Hay un momento en la vida de todo hombre

one-shot

Escrito originalmente por potsugi, traducido por thedeepbluesky


Notas de AUTOR:

aka: Cortejando a China (también conocido como: la senda del amor es recorrida por dos; uno de ellos siendo escalofriantemente seguido por el otro).

Notas de TRADUCTOR:

Traducción no autorizada por potsugi. Nunca alcancé a pedir permiso para la traducción porque borró su cuenta y dejó sus historias en la orphan_account en AO3, así que no sé cómo localizarla. Publico esto por si algún día también desaparece. Igual si algún día potsugi llega violentamente a decirme que la borre, la borro.


—Sougo, hay un momento en la vida de todo hombre en la que es difícil expresar nuestros sentimientos a la persona de nuestro anhelo —Kondo lo detiene en su camino de regreso mientras Hijikata mira al cielo en una avergonzada fascinación. Okita siente el terror crecer en sus bolas—. La mayoría de nosotros termina como acosadores, mientras otros se mantienen en el dificil e infantil camino de molestarlas.

—¿Qué?

—Quiero decir que es tiempo para que te transmita el viejo arte del acecho —Kondo le sonríe de la manera más honesta, como si en realidad hubiera esperado años para este día. Okita se contiene para no enviar volando a su superior y a toda la calle de una vez.

—No veo a qué quieres llegar con esto, Kondo-san —pero sí lo sabe, en la boca de su estómago, él lo sabe—. Soy el príncipe de los Sádicos, no voy a caer tan bajo como para convertirme en un acosador. Sin ofender.

—No me ofendes, niño —dice, pero repentinamente él está hecho un ovillo en una esquina, sollozando y murmurando algo acerca de los 'lazos familiares'. Okita se da la vuelta para seguir avanzando y Hijikata lo sigue.

—Solamente quiere ayudarte. Aunque convertirte en el acosador de esa chica China seguramente será difícil. Quizá incluso sea un verdadero reto, en lugar de simplemente molestarla como el mocoso que eres —. Okita no se pierde el tono burlesco de su voz, de hecho, el bastardo apenas intentó ocultarlo.

Cuando llega a los cuarteles del Shinsengumi tira toda la mayonesa que puede encontrar en el baño y le da a Yamazaki las botellas vacías, junto con una porno y un asqueroso guiño.


Okita se considera como alguien que fácilmente puede engañar y mentir a todas las masas a su alrededor. Lo ha hecho antes y continuará haciéndolo en los años venideros. Es natural para él mentirse a sí mismo también, aunque él sabe en el fondo (y teme) la razón por la que la manera en la que ella se pega demasiado al jefe de la Yorozuya crea un vacío en su estómago.

Es molesto. Ella es simplemente molesta, con sus manos jalando la ropa del Jefe y su patada apuntando a su cabeza también. Él los mira maliciosamente y rápido lanza insultos en la dirección de la chica (un patético intento para conseguir su atención en él, siempre en él). Ella deja ir a la cara ensangrentada de Gin y dirige su puño a Okita.

Y así es como debería ser, piensa mientras muy apenas esquiva sus golpes. El problema es cuán feliz es con esta rutina.

(El problema real son las mariposas en su estómago).


No es como si él quisiera... salir con ella. Solo la imagen mental es suficiente para hacerlo sentir escalofríos. Pero entonces ella despreocupadamente abraza a Gin (figura paterna o no, a él no le importa una mierda) o agrede a otros chicos, o lo ignora para prestarle atención a alguien más. Eso no le hace sentir bien en sus entrañas.

Supone que Kondo sutilmente le está diciendo que acosarla no es un consejo (¿consejo para qué de todas formas?), pero él más o menos lo sigue.

Comienza fácil. Camina en las mismas calles que ella, solo que muchos metros a lo lejos. Observa sus movimientos, y como no están peleando ni insultándose el uno al otro, consigue darse el tiempo para admirarla, incluso en sus más pequeños detalles. El pequeño salto en sus pasos, el balanceo de su paraguas, como su cabello no es de un solo tono de rojo, la simetría de su cuerpo, a cuáles civiles saluda, a cuáles insulta juguetonamente. O a cuáles manda a volar.

Hay cierta dulzura en el aire mientras él camina detrás de ella. Y quizá ese suave sentimiento que siente mientras la observa devorar su comida favorita (la cual aprende que es el arroz) no estaba allí por la mañana. Quizá tiene algo que ver con lo libre que ella parece.

(Con una mirada desinteresada también nota a otros adolescentes mirando, se siente enfermo, así que les mira fijamente, sonríe, y repite hasta que ya no hay nadie más viendo).


Ella lo atrapa (claro que lo haría). Se ve algo así como herida entre el disgusto, la ira y algo más que él no puede identificar (o tal vez sí puede, pero no va a admitirlo). Él se hace el interesante ( por supuesto que haría eso), inventa un acto; algo acerca de "vigilar a los aliens sospechosos" y 'el deber de un policía", entonces lanza un insulto por si acaso.

Le patea completamente el trasero de cualquier modo. Okita piensa que no puede culparla, después de todo la estaba acechando (suena muy muy mal y aun así no le importa, porque todos los sádicos son sinvergüenzas). Pero al día siguiente vuelve a seguirla.

Y al día siguiente.

Y al día siguiente.


Ya no está seguro de qué es lo que está haciendo. Ella lo sorprende la mitad de las veces, pero conforme pasa el tiempo, lo acepta, el disgusto está muy apenas allí al final del mes, la ira desvaneciéndose en dulce molestia, y ese algo más surgiendo poquito a poquito.

Okita reflexiona en la estupidez de todo eso. Finalmente, para de espiarla y comienza a caminar a su lado. Y aquí es cuando llegan sus mejores tardes.

Charla casual (ella le cuenta sobre cómo venció a una pandilla de agresores por sí misma, él la llama mounstro —aunque secretamente la admira—).

Charla no tan casual (hermanos, hermanas y madres muertas, y todo aquello de lo que están hechas sus pesadillas).


El atardecer se convierte en su parte favorita del día.

(Su cabello luce tan rojo y sus ojos tan claros).


No es romántico ni cursi, no es intencional tampoco. Ella es un desastre, sangrando por todas partes, y han estado pateándole el trasero a una banda de gánsteres por horas. En el más breve de los momentos, ella no grita su nombre como en las películas ni intenta brincar para salvarlo, sino que jala su cabello y lo tira hacia atrás en un movimiento rápido. Una bala se clava justo en la pared y deja una grieta en donde estuvo su cabeza hace un momento.

Es la mirada que ella le da (la preocupación, la emoción en el azul de sus ojos y en todas sus pestañas) lo que lo hace notarlo.

Él la ve pelear verdaderamente por primera vez. Ella es un borrón de rojo mortal y grátil púrpura, patea y dispara y sus piernas son pálidas como la nieve; delicadas.

—¡¿No vas a hacer algo tú también, inútil policía escoria?!

Okita le sonríe a Kagura abiertamente (no en una manera enfermizamente enamorada porque él no es un mocoso ya —o intenta no serlo—) por primera vez, la ve sin ninguno de los prejuicios acerca de cuán tonto sería si se enamorara honestamente, cuán tontas son las chicas, cuán peligroso es abrirte a alguien y cuánto poder tendrían sobre ti (qué terrorífico es el amor).

Pero él la observa. Ella ya tiene un fuerte control sobre él de todos modos y ella no es como él piensa, así que se pregunta cómo sería estar enamorado de ella.

Cuando la pelea termina le dice:

—Me encargué de 17 de esos idiotas. Estoy bastante segura de que eso significa que yo gano. Y que salvé tu patético trasero, ahora te toca pagar por mi cena —está sonriendo. Y está siendo engreída.

(Y está siendo hermosa).

Okita lo entiende ahora, él ya está profundamente enamorado.


Repentinamente su nombre suena muy natural. A sus 18 años decir 'Kagura' era extraño, raro, y dejaba una sensación burbujeante en su estómago que odiaba. Pero ahora después de años de apodos e infantiles burlas se desliza perfectamente fuera de su boca.

Kagura.

Decide que acecharla no es más una opción.


Tomando en cuenta que ella no es la típica chica y él no es el típico pretendiente (se llama a sí mismo de esa manera ahora, incluso frente a ella, quizá con la esperanza de que ella se dé una idea, pero no lo hace; o quizá lo ignora —y eso duele—), se pregunta cómo explicarle sus sentimientos a ella.

Las cosas como las flores, las citas y el tomarse de las manos no están hechas para él, supone. Y quizá el amor tampoco es para él, pero ella sí. Kagura es lo que él desea ahora así que encontrará la manera de lograrlo.


La primera vez que ella lo llama por su nombre es en un día lluvioso. Todavía está intentando probar que es mejor que él, y él la deja ser (en realidad piensa que ella es más sobresaliente en muchas maneras, si tan solo tuviera los huevos de decirlo directamente... —pero entonces ellos no pelearían más por ello, ¿y dónde está la diversión en eso?—).

No es hasta que ella saca a colación el tema de las parejas y tomarse de las sudorosas manos que consigue francamente molestarlo. Porque allí va ella, densa (o quizá no, pero prefiere pensar que lo es), lanzando besos y guiñándole a otros, pero todavía lanzándole insultos a él, siendo toda una niña.

De hecho, él nunca pensó que crecería más rápido, pero lo hizo, así que ahora es demasiado tarde para retractarse de sus sentimientos e incluso si debe esperar otros dos años para que Kagura se dé cuenta, lo hará.

El mayor problema en este momento es lo enojado que está con ella. Kagura está fanfarroneando sobre novios intergalácticos, príncipes de otros planetas pidiéndole que sea su reina (él recuerda eso y el pensamiento lo hace querer vomitar); así que cuando decide que esperará, él esperará, pero lo hará mientras lo hace lo más evidente posible.

La toma de la mano tan fuerza que cree que probablemente va a lastimarla, pero no le importa. Así es esto. Pero para ser justos, ella no opone mucha resistencia.

Okita la besa, y está seguro de que tiene un poquitín más de experiencia en este campo que ella, pero eso no significa que no pueda disfrutar de su mirada horrorizada segundos después.

Aunque eso no es lo que se queda grabado en su memoria. Lo que lo golpea fuerte y le taladra el corazón de la mejor manera posible es lo que dice.

Sougo, comemierda violador, maldito bastardo.

Hay una sonrisilla llena de orgullo y satisfacción en su cara mientras se aleja de ella (en realidad corre, porque ella lo está persiguiendo y es un arma letal cuando está furiosa).

Al final, él está demasiado feliz para que le importe la nariz rota que le acaba de obsequiar.

(En serio, él es un mocoso en su corazón también, y está enamorado).