Prólogo

«Y entonces, la primigenia Aqua Regina se alzó sobre el mar y, con el reflejo de la luz del sol en la perla blanca de su cetro, nacieron las siete perlas».

Un grupo de tritones se adentró apresuradamente en la sala principal del palacio. A trompicones avanzaron hasta el centro, donde se encontraba sentado –sobre un trono en forma de concha– el príncipe del mar.

—No hemos encontrado nada, su majestad.

—Imposible. Buscad de nuevo —ordenó, ya irritado sin siquiera mirarlos.

—Su majestad —se atrevió a decir uno de los recién llegados—. Tememos que su existencia sea una mera leyenda.

El príncipe levantó la mirada, cargada de desprecio, y observó detenidamente al tritón. Era nuevo. Definitivamente tenía que serlo, si no, no contradiría su palabra.

—¿Cómo era tu nombre? —preguntó—. Bueno, déjalo, no me importa —susurró mientras se levantaba del trono—. No has debido estudiar mucho. El libro sagrado menciona una y otra vez la existencia de la perla blanca.

—Pero, con todo el respeto a las tradiciones, no hay indicios reales de su existencia y ese libro cuenta una historia que es mucho más que lejana a nuestros tiempos —continuó explicando el tritón.

—La perla blanca creó las siete perlas que hoy controlan las Princesas y dio su poder al centro de la Reina durante siglos —recitó el príncipe—. No parece una leyenda a mis ojos —dijo, mientras estiraba su brazo hacia su cetro—. Nací para controlar esa perla, ¡me pertenece a mí! —gritó, apuntando al joven tritón con su cetro—. ¡Y no necesito a mi lado a ineptos como tú, incapaces de encontrarla!

Una profunda niebla inundó el palacio submarino del príncipe al mismo tiempo que el mar comenzaba a embravecer.

[...]

—Panthalassa lo ha hecho. Han rechazado la firma del Tratado.

—¡¿Qué quieres decir?! —exclamó la Consejera, levantándose abruptamente de su asiento en la sala de gobierno.

—Quieren atacar el mundo de la superficie, castigar a los humanos y hacerse con el control del océano. Creen que no somos aptos.

—Hay que reunir a las siete princesas sirenas y… —comenzó a decir, con desesperación.

—Señora, la Reina del Agua lleva cientos de años sin aparecer y otros clanes están pensando en unirse a Panthalassa. Es posible que para esta batalla estemos solas.