Notas Iniciales: Esta es mi propia versión sobre el pasado de Wolf O'Donnell así que, lamento decirlo, habrá un par de OC's importantes. Había todo un longfic pensado para esta idea pero no me siento capaz de desarrollarlo junto a mi fanfic de Leon, por eso lo resumí todo.

Advertencias: Mentes rotas.

Inspirado en la canción "Wolves In The Dark" de Throw the Fight.


Uno.

Se cubrió el sol que le daba de lleno en el rostro con un brazo. Intentó con la vista enfocar hacia el despejado cielo azul como mejor podía, sintiendo molestia del brillo y aún sonriendo con gozo. Percibió el vuelo de algunos pájaros de temporada y trató seguirles el rastro por el manto claro en tanto un viento cálido alborotaba su sedoso pelaje gris. Wolf era un cachorro curioso que no permitía a nada estorbarle en sus objetivos, y era por eso que había trepado aquel montón de rocas para admirar más de cerca el espacio todavía lejano mientras bajo sus pies en el fuerte, multitudes de lobos como él trabajaban arduamente extrayendo con ayuda de sus ruidosas herramientas los minerales preciosos que tanto producía su planeta.

Ese día su padre lo había llevado ahí como recompensa a su buen comportamiento y en una oportunidad le fue sugerido fugarse para que no obstaculizara el flujo rutinario de los adultos. Ciertamente había otros cachorros pero a Wolf no le apetecía jugar con ellos, estaba más interesado en capturar una estrella aunque supiera que su deseo sería inútil cuando estaba prohibido visitar la mina de noche. Sin embargo, por ahora le bastaba sentirse más alto que ninguno de los que se desplazaban por ahí.

—¡Woof! —El repentino grito obligó al cachorro pausar su actividad para girarse en busca de su solicitante, hallando entre el desorden de figuras grises una silueta escuálida de largas orejas caídas, a quien rápidamente reconoció como su vecino—. ¿¡Dónde estás!?

—¡Aquí arriba! —exclamó poniéndose de pie y alzando el brazo en el aire para evidenciar su posición, logrando que el pequeño conejo finalmente lo ubicara, apresurando el paso para alcanzarlo, tarea que no se le dificultó mucho gracias a sus fuertes largos pies.

—Tu papá me dijo que estabas aquí. Sabías que vendría con mi papá también, ¿por qué no me buscaste? —le reclamó.

—Iba a hacerlo.

—¿Cuándo?

—No lo sé —admitió Wolf alzándose de hombros con desinterés—. Cuando terminara aquí.

—¿Y qué estás haciendo aparte de nada?

—Recibiendo el viento, olfateando aromas... cosas de lobos, jamás lo entenderías.

—Mentiroso, apuesto a que planeabas tomar una siesta, siempre eres así.

—Claro que no, no voy a dormir cuando puedo tratar de tocar el cielo desde aquí.

Para reforzar su reciente argumento, Wolf estiró los brazos y se puso de puntillas pretendiendo sujetar entre sus garras los rayos de luz que se reflejaban en diversas direcciones, su vecino y amigo Evans lo observó un momento estupefacto antes de imitarlo estirando sus propios brazos, comprobando con expresión irritada que no podían conseguirlo y que al estirarse más de la cuenta resbalaban, corriendo el riesgo de caer en picada.

—Aún está muy lejos —obvió.

—Ese es el truco —espetó Wolf—. Primero lo atraemos, le hacemos pensar que no podemos alcanzarlo. Luego, subiremos a una colina de roca más y más alta. Después a una montaña y finalmente se habrá confiado y lo estaremos rozando con los dedos sin que se dé cuenta.

—¿Te das cuenta que hablamos del cielo? ¡Ese plan llevará siglos!

—No, idiota. Mi mamá me dijo que podemos lograrlo en menos tiempo si lo hacemos de forma constante. ¡Podemos engañar al cielo idiota!

—¡Woof! —Evans se mostró horrorizado con el lenguaje de su amigo canino—. No puedes decir esa palabra, es mala. Van a lavarte la boca con jabón.

—Idiota no es una mala palabra, los adultos la usan todo el tiempo. Mi papá incluso llama así a sus amigos, la que si es mala es "mierda" y "carajo".

—¡Ahora haz dicho tres! ¡Te acusaré! —advirtió echando a saltar sobre las rojas con rumbo a tierra firme, sin importarle que Wolf hubiese reaccionado persiguiéndolo a través de las piedras puntiagudas, aunque con cierta lentitud y torpeza para no cortarse.

—¡Alto! Traidor, me prometiste que ya no serías tan soplón.

Corriendo entre la muchedumbre, las dos crías no se percataron de las risas o desconcierto que provocaban por la forma en que esquivaban a los mineros y sus carretas sin parar de gritarse entre sí, a veces perdiendo el aliento; los desniveles de sus voces tratando alcanzar los oídos del otro. En algún momento hicieron a uno de los trabajadores volcar la carretilla por la forma en que lo embistieron, pues mientras Evans se las arregló para pasar entre sus piernas aún siendo tan regordete, Wolf -al ser un poco más alto- se vio obligado saltar sobre las rocas que transportaba para no perder el ritmo. Alguien les ordenó a gritos que no estuvieran corriendo pero ambos niños hicieron caso omiso debido a la adrenalina atravesándoles la piel, hasta que al fin se toparon con un obstáculo inesperado, el cual los frenó sin mucha dificultad cuando pasaron. Evans gritó en el instante que esa mano tosca lo capturó del chaleco para levantarlo en el aire mientras la otra atrapaba a Wolf que no había podido frenar a tiempo para evitar ser co-protagonista de escenario tan vergonzoso.

—Evans Smith y Wolf O'Donnell, debí imaginarlo —dijo este lobo musculoso de hocico negro y voz áspera con diversión, a quien Wolf reconoció como el jefe directo de su padre y por el cual sentía un miedo bastante honesto debido a su tamaño; Harry Turner era el lobo más alto que conocía en toda la mina.

—¡Suélteme, yo no he hecho nada malo! ¡Juro que soy inocente! —chilló Evans retorciéndose patéticamente en el aire—. ¡El único malhablado aquí es Woof!

—¡Evans! ¡Maldito bocón!

—No deberías hablarle así a tus amigos, Wolfy —le reprendió Harry con una gran sonrisa de colmillos desnudos—. No querrás hacer enojar a tu mami, ¿o si?

—¡Evans tiene la culpa! ¡Hizo que dijera dos palabras malas y luego salió corriendo para acusarme! ¡Debe convencerlo de que "idiota" no es una mala palabra, señor Turner!

—Me temo que sí es una mala palabra. Y "maldito" también —lo corrigió y esto causó la derrota total del cachorro lobato y completa victoria del conejo, quien incluso se rió.

—Te lo dije.

—Sin embargo, señor Smith, es también de muy mala educación entregar así a los amigos que confían plenamente en ti. Acusarlos sólo por decir un par de palabras malas hará que se alejen de tu lado y prefieran jugar con otros niños. —Y su declaración tensó el cuerpo del pequeño conejo, cuyas orejas parecieron recibir un choque eléctrico por la manera en que se alzaron. Wolf -aún en el aire- le dio la razón al adulto asintiendo varias veces—. Sin mencionar que tampoco es muy correcto correr así en una zona donde los adultos se esfuerzan en ganar el sustento, así que debo pedirles que no lo hagan más.

—Lo siento, señor Turner. No volverá a pasar —asintió Evans avergonzado. Wolf le miró con los ojos entrecerrados antes de espetar.

—Mentiroso.

—Wolfy —le reprendió el adulto mientras los bajaba de nuevo al suelo.

—Es que él siempre hace promesas que jamás cumple —acusó—. Ya no puedo confiar en él.

—¡Yo soy el que no puede confiar en ti, malhablado! —espetó Evans. Wolf se erizó.

—¿Qué?

—Ya, tranquilos, niños —intervino el adulto nuevamente, pues aunque le resultase graciosa la manera como alegaban por lo diminutas que ambas crías eran, él también tenía cosas que hacer y no podía permitirse el lujo de perder más el tiempo—. En lugar de pelear por tonterías, ¿por qué no van a jugar a otra parte? Ya les he dicho en qué lugares de la mina son libres de estar sin correr peligro ni estorbar. No querrán que sus padres se metan en problemas por culpa de ustedes, ¿o si?

—¡Eso jamás! Papá me mataría —exclamó Evans consternado, pues el simple pensamiento había ocasionado que un fuerte escalofrío recorriera su espina dorsal.

—Me sorprende que tu papá no lo haya hecho ya. Si yo fuera él, te encerraría en tu cuarto por los siglos de los siglos.

—¡Cállate, Woof! ¿Y tú qué? Si yo fuera tu papá ni siquiera te hubiera tenido.

—¿¡Qué dijiste!?

—¡Hey! —Y en respuesta a la exclamación de Harry, los dos se encogieron aterrados deteniendo el agresivo intercambio, y aunque su volumen de voz no hubiese sido especialmente alto o severo, una sola llamada de atención suya era suficiente para intimidarlos—. Firmes, soldados. —Los dos obedecieron al instante de una manera tan tensa que el adulto creyó verlos sudar frío—. Los quiero ver alejándose de la zona de trabajadores ordenadamente y sin causar revuelo, ¿entendido? Apuesto a que sus padres ya los están buscando para almorzar. Vamos, vamos, vamos.

Y aplaudió con firmeza logrando que el par de chiquillos avanzaran entre gritos en coordinación a sus aplausos como si huyeran de una flota enemiga. Wolf hizo gala de su naturaleza lobezna corriendo ágilmente sin tropezar sobre el resbaloso terreno mientras su amigo daba pequeños saltos para poder alcanzarlo. Cuando estuvieron lo suficiente lejos, Harry Turner destrozó su expresión malhumorada para sonreír divertido, recordando a sus propios cachorros en las traviesas figuras de aquellos dos, pues -a diferencia de otros jefes en el ámbito- a él no le incomodaba la presencia de crías ya que solían aligerarle un poco más el ambiente; muchos le habían llamado irresponsable debido a ello pero también comprendía que sus trabajadores no siempre contaban con familiares dispuestos a encargarse de sus hijos mientras concluían su apretado horario.

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Descendiendo por un camino de graba, las dos crías finalmente empezaron a reír por la reciente aventura que acababan de vivir. Estableciendo una competencia esporádica donde el primero en llegar a la zona de descanso sería el ganador. Sin embargo, el propio Wolf pareció olvidarlo un momento en cuanto notó a su padre, quien visiblemente agotado se peinó el pelaje en su cabeza brevemente con las garras para al siguiente instante estirarse de forma dolorosa y enseguida suspirar satisfecho. Unos momentos se detuvo a mirar directo al frente, perdido en sus pensamientos antes de volver a suspirar. Planeaba llamar a su hijo pero se abstuvo en cuando lo escuchó nombrarlo a él, razón por la que dibujó una sonrisa en su rostro mientras ambas crías terminaban de acortar la distancia entre los tres, entonces cubrió todo menor rastro de cansancio para recibirlo entre sus brazos en tanto este se lanzaba hacia él para frenar su apresurada trayectoria. Darren O'Donnell apenas evitó emitir un gemido por la brusquedad de la embestida que consiguió hacerlo retroceder dos pasos.

—Hola, Wolf. Estuve a punto de comenzar a llamarte.

—Nos encontramos al señor Turner en el camino y él dijo que probablemente nos estarían buscando.

—¿Ah, si? —Darren no pudo evitar ponerse un tanto nervioso al escuchar ese informe, pues conocía las consecuencias de una travesura ocasionada por la hiperactividad de su hijo y no le agradaba la idea de lidiar con ello justo después de tener que participar en la separación de dos compañeros de trabajo que se habían tomado a golpes hace poco en el interior de la mina que él ocupaba—. No hiciste algo malo, ¿verdad?

—Bueno... no grave.

—Wolf —le nombró en tono reprobatorio con el objetivo de que no le mintiera.

—Sólo volcó una carretilla llena de rocas mientras corría detrás de mi —afirmó el conejo. Wolf lo fulminó con la mirada al siguiente instante.

—Wolf, ¿qué te he dicho sobre correr así entre los demás adultos?

—Perdón.

La cría de lobo bajó las orejas, ocultó la cola entre sus piernas y miró hacia otra parte con culpa, un aspecto que sólo incitó a Darren suspirar derrotado para enseguida dirigirse al otro niño, comunicándole dónde podía encontrar a su padre, información que el otro agradeció animadamente sin preocuparse por despedirse de su amigo para acto seguido echar a correr de nuevo por el camino terroso. Y al darse cuenta que ahondar en el tema recién tratado no ayudaría aligerar la tensión creada por la misma, Darren le restó importancia e invitó al pequeño comer, ya que previamente había recalentado la comida que su esposa Evelyn les había preparado en la mañana antes de salir a trabajar. Entusiasmado de nuevo Wolf corrió a sentarse frente a su padre, dando ligeros saltitos en su lugar mientras esperaba que éste terminase de separar ambas porciones. Con una serie de malabares que hicieron a la cría reír, Darren le hizo entrega de su plato, mismo que este comenzó a comer con total entrega sin preocuparse por los pensamientos que habían tenido a Darren tan ensimismado desde el amanecer, reflexiones que no ayudaron estimular su apetito.

Días anteriores alguien en el barrio se había acercado a él para ofrecerle una cantidad generosa de bienes a cambio de viajar a un planeta llamado Titania para entregar un paquete a un cierto grupo de uniformados. Lo había rechazado justo cuando sospechó sobre la ilegalidad de esta actividad pero este individuo le aseguró el viaje se realizaría dentro de un mes, por lo cual estaría encantado de recibirlo si llegase a cambiar de opinión y le había entregado una tarjeta con su presunto número telefónico. Darren no había llamado pero nunca se deshizo de tal tarjeta, por lo que estaba cada vez más tentado a llamar ahora que la economía de Macbeth caía en números rojos, motivo por el que muchos empleos estaban en riesgo, sin mencionar el terrible salario al que los mineros como él estaban expuestos pese a la enorme demanda de recursos planetarios.

Evelyn había conseguido un trabajo extra hace poco después de haber estado cambiando constantemente en busca de algo mejor, pero todo indicaba que su nuevo pago no sería aporte suficiente para la cantidad de deudas que les precedía a los dos; a duras penas reunían lo necesario para cubrir los servicios de la casa que rentaban.

Pero no sólo era eso, Darren no quería que su familia simplemente sobreviviera. Su hijo merecía un mejor futuro, pues con los gastos diarios ni siquiera podían permitirse comprarle muchos juguetes a pesar de ser tan pequeño y Darren quería que tuviera una buena infancia, con una educación mucho mejor cuando hubiese crecido lo suficiente. No quería que pasara lo mismo que él en su juventud, que junto a sus hermanos jamás pudieron permitirse un sólo capricho por el bien de los menores. Por lo menos su primogénito y único cachorro debería disfrutar del privilegio que él perdió antes de tiempo por verse forzado a valerse por sí mismo a una edad temprana. Ni siquiera su esposa debería estar cubriendo horarios tan pesados cuando su salud solía ser engañosa desde el embarazo.

—Papá, ¿por qué no me dijiste que "idiota" es una mala palabra? Evans no dejó de llamarme malhablado, ¡hasta hizo que el señor Turner me regañara!

—Wolf, no deberías repetir todo lo que me escuchas decir, me meterás en problemas con tu madre, ¿sabes?

—Pero, ¿por qué la dices si es mala? ¡Mamá siempre dice que no debemos decirlas!

—Oh, Wolf. —Darren le acarició la cabeza con dulzura, ignorando por completo el tema de conversación que el menor acababa de establecer—. Ven aquí —le dijo capturándolo entre sus brazos para acomodarlo sobre sus piernas y tener un mejor acceso a su calor en un intento de su subconsciente por aferrarse a lo que más le importaba en la vida—. Niño bocón.

—¡Papá! ¡No! ¡Me haces cosquillas! —exclamó la cría cuando sintió a la respiración del adulto entrar por sus orejas, sin mencionar que la forma en que sus largos dedos recorrían su estómago lo hacían sobresaltarse instintivamente. Darren siempre jugaba con él así.

—¡Roar! Es tu castigo por decir malas palabras.

—¡Pero también tú las dices!

—Yo soy adulto, tú no. Crece un metro más y ya veremos.

—¡No se vale!

Entre carcajadas, Wolf luchó por liberarse de la prisión en que su padre lo había capturado con sus brazos, siendo debilitado por la forma en que continuaba haciéndole cosquillas. Inmersos en su juego, ninguno notó que otro minero se acercaba, el cual rápidamente se dirigió a Darren, deteniendo abruptamente el intercambio entre padre e hijo. El lobo en cuestión aseguró lo necesitaban en el sector 13 para algunos ajustes de la maquinaria, así que el O'Donnell no tuvo más opción que decirle a su compañero que iría en un momento, separándose de su hijo de golpe.

—Termina de comer, Wolf. Volveré en un rato.

—Pero todavía tú no haz comido —renegó el cachorro desilusionado—. La comida de mamá se enfriará, a ella no le gusta cuando no terminas tu comida.

—Cuando vuelva comeré, ¿está bien? No te metas en problemas mientras regreso.

—Bueno.

Bastó un impulso para que Darren se levantara del montón de tierra donde habían estado comiendo para alcanzar la posición de su compañero canino con un par de pasos, entonces los dos adultos se retiraron dejando al cachorro un poco triste, pues no era divertido cuando comía en completa soledad. Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que Evans se presentara en la zona, asegurando que su padre también había sido llamado para atender una emergencia, por lo que había decidido que era mejor venir a comer con su amigo lobo ya que esas molestas y frecuentes «emergencias» usualmente se tomaban todo el día.

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Después de todo un día de jugar entre rocas y tierra, las crías fueron llevadas al interior de las oficinas mineras para garabatear en cuadernos mientras se llegaba el horario de salida de sus padres. Darren se apareció antes de tiempo y llamó a su hijo para que se fueran a casa. Cuando el pequeño lobo le preguntó si Evans los acompañaría, el adulto le dijo que su padre estaría ocupado con algunos formularios más tiempo, fue así como emprendieron marcha a las calles de la ciudad, tomando un transporte publico para dirigirse a su hogar en uno de los barrios más humildes de la capital de Macbeth. El viaje era tan tedioso que Wolf terminaba durmiéndose en los brazos de su padre todo el camino hasta que repentinamente despertaba con pijama bajo las cobijas de su cama en su habitación personal. Estirándose graciosamente sobre el mullido colchón se preguntó si mamá habría preparado la cena, así que se levantó todavía adormilado sin siquiera molestarse en calzarse las pantuflas, apenas tuvo la lucidez para distinguir los posters de películas espaciales que tanto le gustaban adornando toda su recámara.

Comenzó a bajar las escaleras cuando escuchó las voces de sus padres, sintiendo que se petrificaba en el último peldaño al distinguir que en realidad estaban discutiendo. La voz de su madre se escuchaba sumamente molesta mientras reprendía a su padre por realizar el tramite de un vehículo sin haberlo consultado con ella primero mientras su padre le alegaba que este figuraba como un gasto necesario para ellos. Con los instintos alerta, Wolf avanzó más sigilosamente, ocultándose entre los muebles con la intención de escuchar mejor y así quizás podría averiguar qué más ocurría.

—Mira, entiendo que estés molesta pero puedes estar tranquila, lo puedo cancelar —decía Darren irritado mientras realizaba un par de movimientos en el celular para posteriormente mirar a la hembra—. Listo, nada de qué preocuparse. Podemos seguir usando el autobús.

—Darren... —agotada física y emocionalmente, la loba trató de ser lo más racional posible después de tan explosiva situación—. Entiendo que quieras facilitarnos las cosas pero ahora mismo no podemos tomarnos la libertad de hacer crecer nuestras deudas.

—A este paso nunca vamos a salir del hoyo.

—Sé que te frustra, para mi también es frustrante pero, ¿qué más podemos hacer?

—Esto no tiene que ser así —renegó Darren frotándose el rostro casi compulsivamente—. Tiene que haber una alternativa. —Y entonces lo recordó, motivo por el que sus ojos se iluminaron de pronto—. Espera, la hay.

—¿Qué?

—Escucha, Evelyn. Me ofrecieron un trabajo a corto plazo, sólo un viaje de ida y vuelta, estoy seguro que será tedioso pero me pagarán bien. Ya me explicaron un poco la movida y no me parece tan complicado. Pero el pago, que es lo importante, podría sacarnos de todas nuestras actuales preocupaciones, incluso con lo que sobre podríamos comprarnos una casa.

—¿Viaje? —Dudosa por lo utópico que percibía la declaración de su marido, Evelyn cuestionó más preocupada que intrigada—. ¿A dónde?

—Bueno... —Darren se rascó la nuca—, ahí está el detalle. A mi y a otros que han sido contratados seríamos llevados a Titania.

Unos segundos el silencio reinó por todo el lugar, consiguiendo que Wolf sintiera difícil la sola tarea de respirar, aunque esto no pareció llamar la atención de sus padres, tan sumergidos como estaban en sus propios pensamientos hasta que la hembra retornó de un hondo abismo de reflexión.

—No.

—Pero, Evelyn...

—No, Darren —le interrumpió perturbada con la conclusión a la que había llegado—. Sería arriesgarte demasiado, así que no, no, bórralo de tu mente.

—Evelyn —insistió Darren un tanto herido.

—Haz visto las noticias, ¿no es cierto? ¿Sobre los planetas más peligrosos del Sistema Lylat? Pues adivina, Titania se encuentra entre los primeros tres, así que no, no, olvídalo. Si me dijeras que te irías a otra ciudad lo entendería un poco pero hablamos de otro planeta, quién sabe a cuántos miles de millones de aquí, y además uno terrible, así que no, yo jamás... no podría aceptarlo —declaró negando frenéticamente con la cabeza.

—No me pasará nada, ¿si? Me gustaría intentarlo, sé que podría ser la solución a nuestras carencias. Quiero que Wolf crezca en un lugar más seguro y que tú no debas preocuparte por hacer más de lo que ya te fuerzas hacer.

—Darren, por favor. —Al ser testigo de las lágrimas que la hembra luchaba por mantener apresadas, el aludido no tuvo más opción que guardar silencio, pues esto sólo indicaba que habían cruzado una línea peligrosa en aquella conversación—. Este trabajo no es nada bueno. Estoy segura de que lo sabes, tú mejor que nadie debes entenderlo. ¿Qué van a hacer? ¿Trabajar honradamente como tú haces todos los días en la mina? Es mucho dinero lo que te ofrecen. ¿No preferirías quedarte aquí y ver crecer a nuestro hijo?

—No me iré por siempre —le aseguró.

—¿Cómo lo sabes? —inquirió y fue una pregunta que azotó contra la consciencia de Darren—. ¿Cómo puedes estar seguro que no acabarás muerto en manos de algún loco? Darren, por favor, podemos salir de esto juntos, ¿si? —Acercándose hasta invadir su espacio en un abrazo, Evelyn hizo su mayor esfuerzo por hacer entrar en razón a su marido mientras trataba de anestesiar sus peores terrores que abordaban su cabeza como plagas en esos instantes. Ni siquiera habían profundizado en el asunto pero la hembra estaba aterrada con el simple pensamiento de perder a su esposo en su búsqueda por la estabilidad monetaria, lo conocía lo suficiente para suponer lo peor de su natural impulsividad—. Hemos resistido hasta ahora, estoy segura que podremos seguir hacia adelante. Por favor, si quieres no lo hagas por mi, hazlo por nuestro hijo. Quédate.

Wolf que observaba la escena sin comprender muy bien qué sucedía o los sentimientos que estaba arrastrando el dilema por el que sus padres surcaban, decidió salir a la vista frotándose un poco el ojo izquierdo debido a la picazón que le causó el polvo de su escondite. Al notarlo, los dos lobos no dudaron separarse al instante, sorprendidos de no haberse percatado del sonido de sus pasos.

—Tengo hambre —confesó ante las miradas estupefactas de sus progenitores. La hembra se rió nerviosamente mientras se tomaba la punta de la oreja.

—Lo siento, Wolfy. No hice la cena. Pero te compensaré preparándote lo que tú quieras, déjame ver qué tengo por aquí. —Revisando el refrigerador la loba se dio cuenta que casi estaba vacío, pues no había comprado nada de regreso y de eso Darren se dio cuenta.

—Olvida eso, ¿qué te parece si hoy pedimos de comer, Wolf?

—¡Si! —exclamó el cachorro antes de que su padre lo levantara del suelo para acomodarlo en el brazo, Evelyn lo miró con reproche.

—Tranquila, tengo un poco de dinero extra ahorrado, ¿si?

Negando con la cabeza, permitió que Darren le preguntara al pequeño canino qué le gustaría cenar, respuesta que llegó sin ninguna dificultad, así que el lobo no perdió el tiempo en realizar aquella llamada a un local de comida familiar bien conocido en el barrio con servicio a domicilio. Tomaron sus ordenes y en poco tiempo ya tenían sus alimentos en la puerta de su hogar. Cenaron sin contratiempos mientras veían un programa al azar y cuando se llegó el momento, Darren se encargó de llevar al pequeño cachorro acostar de nuevo, quien accedió a regañadientes sin importar las veces que estuvo cabeceando de sueño. Una vez en la habitación, Wolf atrapó su padre mirando fijamente a través de la ventana directo hacia las estrellas mientras lo arropaba sobre el colchón, pensamientos secretos dominándolo.

—Papá...

—¿Si?

—¿Vas a irte? —La sorpresiva interrogante sorprendió a Darren de sobremanera, motivo por el que no pudo evitar mirar a su pequeño con los ojos bien abiertos—. El papá de un amigo de Evans se fue y jamás volvió, Evans dijo que los abandonó porque estaba cansado de ellos. Si tú te vas, ¿nos abandonarás también?

—¿Qué? No, no, Wolf. Yo no haré eso.

—Mamá parecía pensar que sí.

—Mamá siempre se preocupa demasiado. Ya sabes, como cuando te dijo ibas a enfermarte por comer helado o caminar descalzo durante la noche.

—Pero...

—Mira, Wolf. A veces los adultos hacemos cosas porque queremos lo mejor para nuestros seres queridos y eso muchas veces conlleva estar lejos por mucho tiempo.

—¿Por qué? —inquirió ladeando la cabeza sobre la almohada sin comprender. Darren tuvo problemas para explicarse también.

— …Es complicado. Aún si yo terminara tomando la decisión de marcharme, eso no significa que voy abandonarlos, después de todo tú y tu mamá son mis tesoros, lo mejor que pudo pasarme en la vida. Es por eso que quiero que tengan una mejor vida. Sólo piensa, si tomo este trabajo podría comprarte esa nave a control remoto que tanto quieres.

—¿De verdad? —Los ojos de Wolf brillaron con anhelo.

—Por supuesto. Pero de eso ya me encargo yo más adelante, por ahora tú debes dormir y portarte bien lo mejor que puedas, nada de meterte en problemas y nada de desobedecer a tu mamá, ¿entendido? —El cachorro asintió efusivamente con una sonrisa y se giró para acomodarse sobre la cama, ignorante de la expresión entristecida que se apoderó del rostro de Darren mientras acariciaba la cabeza de su cría con ternura—. Descansa, Wolf. Te prometo que volveré a tu lado lo más pronto que pueda.

Y se puso de pie para admirarlo unos momentos más antes de girarse hacia la puerta, donde permaneció un par de minutos extra antes de continuar su camino mientras el cachorro era arrastrado al país de los sueños. Wolf soñó con nubes y estrellas toda la noche, aviones a control remoto surcando el cielo, sin imaginarse que esa sería la última vez que vería a su padre. Al día siguiente no había tardado en encontrar a su madre sumergida en el llanto en mitad de la sala, la cual siquiera percatarse de su presencia, no dudó atraerlo para rodearlo con sus brazos lo más delicadamente que le fue posible en su estado mientras repetía lo mucho que lo amaba; que se esforzaría por ambos. Y aunque Wolf trató de tranquilizarla diciendole que su papá le había prometido que volvería pronto, Evelyn no le ofreció ninguna respuesta a sus infantes consuelos, devastada con la triste nota que había encontrado en la mesa y que ahora yacía rota en pedazos dentro de la papelera.