese aparecido de esa forma. Parpadeó con fuerza por varios segundos, tratando de convencerse de que, efectivamente, todo era una ilusión, pero cuando el pokémon comenzó a caminar hacia su cama, la esperanza poco a poco fue desvaneciéndose, hasta que por fin la criatura se sentó a tan solo un metro de distancia. ¡Era real!
—Definitivamente no es normal que un humano piense con tal intensidad en un pokémon— dijo Mewtwo con toda calma, con los codos apoyados en las piernas y un tanto inclinado hacia adelante, sin ver directamente hacia la joven, cosa que en el fondo, ella agradecía. —En lo que a mí respecta, eso es algo perturbador.
Sin embargo, Jennifer era incapaz de responder. Su cuerpo estaba completamente paralizado, respirando apenas lo suficiente para mantenerla con vida, mas con todos sus pensamientos hechos un caos. La presión de su pecho y el terror recorriendo cada parte de su ser por medio de su sangre eran ya una realidad. Y es que el hecho de ver a Mewtwo sentado junto a ella sin alguien que pudiera hacer algo en caso de que lo sucedido en la isla se repitiera, estaba a punto de provocarle un ataque de pánico.
—La verdad, es que ahora no estoy seguro si soy parte de un triángulo amoroso junto a Herrera—y se rió despacio, indiferente al terror de la joven. —Y eso es algo que me preocupa bastante.
Silencio.
Mewtwo se quedó viendo un punto perdido en algún rincón de la pared lateral, tal y como si hubiese olvidado la presencia de la muchacha a su lado. Bajó la cabeza y centró su atención en el piso, para luego, lentamente, mirar a la muchacha con ojos de reproche.
—¿Eso es todo? ¿Lo que me mostraste en la isla era todo lo que tenías?— suspiró —. No puedo creer el haberme dejado llevar por las palabras de una muchachita que solo abre la boca cuando está al amparo de su amado comandante, mas ahora, cuando he de suponer, debe mostrarme de lo que está hecha, solo parece tener la capacidad de no orinarse en la cama.
Estas palabras, por increíble que parezca, removieron algo en la psiquis de Jennifer, regresándole el calor a la sangre y, por qué no, el odio que sentía hacia el pokémon. Odio que se interpretó como rabia y ésta, como inusitado valor.
—¿Q- q-que q-qui-quieres?—dijo la joven de repente, tratando de sacar ese valor desde el fondo de su alma para poder dirigirle la palabra al pokémon y tratar de disimular su pánico. Sin embargo sabía que en realidad, Mewtwo la estaba provocando solo para disfrutar de todo aquello.
—Solo vine a hacerte una visita —contestó él con calma, como si se tratasen se entrañables amigos. —No has dejado de pensar en mi, así que creí que lo mejor era venir personalmente. ¿Tiene algo de malo?
—¿Q-qué si t-tiene algo de malo? —se apresuró ella a contestar. La rabia poco a poco comenzaba a burbujear en su interior, lo que equilibró un poco el miedo y dio como resultado, un torbellino de emociones contradictorias demasiado difíciles de controlar. —¿P-por qué cr-crees que estoy aquí? ¿Acaso se t-te olv-vidó?
—Oh, niña, no. Claro que no. Pero tú también debes recordar la posición en la que estás y el hecho de que debes asumir las consecuencias de tus actos —y se volteó para mirarla, directamente a los ojos, tal y como la joven no quería. Porque la penumbra y el silencio del hospital, otorgaban al pokémon un aspecto espeluznante.
Él sonrió otra vez, divertido ante la expresión de Patton, mas pronto pensó que era demasiada tortura para una persona que además, estaba herida e imposibilitada de moverse, así que volvió su cabeza hacia el frente, mirando algún punto perdido en la habitación.
—No soy tan malo como crees, niña. Solo soy...exigente. Detesto la incompetencia y, con los humanos...ufff, tal parece que la tienen como estandarte, o código de honor. Es decir, en ocasiones me pregunto si lo hacen a propósito con el fin de hacerme enfadar, porque a veces ya es demasiado ridículo para ser simple incompetencia.
Jennifer se lo quedó mirando con la boca abierta, sin saber cómo reaccionar ante la irrealidad de la situación. Mewtwo estaba sentado en su cama hablando como si nada hubiese sucedido antes y, como si de verdad fueran grandes amigos, al punto de contarle sus desdichas. Esto debía ser un chiste.
—A decir verdad, esperaba encontrarte dormida, ¿sabes?— le dijo sorprendiéndola aún más. En el fondo, estas palabras la alertaron, susurrándole al oído que debía tener cuidado de ahora en adelante, que podía encontrarse en un gran peligro. Todo dependía de cómo lograra llevar la conversación. ¿O se trataba tan solo de un estado de psicosis y, en el fondo, Mewtwo no era tan malo, tal y como él mismo decía?
—¿P-por qué? —se atrevió a decir de la forma más neutral que pudo. No obstante, el pensamiento del pokémon viniéndose encima, sin poder hacer algo para defenderse le estaba provocando tal ansiedad, que creyó que iba a vomitar.
—Mh...— se arriscó de hombros con toda naturalidad. —Normalmente los humanos acostumbran a dormir a esta hora. Me sorprendió encontrarte despierta y más, pensando en mi. Debo decirlo, me asustas, humana.
—¿Tú? ¿Asustado de m-mí? —el sarcasmo se coló en cada una de sus palabras, lo que provocó una ligera risa en el psíquico. Tal parece, la tensión entre ambos había sufrido un pequeño quiebre. —A-ahora la sorprendida s-soy yo.
—¿Por qué no? ¿Cierto?
—Cierto —susurró ella, todavía muy nerviosa. Esperaba ver la puerta abrirse para dar paso al comandante Herrera o a cualquiera que la sacara de esta situación. —P-pero aún no me has dicho por qué q-querías encontrarme dormida.
—Porque todo sería más fácil si hubiese sido así. Tanto para mí como para ti. Y siéntete afortunada de que, de todos modos, me esté preocupando de tu "comodidad".
—Todavía no entiendo.
—Y no necesitas entender— le dijo adoptando un rostro serio, para luego voltear hacia ella y encontrar su mirada. —Tu cabeza es un libro abierto, como la de la mayoría de los humanos, mas tus pensamientos sobre mi y todo lo que has pasado, han convertido a tu mente en un caos. Es aburrido dedicarse a descifrar y a discernir entre lo que es real y objetivo, y lo que crees real y objetivo. Hubiese sido mejor para mis propósitos encontrarte dormida. Nunca te hubieses enterado de mi intervención ni de mi presencia en esta habitación esta noche.
—...
—Pero como siempre, los humanos solo me causan problemas y molestias. ¡Es increíble que cuando necesito a uno dormido y sumiso, lo encuentro despierto e inventando mil y una historias sobre mi!
—...
—Tú no me conoces, no sabes de lo que soy capaz, así que será mejor que te quedes quieta, callada y tranquila si no quieres verlo ahora—Y sin más, sus ojos comenzaron a brillar de un azul pálido.
Jennifer sintió que su cuerpo se tensaba y que su mente, ahora colapsada de emociones, entraba en un tránsito aún más caótico con las últimas palabras del pokémon y con lo que sea que estuviese haciendo. Porque no podía moverse con libertad, no podía dejar de verlo a los ojos y eso estaba volviéndola loca. Quería huir lejos, sin importar el grado de sus lesiones con tal de no seguir en su presencia, pero más rápido de lo que jamás podría creer, comenzó a perder el completo control de sus acciones y pensamientos, entendiendo lo que el pokémon estaba haciendo en el último momento, antes de convertirse en la moradora de un cuerpo ajeno a ella. Mewtwo estaba entrando a su mente, estaba indagando dentro de su cabeza, de sus recuerdos como si se tratara de un paseo por el parque, desinteresado completamente en que si de verdad esto era moral o no.
Jennifer vio, o más bien, sintió como todas sus experiencias desde que había hecho ingreso al Equipo Rocket desfilaban agolpadas unas tras otras a una velocidad vertiginosa. Una y otra vez las mismas situaciones, los mismos rostros, las mismas palabras y sensaciones. Se sintió en el ojo de un huracán, testigo de sus memorias sin poder poseer ninguna, mientras éstas se mofaban desde lejos al no poder ser capturadas. La joven creyó entonces, que pronto perdería la conciencia y, tal vez la cordura. Su mente no estaba en su cuerpo o ella no estaba en su mente, completamente desdoblada de su existencia.
En tanto, concentrado en su actividad, Mewtwo escudriñaba en los recuerdos de la muchacha con el fin de descubrir el origen de las palabras pronunciadas en la isla. Necesitaba saber quién o cómo se había enterado de este supuesto pasado del pokémon y, principalmente, si era real o no. Porque bien, podía ser una historia inventada con el propósito de hacerle hervir la sangre por parte de algunos cadetes. Bueno, se dijo, ahora lo descubriría.
Continuó repasando las memorias de la humana, entendiendo su pasado y buscando con desesperación las respuestas que requería, hasta que, luego de varios hechos muy lejanos a sus intereses, descubrió una conversación que echaría luces sobre este misterio.
Patton vio desde lejos, como si fuese el espectador de su programa de televisión, como su mente se estabilizaba en un recuerdo, algo que había sucedido hace apenas una semana, cuando salió de su clase de defensa personal para comer.
Recordó que aquel día se había destacado lo agradable de su clima, así que pensó que más tarde, iría a dar un paseo en el bosque colindante al cuartel general, para poder disfrutar del sol y de la paz del lugar.
Se acercó al comedor y pidió su almuerzo, para después ubicarse en una mesa cerca de la puerta. Comió durante un rato sola, hasta que, sin previo aviso, sintió como alguien se acomodaba a su lado sin que se hubiese dado cuenta de su cercanía. La chica alzó la vista de inmediato, con el fin de descubrir a su nuevo compañero de mesa; un joven, unos cuantos años mayor que ella, con flamante cabello pelirrojo y una gran sonrisa, lo que le daba una expresión mucho más infantil, totalmente inadecuada a su edad.
—Hola —dijo el muchacho de forma cantarina. —Me llamo Eddie Stuart. Es un placer conocerte, Jennifer Patton.
—Q-qué...¿Cómo sabes mi nombre? —se sorprendió ella.
—¿Quién no lo sabe? Eres la cadete estrella de este año. Todos hablan de ti, aunque sea solo por envidia—y ella lo miró sin poder creerlo, al tiempo en que la sangre subía a sus mejillas. Miró para todos lados, buscando a algún grupo de jóvenes riéndose mientras era víctima de una broma, pero no encontró sino a los agentes comiendo y preocupados de sus propias conversaciones. ¿De verdad su fama era tan grande? ¿De verdad había causado la envidia incluso de agentes más avanzados a ella? Sin duda, esta información subió el ego de la chica hasta más allá de las nubes. —Pero a mí me caíste bien— prosiguió él. —Por eso vine a comer contigo— y para corroborar sus palabras, se tragó casi de un golpe varias cucharadas de puré. Jennifer se lo quedó mirando, sin saber qué contestar exactamente, cuando él dirigió sus ojos a la bandeja de la muchacha. —Se te va a enfriar la comida.
Ella lo observó perpleja, aún agobiada por los sentimientos de fama que revoloteaban sobre su cabeza y agrandaban su orgullo. Sin embargo, cuando una torpe sonrisa se dibujó en su rostro al encontrarse sentada junto a su primer admirador declarado, él bajó la cuchara de su boca con sumo cuidado, y la depositó en el plato, en una acción mecánica y calculada que distaba mucho de la primera impresión alegre y jovial que entregó en un primer momento.
Jennifer, notando ese repentino cambio de actitud, lo miró con suspicacia, pensando que la presencia del joven no era enteramente amistosa y que solo había usado esto como una pantalla para acercársele.
—Por cómo te he estado observando —musitó mirando su plato, —dudo mucho que creas que estoy aquí por mera amistad.
—¿Eh? —se precipitó ella. —¿Me has estado observando?
—No creas que soy un psicópata o algo así, ¿eh?— se rió jugando ahora con su comida, mas manteniendo un aire taciturno . —Es solo que me parece que tienes mucho potencial y eso es algo digno de observación.
—...
—Además, he escuchado por ahí que te has dedicado a recabar información sobre la organización, los agentes y todo eso. ¿Puedo saber por qué?
—Debo conocer el lugar y la gente con la que trabajaré el resto de mi vida, ¿No te parece? —contestó ella seriamente.
—Entiendo—sonrió dejando su comida en paz para llevársela a la boca. —Eres muy interesante, ¿Sabes?
—...
—Pero no he venido aquí para eso. No. Vine para "cooperar" con tu investigación. Con tu potencial, me parece injusto que sepas cosas a medias
—¿Cosas a medias? —se intrigó ella.
—Así es −asintió. —Por ejemplo, ¿Qué sabes sobre Mewtwo?
—¿Sobre Mewtwo? Bueno...—titubeó. —Es el pokémon de Giovanni, es decir, acata órdenes directas de él y de los altos mandos. Podría decirse que, de algún modo, si se le antoja no obedecer a alguien que considere de bajo rango, no lo hará.
Es extremadamente poderoso. Hasta los entrenadores más fuertes de la organización le tienen miedo. He escuchado que se le considera el pokémon más fuerte del mundo.
Como datos generales, es un clon de mew, el pokémon legendario, por eso la magnitud de sus poderes psíquicos. Usa una armadura diseñada para maximizar esos poderes.
—¡Muy bien! —contestó Eddie triunfante, como si la chica hubiese acertado en una pregunta muy difícil en algún examen. —¿Qué más?—se acercó un poco—. Sabes por ejemplo, ¿Cómo llegó al Equipo Rocket?
—¿Cómo llegó? Bueno, según investigué, eso fue hace unos pocos años, creo que seis. No estoy del todo segura.
"Nació" de un tubo de ensayo gigante y desde entonces es el principal luchador del Equipo Rocket
—¡Muy bien! —celebró el joven, dándole varias palmadas en la espalda a la chica. —Has investigado mucho. Serás una excelente espía en un par de años, ¿Sabes?
Ella se lo quedó mirando un segundo, dimensionando la magnitud del elogio tal y como si no lo creyera.
—Sin embargo—prosiguió él sin darle mayor importancia a la expresión de la muchacha —esa es la historia general. Lo que todos saben por "manual", ¿Entiendes?
—¿Qué?
—Que todo lo que me has dicho, es correcto, pero solo hasta la mitad.
—¿Qué quieres decir con eso?— se adelantó ella, por lo que Eddie se vio en la obligación de retenerla un segundo y darle algunas palmadas en la espalda para que conservara la calma.
—No seas tan obvia, Patton. Recuerda que estamos en una organización que entrena, entre muchas cosas, a espías. Cualquiera de este comedor podría notar que te estoy diciendo algo turbio e ir con el chisme ante Giovanni o cualquiera.
—L-lo siento — se calmó ella, a lo que el joven sonrió.
—Ya, tranquila, no es para que pongas esa cara.
Bueno, como te iba diciendo, esta historia apenas la conocen unos cuantos en el Equipo Rocket. Giovanni y unos pocos altos mandos.
Todos creen que Mewtwo llegó al cuartel hace unos tres años, luego de incubarse durante mucho tiempo hasta que creció y despertó. Dicen que entrenó un poco, pero que en realidad ya sabía todo, como si su forma de atacar fuera innata, es decir, que siempre hubiese sabido cómo hacerlo. Pero todo eso no es cierto.
—¿Cómo que no? ¿Entonces por qué...?
—Shht —la detuvo él. —Ya te dije que tengas paciencia —suspiró con cansancio—.Bueno, como decía (otra vez), Mewtwo nació hace mucho tiempo antes y no hace seis años como todos dicen. Llegó al Equipo Rocket siendo un niño que apenas sí podía usar un ataque. No sabía nada de nada y eso enojó a Giovanni hasta que se aburrió. No había gastado millones de dólares en un pokémon que con suerte sabía orinar bien, así que...come.
—¿Qué? — preguntó ella viendo como el muchacho volvía a centrarse en su almuerzo, como si el relato que contaba jamás hubiera existido, descolocándola por completo.
—Que comas, se te va a enfriar la comida y es un obvio que estamos hablado de algo turbio. ¿Que acaso no escuchaste lo que te dije antes?
—Yo...— musitó ella y con lentitud comenzó a comer. En tanto, Eddie, entre bocado y bocado continuó su historia.
—Era tal la incompetencia de Mewtwo, que Giovanni se hartó y comenzó a... golpearlo.
—¡¿A golpearlo?!— exclamó ella casi en un grito, alertando a su compañero, quien casi pierde el alma.
—Sí, porque Richard pretendía robarle la novia a Cristian— dijo casualmente, por si alguien había escuchado de más.
—¿Qué? —se extrañó ella, pero solo encontró los furiosos ojos de Stuart.
—¿Que acaso quieres que me maten? ¡Baja la voz, idiota! — susurró irritado.
—L-lo siento.
—Otra vez − rodó los ojos. —A ver si me dejas terminar—comió un poco—. Mewtwo era el fracaso encarnado y, en esos años, no tenían la tecnología para hacer otro clon ni mucho menos podían desperdiciar el dinero de esa forma, así que Giovanni no tuvo más opción que corregirlo él mismo.
—¿Y por qué no ordenó a algún entrenador que lo hiciera?
—Lo hizo, pero de vez en cuando se encargaba de darle una tunda, dicen que con un látigo, para meterle en la cabeza quien manda. Con el tiempo Mewtwo comenzó a mejorar y poco a poco se volvió tan temible, orgulloso y arrogante como todos lo conocen. Pero escuché que la violencia de Giovanni era mucha y que Mewtwo, a pesar de temerle, lo odiaba al punto de querer verlo muerto.
—¿Y por qué no se defendió entonces?
—Porque tenía miedo igual y aún no era tan fuerte. Tal parece Giovanni tenía otra carta bajo la manga para mantenerlo sumiso —dijo sin tener idea del aparato que el pokémon tenía en su pecho.
—¿Y luego qué pasó?— interrogó ella al ver que Eddie se ponía de pie.
—Eso, mi estimada Patton, te lo contaré otro día.
—¿Qué? No me puedes dejar con la historia a medias. ¿Por qué nadie dice nada? ¿Por qué Mewtwo, si ahora es tan fuerte, no hace algo en contra de Giovanni y sigue obedeciéndole? ¡Dime!
—Uf— suspiró él con su bandeja en la mano. —Eres demasiado impaciente—y antes de que ella pudiera hacer algo, se acercó y tomó su postre. —Ya acabé de comer y, si no lo has notado, varios han mirado hacia acá. No creo convencer a nadie con la supuesta conversación sobre...¿Cómo se llamaban? Ah, sí, Richard y su novia. Así que lo mejor es dejarlo hasta acá por ahora. Otro día te contaré el resto y, créeme, te va a encantar —Patton lo miró ceñuda—. Solo te puedo adelantar, que Mewtwo no recuerda nada de lo que sucedió, pero insisto, eso dejémoslo para otro día—sonrió—. Ahora, viendo que comes tan lento, tomaré tu postre porque estaba delicioso. Nunca me cansaré de decirlo. El Equipo Rocket puede ser una organización delictiva y todo, pero la comida...puf, ¡Es gloriosa! Así que...eso. Nos vemos otro día, ¡Cuídate!
—Espera—lo detuvo ella al verlo partir. —¿Por qué me estás contando todo esto?
—Porque te lo mereces. Eres una promesa y es injusto que andes por la vida creyendo que Richard y su novia tienen una buena relación—Y antes de cualquier cosa, se alejó.
Durante los días siguientes, Jennifer se dedicó a buscar a Eddie con el fin de obtener la historia completa de Mewtwo, sin embargo, el encuentro entre los agentes no se hizo efectivo sino hasta el mismo día de la misión a la isla. Esa tarde, la joven y el muchacho se saludaron, aunque sabían que en ese lugar no podrían hablar a gusto, por lo que concordaron en silencio encontrarse una vez finalizada la operación.
Patton vio ese recuerdo, el rostro de Eddie y luego, de la nada, un telón oscuro la separó de la imagen abruptamente. Y antes de siquiera estar consciente de lo que sucedía, la visión de la habitación del hospital y de la expresión contrariada de Mewtwo se hicieron presentes.
La joven, poco a poco comenzó a recuperar sus pensamientos y el control de éstos, como una corriente estancada que por fin puede volver a fluir en su lecho. Parpadeó un par de veces y luego de centró en la imagen de la criatura, quien miraba el piso en busca de explicaciones, mientras su cuerpo delataba una inusitada tensión y ansiedad, impropias de ese carácter tan altanero y frío. Tal parecía, lo visto en la mente de Patton lo había afectado en gran medida.
En tanto Mewtwo trataba de asimilar toda la información, que, aunque poca y algo vaga, era lo suficientemente chocante como dejarlo en tal estado. No podía creer que de verdad él hubiese sido un niño y que Giovanni se hubiese atrevido a hacerle un daño físico y, porque no, psicológico también, porque un trauma como tal no sana con unas cuantas palabras de afecto.
"Entonces", se dijo, "si todo esto había sido verdad, ¿por qué no podía recordar algo de tal magnitud?"
"Solo te puedo adelantar, que Mewtwo no recuerda nada de lo que sucedió...", había dicho el muchacho.
Nada parecía tener sentido. La historia de Stuart, cómo se había desarrollado su vida. Había una brecha entre lo que vendría a ser su infancia y su actualidad; brecha que parecía no tener lógica.
¿Qué significaba todo eso?
Se puso de pie. Era hora de aclarar las dudas y continuar con el siguiente paso de esta cacería de información. Así que, tras ignorar por completo a Patton, caminó con prisa hacia el centro de la habitación, con el fin de teletransportarse. Sin embargo, al notar sus intenciones, la chica en un susurro, lo detuvo, ya que había quedado bastante débil luego de la intervención del pokémon en su cabeza.
—Si piensas ir tras Eddie...perderás el tiempo.
—¿Por qué?— le preguntó con un tono duro, lo que en realidad no logró intimidar a la joven. Luego de la experiencia psíquica que había tenido, la muchacha parecía indiferente, tal y como si fuera a sufrir un desmayo o se encontrara en un estado entre la conciencia y el sueño.
—Cuando me subieron al helicóptero, el comandante Herrera habló conmigo...Y me dijo que...— miró hacia el lado, notoriamente acongojada.
—¿Qué te dijo?
—Me dijo que Eddie...estaba muerto.
—¡¿Qué?!—exclamó Mewtwo sin poder contener la sorpresa. Esto no podía estar pasando. El único puente que tenía para llegar a la verdad había desaparecido.
—Me dijo que...— continuó la chica —...que alguien le disparó en la cabeza y que no pudieron hacer nada para salvarlo.
Me lo contó porque, como vio que nos saludamos cuando subimos al helicóptero, pensó que éramos amigos.
Pero Mewtwo había perdido el interés en cualquier otra cosa que quisiera agregar la humana. Eddie Stuart, quien por alguna razón tenía conocimiento sobre el supuesto pasado del pokémon, estaba muerto con un agujero en la cabeza. Muerto. Convenientemente muerto, pensó el psíquico.
Eso significaba que tendría que pensar en otro medio para recabar información y, considerando la posición en la que estaba, aquello se hacía cada vez más difícil.
El joven había dicho que tan solo Giovanni y algunos altos mandos conocían la historia. Sin embargo, Mewtwo no sabía quienes habían ocupado esos puestos en esa época. Comandantes de hace más de cinco años, que fácilmente pudieron ser trasladados a otros rincones del mundo o bien, muertos en alguna misión. El pokémon jamás había prestado atención a detalles tales como quienes ocupaban tal o tal cargo en la organización. Eso, entonces, solo dejaba una posibilidad: Giovanni. Pero el acercarse al hombre para leerle la mente de ese modo era un riesgo demasiado alto, considerando también que todo bien pudo ser una mentira de parte de Stuart.
Otra vez estaba en cero. Y aunque pudo obtener una valiosa información por parte de las memorias de Patton, eso no quitaba el hecho de que aun no tenía luces precisas de si era o no algo real.
La joven, en tanto, se lo quedó viendo un momento, hasta que notó un ligero tinte luminoso sobre el cuerpo del pokémon y antes de un segundo, el psíquico desapareció frente a sus ojos, dejando la habitación. Ella, por su parte, luego de asimilar lo sucedido, dejó caer la cabeza por fin sobre la almohada y se quedó profundamente dormida.
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