Capítulo 4.

El asombro se apoderó de los dos cuando lo que acababa de suceder finalmente se estableció en sus mentes, llevando a gritos de sorpresa conjuntos. Impmon simplemente había des-evolucionado a Cupimon sin ninguna razón aparente, su cuerpo angelical había regresado y no parecía mantener ninguna de sus habilidades ganadas al evolucionar, cosa que comprobó al intentar crear fuego, lanzar hielo o siquiera golpear a altas velocidades, cansándose antes de lanzar una serie de golpes, ya ni hablar de patas en el aire a velocidades cegadoras.

Un realmente extraño desarrollo de los acontecimientos, no espero volver a ver a su amigo convertido en un ángel rechoncho, no es que tuviera nada en contra de esa forma, pero la potencia de fuego de su evolución era realmente necesaria si querían derrotar a Orgemon, especialmente cuando esa forma evolucionada no fue suficiente para derrotarlo en primer lugar.

Uh Luzbel... ¿No podrías hacerme evolucionar otra vez? Como contra los Goburimon.— un punto de vista directo, si habían logrado que Cupimon evolucionara una vez lo lógico sería intentarlo una vez más, repitiendo las condiciones que llevaron a dicho resultado.

—Supongo que podría, pero donde...— un gruñido ahogado hizo que volteara hacia el subordinado de Orgemon atado en el suelo, lo había olvidado con la involución de Cupimon, Garu los había ayudado de más de una forma sin darse cuenta.

Caminó hacia el cuerpo tirado del Digimon, miró durante algunos segundos el dispositivo en su mano con curiosidad y sospecha, la voz que le había dado las instrucciones para evolucionar a Cupimon no había regresado, era demasiado extraño, pero ahora no tenía mucho tiempo para pensar, Orgemon seguramente no se detendría hasta encontrarlos, y si fuera antes de que su compañero evolucionara estarían perdidos definitivamente.

Con una mirada determinada, Luzbel enterró la punta del dispositivo en el Goburimon, logrando que este despertara con un grito que solo aumentó cuando un aura oscura comenzó a envolverlo, ahora más consciente de lo que estaba pasando tomó nota de como el aura estaba compuesta de ceros y unos, además de ver como la piel del Digimon perdía algunos tonos volviéndose más clara. El aura fue absorbida por el dispositivo, tornando el centro de color purpura junto a la punta, una vez esta desapareció retiró el dispositivo, notando como el Goburimon tenía una apariencia enferma, sus gritos habían cesado y sus ojos estaban en blanco, se había desmayado nuevamente.

Se quedó mirando el cuerpo durante un tiempo consternado, hasta que sintió como alguien le tomaba la mano, volteo el rostro, viendo a Cupimon sonriéndole infantilmente, el nudo que se estaba formando en el centro de su estómago desapareció ante la vista, aunque había perdido poder de pelea Cupimon seguía siendo un buen compañero.

—¡Bien! ¿Listo?— su pregunta fue retórica, pero el Digimon angelical saltó emocionado ante está.— ¡Evoluciona!— con ese comando apuñalo a su compañero con la punta oscura, vertió todas sus esperanzas en la acción para repetir el milagro de la evolución.

Cuando la punta atravesó el cuerpo de su compañero una luz cegadora los envolvió a ambos, retiro el dispositivo por instinto y vio con una sonrisa como, tras desaparecer la luz, su amigo se había convertido nuevamente en Impmon, quien con una sonrisa hizo el gesto universal de que todo estaba bien, un pulgar hacia arriba.

¡Estoy recargado! ¡Ahora Orgemon no tendrá ninguna oportunidad contra nosotros!

—¡Si! ¡Vamos a por ellos!—


En el campamento de Orgemon las cosas no iban demasiado bien, varios de los pocos Goburimon que quedaban fueron asesinados en el arranque de ira resultante de perder a sus víctimas, la mitad del equipo que había acorralado al humano y Digimon fueron consumidos por su jefe sin remordimiento, mientras que la otra mitad fue expulsada del grupo, dejando alrededor de la mitad de sus fuerzas que ya de por si eran muy pocas, causando aún más ira en el Digimon temperamental.

¡Esos bastardos se burlaron de mí! ¡No solo trataron de entrar en mi base, también me desafiaron a una pelea y huyeron!— su ira estaba alcanzando limites insospechados, un aura oscura rodeaba todo su cuerpo que asustaba de sobremanera a sus subordinados por otra explosión contra ellos.—¡Cuando los encuentre les arrancare las extremidades!— para enfatizar su punto, corto la cabeza de un Goburimon lo suficientemente tonto como para tratar de pasar detrás de él para ir a una de las tiendas de campañas que seguían en pie.— ¡Tráiganmelos!

Ya fuera por su orden, o por el miedo que sentían, quizás una mezcla de ambos, el resto de los Goburimon salieron disparados fuera de la grieta, dejándolo solo, ardiendo de ira la cual no podía descargar en nada más cercano, pensó en utilizar alguno de sus prisioneros, pero lo descartó tan rápido como llego, tenia una cuota que cumplir, ese bastardo de armadura lo destrozaría si no cumpliera con sus demandas, lo que solo avivaba las llamas de sus emociones, haciéndolo lanzar un poderoso gritó que sacudió el bosque cercano.

Creímos escuchar que nos estabas buscando.— una voz salida de la nada pero que pudo reconocer hizo que volteara hacia la entrada, su enojo solo se incremento al ver a los causantes de su molestia parados burlonamente ahí, el pequeño bastardo de morado incluso estaba saludando como si fueran buenos amigos.—Si tanto nos quieres, aquí estamos.— eso fue el colmo.

Cegado por sus emociones, Orgemon cargó hacia delante como un toro, su visión teñida de rojo y apagando cualquier pensamiento que no fuera despedazar a la pequeña mierda que lo estaba despreciando. No le prestó atención al humano saltando lejos de la zona de impacto, primero despedazaría al enano. Utilizando todas sus fuerzas, balanceo su hacha hacia abajo, utilizando su movimiento WEEK END para partirlo por la mitad.

Impmon saltó hacia atrás, esquivando el hacha, pero siendo alcanzado por leves descargas que desprendía el arma, aunque sin importarle esto, tan pronto como el hacha se estrello contra el suelo, se abalanzó hacia delante, brindándole una serie de patas y puñetazos en el rostro al Digimon segado por la ira, quien trato de responder con un puñetazo como en su batalla anterior, pero esta vez fue respondido con un puñetazo propio, imbuido en una esfera de llamas oscuras.

El impacto los separó, dejando el arma incrustada en el suelo, desarmando efectivamente a Orgemon, que pese a haber perdido su arma principal, siguió cargando hacia delante, llegando a la posición de Impmon, enviando varios golpes que fueron evadidos por la forma más pequeña de su enemigo, quien entre cada esquive realizaba gestos burlones, aumentando la ira del Digimon, lo que sin querer aumentaba su fuerza y velocidad, hasta el momento en que pudo asestar un golpe directo en el rostro del pequeño demonio, enviándolo a volar al aire, donde giró y se colocó de pie en el suelo.

Insatisfecho por el poco daño causado decidió recuperar su arma, solo para cubrir su rostro con sus antebrazos, evitando ser golpeado directamente por carámbanos de hielo invocados por su enemigo. Impmon, al ver la falta de visión del ogro, corrió con todas sus fuerzas hacia delante, tomando en el proceso el hacha caída con sus dos manos, aunque ralentizando su velocidad, dándole suficiente tiempo a Orgemon para descubrirse el rostro y ver su preciada arma en manos del enano.

Tal visión hizo que algo se rompiera dentro del Digimon, quien soltó un gritó tan poderoso que creo una onda de choque, la cual mando a volar el cuerpo más pequeño de Impmon, soltando el arma en el proceso, arma que fue arrancada del aire por Orgemon que había realizado un saltó al aire, posicionándose por encima del área donde Impmon había derrapado y se estaba estabilizando. Ahora en una posición elevada, su aura oscura exploto desde su cuerpo, preparándose para la utilización de su técnica más poderosa al retirar el puño para atrás.

¡Púdrete en las profundidades de la Dark Área!— su gritó llamo la atención del Digimon hacia arriba, quien pronto comenzó a formar una defensa, de hielo y llamas mientras el lanzaba con una velocidad sorprendente su ataque.—¡Haouken!

La cabeza del demonio salió disparada de su puño en un instante, comenzando a devorar los elementos como si no fueran nada, estrellándose en cuestión de segundos contra el lugar donde se encontraba Impmon, creando una explosión que consumió todo en un área considerable, dejando nada más que un cráter cuando el polvo resultante se disipo.

Orgemon calló al suelo he inspecciono el agujero desde el borde, una sonrisa marcándose en su rostro cuando notó la falta de incluso pedazos disolviéndose en datos, su ataque había pulverizado por completó al pequeño bastardo, justo lo que se merecía por tratar de desafiarlo.—¡Eso le pasara a cualquiera que trate de tomar mi dominio! ¡¿Escucharon?!— gritó tan fuerte que estaba seguro se podría escuchar en todo el bosque, su intención, tan segado por su aparente victoria, no escucho el sonido de algo siendo arrojado hacia el hasta que fue demasiado tarde, y algo puntiagudo se clavo en su espalda, sacando un grito de dolor que solo se incrementó cuando sintió como sus fuerzas eran drenadas de su cuerpo.

Trató de quitarse lo que fuera estuviera clavado en su cuerpo, pero sus brazos no alcanzaban a llegar, pasados unos segundos, algo lo golpeó, empujándolo hacia delante dentro del agujero y sacando lo que fuera estuviera clavado en su espalda. Cayó sin ceremonias, algunas piedras se clavaron en su cuerpo y algo de tierra entro en su boca, para cuando termino de caer quiso estallar en colera, pero su cuerpo no se lo permitía, la fuerza que había extraído de su enojo se había esfumado, con algo de dificultad pudo levantarse y comenzar a escalar el cráter con sus manos, cavando en la tierra hasta llegar a la superficie. Ahí los encontró, el humano y Digimon que el día anterior habían caído ante su poder, sonriendo mientras en la mano del humano brillaba con un color oscuro un dispositivo dorado y negro.

No pensé que engañarte fuera tan fácil, esconderme luego de crear esa distracción fue muy fácil.— Impmon se burló al soplar sobre sus garras como si fuera pan comido.

—Y parece que tenía razón.— la mirada de Luzbel se centro en el dispositivo en su mano que emanaba una energía mayor a las anteriores activaciones.— Esta mañana el Goburimon que atrapamos pareció debilitarse después de apuñalarlo, así que supuse que podría funcionar contigo igualmente.— la sonrisa alegre en su rostro hizo que la ira volviera a surgir en su cuerpo.

Encendiendo su cuerpo con un aura oscura, Orgemon comenzó a concentrar toda la energía que le quedaba en un ultimo ataque, los datos que conformaban su hacha comenzaron a desintegrarse, dirigiéndose a su puño junto a datos de los alrededores, arboles, tierra y rocas, aumentando constantemente el tamaño de su aura. Pero esto no afecto al chico y el Digimon, quienes simplemente se miraban el uno al otro, asintiendo, confiando el uno en el otro en una jugada que podría salir completamente mal o perfectamente bien.

—¡Bien Impmon! ¡Veamos cuál es tu siguiente evolución!— sin vacilación en sus movimientos, Luzbel clavo la punta rezumante de energía en el cuerpo del Digimon, causando un destello de luz que los envolvió a ambos.

— ¡Evoluciona!—

¡Haouken!

Los dos gritos se superpusieron, seguidos por el aura con cabeza de demonio oscura de Orgemon chocando contra un gran relámpago amarillo proveniente de la esfera de luz donde se encontraban Luzbel e Impmon. Pese a los mejores intentos del Digimon maligno, su ataque fue contrarrestado por el relámpago, causando una gran explosión que levanto humo por todo el lugar.

Tosió hasta que el humo se disipo, lo primero que noto fue la desaparición del enano morado, el humano seguía ahí, pero ahora estaba al lado de un Digimon muy diferente en lugar de un pequeño demonio se encontraba un sujeto de una altura poco inferior a la del humano, aunque su sombrero en punta con una calavera en el frente podría hacer pensar lo contrario, tanto su sombrero como la capa que adornaba sus hombros era morada, debajo contaba con un traje amarillo con diseños rojos, cremalleras en varios lugares y un chaleco rojo, contaba con guantes y zapatos cafés, con una de sus manos sosteniendo un bastón con terminación en forma de sol que desprendía chispas eléctricas. Ahora parecía más humano, con cabello castaño semejante al del humano y ojos esmeraldas, aunque su piel visible era bastante pálida.

—¿Creíste que un simple demonio podría conmigo?— algo de madurez había entrado en la voz del Digimon evolucionado, diferente a la infantilidad de sus formas anteriores. Con un movimiento de su bastón, el cielo se oscureció, tanto Orgemon como Luzbel vieron hacia arriba con sorpresa, notando una gran nube oscura sobre sus cabezas.—¡Envíanos una carta desde el infierno!

Con su frase dicha, un relámpago callo desde la nube en dirección al ogro, creando una enorme explosión y estruendo que inundo los alrededores, alertando a los Digimon cercanos. En el lugar donde había impactado el rayo ahora había un túnel profundo que parecía no tener fin, Orgemon no parecía estar por ningún lugar. Ese echo causo un suspiro aliviado por parte de Luzbel, causar otra evolución en su compañero fue un movimiento arriesgado, no estaba seguro de si tendría excito, pero afortunadamente tuvo razón al asumir que una inyección de más poder podría darles la victoria.

—Así que...— su mirada cómplice hizo que el mago soltara una carcajada, parecía que tendrían un ritual de ahora en adelante.

Wizarmon, puedes llamarme así.— no pudieron aguantar sus risas.


Luego de buscar en los alrededores del bosque y no encontrar un rastro de Orgemon finalmente pudieron relajarse, volvieron a la grieta donde se encontraba el campamento del Digimon maligno, encontrándose algunos Goburimon en el camino y dentro de las tiendas de campaña que fueron noqueados sin problemas. Fue cuando entraron en la última tienda que se detuvieron con sorpresa. Sabían que había un humano capturado ahí, pero no esperaban encontrar Digimon encarcelados también, Orgemon no parecía el tipo de sujeto que dejaría cabos sueltos, tomar rehenes no parecía su estilo, así que la vista que los recibió fue una gran sorpresa.

Mientras se paseaba por el lugar notó como los Digimon encerrados retrocedían con miedo en sus expresiones, había muchos tipos de ellos, realmente eran seres muy especiales, englobados en una sola palabra, pero tan diferentes entre ellos mismos, eran similares en ese aspecto a ellos, sería difícil encontrar dos personas exactamente iguales, pero igualmente podrían ser llamados humanos.

Wizarmon abrió las celdas con las llaves que recuperaron de uno de los Goburimon derrotados, liberando a los Digimon que, pese a esto, decidieron solo salir cuando este se encontraba lejos, abriendo otra puerta. La mayoría de ellos eran Baby 1 o 2, junto a algunos Child, no podía imaginarse porque Orgemon los mantendría secuestrados, si la predisposición que tenia era matar a cualquier que lo molestara.

El ciclo de abrir puerta y seguir fue interrumpido cuando notó una pieza de tela tirada en una de las celdas, un bulto visible debajo, Luzbel había terminado de abrir su parte de las jaulas, por lo que miró con curiosidad junto a él la tela, entre todos los cautivos no había ningún humano, y amenos que el Goburimon hubiera mentido, que era realmente una posibilidad, ahí se encontraba la posible respuesta a muchas de sus preguntas.

—¿Hay alguien aquí?— decidió tratar de comunicarse con quien estaba debajo de las mantas, no querría asustarlo si resultara ser un Digimon y lo atacara por miedo. Pasados unos minutos no recibió una respuesta, por lo que indicó a Wizarmon que abriera la puerta para comprobarla, cuando las llaves entraron en la cerradura una leve voz detuvo sus movimientos.

—¿Quién... esta ahí?— era una voz muy débil, pero Luzbel pudo identificar un tono agudo, ¿era una chica o un niño? No pudo identificarlo, pero decidió responder.

—Me llamo Luzbel, yo y mi compañero derrotamos a Orgemon y liberamos a los rehenes.— no recibió una respuesta durante otro minuto, en el cual el bulto comenzó a moverse lentamente, desde la parte más cubierta por las sombras de la tienda brillaron un par de ojos violetas que parecieron examinarlos durante unos segundos antes de que las mantas fueran arrojadas a un lado.

—Eres un humano.— lo que ahora podía identificar perfectamente como un humano, una chica si podía apreciar correctamente pese a la falta de iluminación, le respondió con un tono sorprendido. Solo asintió para darle entender a la chica que la había escuchado, ante lo que esta suspiró cansadamente.— Finalmente, desde que llegue aquí no he podido descansar, primero esas babosas rosas, luego ese bastardo en armadura y finalmente ese estúpido ogro…— divagó sin importarle el desconcierto que estaba generando en sus salvadores.

—Necesitas ayuda para salir o...— sus palabras parecieron sacar a la chica de su ensimismamiento, ya que con sus piernas temblorosas, se puso de pie y camino hacia delante, dejando que la luz que entraba la iluminara.

Ahora pudiendo verla mejor, noto que vestía completamente de negro, un pantalón negro, la parte superior de un uniforme escolar con detalles rojos y zapatos negros, sus ojos violetas hacían juego con el cabello purpura largo que bajaba hasta su espalda baja, su ropa estaba sucia pero aún poseía elegancia. La chica paso al lado de ellos como si no fueran nada y se dirigió a la entrada, al ver que no había más prisioneros decidieron seguirla, viendo como esta realizaba algunos estiramientos en el centro del campamento. Luego, la chica vio con desprecio uno de los muchos Goburimon tirados en el suelo y comenzó a palearlo sin cuartel.

—¡Estuve encerrada en esa sucia celda durante una semana tengo un maldito resfriado por su culpa!— para enfatizar su punto, la chica se detuvo para soltar un estornudo y luego seguir con su agresión.

Ninguno de ellos tuvo la valentía para detenerla, habían luchado contra un ser de gran poder como lo era Orgemon, pero esa chica realmente le estaba poniendo empeño a hacer sufrir al noqueado Goburimon, que en realidad se despertó una vez, pero fue rápidamente noqueado por una patada en el rostro. Ella era otra cosa, cuando trato de hacer lo mismo solo resultó en varias costillas rotas que afortunadamente se habían relajado esa mañana. Una vez que su ira pareció apaciguada, la chica sacudió su cabello sobre su hombro en un gesto despectivo al Digimon, luego se dio la vuelta y alzó la ceja al ver las miradas en los rostros de sus salvadores.

—¿No se lo merecían?— no pudieron hacer nada ante esa lógica.

—Bueno, ¿Podemos tener tu nombre?— trató de desviar la atención a otro tema que le intrigaba.

—Ah, cierto, olvide presentarme.— la pelimorada se cruzó de brazos y miró al cielo, suspirando ante la reconfortante luz del sol.— Me llamo Mina, un gusto en conocerlos.—


El dolor junto a la ira eran los únicos sentimientos que gobernaban su mente, como podían esos bastardos haberlo derrotado, humillado así de fácil, era imposible, incluso sacrifico su arma más preciada para tratar de matarlos, pero no fue suficiente, necesitaba más poder, solo pensar en ellos en la superficie mientras el se pudría en las profundidades de la tierra lo hacía hervir de ira.

Una poderosa luz roja ilumino la cueva donde Orgemon se encontraba, había sido enterrado a una gran profundidad por el último ataque de Wizarmon y su cuerpo roto, con datos fluyendo desde las grietas en su piel. Alzándose con las pocas fuerzas que le quedaban, el Digimon maligno vio lo que producía tal luz que emanaba poder puro, enterrada en la piedra, se encontraba una espada como ninguna otra que hubiera visto, parecía un cuchillo de carnicero, con dientes puntiagudos de color rojo como guarda, y una empuñadura que parecía un dedo con una uña al final roja, el poder que emanaba era abrumador.

La combinación de a susurros oscuros, y su propio deseo de más fuerza lo hicieron tomar la estada sin pensarlo dos veces, causando que toda la luz desapareciera en un instante, consumiente todo en penumbras."{Quema el mundo, y no dejes las cenizas}"— una risa profunda fue lo único que se escuchó en la cueva.

Fin del capítulo.