Capítulo 3.

Vaya suerte la suya, después de simplemente enfrentarse contra los Minions el jefe salto directamente a su puerta sin previo aviso, tenía fe en la fuerza de Impmon, pudo derrotar y seguirle el ritmo a múltiples oponentes a la vez, pero algo se sentía simplemente mal en ese sujeto, no solo era su apariencia amenazante, podía sentir un aura maliciosa saliendo de él como un miasma que intoxicaba el área a su alrededor, lo ruidoso que era tampoco ayudaba, incluso con sus oídos tapados las ondas de sonidos comenzaron lentamente a afectarlo, creía sentir algo cálido en sus manos, eso no era una buena señal.

¡WEEK END!— fue toda la advertencia que recibieron, obligándolos a saltar lejos, un segundo antes de que el ogro estrellara su hacha contra el suelo, un estruendo sónico y eléctrico mandándolos a volar en direcciones opuestas.

Trato de maniobrar en el aire para caer de pie, en lo que tuvo poco éxito, terminando tirado de lado en el suelo, podía sentir algo de electricidad recorriendo su cuerpo, causándole espasmos que le impedían ponerse de pie correctamente. Como pudo levantó la mirada para no perderse lo que estaba pasando, para su alivio Impmon no parecía muy afectado por el ataque, si bien estaba sucio no presentaba problemas para moverse, como demostró al poder esquivar el hacha y regresar algunos golpes, no es que hicieran mucho.

Donde los Goburimon retrocedían y quedaban inconscientes por los golpes de Impmon, su jefe simplemente se encogía ante los impactos, atacando sin perder el ritmo, descartando los golpes que recibía como por menores. Incluso ataques de hielo y fuego que habían superado los ataques combinados de sus secuaces no resultaron efectivos, causando que Orgemon simplemente se quitara el polvo resultante descuidadamente. Ese sujeto realmente estaba en otro nivel, su nuevo poder no era absolutamente nada comparado con él.

Cuando sintió que los espasmos se detenían en su mayoría finalmente pudo ponerse de pie contra un árbol, dándose cuenta que la electricidad también había entumecido sus sentidos ya que un gran dolor lo recorrió desde su pierna, una mirada rápida lo hizo hacer una mueca al ver que tenía el tobillo dislocado, pese a eso se preparó para huir, esa era realmente su única opción, los golpes de Impmon no tenían efecto y un solo golpe bien dado con la fuerza que había demostrado sería suficiente para dejarlo gravemente herido.

Como si el universo le diera la razón, luego de fallar una andanada de patadas en el aire que fueron bloqueadas por el hacha, Orgemon termino de jugar y utilizó su mano libre para encajar un puñetazo en el estómago del demonio, haciendo que este perdiera el aliento y saliera disparado contra unos cuantos árboles, rompiéndolos en el proceso y adentrándose dentro del bosque.

Satisfecho con su demostración de fuerza, el Digimon se centró en su objetivo, el humano de cabello castaño con una cicatriz en el rostro que le recordaba graciosamente a la X en su hacha, el Impmon que lo acompañaba era bastante bueno, superaba con creces a los ineptos que se suponía estaban relacionados por su data con él, si la mitad de los Goburimon fueran como el demonio morado estaba seguro que podría haber conquistado otras áreas sin necesidad de la ayuda de ese bastardo con armadura.

¡Fin del juego!— alzó su puño derecho, preparado para noquear al humano que no podía moverse por la herida en su pierna.

Sin embargo, se detuvo cuando algo impacto en su espalda con una fuerza considerable, haciendo que diera un paso hacia delante. Con una creciente ira por haber sido interrumpido se dio la vuelta, viendo como de entre los árboles derribados se aproximaba un lastimado Impmon, uno de sus ojos cerrado por el dolor, algunas astillas de madera se encontraban clavadas en su cuerpo. Flotando a su alrededor se encontraban varias lanzas de hielo que le apuntaban directamente a él.

¡No dejare que te lleves a mi amigo!— con un poderoso gritó, lanzó sus manos hacia delante, comandando el hielo para que saliera disparado a una gran velocidad contra el Orgemon, con cuidado de dejar un área libre para que Luzbel pudiera escaparse arrastrándose por el suelo, evitando los trozos de hielo que explotaban al impacto.

Aunque se acabaran las primeras lanzas que había creado siguió disparando, creando y disparando con una mirada determinada en su rostro, dándole tiempo suficiente a su compañero para que se alejara lentamente. Durante dos minutos completos no dejo de utilizar su ataque, había gastado mucha de su energía, tanto que no pudo aguantar más y callo de rodillas, deteniendo la producción del elemento, Luzbel que había llegado a su lado justo a tiempo le ayudo a no caer completamente.

El sudor recorría todo su cuerpo, se había excedido en ese ataque, apenas había evolucionado, su data aún no se había modificado completamente para adaptarse a la nueva configuración, aunque cuando pensó que su amigo podría ser herido sintió un impulso de energía, el cual imbuyó completamente en su último ataque. Al menos pensó que ese último esfuerzo sería suficiente para derrotar a un Digimon Adult convencional.

Un estruendo que los envió a ambos volando mató cualquier esperanza de haber derrotado a su enemigo. El polvo resultante de las múltiples estacas de hielo chocando contra el cuerpo de Orgemon se disipo, demostrando que el cuerpo de este solo contaba con cortes mayormente superficiales, alguno que otro profundo que desprendía datos y algo de escarcha formándose en su torso, pero nada que le impidiera pelear, como demostró al partir una sección de árboles con el balanceo de su arma, generando un viento cortante que se llevó por delante la naturaleza.

¡Me has hecho explotar maldito gusano! ¡No me importa lo que ese bastardo quiera, los matare aquí mismo!— acompañando su ira, un aura de energía oscura se apoderó de su cuerpo, causando que el suelo bajo sus pies comenzara a desquebrajarse, algunos datos volando desde todas direcciones para unirse al aura, aumentando su fuerza.— ¡Prueben mi técnica mortal!— plantó su pie izquierdo firmemente hacia atrás, con el brazo izquierdo en posición para enviar un golpe hacia delante en dirección al chico y su compañero tirados en el suelo, el aura que envolvía su cuerpo enfocándose en su puño hasta crear la apariencia de un la cabeza de un demonio.— ¡Haouken!

Con ese poderoso gritó, libero un poderoso puñetazo hacia delante, enviando toda la energía maligna hacia sus objetivos, sin importarles sus destinos. En un último intento para preservar sus vidas, Impmon se puso de pie y creo una pared de fuego para retener el ataque, pero fue en vano, ya que la cabeza de demonio se asomó entre las llamas, listo para devorarlos. Sin esperanzar, cerraron sus ojos listos para ser consumidos por el ataque devastador.

Pero para su sorpresa, un gritó primal los hizo abrir sus ojos, logrando ver con gran sorpresa como un ser con pelaje celeste, líneas azules y un cuerno en la cabeza se encontraba contrarrestando el ataque con una gran llamarada de fuego azul. Ambos ataques lucharon durante un par de segundos que se hicieron eternos, pero finalmente no se decidió un ganador, ya que ambos ataques explotaron, creando una gran nube de polvo.

Sin desaprovechar la oportunidad, el Digimon los tomo a ambos y con una velocidad que anormal para su pequeño tamaño, despego, alejándose en cuestión de segundos varios metros, logrando escuchar los gritos de ira de Orgemon a la distancia. Se encontraban demasiado débil como para cuestionar que estaba pasando o quien era su salvador, así que simplemente sucumbieron a su cansancio y dejaron que la inconciencia los reclamara.

El Digimon desconocido suspiro mientras seguía corriendo, había logrado pasar desapercibido del grupo de Orgemon al evitarlos como la peste, pero ahora mismo se había colocado un enorme objetivo en la espalda, Orgemon tenía un temperamento explosivo, y que le quitaran a sus presas lo enfurecería a un nuevo nivel. Era molesto, pero tenía que hacerlo, necesitaba respuestas, específicamente del chico.

Esa cosa...— sus ojos se entrecerraron al ver el dispositivo dorado y negro en manos del chico, aun inconsciente tenía un fuerte agarre en él, era admirable que no lo hubiera soltado en ningún momento, pero verlo solo hizo que el cosquilleo constante en la parte posterior de su cuello se hiciera presente con algo más de fuerza obtendría sus respuestas... por cualquier método.


La sensación de la una superficie fría debajo de su espalda fue lo que recibió a Luzbel cuando finalmente recupero la conciencia, seguido rápidamente del dolor punzante de su tobillo, causando que soltara un gruñido de dolor, si tener despertares llenos de dolor se convertiría en algo matutino entonces debería de preguntarle a Impmon si seguía manteniendo la habilidad que utilizó para amortiguar su dolor cuando se conocieron, tener anestesia portátil sería un bendición si seguían peleando de esa manera.

Veo que ya despertaste.— una voz desconocida resonó en sus oídos, era diferente a la de su compañero, rasposa, transmitiendo experiencia a quien la oyera.

Se tomó su tiempo para recuperarse, ya que no sentía ninguna restricción en su cuerpo y si quisiera hacerle daño, el misterioso sujeto le habría atacado mientras dormía. Dejo que la memoria de sus últimos momentos consciente regresara lentamente, desde su escape de los Goburimon, la aparición del dispositivo que hizo evolucionar a Impmon, hasta su derrota a manos de Orgemon, entonces llego el momento culmine donde casi mueren, y fueron salvados.

Abrió los ojos, echando un vistazo a sus alrededores, se encontraba rodeado de roca, lo que probablemente estaba tocando su espalda, todo estaba oscurecido excepto por la luz proveniente de una fogata de fuego azul, notó que Impmon se encontraba sentado a su lado, aunque sin despegar sus ojos de una dirección en específico, la cual siguió, confirmando su leve sospecha de que el ser con pelaje celeste y cuerno que los había salvado era quien le habló. Luego de un vistazo más detenido, se dio cuenta de que era un Digimon, la anatomía extraña a la que se estaba acostumbrando lentamente lo recibió de lleno, debajo del pelaje que había notado con anterioridad se encontraba piel amarilla, pelaje el cual contaba con cuatro brazos con tres garras, aunque solo dos de ellos tenían su respectiva extremidad amarilla, su parte inferior parecía la de un dinosaurio, los pies y la cola.

—¿Quién eres?— un parteaguas tan bueno como ningún otro, las presentaciones estaban en orden luego de ser salvados, pero primero pediría el nombre de su salvador.

Preguntas por mi nombre... llámame Garu.— sin mon? Entonces un nombre propio, no pensó que los seres digitales se distinguieran de tal manera, era bueno saberlo.

—Me llamo Luzbel, él es Impmon, debo agradecerte por salvarnos.— pese a no saber sus intenciones le dio el reconocimiento que se merecía, realmente estaba agradecido de no haber muerto.

—Hmph... no me lo agradezcas tan pronto, necesitaba respuestas y tú puedes tenerlas.— que mala suerte la suya al elegir alguien para preguntar sobre cualquier cosa, de no ser por Impmon no sabría absolutamente nada del mundo donde se encontraba, no es que supiera mucho en primer lugar.— Responde, ¿Qué es ese dispositivo en tus manos?— una de las manos del ser apuntó a su mano, curioso, sus ojos vagaron hacia el lugar, notando con intriga el dispositivo extraño que les había salvado la vida a él y su compañero en su momento, ahora que se daba cuenta lo estaba sujetando fuertemente para no estar consiente de él.

—No tengo la más mínima idea.— decidió ir por la ruta de la honestidad, aunque su respuesta causo un gruñido del Digimon, instigándolo a seguir su explicación.— Estábamos luchando contra un grupo de Goburimon cuando fuimos acorralados, antes de que nos mataran simplemente apareció y ayudó a Impmon a evolucionar.—

—¿Me estás diciendo que un dispositivo que pudo forzar la evolución de un Digimon simplemente te cayó del cielo?— el tono incrédulo de Garu hizo se diera cuenta de cómo podría sonar para un Digimon la situación, si cambiara el contexto, sería como decir que una maquina divina cayó del cielo y convirtió a un bebe humano en un adulto completo, pero realmente no tenía otra explicación.

—Realmente no cayó del cielo, de echo apareció del cuerpo de Impmon, cuando era Cupimon.— su nueva declaración hizo que los ojos rojos del Digimon con aspecto vulpino se centraran en el demonio morado, regresando la mirada con tanta intensidad que este retrocedió un paso, sujetando protectoramente a su compañero más cerca de él.

—¿Tienes alguna relación con el Metal Empire?— la pregunta tomó desprevenido al Digimon, causando que este mostrara una expresión confundida, lo que fue toda la confirmación que necesitó para relajarse visiblemente, sentándose en el suelo y dejando cualquier hostilidad fuera de su lenguaje corporal.— Veo que no, entonces no tienen nada de qué preocuparte, no los atacare, no noto mentiras en tus palabras, pero me resulta extraño que obtuvieras una de esas cosas, solo he visto otro antes, lo que me llevó a mi estado actual.— la ira domino sus ojos, seguido de un gruñido que expulso una leve cantidad de fuego azul, pero rápidamente domino sus emociones y cerró los ojos para tranquilizarse.

Luego de ese arrebato la conversación murió, Luzbel no pudo encontrar otro tema para conversar, aunque su leve charla había generado más preguntas que respuestas no quería hacer enojar a un posible aliado en sus estados debilitados, por lo que comenzó a matar el tiempo jugando con Impmon, quien luego de ver relajado a Garu se volvió más infantil, demostrando sus nuevas habilidades, creando círculos de llamas, pequeños carámbanos, golpeando el aire a altas velocidades, entre una lista de sus habilidades, para su mala suerte no conservaba su habilidad para mitigar el dolor, así que tuvieron que aguantarlo hasta que desaparecía, preferiblemente al día siguiente.


Cuando se despertaron al día siguiente Garu no se encontraba por ningún lugar, la fogata se había consumido por completo y la luz iluminaba sus alrededores por la única entrada de lo que ahora entendía era una cueva, la falta de luz de la noche no le permitió admirar completamente sus alrededores. Tuvo que despertar a Impmon, lo que causo que recibiera una patada del adormilado Digimon buscando descansar un poco más, sus costillas nuevamente hicieron conocer su descontento ante el maltrató continúo compartiendo su dolor con él, afortunadamente pudo despertarlo sin recibir una repetición.

Ambos salieron de la cueva, asombrados de las vistas que los recibieron. Se encontraban a una altura sorprendentemente, podían ver por encima de las copas de los árboles y como el océano se abría camino hasta donde llegaba la vista. Se encontraban en una montaña alejada del campamento de Orgemon, desde esa posición elevada lograron vislumbrar la grieta donde se encontraron por primera vez a los Goburimon. Tenían cuentas pendientes con ese ogro, la impotencia que sintió durante su enfrentamiento lo abrumó, pero ahora quería una retribución, Impmon pensaba lo mismo, lo encontró tronando sus nudillos con una sonrisa desafiante.

Me he acostumbrado a este poder, ese cuernudo no nos vencerá esta vez.— la emoción que transmitía era contagiosa, logrando que Luzbel sonriera agradecido por la presencia de su compañero.

Veo que están despiertos.— la voz de Garu llamo su atención, entrando por una camino que bajaba por la ladera de la montaña se encontraba el Digimon con piel celeste, cargando en su espalda a un atado y amordazado Goburimon.— Creí que querrían una revancha, así que me adelante y tomé a uno de sus soldados para obtener información.— lanzó su carga al suelo sin ceremonias, causando que este despertara, comenzando a retorcerse, hasta que vio como sus garras se clavaban al lado de su cara, congelándose por el miedo.— Te haremos unas preguntas, si las respondes, te dejare ir, si no, encontrare alguien que este más dispuesto a cooperar.— la amenaza fue suficiente para que el espíritu de lucha del Goburimon muriera.

Utilizando una de sus garras, Garu corto la mordaza en la boca del Digimon, permitiéndole hablar libremente. —Ahora responde, ¿Porque Orgemon buscaba capturar a estos dos?— apuntó a Luzbel e Impmon para enfatizar su punto.

¡No lo sé!— esa respuesta lo llevo a ser pateado en la cara por Garu.— ¡Enserio! ¡El jefe nunca nos dice porque, solo nos ordena!— otra patada hizo que el aliento abandonara los pulmones del Goburimon.— ¡Pe-pero quizás tiene que ver con el humano que capturamos hace algunos días!— esa información tomó por sorpresa a los presentes, en especial al Digimon de pelaje celeste que lo tomó del cuello de su chaleco, poniéndolo a la altura de sus ojos.

¿Ese humano tiene cabello negro y amarillo?— el tono amenazante con el que habló llamo la atención de Luzbel, parecía listo para atacar al Goburimon si no le gustaba su respuesta, pero al obtener una sacudida de cabeza simplemente soltó al Digimon y lo noqueo con un puñetazo bien dado. —Parece que hay más de ustedes de los que pensé.— su mirada se fijo en el humano y Digimon que había rescatado con lo que podría interpretarse como una ceja levantada.— ¿Que piensan hacer con esa información?

—Realmente no sé cómo llegue al mundo digital.— sus ojos vagaron por las inmensidades del bosque debajo suyo, centrándose en la grieta a la distancia como un Alcón.— Quizás el humano que se encuentra ahí tendrá respuestas.—

¡Yo seguiré a Luzbel a donde él vaya! ¡Juntos no seremos derrotados!— su voz alegre arranco una sonrisa del rostro de Luzbel, su emoción era realmente contagiosa.

Pueden hacer lo que quieran, les dejo este lugar, este pequeño encuentro me hizo recordar algo importante, así que pude que no nos veamos pronto.— sin decir una palabra más, salto por el precipicio que daba al bosque y desapareció entre las copas de los árboles, dejándolos confundidos.

Garu si que fue amable al dejarnos este lugar, dormir afuera seria peligroso.— Impmon hablo con una ingenuidad infantil digna de alguien que no conocía el mundo.

—Si, aprovechémoslo antes de que cambie de opinión.— le sonrió al demonio morado que devolvió la sonrisa más ampliamente.

¡Vamos por a por Orgemon y rescatemos a ese amigo tuyo!— golpeó su puño contra su palma para enfatizar su sentencia.

Antes de que pudiera decirle que no todos los humanos eran amigos, un destello de luz blanca envolvió el cuerpo de Impmon, obligando a que Luzbel cerrara los ojos, para cuando los abrió, se encontró tan confundido como su compañero, quien miraba sus manos ahora blancas con confusión plasmada en su rostro. Ambos parpadearon ante la extraña situación, de la nada, Impmon se había convertido nuevamente en Cupimon, lo que hizo que el humano soltara una risa nerviosa.

—Eso será un problema.— Cupimon simplemente asintió ante las ciertas palabras de su amigo.

Sin que ninguno de los dos lo notara, la pantalla principal del dispositivo que había incitado la evolución en primer lugar ahora mostraba el número veinte, que lentamente descendió, convirtiéndose en el número diecinueve.

Fin del capítulo.