Había sido una mañana de mierda desde que el sonido de la primera alarma del día la despertó de un sobresalto haciendo el ruido de cientos de celdas abriendo al unísono estrepitoso a más no poder. El dolor adicional en sus extremidades y hombros entumecidos, el caer mal al bajar de la litera y romper su blusa al atorarse en la puerta de su celda, se sumaron para hacerla sentir mucho peor esa mañana en específico. Pero aún faltaba la cereza del pastel.
No podía recordar porque había sido el conflicto. ¿Se metieron a la fila? ¿La habían insultado? ¿Le dieron un codazo en su abdomen malherido? Ya no lo tenía claro, lo único que recordaba era el rostro rojo de la chica al ahorcarla con su hilo. La pobre tuvo la suerte de meterse con Jolyne en el peor momento.
A la riña se unieron más reclusas que observaron el espectáculo o estaban en la fila para desayunar mientras F.F. , sin ser capaz de alcanzarla en ese mar de gente, le gritaba a lo lejos que se detuviera. Había funcionado pues desactivó su poder al escuchar su voz y entender que estaba a punto de asesinar a la chica. Iba a correr hacia Foo cuando sintió que la golpearon en la cabeza con una charola para comida.
Caer al suelo fue un nuevo tipo de pesadilla pues cada intento fallido por levantarse venía acompañado de pisotones empeorando el dolor de sus heridas. La histeria se apoderó de las mujeres del recinto y la alarma sonó emitiendo un resplandor rojo, pronto vendrían los guardias. Como pudo se arrastró por el piso soportando que pasaran sobre ella como si fuera un tapete hasta que finalmente salió de esa zona de guerra.
Ahora corría por los pasillos esperando no encontrarse con algún guardia o recluso que pudiera deducir que formó parte del tumulto en el comedor. Sus pasos la llevaron hasta un lugar alejado y solitario. Había una hilera de asientos contra una de las paredes, se dejó caer en una de las sillas al sentir que era seguro; colocó sus codos sobre las rodillas, sosteniendo y ocultando su rostro al no apartar la mirada del suelo.
Respiraba agitadamente maldiciendo lo que acababa de ocurrir. Estaba hecha un manojo de nervios, estaba furiosa, quería gritar a todo pulmón, quería golpear algo, quería llorar sin parar, quería…
—¿Jolyne? —Alzó la vista al escuchar su nombre. Hermes la observaba confundida—. ¿Qué haces aquí? ¿Está todo bien?
—Eh, sí. Todo está bien —Limpió los primeros indicios de lágrimas con su mano antes de verla directo de nuevo.
—¿En serio? A mí no me lo parece.
—Es en serio —contestó agresiva—. Estoy…
Un grupo de guardias pasó corriendo por el pasillo en dirección al comedor, cargaban porras y seguro más que eso. Hermes notó como Jolyne se encogió en el asiento volteando para que no vieran su rostro. Cuando los pasos se oyeron distantes la tomó por la muñeca.
—Ven, sígueme —le ordenó. Sin soltarla, manteniendo un paso que no levantara sospechas, la guió hasta el baño de mujeres. La soltó para inspeccionar que estuvieran solas.
—Muy bien, Jolyne, dime qué sucede —La chica no habló permaneciendo con la mirada baja—. Escuché a los guardias hablar sobre una revuelta en el comedor ¿Tuviste algo que ver con eso?
Su silencio fue la respuesta.
—¡Qué demonios! ¿Acaso quieres prolongar tú estadía en el acuario? ¿Quieres pudrirte aquí, es eso?
—¡Por supuesto que no!
—Entonces ¿qué sucede?
Frente a ella la máscara de furia de Jolyne se agrietó un poco pasados unos minutos. Hermes la observó fijo mientras se colocaba frente a uno de los lavamanos; nunca vió su reflejo. Cada mano se aferraba a un extremo de la pieza de cerámica gris.
—Ayer hablé con la fundación Speedwagon —Abrió el grifo dejando correr el agua—. Parece ser que mi papá no despertó.
Jolyne explicó con detalle el informe que le dieron los médicos de la fundación y el hecho que un disco no bastaría para traer de vuelta a su padre. De ahí habló de los eventos desafortunados que fueron detonantes para lo ocurrido en el comedor. Sin entender bien, Hermes pidió que le explicara qué tenía que ver una cosa con la otra, a lo que ella respondió que se trataba de su encuentro con Whitesnake.
—De no haberme dejado engañar por aquel hombre en el patio o haber resistido un poco más, seguro lo hubiera alcanzado con mi hilo —Su voz se quebró después de tocar las vendas en su abdomen—, Pero fui débil e ingenua. Perdí tiempo que no sabía era vital para ayudar a mi papá hasta que salí del ala médica; y ahora que estoy mejor, sigo sin tener ni puta idea de quién es o dónde podría estar Whitesnake.
Cada una de esas palabras iba cargada de frustración y enojo. Aquellos pensamientos nublaron tanto su mente que perdió los estribos cuando el mundo parecía estar dándole el dedo medio apenas despertó. Las lágrimas corrieron por las mejillas de la chica inclinada sobre el lavabo. Mojó su rostro mordiéndose el labio; la habían visto llorar, pero no sé permitiría que la escucharan sollozar.
—Oye, está bien —habló Hermes—. Sé que estás molesta, aún así, no deberías ser tan dura contigo misma.
—¿Cómo no voy a serlo? —Cerró el grifo y volteó a verla—. ¿Qué no escuchaste lo que te acabo de decir?
—Sí, también escuché que te dispararon y estuviste varios minutos bajo una lluvia de ranas venenosas, eso es bastante jodido, claro que necesitabas tiempo para recuperarte. Y a pesar de todo lograste entregar el disco —Jolyne tenía la clara intención de renegar, la detuvo extendiendo su mano—. Entiendo que el disco no haya sido suficiente para despertar a tú papá, pero ayudaste a atrasar que sucediera algo peor Es lo que te dijeron los doctores de la fundación, ¿cierto?
—Sí, pero… —Soltó un suspiro de manera cansada—. No sé qué hacer ahora.
—Bueno, ya me has dicho que sucede. Quizá pueda echarte una mano.
Las imágenes de aquella apuesta con Miraschon volvieron a su mente. Consiguieron la victoria no sin antes que Hermes perdiera su hígado por unos minutos. También estaba el pobre de Weather Report, quien terminó en el ala médica por ayudarla a llegar al patio.
—No quiero que alguien más salga lastimado por mi culpa —confesó.
—Te creo. Igual necesito que entiendas que F.F. dijo que quería protegerte y yo no tengo problema en ayudarte.
—¿Por qué lo hacen? —Era una pregunta genuina. No es que dudara de lo que decía su amiga, pero no tenía sentido que personas como Hermes, Foo y Weather arriesgaran tanto por ella.
—¿Estás bromeando? Perdonaste y salvaste a F.F a pesar que estuviera de lado de Whitesnake y yo veo que haces esto por tu papá, es algo que puedo respetar. Además, ya te lo había dicho… —Se acercó a ella colocando una mano sobre su hombro—. Eres una persona interesante, Jolyne Kujo. No solo eres ocurrente y una buena chica, también eres valiente, leal y determinada, por eso queremos ayudarte. Nadie nos está obligando.
Jolyne se quedó sin habla. No podía replicar o cualquier intento por desmeritar esas palabras, no después de que Hermes se mostrara y hablara de manera tan sincera y cálida. En ese momento lo único que se le ocurrió fue lanzarse a los brazos de su amiga. Sintiéndose segura cuando le devolvieron el abrazo, dejó que sus preocupaciones y estrés se fueran en cada lágrima.
—¿Te encuentras mejor? —preguntó luego de oír que los sollozos cesaron y se separaba de ella.
—Sí. Gracias —Limpió sus ojos con el dorso de su mano—. Aunque, siendo honesta, el golpe me sigue doliendo.
—¿De verdad? Déjame ver. —Jolyne señaló la zona adolorida en su cabeza—. Mmm, no hay sangre. Creo que puedo ayudarte con eso.
—Je, ¿ahora también sabes curar a la gente?
—Puede que no lo creas, pero tengo algunos trucos. Observa. —Que hubiera contacto físico entre ellas no era extraño, sin embargo, que le acariciara la cabeza suavemente en pequeños círculos era nuevo—. Sana, sana, colita de rana. Si no sana hoy, sanará mañana.
—¿Qué demonios fue eso? —preguntó sin malicia y sonriendo. Puede que no entendiera el español, pero sin duda sonó divertido y agradable bajo su tacto.
—Es un pequeño truco para hacer sentir mejor a alguien cuando se lastima —explicó al alejarse—. Dime ¿Funcionó?
—Bueno, funcionó para despeinarme, eso sin duda. —Su sonrisa mostraba que ahora estaba de humor para bromear—. El golpe todavía me duele.
—Quizá sea porque me faltó hacer un paso ¿Me dejarías intentarlo de nuevo?
—Claro. Adelante.
Hermes se volvió a acercar repitiendo la misma acción reconfortante al ritmo de aquella rima. Hubo una pausa. Jolyne estaba por declarar otro fracaso cuando sintió como la chica le daba un pequeño beso en la zona del golpe.
¿Qué estaba pasando? ¿Por qué había hecho eso? y, más importante ¿Por qué se había sentido tan bien?. Su mente quedó en blanco tratando de asimilar todo lo que sentía. Observó a Hermes alejarse poco a poco dándole espacio.
—Y… Listo —anunció después de acomodar su fleco rubio—. Peinada y curada. O eso creo. Dime, ¿funcionó esta vez?
Jolyne seguía atónita, de pronto tenía la sensación de ser más pequeña ante esos intensos pero amables ojos violeta. ¿Acaso Gwess estaría haciéndole una broma? o quizá un nuevo usuario de stand fuera el causante de estos extraños sentimientos. ¿Era eso posible?
—...ah, S-sí, creo que sí —Se giró rápido hacia el lavabo dejando correr el agua de nuevo. Sus mejillas ardían.
—Te dije que tenía mis maneras.
—Bueno, ahora te creo —habló al refrescar su rostro. Debía distraerse con otra cosa o su intento por esconder su rubor sería inútil—. ¿Dónde lo aprendiste?
Un rastro de melancolía en el rostro de Hermes pasó desapercibido por Jolyne quien lidiaba con su propio conflicto interno. El agua corriendo y salpicando se escuchó claro por unos segundos en el baño.
—Me lo enseñó una buena persona.
—Debe ser bastante genial como para enseñarte un truco tan efectivo.
Casi en un murmullo respondió—: Sí. Lo es.
—En fin… —Cerró el grifo y secó su rostro con el final de su chaqueta. Debía aparentar calma absoluta antes de verla de nuevo a los ojos—. Gracias por todo, Doctora Hermes.
—Je, ¿Doctora? ¿Solo por eso? Debes sentirte mucho mejor como para estar diciendo tonterías.
—Oh, vamos. Creí que se trataba de ponerme de buen humor.
—Sí, pero no abuses. —Ambas no evitaron sonreir otro poco—. ¿Lista?
Jolyne asintió luego de ver su reflejo, sin indicios de llanto o de sonrojo, y salieron de nuevo al pasillo caminando hombro con hombro como si nada hubiera pasado.
—Por cierto, crees que puedas decirme que significa eso. Me gustaría saber si no me estás llamando perra estúpida en otro idioma.
—Oh, yo nunca haría eso. Si voy a llamarte perra estúpida me aseguraré que lo entiendas.
—Ouch, pero te lo agradezco.
—No hay de que. Además, no es algo por lo que debas preocuparte. Es bastante tonto de hecho, conociéndote seguro te hará reír.
—No puedo esperar. Vamos a darnos prisa, creo que aún podemos conseguir algo para desayunar. Apuesto que a F.F. le encantará escucharlo también. ¡Mierda! Huí sin avisarle, debe estar muy preocu… ¿Hermes?
Su amiga se había quedado un par de metros atrás. La vista la tenía fija hacia otro de los corredores.
—¿Sucede algo?
—No, no es nada. —respondió rápido al verla acercarse—. Solo que recordé que iba a la sala de recreación para verme con una chica que me debe dinero.
—Oh, lo siento, fue mi culpa que te distrajeras. Si quieres te acompaño y…
—No hace falta, Jolyne, en serio. —la interrumpió—. Tú ve a comer y encuentra a F.F. Nos vemos luego en la habitación de Emporio, de acuerdo.
—Eh, sí tú lo dices. Y ya sabes, si no te quiere pagar, rompele la cara —bromeó dándole un ligero empujón con el hombro. Cosa de la que se arrepintió apenas lo hizo pues Hermes se le quedó viendo por un instante. Su corazón sintió otra oleada de esa sensación electrizante cuando esta le sonrió y le devolvió el gesto.
—Sabes bien que lo haré —Y con eso comenzó a alejarse por el pasillo, no sin antes detenerse un momento para decirle—: No olvides lo que platicamos y trata de no meterte en problemas ¿De acuerdo?
Jolyne asintió y Hermes continuó caminando hasta desaparecer por otro de los pasillos. A solas, exhaló tan fuerte como pudo, no sabía que estaba sosteniendo la respiración todo ese tiempo y continuó en dirección al comedor. La conversación en el baño se reproducía una y otra vez en su mente, pero no podía evitar pensar de más sobre aquel "truco de sanación", las emociones durante y después de y su torpe habilidad para esconder sus nervios en el humor. Se maldijo por todo esos momentos de vergüenza ajena, hasta que se dió cuenta que la tensión en sus hombros había desaparecido junto con esa sensación de ser una bomba de tiempo a punto de explotar.
Claro, todavía estaba la preocupación por Whitesnake, pero de nada le serviría perder la cabeza de nuevo por ello, a menos que quisiera terminar en una celda de castigo. Tocó con cuidado las vendas en su abdomen, esta vez haría bien las cosas.
El comedor estaba tranquilo con la gente comiendo como si la conmoción nunca hubiera ocurrido; F.F. corrió a su lado apenas la vió. Se disculpó por su desaparición y cuando finalmente se pudo sentar a comer su desayuno, le explicó todo lo que sucedía recordando su conversación con Hermes para no titubear y echarse atrás. Como era de esperar, F.F. ofreció su ayuda sin pensarlo dos veces y no solo eso, al parecer tenía la habilidad de curar. Jolyne alzó su vendaje un poco para que Foo pudiera llenar sus heridas con plankton. Seguían doliendo, pero era una clara mejora; ya no tendría que cubrir su abdomen.
Esto fue prueba suficiente que lo dicho en el baño no habían sido meras mentiras o palabras vacías de consuelo. Se sentía bien. Quizá hacer su orgullo a un lado y confiar en los demás no fuera tan mala idea. Después de todo, no le molestaría recibir ayuda u otro de esos besos sanadores.
