Capítulo 1.
La luz lleno el cielo, cientos de ojos se dirigieron al mismo con diferentes emociones, abriéndose camino entre las nubes del cielo nocturno se encontraba una esfera llameante de color naranja con un brillo comparable a un sol en miniatura, acercándose a una velocidad tal que, en cuestión de segundos, desapareció, y la noche volvió a la penumbra habitual a la que sus habitantes estaban acostumbrados.
Los pocos que pudieron seguir todo el proceso notaron un destello de luz blanca y dorada aparecer escasos instantes antes de que el objeto se perdiera dentro de un bosque cercano, su brillo cegador ahora inexistente entre el follaje del lugar, sin dejar ni un solo rastro de su previa existencia.
Pasados unos pocos minutos, todos los que presenciaron aquel echo retomaron sus rutinas como si nada hubiera sucedido, o casi todos, ya que un ser cubierto en pelaje celeste con líneas azules y ojos rojos todavía miraba el cielo con una mirada ilegible, una de sus garras rascando insistentemente la parte posterior de su cuello.
Cuando el sol retomo su puesto en el cielo como el portador de la luz, uno de sus rayos dorados ilumino un claro dentro del frondoso bosque debajo suyo, en el cual se encontraba, recostado sobre su espalda, un chico no muy mayor con sus ojos cerrados, portando harapos por ropa, los cuales apenas cubrían su modestia, lo que en algún momento pudieron ser pantalones blancos y una camisa amarilla ahora no eran más que girones aferrándose entre sí por meros hilos. El cabello castaño sucio adornaba su cabeza, aunque la tierra de los alrededores cubría todo su cuerpo, dejándolo en un estado deplorable al combinarse con su pobre vestimenta.
Pasado algún tiempo, el chico comenzó a mostrar señales de vida, primero fue un leve espasmo, seguido de movimientos erráticos en sus extremidades, volviéndose rápidamente salvajes arrebatos los cuales culminaron cuando los parpados se separaron, dejando que el mundo viera las orbes carmesí que fungían como ojos del chico, clamando su vida al mundo al soltar un poderoso grito que resonó por los alrededores durante algunos segundos antes de desvanecerse cuando el aire abandono completamente los pulmones del muchacho, quedando completamente agotado, y jadeando en el suelo, aunque ahora consiente, con sus ojos clavados en el cielo azul.
Para cuando su respiración se calmó escucho el sonido de hojas moviéndose a su alrededor que llamaron su atención, lentamente, movió su cabeza hacia la izquierda, sintiendo algunas rocas rascando la piel de su rostro. Asomándose por un arbusto se encontró con un par de ojos negros muy grandes y brillantes, aunque no podía distinguir completamente la figura de lo que lo estaba viendo por el pequeño tamaño del arbusto no podía ser más grande que un perro. Sus miradas se encontraron, ambas con curiosidad por el otro, quien dio el primer paso fue el ser de ojos negro, o mejor dicho salto, ya que un segundo después una esfera blanca con un cuerno y alas doradas comenzó a moverse hacia él, también tenía una boca, que junto a sus ojos redondos le daban un aspecto adorable.
El extraño ser se detuvo justo al lado de su cabeza, con una sonrisa perpetua que transmitía inocencia como ninguna otra, el joven no pudo encontrar en sí mismo estar confundido o asustado por la criatura, esta simplemente tenía un aura tranquilizante que adormecía el dolor que sentía en todo su cuerpo, quizás el polvo que emanaba de sus alas tenía algo que ver, no le importaba, la primera sensación que había sentido ese día había sido un dolor inmenso, y cualquier salida era buena en esos momentos.
—¿Eres un Digimon?— el mini ángel redondo pregunto con una voz infantil acorde a su aspecto, sin sorprender al chico debido a su estado de calma inducido.
—Uh... creo que no.— la respuesta rasposa de una voz sin utilizar hizo que el ángel inclinara su cabeza, o cuerpo, en cuestionamiento, esperando una continuación de la respuesta, o eso pensó.— Soy un...— trato de buscar la palabra correcta, no recordaba muchas cosas ahora que lo pensaba, ¿cómo había llegado a un bosque en primer lugar? Eran preguntas para después, ahora tenía un ser desconocido esperando por una respuesta, y no tenía algo especialmente urgente que hacer en el momento, así que bien podría complacerlo.— Soy un humano.— finalmente completo su frase, expectante por una respuesta, pero cuando no recibió una hizo una propia.—¿Qué eres?—
—Soy un Digimon, me llamo Puttimon ¿Y tú?— fue una respuesta casi instantánea, seguida de otra pregunta que lo mando a un bucle, no podía recordar su nombre, además, ¿Que era un Digimon? La palabra sonaba familiar en su mente, pero no podía ponerle el dedo encima.
—No recuerdo mi nombre.— decidió ser honesto ya que Puttimon también lo había sido hasta el momento.
—¿Puedo ponerte uno?— la pregunta tomo algo desprevenido al chico, no creía que fuera normal nombrar a alguien sin conocerlo previamente, pero, no conocía nada de estos Digimon así que no tenía un estándar real.
—¿Te refieras a un apodo?— cuando Puttimon se movió hacia delante y hacia atrás supuso que asintió.
—Si no recuerdas tu nombre entonces no sabre como llamarte, pero si te doy un nombre tú también podrás llamarme por el mío.— la lógica era infantil, no era necesario, pero todavía se sentía algo bien.
—Bien.— asintió lentamente para no dañar su rostro con las rocas del suelo, haciendo que el Digimon alado cerrara sus grandes ojos en lo que supuso era una pose de pensamiento, pasados unos pocos segundos Puttimon abrió sus ojos y grito un nombre, su nuevo nombre al parecer.
—¡Luzbel!— el digimon parecía y sonaba orgulloso cuando tomo aire, aparentando sacar el pecho como lo había un humano, para el sonaba bien, el nombre se deslizaba con facilidad así que decidió aceptarlo.
—Bien, Puttimon, puedes llamarme Luzbel.— con un poco de dificultades levanto una de sus manos, y acaricio la parte superior de la cabeza del Digimon, aplastando su cuerno, aunque sin aparentemente herirlo, se sentía suave al tacto y maleable.
Puttimon ronroneo como un gato ante el tacto y se acercó a la palma del chico buscando un mayor contacto, cuando que la mano sobre su cabeza dejaba de moverse miro hacia arriba, notando como su nuevo amigo jadeaba levemente y dejaba salir algunas toses secas. Sin decir una palabra ya que se encontraba agotado, Luzbel vio como el Digimon angelical se alejaba dando saltos hasta perderse entre los arbustos. Durante varios minutos simplemente se quedó mirando a la nada, no tenía la fuerza para siguiera mover la cabeza, no sabía que le había pasado antes de llegar a ese lugar, pero vaya que había dejado su cuerpo echo un desastre sin energía, ahora con la ausencia de Puttimon podía sentir nuevamente algo del dolor que lo aquejaba, aunque mucho menor que cuando despertó, le sorprendió que solo Puttimon se hubiera acercado con el gran ruido que había hecho.
Cuando sintió un leve temblor, seguido de un rugido atronador se sintió aliviado de que solo Puttimon se hubiera acercado a él. Fue en un ataque de tos debido a la resequedad de su garganta cuando vio al digimon ángel acercarse, aunque ahora con varias burbujas a su alrededor llenas de lo que podía identificar como agua. Realmente era su ángel guardián, habría matado por algo de beber para calmar su sed.
—Perdón por la tardanza, mis burbujas aun no son muy fuertes así que si hago movimientos bruscos se rompen.— la vergüenza era obvia en la voz del pequeño ante su limitada capacidad de ayudar, pero una sonrisa del chico hizo que rebotara de emoción.— ¡Aquí aquí! Solo abre la boca, aunque puede saber algo acido.— sin un movimiento físico, una de las burbujas voló cerca de los labios del chico, que aceptando el regalo separo sus labios, haciendo que la esfera se acercara un poco más, permitiéndole succionar la esfera junto al agua dentro.
Puttimon tenía razón, el sabor era algo agrio, pero no le podía importar menos, succiono la primera esfera en un minuto, recuperando algo de sus fuerzas, permitiéndole tomar el resto más rápido, sintiendo como el dolor se iba mientras que la movilidad regresaba a sus extremidades, luego de tomar todas las esferas de agua finalmente pudo sentarse con una de sus manos detrás suyo para evitar que se cayera, la otra quitando algo de la suciedad de su rostro junto a las piedras que se habían logrado clavar en su piel, el Digimon espero pacientemente con una sonrisa a que el humano se recuperara por completo, sus ojos negros llenos de curiosidad aún latente por la situación que se había presentado.
—¿Entonces, Puttimon, sabes dónde estamos o que es este lugar?— necesitaba información con algo de sus fuerzas recuperadas creía poder caminar, quizás encontraría un lugar donde resguardarse durante la noche o encontrar más humanos para entender mejor su situación.
—Estamos en un bosque del Digimundo.— la respuesta solo lo confundió aún más, el nombre no le resultaba familiar, también estaba esa palabra que ya se había repetido dos veces, "Digi", Digimon, Digimundo...
—¿Qué es un Digimon?— saltó a su siguiente pregunta esperando comprender mejor la situación con un contexto mayor a solo unos vistazos, aunque por lo que había visto dudaba que se encontrara en algún lugar conocido por el hombre, que supiera no existían criaturas como Puttimon.
—Somos los habitantes del Digimundo.— aunque no fue una respuesta esclarecedora aún premió al Digimon con una palmada en la cabeza para que no se sintiera mal.
Tenía que encontrar respuestas, no solo a donde se encontraba, sino también a que le había pasado y porque se encontraba ahí en primer lugar, con un solo vistazo a sus ropas podía entender que su llegada no fue una tranquila, su ropa estaba rasgada hasta ser casi irreconocible, su memoria era inexistente, no recordaba una sola cosa antes de despertar ahí, pero si recordaba conocimiento básico, sufría de algún tipo de amnesia que no le dejaba recordar algo de su vida antes de ese momento, era extraño.
Sus cavilaciones se detuvieron cuando volvió a sentir un temblor como antes, esta vez más fuerte, seguido de un rugido tan poderoso que tuvo que tapar sus oídos para amortiguar algo del ruido, una vez sintió que se había detenido le dio una mirada al pequeño ángel que seguía con una mirada despreocupada e inocente. Dando un suspiro lento utilizó su fuerza recuperada para levantarse, aunque se tambaleo unos segundos, pudo mantenerse en pie.
—Eso no suena bien, ¿Qué te parece si vamos a otro lugar?— le extendió la mano al Digimon, aunque un instante después se dio cuenta de lo estúpido que era ya que este no contaba con extremidades, así que simplemente tomo su cuerpo esponjoso entre sus brazos y comenzó a cargarlo.
Puttimon no se resistió en absoluto. Pese a su tamaño relativamente grande su peso era muy ligero, incluso se tomó unas libertades mientras caminaba entre los árboles, arrojando y atrapando al Digimon como una pelota, recibiendo risitas del ser. Incluso después de unos minutos de caminata el lugar no cambio, el bosque parecía extenderse más allá del límite de su vista, pero se estaba alejando del origen de los temblores y rugidos, así que era un punto positivo. Mato algo del tiempo jugando con su compañero de viaje, acariciándolo, lanzándolo y hablando.
—¿Estas solo?—
—Si.—
—¿Hay más Digimon como tú?—
—Hay muchos tipos de Digimon.—
—¿Conoces alguno en especifico?
—Soy un Digimon angelical.—
—¿Sabes cuantos tipos de Digimon hay?—
—No puedo contar tanto.—
—¿Puedes volar?—
—Si.—
Aunque no fue una sesión muy informativa todavía consiguió algo, aparentemente este ecosistema conocido como mundo digital tenía una gran cantidad de seres viviendo en él, por lo que había dicho Puttimon, que no podía contar tantas, asumió que serían varios cientos si no es que más, ya que un niño pequeño no podría contar tan alto. Otro punto que llamo su atención era que alguien había dejado a lo que claramente era un bebe, o un niño sin cuidado alguno en medio de la nada, si bien tenía algo de conocimientos no parecía alguien que pudiera sobrevivir en la intemperie por mucho tiempo, si bien podía conseguir agua la comida seria otro asunto, y por lo que había notado no había mucho de nada además de bayas, no se habían cruzado con nada aparte de ellos mismos.
Camino dentro de un arbusto, y luego de dar un paso en falso sintió como su pie no tocaba el suelo, la gravedad tomaba control de su cuerpo, casi cayendo de no ser gracias a Puttimon que comenzó a agitar sus alas rápidamente, empujándolo dentro del arbusto en suelo seguro.
—Gracias.— una caricia de agradecimiento más tarde, se encontró mirando con curiosidad y fascinación por el borde del arbusto, que ahora se daba cuenta daba a la horilla de un acantilado, viendo cómo, a unos cuantos metros dentro de una grieta bastante grande se encontraba un campamento de seres parecidos a Goblins, con pieles verdes, garrotes de madera y las ropas típicas de los seres mitológicos. Ahora era oficial, no creía encontrarse en su mundo, Puttimon ya era de por si un ser extraño con habilidades aún más raras, pero ver pequeños hombres verdes era simplemente imposible de dejar pasar.
—Esos son Goburimon, les gusta estar en grupos.— la voz de su compañero hizo que lo mirara con una ceja levantada, aparentemente conocía sobre esos seres, que asumiría eran Digimon, realmente no mentía cuando dijo que había diferentes tipos de Digimon, eran completamente diferentes del adorable ángel que tenía entre manos.
Conto la mayor cantidad que pudo, aunque estaba seguro que confundió dos veces al mismo Goburimon que seguía golpeando su mazo contra el suelo con cada paso que daba, pero pudo estimar que alrededor de 20 de los hombres verdes habitaban el lugar. Era una cantidad asombrosa, además de que se veían poderosos, algunos se arrojaban piedras del tamaño de cuerpos entre sí y las destruían en el aire con sus mazas de madera, incluso vio como uno creaba fuego de la nada, eso definitivamente estaba fuera de su alcance, por lo que comenzó a retroceder con cuidado devuelta al bosque seguro.
—Okey, solo volvamos por donde vinimos Puttimon y olvidemos esto.— al mencionar el nombre del Digimon sintió un estremecimiento proveniente del ángel en sus brazos, con una mirada cautelosa, sus orbes carmesí vieron directamente a las negras de la pequeña esfera blanca que, por alguna razón, comenzó a desprender un brillo cada vez más fuerte.
—Creo que voy a evolucionar.— no sabía el motivo, pero esas palabras hicieron que, sin importarle el sigilo, saltara hacia atrás sujetando fuertemente al Digimon entre sus manos, justo a tiempo para evitar el impacto de varias bolas de fuego en su ubicación anterior.
Para su mala suerte, el impacto fue tan poderoso que la tierra alrededor de la grieta comenzó a desprenderse, y si bien no había sido golpeado directamente por el ataque, el aturdimiento de la onda expansiva le impidió alejarse, haciendo que cayera, su mirada fija en los Goburimon que tenían esferas llameantes en sus manos, los garrotes listos para un nuevo lanzamiento. Cerro sus ojos y espero lo mejor, entre los dos destinos, morir en una caída parecía mejor a la calcinación, se arrepentía de no haber soltado a Puttimon, quizás podría haberlo salvado en lugar de sufrir su mismo destino.
—Te tengo.— junto a las palabras, sintió como un par de extremidades se aferraban alrededor de su torso como un abrazó, para segundos después sentir la ingravidez junto al viento golpeando su rostro, además de un sentimiento cálido debajo de sus pies junto a explosiones en la lejanía.— ¿Estas bien Luzbel?— la voz resultaba familiar, contenía la misma inocencia que había escuchado segundos antes del ataque en llamas, pero no exactamente igual, las últimas palabras de Puttimon fueron a su mente en ese momento.
Para comprobar su pensamiento abrió sus ojos, frente suyo, ya no se encontraba una esfera redonda con alas en la cabeza, ahora, a Puttimon le había crecido un cuerpo más humanoide, su cuerpo anterior ahora se había vuelto una cabeza propiamente dicha, las alas doradas ahora se encontraban en su espalda, podía notar una cola puntiaguda en su espalda baja, pero el cambio que más llamo su atención fueron sus ojos, dejaron de ser negros a un par de orbes dorados con tres círculos negros alrededor de sus cuencas redondas. Había dicho que evolucionaria, y no había decepcionado, había crecido un cuerpo completo en solo segundos, los Digimon eran realmente seres sorprendentes.
Cuando noto que los Goburimon se preparaban para un nuevo ataque entro en pánico.— ¡Vámonos Puttimon!— no pudo controlar su tono de voz, ahora con una escapatoria la muerte no se veía como un gran destino.
—Me llamo Cupimon.— pese a su desesperación creciente sea tomo un segundo para darle una mirada de ¿en serio? Antes de simplemente rodar con ello.
—Bien Cupimon, ¡Vuela!— sin cuestionar un segundo, el Digimon aleteo sus alas, rápidamente, impulsándolos fuera del alcance de otra descarga de fuego y comenzaron a volar en una dirección aleatoria por encima de las copas de los árboles.
Los Goburimon siguieron tratando de golpearlos, pero rápidamente los perdieron de vista, causando que se detuvieran y miraran entre ellos confundidos. Confusión que se volvió miedo cuando un estruendo se escuchó desde la tienda principal, que pronto fue destruida por un Goburimon que atravesó un costado, en su pecho se encontraba una herida cortante que desprendía ceros y unos al aire.
—¡¿Qué quieres decir con que dejaste escapar a alguien?!— una voz estridente se escuchó desde el interior de la nube de polvo resultante del ataque, causando más miedo en los Digimon.
—E-Ellos podían volar, no pudimos hacer nada.— el Goburimon herido respondió con las pocas fuerzas que le quedaban, pero su respuesta aparentemente no fue del agrado de su atacante, ya que un segundo después la nube de humo fue partida por un objeto volador que partió verticalmente al Digimon, desprendiendo una nube de datos que volaron directamente al responsable de su muerte.
Caminando pesadamente hacia delante, un ser similar a los Goburimon, pero más grande y aterrador, sus extremidades estaban envueltas en vendajes negros con picos en su antebrazo izquierdo, cicatrices brillantes en color rojo adornaban todo su cuerpo, incluyendo sus cuerpos demoniacos salientes de los costados de su cuerpo, una melena de pelo blanco caía a la mitad de su espalda con un mechón rojo, ojos completamente en blanco adornados con llamas negras alrededor, cadenas en el cuello y dientes afilados que apuntaban en toda dirección.
Sin esfuerzo, el ser demoniaco utilizo su mano derecha para liberar su arma de la piedra donde antes había un Goburimon, un hacha roja con vendajes negros que parecía la fusión de un una cierra y una gritara, con dos líneas negras en la cabeza formando una X. El Digimon abrió su boca, sacando una lengua muy larga que lamio los datos en el aire antes de golpear fuertemente su hacha contra el suelo, liberando una explosión de polvo y electricidad que asusto a los presentes.
—¡¿Si no pueden hacer algo tan simple porque los mantengo vivos?!— el rugido hizo temblar a los Goburimon, que comenzaron a retroceder lentamente, para su mala suerte, otro de ellos fue víctima del lanzamiento del hacha, muriendo en el momento en que su torso fue dividido a la mitad.— ¡Soy el rey de esta área! ¡Ningún Digimon puede vivir aquí sin mi consentimiento! ¡Tráiganme a esos invasores o devorare sus datos!— la orden resultó en que todos los Goburimon se dispersaran y salieran fuera de la grieta que fungía como su guarida, temerosos de sufrir el mismo destino que sus compañeros.
Refunfuñando, el líder de los Digimon se dirigió a una de las tiendas que seguía en pie, dentro se encontraban varias jaulas con seres diferentes entre sí dentro, todos pequeños los cuales temblaron ante la entrada del intimidante ser. Pese a su falta de pupilas, recorrió con los ojos a todos los capturados, deteniéndose en un bulto de tela que temblaba obviamente de miedo, causando una risa del ogro demoniaco.
—¡Parece que pronto tendrás compañía, encontré a otro como tú!— enfatizó su frase al golpear los barrotes con el borde desafilado de su hacha, el ruido resonando en toda la tienda. Aunque no recibió una respuesta verbal, de debajo de la tela se asomaron un par de ojos violetas, diferentes a los de un Digimon.— ¡Estoy seguro que me agradecerá llevarle dos en lugar de solo uno! ¡¿Quizás gobierne otra área?! ¡JAJAJA!— se alejó mientras se reía estridentemente, dejando solo a los capturados, quien se encontraba bajo la tela dio un suspiro tembloroso antes de volver debajo de sus mantas improvisadas, un solo pensamiento en su mente.
—"¿Hay otro humano aquí?"—
Fin del capítulo.
