Nota: Reescribí una escena del canon para mi conveniencia. Me vale madres el canon, viva el RubyFrey carajo-


– Baila conmigo.

Freya parpadeó un par de veces, antes de ladear la cabeza, confundida. Pese a lo obvio del pedido que la menor de los Borgia le hizo, extendiéndole una mano con una sonrisa y un suave sonrojo en sus mejillas.

– ¿Bailar…?

Recordaba haber leído en una parte de la novela donde Ruby e Isuke bailaban juntos en el banquete que este último, había organizado luego de que se recuperase tras huir. Por lo que no le parecía raro que Ruby mostrase un baile típico de Romania.

Lo que le parecía extraño, era que en lugar de ser Isuke su acompañante, fuese ella. Freya van Furiana, la villana; ella quien, estaba tratando de ser agradable y una amiga para la protagonista, Rudbeckia de Borgia. Para salvar a su hermano, salvar a Enzo, salvarse a sí misma y vengarse de Isuke.

Por lo que, el repentino pedido de Rudbeckia la tomó con la guardia baja.

¿Estaría esto bien?

Lentamente, tomó su mano e hizo una reverencia y tras esto, le sonrió y guiñó un ojo con picardía. Haciéndola reír ligeramente.

– Será un placer, señorita Ruby.

Colocó con delicadeza una mano en su cadera y con la otra tomó la mano de la menor quien apoyó su mano libre en su hombro, acercándose sin dejar espacio entre ambas. El rubor en el rostro de Rudbeckia aumentó seguido de una expresión sorprendida, detalle que hizo reír a Freya.

– ¿Pasa algo, Ruby?

Los nervios –no fingidos– abordaron a la rubia menor.

– ¿Eh? Uh, no… Sólo… no creí que harías el rol del…

– No me molesta hacerlo – aseguró, sonriendo con alegría. Antes de mostrar una sonrisa más relajada, casi apenada –, pero si no te sientes cómoda…

– ¡N-No, en absoluto! – se apresuró en aclarar las cosas Ruby, sintiendo el rostro más caliente que antes y su corazón revolotear en su pecho al mirar a los ojos a Freya, también siendo consciente de la poca distancia entre sus rostros. Desvió la mirada, apretando los labios en un intento por calmarse –… yo, no me siento incómoda contigo, Frey.

Las mejillas de Freya enrojecieron levemente y su corazón se aceleró. Se forzó a reír y sonreír para no sumirse en estas sensaciones y emociones.

– ¡Es un alivio saberlo! Yo también estoy a gusto contigo, Ruby.

Porque todavía no estaba preparada para aceptar estos nuevos sentimientos.

Rudbeckia notó lo forzada que fueron sus acciones y aunque su corazón vaciló en cuanto a las palabras de Furiana, cuando Freya comenzó a dirigir el baile, le fue imposible apartar su mirada de ella.

El sonido de las olas chocar contra la orilla la música, y la playa siendo el salón de baile, con el atardecer de fondo como único espectador.

Y aunque la arena en los pies fuese molesta, era un detalle tan nimio en ese momento tan agradable y de ellas dos.

Rudbeckia no desaprovechó para enseñarle a Freya un baile típico de su país, sonriéndole con la más honesta alegría y diversión. Dejando a esta última eclipsada ante la imagen de Ruby, siendo libre, siendo ella.

Sin temor, sin miedo, sin máscaras.

Ah… ella es tan bonita así.

Debía aceptarlo, debía rendirse en negarlo y entregarse a esto que estaba sucediéndole.

Ruby le gustaba, le gustaba mucho.

– ¿Frey? ¿Pasó algo?

Rudbeckia al ver que la primogénita de los Furiana se había quedado estática, mirándola solamente en silencio y con la mirada perdida, detuvo sus pasos, preocupada. Y al ver que no le respondía, se acercó, tomando su mano entre las suyas.

– ¿Frey?

Freya entonces le sonrió.

¿Debería simplemente robársela a Isuke como la villana que era?

– Dime Ruby, ¿Debería robarte de Iz?